Empecemos con algo que estoy casi 99% segura que fue una de las primeras parejas formadas al ver Haikyuu, nuestro viejo y confiable KageHina!

A ver qué tal sale, jiji

Pareja: KageHina

Género: Romance –mal hecho, obvio-

Oc's: Sin relevancia en la trama.

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Crepas

El suspiro sólo fue escuchado de parte de Tanaka, quien se rascaba la calva superficie de su cráneo. Sin embargo, por la expresión agria de la mayoría de integrantes del club de volley, era un hecho que a ninguno le emocionaba realmente la propuesta –bueno, evento, sin opción a declinar- que había traído la muchacha de pálidos cabellos cenizos, Lina, presidenta del consejo estudiantil de esa promoción.

— ¿Entonces qué? ¿Nos paramos en el portón del instituto y bailamos? — La intención de Nishinoya no fue ser grosero, pero por la mirada reprobatoria de Sugawara, supo que sin querer lo había sido, frente a una invitada poco usual en sus cambiadores. —Disculpa, esto no lo habíamos hecho antes.

La muchacha cambió el peso de un pie a otro y los observó casi con vergüenza antes de nuevamente hablar: —Verán, los otros años los clubes deportivos quedaban descartados de estas actividades… pero han pensado que un nuevo modelo de experimentación y organización sería más llamativo para Karasuno.—El cabello ondulado se enroscaba casi llegando a parecer un resorte en el índice de la presidenta, su rostro se mantenía estoico aunque pudo notar como el pequeño chico del mechón rubio y el rapado, quienes fueron los únicos que habían hablado hasta ahora, se reían disimuladamente de este gesto nervioso.

—¿Y nuestras clases?

—Estaría muy bien que ayuden a sus clases, si gustan. Pero como club, esto tiene cierta prioridad…

Yamaguchi tenía una expresión tranquila, común en él, mas su acompañante no podía tener una cara de pereza más marcada que la de aquel momento. Hinata se tambaleaba inquieto junto a Kageyama, quienes intercambiaban furtivas miradas como si quisiesen ya empezar a comentar sobre el tema. El silencio se cortó al hablar el capitán:

—Pues no hay remedio, ¿no? —Que flojera, juraron todos los miembros del equipo que eso fue lo que pensó Tsukishima —¿Cuál es la temática?

Sonrió. —Libre. Intenten ser llamativos, daremos unos tickets para que se lo entreguen a cada visitante, recuerden que esto es para apoyar a la publicidad de la escuela, sí terminan de recorrer todo lo referente a su club, le dan uno; no se pasen de listos. —Antes de irse por completo, volteó una última vez con una sonrisa calma —Por favor, conténganse en su fuerza.

Realmente ninguno tenía ganas de hablar del tema, incluso Kageyama y Hinata se les habían bajado las ansías. Se dirigieron en su cháchara diaria al gimnasio, tampoco es como si los superiores mencionasen algo al respecto, pero cualquiera que volteara notaba que el capitán y el vice conversaban viendo el panfleto anaranjado, dando breves comentarios.

Ukai y Shimizu estaban ya dentro conversando, aún con la personalidad callada de la muchacha, era obvio que estar tanto tiempo del mismo lado les daba una buena comunicación.

Luego de las indicaciones, cada quien fue a hacer lo suyo, practicando recepciones en las cuales los de primer año aún encontraban cierta dificultad. Los gritos de Kageyama y Hinata explotaban en un promedio de treinta y siete minutos, habría comentado Shimizu a Ukai, siendo casi invisible la gracia que esto le causaba.

—Oye.

—¿Qué quieres ahora, tonto?

—Crepas.

—¿Crepas?

—Si, crepas.

—¿Te refieres a esas hechas de harina, huevo, crema y un montón de azúcar suficiente para una diabetes?

—Siempre eres tan dramático, Bakayama.

El armador le lanzó la pelota que por poco y no esquiva el pequeño pelirrojo. Seguido de eso hubo más reclamos entre los dos, gritándose, logrando llamando la atención de los demás. Ukai iba a interferir hasta que sintió la familiar aura encabronada de Daichi, congelando a todos menos a los dos locos que seguían en su altercado.

