YOUR GAY FRIEND

(Los personajes no son míos, pertenecen a la talentosísima Stephenie Meyer, ¡sólo la trama es mía!)


CAPÍTULO 2: Mi felicidad

Edward's POV

Dejando de lado las miradas y comentarios furtivos de mis compañeros de preparatoria, el día transcurría normal. No tenía el mejor humor del mundo pero intentaba permanecer lo más sonriente posible ahora que Bella estaba a mi lado en el pasillo y no tenía la voz chillona de mi hermana constantemente en mi oído.
Isabella era, en pocas palabras, el aire que necesitaba para respirar. Era mi mejor amiga y supe desde el primer momento en que la vi que estaríamos unidos para siempre. Fue una de las pocas personas que me entendió y se quedó a mi lado en toda circunstancia que me tocó atravesar.
Antes de aceptar mi homosexualidad, era una de las personas más populares en la escuela. Pertenecía al club de teatro y de piano, pero esto en vez de molestar a las adolescentes inundadas por las hormonas, parecía encantarles. El joven y sensible Edward que cantaba canciones de Justin Timberlake y actuaba en obras de teatro con trajes ajustados las desquiciaba. Yo sin embargo, jamás me sentí atraído ni preocupado por ninguna de ellas. Sólo por Bella. Nos conocíamos de toda la vida, ella había sido amiga de mi hermana desde los doce años y bueno, creo que por eso era especial. No era una golfa, ni una mentirosa como el resto de las jóvenes de Forks. No se maquillaba como una puerta ni vestía provocativa. Simplemente era ella misma, con su pelo castaño al natural, sus ojos chocolate y su forma tan simple de vestirse. Sin dudas era la mejor persona que yo alguna vez podría haber pedido a mi lado. Por eso me ponía de los nervios ver que sufría por cómo me juzgaban a mí. Me parecía totalmente injusto que ella tuviera que padecerlo si ni siquiera a mí me importaba la opinión de los demás. Ya había estado bastante mal por sus propios problemas el año anterior a causa de Newton, así que cuando vi como se acercaba a ella nuevamente con malas intenciones durante la hora de Biología, supe era momento de interferir. Le propiné un puñetazo que recordaría por unos cuantos días. Casi llora el muy macho. Gracias a Dios a Bella ya no le afectaba su vida en lo más mínimo. Creo que estaría riendo si al día siguiente llegara y le contara que lo había arrojado por un décimo piso.
A pesar de lo indispensable que era Bella para mí, con sus sonrojos y su torpeza, alguien más, además de mi familia y mis amigos, ocupaba mi corazón.
Conocí a Félix en enero. Se corría el rumor sobre su condición sexual también, pero no era confirmado. Nunca fui una persona de arriesgarme realmente por alguien, pero no dudé en hablar con él durante su primer ensayo conmigo en teatro.

Flashback

Era uno de esos viernes en los que no esperas nada nuevo. Me encontraba ensayando con algunos compañeros uno de los temas de la película Rent que presentaríamos a fin del curso, cuando nuestra profesora entró escoltada por Félix Vulturi. Siempre me había parecido un chico guapo, pero como era bastante introvertido siempre iba con la cabeza gacha y no podía apreciarlo realmente. Sin embargo aquella tarde, algo se despertó en mí al verlo cara a cara. Luego de que se presentara ante todo el curso y comenzáramos a trabajar como de costumbre, la señorita Cope llamó mi atención. Me acerqué a su mesa y noté que Félix seguía a su lado.

—Edward, tú vas a encargarte de ayudar a Félix con sus expresiones mientras armamos la escenografía, ¿te parece?agradecí para mis adentros como un niño que recibe un juguete nuevo.

—Sin problemas, profesoraasentí—. Ven Félix, tengo los guiones en los locker, ¿podrías ayudarme?

—Desde luegose acercó y fuimos directo al pasillo. Caminamos hasta llegar al casillero número 37, el mío. Arriba estaba el de Bella, pero no era algo importante en ese momento.

—Así que, ¿por qué el club de teatro?pregunté divertido.

—Ya debes saberlorió mientras recargaba su hombro derecho en los casilleros.

—Refréscame la memoriabromeé. Realmente quería escucharlo de su boca.

