Gracias a los todos por los reviews, los favs y los follows.
Todo ello anima mucho a seguir escribiendo. Espero que el fic siga gustando tanto.
Lamentablemente, mi inglés no es tan bueno como para arriesgarme a transcribir este fic a tu idioma, Guest, dearie. Intentaré escribir lo más claro posible para facilitarte la comprensión. es lo único que puedo prometerte de momento :)
...~-· S.M. ·-~...
Dejad que os explique un poco:
- Emma va a ser una joven de 18 años, embarazada (hasta ahí nada nuevo que no hayais leido hasta ahora) Es una joven inocente en muchos aspectos y atormentada y desconfiada en tantos otros.
- Regina, tendrá un caracter complicado y un tanto bipolar. Lo siento, no puedo entrar en detalles.
- Saldrán otros tantos personajes de la serie, supongo que os ireis imaginando cuales.
- Mal y Rubi tendrán sus papeles importantes en la trama.
- Introduciré personajes de mi invención y seguramente deje la imagen y reputación de otros personajes de la serie por los suelos (Cosa que es muy seguro que disfrutaré xD Ya vereis lo que digo.)
- Dentro de algunos capitulos, cuando llegue el momento clave, el rating subirá a M por contenido sensible, no especificaré que tipo, pero de momento va a ser muy suave. Hay que darle tiempo a las chicas de que se conozcan y... ejem, you all know.
Sin más, os dejo el cap. Disfrutadlo. :*
Cap 2. Coincidencias
Emma fue paseando hasta el pequeño apartamento de su vieja amiga Mary Margaret. La verdad es que había mentido descaradamente a la alcaldesa. El apartamento no estaba tan cerca de la cafetería como había dado a entender, pero no quería que esa mujer llamase a nadie para que la acompañasen hasta alli. La verdad es que necesitaba estar un rato sola. Tal vez un paseo por el pueblo la ayudase a calmar el latido de su corazón y las patadas de su pequeño, asi que después de ducharse y comer algo, se puso una ropa más cómoda y fresca y salió a conocer su nuevo hogar.
- Shhh. Tranquilo, tesoro. Ya ha pasado... -mientras caminaba se iba frotando suavemente el costado izquierdo del vientre, ahí donde el niño presionaba con los pies al estirarse dentro de ella. Una perezosa sonrisa fue abriendose paso lentamente por su rostro. Lo cierto es que desde que se enteró de que estaba embarazada meses atrás, pese a todo lo que había pasado para llegar a ese punto, había sido muy feliz. La vida está plagada de momentos. Momentos dulces, momentos difíciles, y la suma de todos ellos la había llevado a donde estaba ahora.
Cierto es que su vida, desde bebé, había sido complicada. Abandonada desde su nacimiento, de casa de acogida en casa de acogida, sin raíces, sin amigos, sin familia... Se prometió que llegado el momento en el que se instalara y formase una familia, sería una madre amorosa y dedicada a sus hijos. ¿Quien le hubiera dicho que cumpliría su sueño tan pronto?
Entre paseo y paseo, se había pateado todo el pueblo y había descubierto lugares preciosos en ese pequeño pueblecito de ensueño. Lo que más había llamado su atención era un parque que lindaba con el bosque en la parte Norte del pueblo. Una pradera de césped verde, columpios de hierro y las risas de los niños que jugaban y corrían por todo el lugar. Se había sentado en uno de los bancos vacíos que rodeaban el parque y había mirado a los niños jugar siendo vigilados por sus padres durante horas. Durante ese rato Mary la había llamado un par de veces para saber si se encontraba bien o si se había perdido en el pueblo, ya que era su primer día sola en Storybrooke y ella había tenido que dejarla sola para que lo conociera por una emergencia personal. Su novio había tenido un accidente de trabajo en la protectora de animales en la que colaboraba y ella había tenido que ir a cuidarlo. Emma le contó que estaba bien, obviando el accidente de esa mañana en la cafetería, le contó todo su día por teléfono. hablaron durante casi una hora, como siempre que hacían desde que eran adolescentes.