Ambos se detuvieron al sentir esa aura que tan intimidados tenía –algunos, sólo secretamente lo admitían- al equipo masculino de volleyball. Antes de poder rectificarse, una mano se había instalado en cada cabeza, los dedos grabados, hundiéndose en los cráneos del dúo dinámico, quién podía ya estar temblando y sudando alocadamente sin moverse de donde estaban.

Mientras el resto de miembros tomaban diez minutos de descanso, observaron cómo hasta un castigo ese par se lo tomaba como una competencia, llevándose a su límite, muy parecidas a las que tenían todos los días en la entrada.

—Reúnanse, será lo último que haremos en la práctica de hoy, y es probable que de aquí a la próxima semana. Todos tomaron asiento en el suelo, unos en indio, otros con las piernas recogidas, Sawamura estaba de pie frente a todos.

»Como ya lo supondrán, tenemos que tomar cargo de qué es lo que vamos a presentar este viernes para todo eso del festival. Tenemos que contar con un cartel que llame la atención y sea visible para los visitantes, una organización dentro de gimnasio con una misma temática, algo que nos haga destacar y los boletos que marcarán cuantos visitantes tuvimos, los cuales tienen que estar entretenidos. Obviamente, necesitamos premios. Y no es que los quiera presionar, pero tenemos que superar a otros clubes deportivos.

Antes de que alguno preguntase, Sugawara tomó la palabra —Resulta que hay un trato con los demás clubes de un todo o nada. El club que tenga más boletos distribuidos a los visitantes que abandonen la escuela, se llevan los fondos que cada actividad recaudó.

A todos les parecía realmente absurdo, ¿Qué clase de irresponsabilidad es esa? Se notaba a leguas que esto de meter en la sopa actividades individuales de los clubes más allá de las habituales fue de última hora.

La mano pálida de Tsukishima se hizo notar. —Déjenme ver si entiendo, tenemos que hacer manualidades para hacer que este gimnasio se vea atractivo para que la gente se acerque, ser sus payasitos para que podamos darles un boleto, si más personas tienen un boleto nuestro ganamos el dinero de los demás clubes—Daichi asintió. —Dinero que antes que todo, nosotros tendremos que gastar en premios y en las supuestas cosas que vamos a tener aquí adentro para vender. ¿No creen que es absurdo terminar una actividad si tienes que pagar solo por intentarlo?

Sugawara sonrió con esa espumosa risa tan característica de él. —Esperamos que no sea algo muy apresurado pedírselo, pero confía en que no nos costará mucho. Todo o nada, Tsukishima, no lo olvides.

—En resumen, ¿vamos a vendernos por dinero, a merced de quien sabe Dios entre por esa puerta en un evento puertas abiertas? —La broma de Narita no les pareció graciosa, pero su expresión sin duda si fue el chiste del año para Tanaka.

—Si lo quieres ver de ese modo…

Tsukishima suspiró. —¿Tsukki? —El aludido chasqueó la lengua y contestó con hilarante desgano: —Me siento como una prostituta.

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Hinata había escuchado las quejas de Tsukishima y en su momento le había causado gracia.

En serio, hasta se dio la libertad de molestar toda la semana al rubio con ese tema.

Pero el día viernes, la principal razón del congelamiento de un entrenamiento más riguroso, por fin había llegado: el festival para atraer más alumnos. El problema era que la carnada de Karasuno –y para que él se haya dado cuenta, tenía que ser algo repetitivo y mal disimulado- había notado las miradas de Yachi y Shimizu, las cuales inusualmente parecían estar cuchicheando, "Seguro es cosa de chicas, Shouyou", habría dicho el líbero, con una risa un tanto extraña para cortar allí la conversación.

Finalmente pasó: Hinata descubrió que era lo que se traían entre ambos las managers del equipo. Y aún no decidía si le gustaba o le desanimaba.

—Y ahora déjennos presentarles a… ¡Cuervito-kun!