—Pues, ya sabes, se corren rumores sobre mí y la verdad no tengo más ganas de ocultarlos. Tarde o temprano saldrían a la luz.

—¿Y qué tiene que ver todo esto con el teatro?

—Es algo que siempre quise hacersonrió con suficiencia.Y ahora no tengo ningún tipo de impedimento para hacerlo, ya no me interesa qué puedan opinar de mi.

—Eso es geniallo alenté. Hubo un pequeño silencio que finalmente el moreno rompió.

—Edwardparecía incómodo.

—¿Sí?pregunté intrigado.

—¿Desde cuando sabes que eres…?

—¿Gay?asintió—. Pues realmente no lo sé, ni siquiera sé si me gusta autodefinirme con esa palabrasonreí, mientras me rascaba la nuca, incómodo por la pregunta—.Lo único que recuerdo es haberme sentido bastante raro viendo a Brad Pitt en cueros comenzó a reír por lo que le estaba contando.

—Bueno, no me esperaba esa respuesta. Definitivamente eres raro —ambos volvimos a reír.

—¿Y qué me dices de ti?

—Yo lo descubrí, o mejor dicho lo reafirmé, el día que perdí mi virginidad con Jessica Stanley. Mi amiguito no funcionó hasta que un anuncio de Calvin Klein apareció en la televisión. No la pasé para nada bien esa nochecomencé a reír a carcajadas—. Creo que en el fondo siempre lo sabes, pero hay algo que detona la bomba tarde o temprano.

—Sí, puede que tengas razón respecto a eso. Así que te acostaste con Zorra número 2. Eso está muy mal, Vulturireí más fuerte.

—¿Qué? ¿Vas a decirme que nunca te tiraste a ninguna chica? Cuando tu sexualidad no es clara pueden terminar siendo un buen polvo. Y quizás puede ayudarte a descubrir tus gustos. Sino mírame a mí.

—No, realmente no lo he hechonegué con la cabeza—. Jamás experimenté con ninguna mujer.

—¿Ni siquiera un beso?preguntó extrañado.

—Sí, si he besado a alguienme sonrojé.

—¿Y quién fue la afortunada que besó al señor Cullen?preguntó inesperadamente. ¿Estaba halagándome o yo estaba volviéndome loco?

—Pues, no te entusiasmes, fue mi mejor amiga, Bellarespondí con naturalidad.

—¿Bella Swan? ¿La "Chica Tomate"?preguntó, utilizando el apodo que le habíamos puesto a mi amiga por su sonrojo.

—La misma —reí—. Me pidió que la besara para experimentar antes de besar a Newton —sentí como mi mandíbula se tensó.

—Supe que la engañó con Mallory Zorra número 1, esas noticias corren demasiado rápido por aquí. Lo siento.

—Sí también yo. Bella no se lo merecía, aunque ahora ya no le importa. Tendrías que haberla visto llorando por las noches. Creí que nunca iban a acabársele las lágrimas.

—Pobrecita. Parece una chica muy especial.

—De verdad lo es, deberías conocerlacomencé a halagar a mi amiga.

—Pues, puedes presentármela un día de estos.

—Cuando gustes. Oye, deberíamos volver al aula, deben estar esperándonos.

—Tienes razón, no quiero que la señorita Cope me castigue en mi primera clase.

Dicho esto, volvimos al salón de teatro. A partir de ese día comenzamos a compartir cada vez más cosas y mis sentimientos por él comenzaron a crecer. Nos veíamos en el almuerzo, en las horas de taller y en las de filosofía. No sabía realmente que era lo que me estaba pasando, pero nunca había sentido nada igual, o por lo menos eso creía.
Tres semanas después de nuestra primera charla, Félix me pidió ayuda con su nuevo personaje en la obra. Por supuesto que acepté y fui a su casa un viernes, a la salida del instituto. Su pequeño chalet estaba a diez minutos de mi hogar. Al llegar, preparamos algo de comer, y nos pusimos en acción. Eran las ocho de la noche cuando terminamos, pero nos quedamos hablando.

—¿Has tenido novios?pregunté. Félix se quedó mudo por un momento, hasta que decidí interrumpir—. No hace falta que me contestes si no quieres hacerlo.