Mary Margaret y Emma en realidad se conocieron por casualidad. Mary era unos pocos años mayor que ella y se habían conocido por un convenio entre colegios de distintos Estados de América para intercambiar cartas entre alumnos de diferentes colegios e institutos. Emma había comenzado a cartearse con Mary cuando apenas contaba con 8 años y Mary tenía 10. Por aquel entonces, Emma vivía en una casa de acogida en Illinois junto con otros 5 chicos y chicas más. La familia acogía a todos los niños que podía, pero más por la subvención del estado que por ayudar a esos mismos niños.
Emma se escapó pocas semanas después de entrar en esa casa, junto con otra niña de unos 13 años por problemas con el padre y sus "manos largas".
Pese a ir por ahí dando tumbos en la vida, Emma siempre escribía a Mary Margaret para contarle que estaba bien y que se mantenía a flote con trabajillos que iba encontrando, algunos más honrados que otros desde luego. A su entender, se las apañaba decentemente, hasta que cinco meses antes dio con sus huesos en el hospital tras un brutal altercado con su ex, quien acabó encerrado por violencia machista entre otros cargos. Agradeció no volver a saber de él.
Como no tenía ningún familiar cercano, la policía se puso en contacto con Mary Margaret tras encontrar sus cartas en el apartamento que Emma compartía con su pareja. El día siguiente, Mary estaba al pie de su cama, sujetando su mano en la cama del Hospital. Dado su estado, Mary pidió una excedencia para poder quedarse con ella y visitarla cada día para saber de su estado, ya que Nueva York quedaba muy retirado de Maine y no podía costearse el viaje de ida y vuelta muy seguido, asique se quedó en el apartamento de Emma para poder estar cerca si la necesitaba.
Ya oscurecía cuando recibió una llamada a su móvil de parte de Mary preguntándole donde estaba. Había llegado a casa y no la encontró allí y se había preocupado.
- ¿Te has perdido, hermanita? ¿Necesitas que vaya a buscarte?
- No, no. Tranquila Mary, solo es que se me ha hecho tarde. Estoy en un pequeño parque que hay en la linde de un bosque, creo que al Norte del pueblo.
- Estás un poco lejos, pero si quieres voy a buscarte. Podemos ir a cenar juntas como compensación por haberte dejado sola todo el día en un pueblo extraño para tí. -de fondo se podía escuchar a Mary andando por su apartamento, moviendo cajas y una respiración un poco ajetreada.
- No te molestes. Bastante has tenido hoy cuidando de tu chico. Por cierto, ¿como se encuentra? -Emma comenzó de nuevo el lento paseo de regreso a casa.
Tendría que atravesar la mitad del pueblo para llegar, pero no le importaba. Al menos estaba hablando con Mary y le haría compañía durante el camino. Y si casualmente se perdía siempre podía preguntarle en que calle se había equivocado para rectificar el camino sobre la marcha. Desgraciadamente su teléfono móvil decidió que tenía otros planes y murió sin avisar en sus manos.
- ¿Hola? ¿Mary, estás ahí? Mierda... -Emma se paró en mitad de la calle y se quedó mirando su reflejo en la negra pantalla del móvil. No podía creer que hubiera decidido precisamente ese momento para quedarse sin batería. Y para colmo de males, esa zona de la ciudad no le sonaba de nada. - Fantástico. Sencillamente fantástico.
Precisamente, no muy lejos de donde Emma había perdido su rumbo, una mujer volvía de un lujoso restaurante con el peor cabreo que había aguantado en años. Después de insistirle, y prácticamente obligarla a aceptar, la muy caradura de su madre la había dejado plantada en el restaurante. ¡Y ni siquiera le había avisado de que no llegaría! Regina golpeaba el volante del coche con ambas manos. "La muy zorra lo habrá hecho para castigarme por no haber querido comer con ella a medio día... como si no tuviera mil cosas más importantes que hacer... pero no... " iba gritándole a la nada dentro del coche. Iba tan concentrada en acordarse de la profesión que mejor ejercería su madre que casi se le pasó desapercibida la figura de una joven caminando sola a esas horas por la calle residencial de Mifflin Street. Era pleno agosto y aún había luz solar suficiente como para poder caminar sin peligro durante al menos otra hora, pero generalmente a esas horas todo el mundo estaría ya refugiado en sus casas, cenando con la familia. Fue por eso que dio un frenazo que hizo chirriar las ruedas de su querido Mercedes, puso la marcha atrás y condujo con la cabeza casi fuera de la ventanilla unos 30 metros hasta ponerse a la altura de la caminante.