Nishinoya y Tanaka tuvieron una risa histérica. Daichi parecía igual de divertido que Sugawara, quien reía más libremente, aunque con una expresión de adoración en su cara. Tsukishima fue seguido hasta el otro extremo del gimnasio por Yamaguchi, así, osadamente se flexionó y puso las manos sobre sus rodillas mientras las carcajadas salían sin pausa, escandalosas. El armador del equipo habría querido burlarse de él, pero se quedó allí parado, la boca semi abierta y esos rubores que eran tan notorios en él intentaban ser vanamente ocultos por Kageyama, ahora le parecía casi imposible…

Es que se lo veía tan…¡lindo!

Estaba seguro que no era el único que lo pensaba, agradecía al cielo que Tsukishima seguía partiéndose de risa porque obviamente esa patética demostración iba ser sacada en cara y anunciada. Volteó a ver al resto, esperando no haber sido notado. Y pues tenía razón, no era el único que pensaba que se veía lindo; Sugawara había sacado su celular, Daichi podría jurar que veía estrellas decorando las pupilas del peliblanco.

—Uhmm… no estoy muy seguro de esto, chicos.

—¿Por qué no? ¡Te ves genial, Hinata! ¡Vamos a arrasar!

El pelirrojo se movió incómodo, las piernas enfundadas en las vergonzosas medias nylon negras las remarcaban, usaba zapatillas del mismo color que tenían papel crepé negro adherido con palillos a la pala, simulando ser garras. Su cuerpo delgado era totalmente opacado por el esponjoso y regordete traje negro, sus brazos tenían plumas enormes que por un instante pensó que eran reales. El traje empezaba desde la cabeza, dejando un agujero para, con dificultad y apretándole las mejillas, podía verse la cara aniñada de Hinata, aunque obviamente esta era opacada por el gran pico negro sobre su cabeza, los ojos de plástico brillaban y su cola…oh dios, la cola de cuervo era lo mejor de toda la indumentaria.

—Chicos, la pancarta ya está colgada, realmente es muy linda, Nishi…—Asahi se congeló en su lugar, y con la boca abierta escaneó a Hinata de cabo a rabo. Sin malicia, se le escapo una risita intentando acallarla con las manos.

—¡Azumane-senpai!

—Lo siento, Hinata. Pero quién lo diría, te queda muy bien. —Los ojos mieles se iluminaron con renovado animado, apretó las manos –alas- contra el pecho para saltar lo más alto, siendo la muerte para Tanaka, ronco de tanto reír.

Sawamura se aclaró la garganta —Bueno, hora de poner en marcha la feria, piensen que este es un partido importante en el cual tenemos que ganar. —Los demás respondieron con un "¡ossu!" y se esparcieron, listos para poner en práctica "El mega plan de Nishinoya Tanaka: PARTE 1"

—Al final, tú estás igual de entusiasmado, ¿no, Daichi?

—No me mires así, piensa en que nuestros cuervitos se están divirtiendo.

Suga dio algo parecido a un quejido de resignación, aunque la sonrisa no había salido de su rostro, al parecer pensando en sus "cuervitos", sus cuervitos con Daichi.

Por otro lado, Kageyama transportaba cubetas llenas de pequeños globos de agua, de colores naranja, negro y blanco. Esto de hacer estaciones que giraran en torno a movimientos del volleyball era más cansado de lo que esperaba. Al dejar las últimas cubetas con globos, se estiró y masajeó su trapecio, suspirando de fastidio.

Al revisar la última sección de su elaborado aporte, la cual era una pizarra con distintos sobres de preguntas que las respuestas deberían saberlas al completar las pasadas estaciones, miró hacia afuera. Hinata se encontraba gritando con esa alegría tan suya, atrayendo visitantes al gimnasio. El traje de cuervo era lindo, las mejillas de Hinata eran lindas, sus movimientos eran completamente lindos, ¡Todo Hinata era lindo!

Pensamientos innecesarios. Seguramente se había dejado llevar por el día miércoles. Sí, seguro era eso, se estaba obsesionado con el tema. Si tan sólo Hinata no hubiese dicho nada…

Pero lo había hecho. Y Kageyama no podía ignorarlo ya. O era un sí, o era un no. Habían practicado pocas veces en esta semana tan atareada, pero notaba cierta tensión las pocas veces que le levantaba la pelota. Parecía estar expectante, esperando a que el moreno se descuide y le termine confesando lo que quedó en el aire el día miércoles de esa misma semana.