—No, está bien, tarde o temprano tendría que confesarlo miró al suelo, avergonzado—. Terminé una relación hace tres meses.

—¿Qué ocurrió?

—Él terminó de cursar en preparatoria y se fue a la universidad. Dijo que no quería seguir una relación a distancia, y que prefería esperar a que yo estuviese cerca, porque también entraré a Dartmouth el año próximo.

—Aguardaintenté aclarar mi cabeza—. ¿Estudiaba aquí? ¿En Forks?

—Sí.

—Los únicos que entraron a Dartmouth este año fueron Demetri, Marco y Charlotte.

—Sí, técnicamente Demetri no había entrado, su padre tuvo que movilizarse para que lo dejaran matricularse…

—¡No me jodas! grité—. ¿Saliste con Demetri Reynolds, el capitán del equipo de fútbol? Debes estar bromeando aún no salía de mi asombro.

—No, no estoy bromeando. Vamos Edward, se notaba a millas que no era heterosexual.

—Jamás me lo hubiese imaginado confesé—. Quiero decir, siempre se la dio de Don Juan y parecía todo un conquistador. Inclusive lo he visto coqueteando con chicas en los pasillos.

—Farsa.

—También lo vi intentando ligarse a la profesora suplente de Economía.

—Otra farsa.

—Oh, Dios Santo, ¿hacía todo eso para ocultarse?

—Algo así mostró una falsa sonrisa torcida.

—Entiendo si no quieres hablar más del tema, de verdad.

—No, realmente no me molesta, es sólo que no hay mucho más que decir al respecto. Ya hablamos mucho de mí, ¿Qué te parece si me cuentas algo de tu vida?

—Lo que quierasesbocé una sonrisa para hacerlo sentir cómodo.

—¿Qué me dices tú de tus novios? —Preguntó, inesperadamente para mí.

—Yo

—¿Jamás estuviste con un hombre?agaché la cabeza, para confirmarle lo que acababa de preguntar. Me sentía un idiota, pero cuando levanté mi rostro, los labios de Félix se posaron en los míos y rápidamente su lengua pidió acceso a mi boca. Nuestro beso se tornó largo y apasionado, hasta que finalmente lo solté, para poder recuperar la respiración. Definitivamente, jamás había sentido algo así.

—Lo siento —se avergonzó—. Realmente me gustas Edward, tal vez esto sea muy precipitado, pero—

—Yo siento lo mismo —lo miré y noté como su rostro se llenaba de alegría—. Podríamos intentarlo, si eso quieres.

—Por supuesto que eso quiero, Edward y finalmente se inclinó otra vez para besarme.

Fin del Flashback

Así se dieron las cosas, y realmente era feliz a su lado. No sé si enamorado era el término correcto para mi situación, jamás lo había estado anteriormente, pero sí lo quería y muchísimo. Bella también lo había aceptado, así que nada podía estar saliendo mejor. Fue por eso, que mi alegría aumentó cuando ese día sonó mi móvil en pleno almuerzo. Félix estaba afuera, esperándome para saltarse el resto de las clases conmigo. Acepté feliz, siempre y cuando alguien se encargara de Bella por mí, pues no pensaba abandonarla.
Salí disparado de la cafetería antes de que tocara el timbre y me escabullí por los pasillos, hasta llegar al aparcamiento. Divisé el Mercedes negro de mi novio y comencé a caminar en dirección a él. Vi como su mano, sosteniendo un cigarrillo, salía de la ventanilla de su asiento.

—Al fin, Cullen —gritó al verme por el retrovisor. Tiró el cigarrillo y puso en marcha el motor.

—¿Qué? ¿Me extrañaste? —me incliné para besarlo, a medida que iba subiendo al auto.

—Pues la verdad que sí —me tomó por sorpresa, depositando ambas manos en mi rostro y atrayéndome hasta él. Luego beso mis labios, suavemente, pero con necesidad.

—Voy a empezar a faltarte más seguido si luego me recibes así —reí. La verdad, y a pesar de bromear, lo entendía perfectamente. No nos mostrábamos nada de afecto en público, y no porque no quisiéramos, sino porque no nos parecía correcto. A pesar de que no nos importaba la opinión de los demás, sabía que era algo incómodo y sinceramente, ni siquiera las parejas heterosexuales se demostraban mucho afecto, exceptuando a mi hermana Alice con Jazz.

