Edward
Gracias a dios, era domingo y no debía ir a trabajar.
Aun me sentía mareado, la cabeza me explotaba. Mi estomago ardía, había bebido demasiado. Las piernas me temblaban.
Fue cuando una que otra imagen vino fugazmente a mi cabeza.
TUVE SEXO CON UNA DESCONOCIDA SIN PROTECCION. Lo raro fue, cuando vi una pequeña mancha de sangre en mi bóxer. ¿La abre lastimado? ¿Desgarrado? ¿O tal vez…era virgen?
¡Oh dios! En qué demonios pensaba. Traicione de la peor manera a Rosalie.
Pero lo que sentí fue asombroso. Aunque quisiera arrepentirme no podía. Esa mujer era tan hermosa, por lo menos de cuerpo.
Su rostro no lo recordaba, menos su nombre. ¿Me lo dijo?
Salí de la cama, adolorido, a prepararme café.
El celular comenzó a sonar. El reloj marcaba las dos de la tarde.
-Hola – conteste.
-¡Edward! Me canse de llamarte – era el peor momento.
-Ahora no Rosalie – suplique.
-Quedamos en almorzar – maldita sea, lo olvide. Soportar a Rosalie y una resaca, no eran buena combinación.
-Salgo para allá, dile a mi familia que lo lamento – claro que me colgó.
Hoy no iba a ser día. Me di una ducha y Salí.
Las gafas de sol disimulaban un poco mi desvelo. No era mujer, y no podía ocultarlo con maquillaje.
Estaba hecho trisas. Lo menos que deseaba era probar bocado. Con solo pensar se me revolvía el estomago.
Solo liquido, podía a gritos mi organismo. ¡No vuelvo a tomar más!. Claro que eso era una mentira que nos decimos en el momento del malestar.
Aun la recordaba, bailando pegada a mi cuerpo. Frotando sus pechos al mío. Su cavidad tan estrecha, delicada, húmeda y cálida.
Sentí a mi miembro emocionarse, y trate de desviar mis pensamientos en otro cosa.
Rosalie no merecía que yo le hiciera esto. Por mas histérica e insoportable que se ponía a veces. Ella se portaba bien.
Llegue a casa, encontré a todos sentados en la mesa, esperándome.
-Lo siento, me quede dormido – dije tomando mi lugar.
-Tú y Alice se pusieron de acuerdo – dijo mi padre, mire a mi hermana con una cara terrible. También había trasnochado.
-Almorcemos en paz – pido mi madre. Y así fue.
No hice ningún comentario. Rosalie no me hablo. Tampoco tenía ganas de oír sus reclamos. Se le pasara.
Luego de la comida, me quede con Jasper viendo una película de acción en la sala. Mientras que Rosalie ayuda a mi madre con los platos.
Sentía el aura de odia que provenía de ella.
Bella
-¡No vuelvo a tomar nunca más en mi vida! – dije mientras intentaba volver a la vida.
Parecía que me hubieran dado una paliza, me dolía cada parte de mi cuerpo. La cabeza iba a estallarme.
Me fije la hora en mi celular, eran las 4 de la tarde, y tenía como 25 llamadas perdidas de Jake.
-¡Oh maldición! – creo que la realidad me cayó en la cabeza.
Marque el número de Alice desesperadamente.
-Alice – grite.
-Resucitaste.
-¡Anoche perdí mi virginidad! – limpiando el sudor de mi frente, de los nervios.
-¿Qué? ¿Con Jake? – pregunto desconcertada.
-¡NO!
-¿Con quién? – estaba más alterada que yo.
-¡No lo sé! Ese es el problema – deseaba llorar.
-¿Qué demonios? ¡Bella! – grito.
-Lo sé, ahora que hare con Jake.
-Voy enseguida – colgó.
Lo correcto y lo prometido, era que Jake me quitara mi "pureza". El había esperado tanto para eso, y que un desconocido la arrebate en solo una noche. ¡oh dios!
Pero…me gusto…y mucho. No, no, no que estoy diciendo. La verdad es que por más que trate de lamentarme, no me arrepiento.
Fue muy excitante, tanto placer. Eso que prácticamente estaba drogada. No volveré a tomar éxtasis. O La próxima vez terminare en una orgia.
¿Qué hare con Jake? Se dará cuenta si lo hacemos. Lo peor es que me saco turno para un ginecólogo. Para que yo estuviera más segura y bla bla bla.