Miércoles, miércoles, miércoles…

¿Recién estamos miércoles?

No sabía que te gustaban los eventos de este tipo.

No…quiero que sea fin de semana.

¿Tú? ¿Te sientes bien? Aún alcanzamos a ir a una clínica.

Idiota. —Hinata se revolvió los cabellos, manía nerviosa que no parecía para nada calmarlo. Kageyama quería ser directo y decirle "Si tienes algún problema, dímelo de una vez, me estás matando, en serio" pero según sus compañeros, la paciencia era lo ideal para que alguien te tuviese confianza, para comentarlo. Esto de ser sociable no iba consigo.

¿Ocurre algo? ¿Algo de mis levantadas no está yendo bien?

Shouyou enrojeció. —¡No! ¡Tus levantadas son perfectas! —Como tú—Sólo me preguntaba… ¿Te gustaría ir por…algo… este fin de semana?

¿Por "algo"? Hinata, si quieres jugar volleyball no tienes que hacer una excusa, voy a decir que sí.

Es que no es para jugar volleyball, es decir, sería genial jugar contigo un fin de semana igual, pero no es para eso que quiero que pasemos…juntos— Parecía haberse atragantado con su propia saliva —Crepas.

¿Crepas?

¿Qué te parece si vamos a comer crepas? Abrieron una tienda nueva, he escuchado que si están muy buenas y puedes elegir dos siropes… podría gustarte, comer una no te dará diabetes. —Como si le quisiera recordar a Kageyama lo que había dicho el lunes en la práctica, aunque es probable que lo olvidase.

"Por qué me gustas" había soltado ya en donde se separaban. Tan impaciente, ansioso, pero lleno de energía como era Shouyou. No habían quedado en un "sí, vamos a esa dulcería" ni en "no, y es asqueroso, deja de hablarme". Pasaron los segundos de silencio entre ellos, la noche apenas estaba cayendo, dándole la oportunidad a Hinata de escapar, montándose en su bicicleta y despidiéndose de él ya en la distancia. Si no lo hubiese presionado y molestado tanto, es probable que mi tranquilidad hubiese tenido una pausa de domingo. Ahora ya no sólo era contestar a lo que el armador pensaba y gritaba su sinapsis que era una cita, también sus sentimientos.

Sin embargo, ¿se sentía de la misma forma que Hinata? Aún no lo había decidido. Le gustaba verlo jugar. Se quedó sorprendido con sus saltos y ataques rápidos pese a que no fuese denominado como él con "talento", más bien con habilidad. Secretamente admiraba y competía contra esa determinación. Pese a que fuese muy gritón, le gustaba su actitud, muy opuesta a la de él, el pelirrojo podía hacer amigos con una sonrisa y parecer que se conocían de toda la vida. Su alegría, su sonrisa. El pequeño sol del equipo de Karasuno. Sus ojos eran chispas ansiosas, sobrecogiéndolo y dándole la seguridad en los partidos al hacer sus remates exitosos. Su cabello naranja, tan llamativo como su dueño, como si lo hubieran creado cuidadosamente para que todo su ser anuncie: "¡Mírenme! ¡Aquí estoy!"

Lindo. Nada menos. Y la debilidad no reconocida en voz alta de Kageyama era lo lindo.

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Ya para cuando la jornada estaba cerca de terminar, el gran plan del equipo de volleyball efectivamente dio resultados: Ellos ganaban la apuesta para molestia de los demás clubes deportivos.

Esto de cansarlos y usar calefacción camuflada en el gimnasio, poniendo múltiples hieleras y comida deliciosa, con un casual y nada planeado ventilador que esparcía el fuerte aroma de esta, casi por la parte de la trivia, había tenido un rotundo éxito que hasta a Tsukishima se le acabaron los insultos por lo absurdo e injusto de la situación. Tal vez saboreando el éxito, quien sabe.

—¡Gracias, Hinata-kun! ¡Nos veremos el lunes! —Todo el día, la mascota temporal del club había cumplido bien su rol: muchas personas pasaban por allí gracias a los gritos y los tremendamente adorable que les pareció el pequeño chico, muchos no creyendo que fuese de primer año. Las chicas, tanto las que estudiaban allí como las visitantes, pedían fotografías y lo abrazaban hundiéndose en lo mullido del traje. Punto para Hinata, Kageyama estaba nuevamente en su debate interno.