—No, no quiero que hagas eso —rió—. Y bien, ¿que quieres que hagamos?

—Lo que gustes.

—Estoy teniendo problemas con la bocina —la hizo sonar y no pude evitar explotar en carcajadas al sentir como se oía.

—¿Qué demonios le ocurre?

—No sé, hace unas semanas que está fallando. Sólo tengo un pequeño problema. Mis ahorros no son muchos y estoy harto de depender de mi padre.

—¿Necesitas algo de dinero? Sabes que puedo prestártelo.

—No, Edward, no es por el dinero, sólo quiero valerme por mi mismo, eso es todo.

—¿Y cómo vas a cambiarla entonces, si no tienes dinero?

—Hay un buen aprendiz de mecánico en la reserva de los Quileute. No va a cobrarme mucho.

—¿Estás seguro?

—Sí, no tiene su licencia aún, pero me lo han recomendado, además, sólo es una maldita bocina, no va a hacer explotar el coche.

—De acuerdo, vayamos hasta allí entonces.

Aceleró el auto, y comenzamos nuestro camino hacia las afueras del pueblo. Pusimos un CD de Coldplay para distraernos y acelerar el viaje. Todo estaba demasiado desierto a nuestro alrededor y Félix estaba demasiado concentrado en la carretera como para empezar a molestarlo a causa de mi aburrimiento. Comencé a cantar inconscientemente al oír el estribillo de mi canción favorita de la banda, Speed of sound. Félix me oyó y se mantuvo unos segundos observándome, mientras sonreía.

—Ojos en la ruta, señor – le ordené. El sólo asintió mientras carcajearse y volvía a concentrarse en manejar correctamente.

Tengo que admitir que cuando escucho mis temas preferidos, los minutos parecen segundos. Ni siquiera sé cuantos árboles y caminos desiertos pasamos, hasta que divisé un lugar, desconocido para mis ojos.
La reserva, era sin duda, un lugar histórico y digno de admirar. En el horizonte, se podían ver una infinidad de casas bajas, la mayoría con tejado de madera y paredes rojas, decoradas con una gran variedad de plantas y flores.

—Este lugar es increíble —dije maravillado.

—La verdad que sí. Tengo unas amigas aquí, así que vengo de vez en cuando a saludarlas. Si quieres podemos ir a verlas primero y después nos preocuparemos por la bocina.

—¿Las conozco? —pregunté al no recordar si alguna vez me había mencionado a sus amigas de La Push.

—No, no lo creo. Emily y Leah no son de bajar al pueblo. Prefieren la exclusividad de la reserva.

—Ya veo.

—Aquí es —señaló hacia la derecha. Me encontré con una casita igual que el resto, solo que estaba completamente decorada con hermosas flores lilas. Se notaba que era una casa de mujeres.

—¡Félix! —una voz chillona vino desde atrás del coche. A nuestras espaldas, dos chicas, ambas flacuchas y bastante altas con pelo caoba y mirada expectante saludaban eufóricamente.

—¿Ellas son acaso…?

—¿Lesbianas? No —rió—. Son primas segundas o algo así. Son muy unidas, van a casarse juntas.

Bajamos del coche, y nos encontramos con las dos jóvenes que se abalanzaron en cuestión de segundos sobre el cuerpo de mi novio.

—Eres un idiota —la de pelo largo le daba pequeños puñetazos en la espalda a Félix—. Te hemos estado esperando todo el fin de semana.

—Lo siento chicas, estuve algo ocupado —miró en mi dirección.

—Al fin te dignas a traerlo —ahora la chica de pelo corto habló con una sonrisa en su boca y me observó detenidamente—. Así que tú eres el famoso Edward. Yo soy Emily y ella es Leah.

—Mucho gusto —saludé con mi mano, de forma amistosa.

—El gusto es nuestro, créeme, este grandote no ha parado de hablar de ti desde que te conoció —vi como mi novio se ruborizaba—. ¿Qué los trae por aquí? —preguntó Leah.

—Esto —Félix se acercó al coche e hizo sonar la bocina nuevamente. Emily explotó en risas.