- Estaba segura de que era usted, Miss Swan. ¿Se ha perdido? -preguntó desde el asiento del conductor una vez frenó a su lado. Con la ventanilla bajada y un brazo cómodamente apoyado por fuera de la puerta, Regina dedicó una encantadora sonrisa a la rubia, quien no podía fingir que no era eso precisamente lo que le había ocurrido sin ruborizarse como una niña pillada en mitad de una travesura.
- Creo que un par de calles han decidido cambiarse de lugar solo por fastidiarme, Señora Mills. -la rubia agachó la cabeza al acercarse al coche, avergonzada. - Nunca tuve un gran sentido de la orientación, me temo.
Regina rió entre dientes, divertida por la franca honestidad de la muchacha.
- Si, algunas veces las calles hacen eso con los forasteros. -por un momento, dudó sobre la idea que se le ocurrió. Se mordió el labio inferior, indecisa, para acabar proponiéndole a la joven- ¿Quiere que la acerque a su casa?
- Oh, por favor... No, no podría aceptar. Ya ha hecho mucho hoy por mí. -Emma trató de sonreír, azorada. Miró a ambos lados de la calle, tratando de ver alguna señal o casa que le fuera familiar para poder ubicarse.- Estoy segura de que al final acabaré encontrando la calle correcta. Si decide volver a donde estaba cuando pasé por ella esta tarde...
Regina sonrió aún más, tratando de no estallar en carcajadas. La muchacha estaba más perdida que una aguja en un pajar. Se desabrochó el cinturón de seguridad y salió del coche para poder ponerse de pie y mirar a la chica a los ojos a su misma altura. Sin pensárselo mucho la tomó de ambas manos, no sabiendo muy bien de donde salía esa necesidad de contacto y no pudiendo contenerse.
- Miss Swan, por favor. No estaré tranquila sabiendo que está usted deambulando por las calles. No es como si fuera una desconocida. Puede confiar en mí. -Regina veía la indecisión en los ojos de la rubia, asique decidió jugársela a una carta- Por favor, Miss Swan. Piense en su bebé. No querrá acabar en el puerto de noche, se lo aseguro.
- Está bien. Pero solo por que llevo todo el día andando y necesito descansar un poco. -su estómago decidió rugir ruidosamente en ese momento.
- Y por que su hijo está hambriento. -completó la morena con una sonrisa. Apretó las manos de Emma entre las suyas un momento antes de soltarla y acompañarla por delante del capó de su Mercedes hasta el asiento del copiloto, la ayudó a sentarse cómodamente y cerró la puerta para correr hasta su lado del coche, entrar y ponerse el cinturón para poder conducir tranquilamente.
Emma le dio la dirección del bloque de apartamentos de Mary Margaret y se hundió en la comodidad del asiento del coche. Miró por su ventanilla distraídamente, escuchando la música de fondo que salía de los altavoces del coche, contestando de vez en cuando a las preguntas de Regina con voz más cansada cada vez. Estaba realmente agotada.
Una vez frente al edificio, Regina apagó el motor y se quedó mirando a una soñadora Emma que sobaba suavemente su vientre con una tierna sonrisa en los labios.
- Gracias por traernos, Señora Alcaldesa. -dijo la rubia con una agradecida sonrisa al mirar hacia el rostro de la morena.
- Ha sido un placer, Miss Swan.
- Espero no haberla hecho llegar tarde a una cita. -dijo Emma al percatarse de lo arreglada que iba vestida la morena.
- Oh, no. En realidad volvía de no cenar con mi madre. -Al ver la expresión interrogante que frunció el ceño de Emma, Regina aclaró.- Le surgió algo y canceló nuestra cena. Estaba volviendo a casa.
- Oh. Entonces la dejo. Seguro que su marido la está esperando en su casa.
- ¿Marido? -Se preguntó Regina. Entonces recordó que aún llevaba la alianza de bodas puesta. Con solo un ligero temblor en la voz, respondió. - No. No hay nadie esperándome en casa. Soy viuda.