—Reúnanse, hay buenas noticias.

»Como ya sabrán, hemos ganado la apuesta contra los otros clubes deportivos. Los fondos recaudados nos corresponden a nosotros, no olviden que haremos un viaje a Tokio para entrenar junto a Nekoma y gracias a esto podremos hacerlo sin complicaciones de por medio. Gracias a todos por el apoyo, nos fue muchísimo mejor de las expectativas.

—No sabía que era una apuesta…—Suspiró Asahi hacia Ennoshita, quien sólo rió en respuesta.

—Sabemos que fue un día cansado, así que por hoy suspenderemos la práctica. Pero desde el lunes tenemos que recuperar todo el tiempo perdido, ¿entendido?

—¡OSSU!

Con el naranjo del cielo y la actividad del día, a los chicos con pereza se despojaron de su interesante traje del día, lentamente se agruparon para ir abandonando la sala.

—Kageyama.

El moreno sintió un escalofrío. Era la primera vez en el día que Hinata le hablaba. —¿Sí?

—¿Me ayudas a quitarme el traje?

Si quería hacerle algún tipo de insinuación, tal vez el que le tocase ese traje precisamente a él era ventajoso.

—¿Disculpa?

—Si me ayudas a sacarme el traje. No alcanzo el cierre, mira —Se dio la vuelta para que con unos movimientos graciosos demostraba que el disfraz no estaba hecho para sacar y meter así de fácil.

Con un suspiro, Kageyama bajó el largo cierre, tocando el suave material en el proceso.

—Gracias.

Terminó de abotonarse el uniforme y cerró su casillero. Apretaba la correa de su mochila, así como los dientes. El ligero temblor que experimentaba lo hizo pensar que tal vez Hinata veía su posición y consecuentemente, sus intenciones.

Pero no fue así. Él seguía dándole la espalda, el torso aún desnudo pero con la parte inferior completamente lista.

Ahora bien, ¿Era un sí o era un no?

Crepas, crepas, crepas…

¿Quería a Hinata? ¿Lo quería lo suficiente para arriesgarse?

Hechas de harina, huevo, leche…

¿Lo veía más allá de la cancha, de una caminata recordando lo que habían hecho hacía apenas horas, a veces minutos, los veía a los dos? Hasta para el inconsciente de Kageyama sabía que se haría una brecha si seguía ese camino sin sentirlo.

Con más de un sirope a tu elección…

Y luego pensó en ellos dos. Sentados dentro de la pastelería con una decoración detallada y bonita, mientras él observaba maravillado con disimulo a su alrededor. En frente Hinata, con la boca manchada de crema, una expresión de plenitud, tal vez harían una pelea de quién comía más rápido. Luego un abrazo de victoria más significativo en cada partido o tal vez, cuando vayan a jugar contra Nekoma. Juntos, de la mano cubiertos por la noche. O en la bicicleta de Hinata.

—¿Bakeyama?

—¿Ah?

—¿Qué sucede? Llevo hablándote como por diez minutos, ¿ves? Hace rato que me cambié.

Volvió a sonrojarse. No quería ni imaginar cómo se observaba desde la posición del muchacho más pequeño.

Alto, inalcanzable, tal vez. La risa que ahogó con la palma provocó una mirada de extrañeza en el pelirrojo.

—Vamos. —Kageyame esperó a que Hinata cerrase la puerta del club y finalmente tomaron la ruta de siempre.

—¡Y fue tan divertido cuando a Tanaka le explotaron los globos que…!—Shouyou hablaba tan animadamente que por poco y no nota la repentina quietud del mayor. —¿Kageyama? ¿Todo está bien?

—¿Por qué te gusto?

Así, sin tapujos, con la cara encendida y alzándole la voz como cuando practicaban. —¿Eh?

La expresión en el rostro infantil no ayudó. ¿Y si sólo estaba bromeando? ¿Y si se refería a un "me gustas, eres un buen amigo y excelente compañero de equipo"? ¡Maldita sea, maldita sea, maldita sea! ¡Eso nunca se le había ocurrido hasta ahora!