—Bien, Sam está en la casa de Jake, le diré que vas para allá.

—Muchas gracias cariño, prometo volver en estos días.

—Eso espero.

—Es un trato. Vendré pronto.

—Adiós, chicas. Fue un gusto conocerlas —dije.

—El gusto fue nuestro, créeme. Puedes volver cuando quieras —Emily sonrió amistosamente y su prima asintió con la cabeza.

—¡Seguro! ¡Nos estaremos viendo!

Una vez que terminamos de despedir a las chicas, nos subimos nuevamente al coche y nos movimos unas cinco cuadras más. Divisé una casa con un garaje al lado y supe así que encontramos lo que habíamos estado buscando.
Salió de allí un joven grande y musculoso con cabello corto color negro. Apenas llevaba unos jeans rasgados.

—Ese es Sam —me explicó—. Es el prometido de Emily y el mejor amigo del mecánico. Allí está Jacob.

Justo detrás de Sam, salió un joven, con el pelo corto color caoba. Estaba bien tonificado y su piel rojiza combinaba perfectamente con sus ojos negros. Llevaba una sudadera negra sin mangas y unas bermudas de mezclilla. A simple vista parecía problemático. Un joven peligroso. Era guapo, por supuesto, pero no era el tipo de chico que quería cerca de mis amigas y mucho menos de Bella.

—¿Se te ofrece algo? —el chico se acercó y miro a Félix, analizándolo.

—¿Eres tú Jacob Black?

—¿Se te ofrece algo? —miró con gesto sospechoso, mientras repetía la pregunta.

—Soy Félix, amigo de Emily y Leah, tuve problemas con mi bocina y necesito cambiarla.

—No habrá problema con eso siempre y cuando me pagues —amenazó. En ese instante mis nervios colapsaron.

—Tranquilízate, muchacho —me metí en la conversación. Noté como Félix me fulminaba con la mirada.

—Oh, ¿quién eres tú? ¿Su novio? —dijo el chico con gesto burlón.

—Pues sí, digamos que sí lo soy.

—Ya para, Edward —Félix intentó tranquilizarme.

—Hey, tranquilo, fiel caballero de armadura —el chico comenzó a reír—. Sólo bromeaba. Los amigos de las chicas son mis amigos. Cambiaré tu bocina Félix, pero tengo que revisarla primero.

Bajamos rápidamente y Félix se acercó a saludar al novio de su amiga. Por otro lado Jacob comenzó a revisar el coche, no sin antes dedicarme un gesto burlón. Ya me caía mal.

—Bien, necesitarás una nueva bocina, claramente. Puedo ir a comprarla al pueblo esta semana. ¿Puedes traer el coche el lunes próximo?

—¿Tanto vas a hacerlo esperar?

—Ya es suficiente, Edward. Seguro Jacob, ¿cuánto va a costarme?

—Cincuenta dólares, no más —quise insultarlo, pero supe que el precio era razonable, incluso más barato de lo que esperaba—. Lo tendrás listo en menos de una o dos horas.

—Perfecto. Gracias, Jacob.

—Nos vemos la próxima semana —ambos volvimos a subir al auto.

—Adiós, Edward —se burló Jacob. Lo envenené con la mirada y no me gasté en devolverle el saludo.

Comenzamos nuestro camino de vuelta, pero esta vez, no puse ningún CD en el reproductor. El ambiente estaba tenso y para nada alegre.

—Ese chico necesita modales —finalmente ataqué.

—Te preocupas mucho, amor, relájate.

—No quiero ni pensar que un tipo así puede acercarse a Bella.

—No creo que sea su tipo, pero si así fuera, ¿cuál es el problema?

—No lo sé, simplemente no me gusta. Ella es tan inocente a veces…

—Edward, Bella tiene nuestra edad, es madura, fuerte e independiente. ¿Vas a comportarte así cada vez que salga a relucir el tema de sus novios? —me miró desconfiado.

—Yo sólo quiero protegerla.

—Lo sé, pero ya lo has hecho demasiado. Ella te ama, pero a veces deberías dejarla respirar.