Alice casi me tumba la puerta al entrar.
-Bella, cuéntame todo – se sentó al borde de mi cama.
-Bien… recuerdo que baile con él, y luego lo estábamos haciendo en un baño. ¡OH Alice!
-¿El quién?
-No lo sé, ni si quiera su nombre – que horror.
-Jake te matara si se da cuenta que no eres virgen.
-Jake no se enterara – la mire con cara de asesina.
-Ok, mañana iras a la consulta habla con el Dr. Y vemos que te dice, son profesionales, no le pueden decir nada a nadie.
-Está bien – por suerte mi amiga, siempre me tranquilizaba.
Me duche y fuimos a dar unas vueltas. A Alice se le ocurrió una escusa para evadir a Jake por lo menos hoy.
Pedí ir sola a la consulta. Fui la primera en la sala de espera. Estaban por ser las 8 de la mañana.
Me daba tanta vergüenza. El médico aun no llegaba. Y los nervios me tenían mal.
No dejaba de moverme, hojear revista una y otra vez.
-Srta. Puede pasar el Dr. Cullen la espera – dijo la secretaria.
Entre al consultorio y estaba de espalda en su sillón.
-Con permiso – dije en voz baja.
Volteo y me quede atónita, era un Dr. Joven y muy apuesto. Sus facciones eran casi perfectas. Sus ojos dorado, su cabello color bronce.
Creo que hubiera preferido a un anciano, o mujer. Sentí e l calor en mis mejillas.
-Adelante, siéntate pro favor – su voz era musical. Me tomo mis datos - ¿Qué te trae por aquí? – eso no deseaba contestar.
-Para chequeo general…para ver que todo esté bien – mis mejillas ardían.
-Ok, dejare que te prepares. Ten, allí está el baño – me entrego una bata. ¡Oh no!
Era tan lindo, la vergüenza era peor. Me saque toda mi ropa, quedando solo con la fina bata.
Salir como si caminaba directo a la horca. Me senté en la camilla, aferrada con fuerza al borde.
-¿Listo? Acuéstate – me sonreí, se venía lo peor.
Puso ambas piernas en los extremos de la camilla. Se sentó delante de mi vagina, con una lámpara enorme al lado. Coloco sus guantes y barbijo.
-Relájate – si claro, esta solo mirando mi vagina. ¿Cómo relajarme?
Tocaba cada parte con delicadeza. Trate de no pensar en el placer, que me causaba de repente.
-¿Ya tuviste relaciones?
-No lo sé – juro que no quise decir eso, se me escapo. El solo se rio.
-Bien, lo veremos – ¿qué quiso decir con eso?
Introdujo un dedo en mi centro, me repetí mil veces ¡qué vergüenza! ¡Qué vergüenza!
-Ahora siéntate – hice lo que me ordeno.
Pido que me levanta la bata, para examinar mis pechos ¿Qué mas podía ser peor?
Me toco ambos senos. Lo peor era que sabía que mis mejillas estaban sonrojadas.
-Puedes vestirte – en silencio fui hacer lo que dijo.
Cuando Salir, me senté frente a él. Para escuchar lo peor.
-Bueno, físicamente estas perfecta. Te daré para que te hagas análisis de ETS. Para que estés más tranquila.
No podía mirarlo a los ojos, jugaba con un bolígrafo de su escritorio.
-¿Hace poco dejaste de ser virgen? – no me esperaba esa pregunta.
-Si muy poco – dije apenada.
-¿Te cuidaste?
-No lo sé – el miro enarcando una cejas. Mi vista se nublo, y sin darme cuenta las lágrimas desbordaron de mis ojos.
El me quedo observando inescrutable, sin saber cómo reaccionar.
-Isabella, debes confiar en tu medico. Así sepa cómo ayudarte – se levanto y se acerco. Su invasión de espacio, me incomodo.
-Creo que no se cuido – era la peor parte – eso me tiene alterada.
-¿Cuándo debe venirte tu periodo?
-Creo que en unos quince días
-Bien esperaremos hasta entonces.
-¿Para qué? – no quería entenderlo.
-Para hacer un examen de embarazo – eso quedo retumbando en mi cabeza.
-No, no, no, no usted no entiende, eso no puede pasar.
-Cálmate, si no se cuidaron es probable.
-¡Pero ni si quiera se con quien lo hice! –grite, tape mi boca avergonzada, de lo que dije. El se sorprendió aun más.
Estaría pensando lo peor de mí.