—Nada, sigamos.

—No, ven aquí.

—No quiero, dije que sigamos.

—No sigo órdenes tuyas.

—Sólo sigamos caminando que se te hará más tarde.

—Ya es de noche, ¿Qué importa que más tarde se haga?

—Mucho, mueve el trasero.

—¡Te he dicho que no!

—¡Y yo que te muevas!

—¡Tú no eres mi jefe!

—¡Si fuese tu jefe ya te hubiese despedido!

—¡No, no podrías!

—¡¿Ah,no?!

—¡No!

El silencio del viaje quedó olvidado contra la pelea absurda que se desató. Allí, en medio de la calle, dos locos gritando a todo pulmón.

—¡Cállate, estúpido! ¡Estamos en medio de la calle! —Para la sorpresa del armador, el otro se calló, con una mueca resignada que lo obligaba a inflar las mejillas. Adorable.

Ambos giraron la cara al mismo tiempo, sin embargo. Caminaron nuevamente en silencio, lado a lado. Los dos siguiendo con sus divagaciones.

—¿Tiene que haber una razón explicada?

Silencio.

No realmente, sí dices que me quieres te creeré, por qué sé que jamás me mentirías.

Hinata suspiró. No sabía bien cómo proceder de aquí, él nunca se le había declarado a nadie y mucho menos lo dijo con tanta seguridad que ese día luego de golpearse contra la pared se sorprendió de su valentía.

—En todo caso, aún me gustas, Kageyama.

—¿Cómo… compañero?

Hinata rió. Ya habían llegado a donde se iban a separar por todo el fin de semana. Tal vez.

Se quedaron quietos. Hinata no siguió en su bicicleta como de costumbre, parecía querer decir algo, algo atorado en su garganta que no le dejaba seguir.

—Bueno, hasta el lunes.

—¿Eso significa que es un no?

—¿No que?

—Mañana. Nuestra…salida. —Cita, cita era la palabra que era mejor omitir por ahora —¿Es un no? —Ambos estaban conscientes que ese "no" no era simplemente a verse el fin de semana.

Esperó.

Silencio otra vez.

—Kageyama. —Tobio levantó la vista, sus dedos estaban fríos y luchaba para que sus piernas no muestren lo nervioso que él estaba. El perfecto abotonado que había dado en la sala del club fue destruido en segundos cuando el pelirrojo lo agarró del cuello bajándole a su altura logrando darle un beso que le trajo calor, una inmensa bola de calor desde la boca que bajó a su estómago y apagó su lado racional, escuchando sólo sus latidos acelerados, pensando que podía morir, feliz, muy feliz, en ese momento. Contrario a lo que parecía, Hinata era generoso, calmado, pero caliente. Caliente allí, caliente en la cancha, caliente en todo.

—¿Por qué crepas? —Se animó a preguntar, cuando fue soltado y el aire que contenía volvía a fluirle con normalidad por el pecho.

Observó al cielo como si lo recordara, como si estuviese diciendo un recado—Escuché a las chicas hablar de eso en clases. Un lindo lugar con algo dulce, por la…atmósfera.

—¿Atmósfera?

—…Romántica. —Esta vez sí parecía estar avergonzado.

Y se burló de él. A todo pulmón, como si estuviese aliviado, muy aliviado.

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Había terminado de bañarse. Mientras se secaba el cabello anaranjado dejaba pasar el tiempo aún con el fresco sabor de la boca de Kageyama. Torpe, embriagador, dulce, no necesitaba las estúpidas crepas. Bueno, era mi excusa de la semana…

Bien, suponía que no, ya que al final no había obtenido una respuesta. Aunque tal vez aún podía hacerse algo, ya que Kageyama no parecía molesto.

Su celular vibró y distraídamente lo desbloqueó; le había llegado un mensaje de texto.

[Kageyama Tobio]

¿Mañana a qué hora? (22:47)

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Bueno, según yo lo terminaría y publicaría a las tres de la tarde de hoy. Son las once, casi casi van para las doce *Craiz in espanich*

Espero que les haya gustado! Sueñen lindo KageHina jjiji

-K