—Quizás tengas razón —dije finalmente, aunque por alguna extraña razón, pensar en dejar de cuidar tanto a Bella me hizo sentir mal. Además, nos habíamos ido por las ramas y no era eso lo que quería, había otros temas de conversación más importantes que quería tocar con él.

—Es que la tengo y lo sabes.

—Si, ya. Tengo una propuesta para hacerte —cambié de tema, pues no quería seguir discutiendo. No soportaba hablar de eso y punto final. Además, lo que iba a decirle había estado dándome vueltas en la cabeza por días enteros. Lo había consultado con Emmett y mis padres y accedieron con alegría. Sólo faltaba decírselo a Alice, la parte más difícil. A pesar de su falsa sonrisa, sabía que no siempre estaba cómoda con mi decisión.

—Dispara.

—Estaba pensando que tal vez, sólo tal vez, quieras venir a cenar a casa este fin de semana.

Sin decirme nada, aparcó el auto en el costado del camino y se giró para mirarme a los ojos.

—¿Tú estás seguro de esto? ¿Qué dirán tus padres?

Ellos ya lo saben Félix, sólo falta que te "presente formalmente" —repetí las palabras textuales de Esme del día anterior.

—No quiero incomodarte, podemos esperar más tiempo si eso quieres. Sé que todavía no estás seguro con esto de tu…

—Mi sexualidad no tiene nada que ver con esto. Hoy estoy contigo y eso es lo que importa. Así que, ¿qué dices? ¿Te gustaría venir?

—Pues, por supuesto que quiero ir —me tomó de las manos y me besó, con ternura—. Te quiero — susurró finalmente.

—Y yo a ti —respondí automáticamente—. Por cierto…

—Dime.

—¿Te molesta que esté Bella también?

—¡Por supuesto que no! ¿No es ella también como de tu familia?

—Pues sí, mis padres la quieren como a su hija.

—Entonces, no se discute.

—Gracias.

—Gracias a ti por incluirme en tu vida, Edward. No sabes lo que significa eso para mi —entendí perfectamente su mensaje. Su relación con Demetri no había sido ni por asomo tan libre como lo era la nuestra. No pude hacer nada más que sonreírle con ternura.

Félix volvió a hacer andar el coche y volvimos a la carretera. Paramos en una gasolinera para recargar el tanque y mi novio aprovechó para pasar al baño y comprarse una nueva cajetilla de cigarrillos. Le pedí que me comprara una a mí también. Me dispuse a encender el último cigarrillo que quedaba en mi atado, cuando supe que había llegado el momento. Tomé mi teléfono del bolsillo trasero de mi pantalón y fui a la lista de las últimas llamadas. Seleccioné a Alice y apreté la tecla verde. Atendió luego de un par de tonos.

—¿Pasó algo, hermanito?

—Hey, Alice.

—¿Dónde estás? ¿Por qué me llamas?

—Estoy en una gasolinera. Sólo llamo para contarte algo, ahora que Félix fue al baño.

—Escupe —Alice parecía ansiosa.

—Lo invité a cenar el sábado a casa, ya sabes que papá y mamá quieren conocerlo. Tal vez podamos salir todos a alguna discoteca más tarde.

—¿Tú estás seguro de que eso es lo que quieres? —me interrogó, preocupada.

—Sí, Alice. Sólo dime que estarás allí.

—Sabes que lo haré —suspiró, resignada.

—Gracias, y por favor no se lo digas a Bella, quiero contárselo yo después e invitarla también a que venga.

—Bien. Jazz llegó, luego hablamos. Adiós, Edward.

Sin decir más, colgó el teléfono. ¿Qué demonios le pasaba? Sonaba más extraña de lo normal.

—Edward, ¿qué ocurre? – Félix me miraba preocupado, mientras sostenía las cajas de cigarrillos que acababa de comprar.

—Nada, todo marcha genial — dije mostrando una sonrisa falsa.

Si bien el episodio con mi hermana aún me tenía preocupado, preferí dejarlo pasar. No quería que aquello arruinara mi día. Félix y yo estuvimos el resto de la tarde en su casa, cocinando y jugando con su perro. No sé que clase de amor era este, pero no quería perderlo. Sólo una ruta inesperada podría cambiar mi destino y hacerme dudar de todo lo que conocía. Y estaba seguro de que no quería que eso ocurriera.