Emma bajó la vista a sus rodillas.
- Lo siento, no lo sabía.
- No se disculpe. Fue hace muchos años y usted no tenía por que saberlo. -Colocó dos dedos bajo la barbilla de la chica y la hizo mirarla. Regina forzó una sonrisa y acarició con el pulgar la linea de la barbilla de la rubia.- Será mejor que salga ya. A usted si que la están esperando en casa, jovencita.
Emma asintió, con una suave sonrisa.
- Si. -para su mortificación, se enredó con el cinturón de seguridad y no pudo desabrocharlo- Ogh, por el amor de...
Regina rió entre dientes, enternecida.
- Hoy no es su día, ¿no es cierto? Déjeme a mí. -Gina desabrochó el suyo y se inclinó por encima de la palanca de cambios para poder ayudar a Emma, quien se había dado por vencida y había apartado las manos para dejar que la morena librase esa batalla por ella. - No se culpe. Este asiento siempre se atasca. Listo. Ya puede usted volar libre, joven Cisne.
Con una sonrisa, Emma abrió su puerta y salió del coche de la morena. Lo rodeó y se paró junto a la ventana de la conductora para despedirse.
- Gracias por el viaje, señora Mills. Supongo que nos volveremos a ver. Le debo un traje, no lo he olvidado.
- Pues más le vale olvidarlo, Miss swan. No pienso aceptar nada que pueda venir de usted con ese fin. -lo había dicho con voz dura, pero una sonrisa curvaba sus labios.- Espero volver a verla.
- Y yo. Buenas noches.
- Buenas noches.
Con una última mirada, Emma entró al portal del bloque y Regina encendió el motor para volver a casa.
Mary Margaret la estaba esperando, angustiada y paseando de un lado al otro del pequeño salón, frente a la pequeña islita que separaba la cocina del recibidor, estrangulando el teléfono móvil. Al verla entrar aún con una suave sonrisa en los labios, se lanzó sobre su amiga y la apretó contra ella en un asfixiante abrazo que pronto cortó para agarrarla de los hombros y sacudirla un par de veces.
- ¿¡Se puede saber donde estabas!? Llevo llamándote horas. ¡Creía que te había pasado algo!
- Calma, Mary. Sólo me quedé sin batería y luego me equivoqué de calle y me perdí. Por suerte me encontré con una mujer muy amable que me ha traído en su coche. -Mary volvió a abrazar a la joven Emma, esta vez un poco más tranquila con su explicación.
- Perdona. Es que me preocupé por ti.
Un poco más calmada, preparó la mesa para cenar juntas y hablar de sus días al calor de unas velas.
David estaba bien, solo había sido un pequeño accidente con un perro de la protectora. Mañana podría conocerlo y ayudarlas con la parte pesada de la mudanza. Mary también había preparado una pequeña habitación en el piso de abajo para que Emma pudiera dormir a gusto sin tener que andar subiendo y bajando escaleras. Ella dormiría en el de arriba, así podía estar también cerca si la necesitaba.
Charlaron un rato más, pero Mary podía ver los signos del cansancio en la rubia y pronto la dejó que se duchase y se fuera a dormir. El día siguiente iba a ser un día intenso.
Y vaya si lo fue, y no solo para ellas.
Lo dejamos aqui por esta noche. Ya se que es un capitulo corto, pero estoy muy desentrenada en esto de escribir en el portatil y mi muñeca se resiente. No quiero acabar con Tunel carpiano en el segundo capitulo de un fic que parece que está gustando tanto. Sería injusto con nuestras chicas retrasar su historia de amor y con vosotr s el dejaros sin saber como les va, jejeje.
Espero no haberos aburrido mucho con este capitulo. Prometo que me esforzaré más con el siguiente.
Mañana tengo trabajo todo el día, asique seguramente me podré a escribir entrada la tarde, o igual ya el martes, en cuanto pueda tendreis nuevo Cap..
¡Esta noche tenemos capitulo nuevo!
A ver que se les ha ocurrido ahora a los Two... ejem... en fin, buenas noches Swens! :*
S.M.
