II
Se había mordido la piel dentro de su boca y ya saboreaba la sangre. Cuando Kuroo soltó su brazo, Hinata desvió la mirada al instante y se encaminó por los pasillos.
—¡Yo también me estaba divirtiendo! —exclamó con pasos ligeros y rápidos, forzando una risa. Kuroo comenzó a seguirlo—. Ah, es verdad, ¿has visto a Bokuto? ¡Me gustaría pedirle disculpas por lo de la otra noche! Dejarlo solo en la discoteca debió molestarle.
Su voz no salió como hubiese querido. Le temblaba el labio inferior y su tono estaba demasiado agudo como para hacer ver que estaba tranquilo.
—He hablado con él —respondió Kuroo con las manos en los bolsillos, calmado—. Me ha dicho que todo estaba bien, que entendía. —Formó una sonrisa—. Bokuto no es fácil de enojar.
Hinata soltó un suspiro.
—Que bueno… —Miró de reojo a Kuroo y su ceño se frunció de forma casi invisible. Decidió no decir nada más hasta llegar a la habitación.
Estuvo días preguntándose qué había ocurrido en ese momento. Kuroo siempre era así, decía las cosas que le venían a la cabeza y Hinata estaba acostumbrado a eso. Sin embargo, eso fue diferente. Se sintió diferente. Hinata pensaba en el momento en que su corazón casi se sale por su boca y el nerviosismo le carcomía el estómago. Tal vez estaba feliz de que, por primera vez, Kuroo lo había elegido a él antes que irse con alguna muchacha desconocida. Sí, sí, sí, estaba feliz, era eso.
Luego de eso, salieron a comer a un local de comida rápida. Le preguntaron a Bokuto si quería acompañarlos, pero dijo que ya había planeado otra cosa: "¡la próxima vez será!", fue lo que respondió.
No habían muchos días en los cuales Hinata y Kuroo lo pasaran juntos. A veces se ponían a jugar videojuegos en su habitación o a vóleibol, pero la mayor parte del tiempo estaban estudiando o afuera. En caminos diferentes.
Ambos se sentaron en una mesa junto al ventanal y pidieron a la mesera lo que iban a comer. Cuando les trajeron la comida a la mesa y Hinata sacó su hamburguesa, vio a Kuroo observarlo.
—¿Qué?
—Nada —respondió Kuroo, tomando un sorbo de su bebida—. Estaba pensando.
—¿En qué? —Hinata se quedó viéndolo con atención y curiosidad.
Kuroo permaneció un momento en silencio, llevó una papa frita a su boca y dijo:
—¿Qué ha sido de tus compañeros de Karasuno?
Hinata levantó la mirada al techo, pensativo.
—Hmm, hace mucho que no veo a varios de ellos —mencionó, rascándose la nariz—. La última vez que vi a uno de ellos fue hace más de medio año.
—¿A quién?
El pequeño le dio un mordisco a la hamburguesa.
—A Kageyama.
De alguna manera, Kuroo sabía que aquella iba a ser su respuesta.
—¿Ocurrió algo? —preguntó él—. Quiero decir, por qué dejaron de hablarse.
—Nada en particular —replicó Hinata, mirando fuera de la ventana—. El tiempo pasó, supongo.
—Lo siento.
Hinata volvió la vista hacia Kuroo y se rió, encogiéndose de hombros.
—¿Por qué lo sientes? ¡No pasa nada! —rió—. Las cosas pasan por algo, ¿no? Creo que si dejamos de hablar es porque así tenía que ser.
Kuroo sonrió de lado, apoyando los codos en la mesa y sosteniendo su cabeza con sus manos.
—Eres muy optimista, chibi-chan —expresó sonriendo—. Espero que aquello no se vuelva en tu contra.
Hinata no comprendió lo que quiso decir, ladeó la cabeza con una mirada llena de confusión. Incluso así, Kuroo no se explicó.
Pasaron toda la tarde juntos. Habían ido a un parque donde casi nadie iba y se pusieron a jugar vóleibol. El viento estaba fuerte y la mayor parte del tiempo la pelota se movía hacia un costado antes de llegar al otro. Por eso, cuando Hinata fue a recibir un pelotazo, cayó de rodillas en el cemento y se lastimó la rodilla. No fue grave, así que Kuroo estuvo riéndose todo el camino hacia los dormitorios.
En la habitación formaron un silencio agradable. Kuroo se puso a leer manga y Hinata estaba navegando en internet con su celular. Era extraño. Su relación era extraña. Hinata podía decir que consideraba amigo a Kuroo, pero, ¿él era considerado su amigo? Hoy había sido el único día, desde que se conocieron como compañeros de cuarto, que Kuroo había decidido pasarlo con él. O siempre salía con Bokuto y más amigos, o estaba teniendo sexo con una desconocida, o salía de fiesta con varias mujeres, a las cuales les agregaba el –chan al final de sus nombres con una sonrisa pegada en la cara.
Hinata miró a hora en el reloj colgado en su pared. Ya el sol había desaparecido en el horizonte y la oscuridad reinaba en el campus. De repente, tuvo ganas de salir solo hacia el patio y sentarse a hacer nada. Se levantó de la cama, tomó su bolso y le dijo a Kuroo que en un rato o más volvería. Él simplemente hizo un sonido de aprobación sin quitar los ojos de su manga. Cuando salió escuchó la carcajada de Kuroo detrás de la puerta.
A Hinata le gustaba el invierno. En realidad le gustaban todas las estaciones. Le gustaba el verano porque así podía ir a la playa (cuando tuviese tiempo), podía tirarse en la cama sin camiseta y con el ventilador resonando en sus oídos y dándole viento en la cara, podía salir con ropa cómoda y suelta, podía tomar helado. También le gustaba la primavera porque es cuando salían todas las flores, y amaba los colores que éstas tenían. Y el otoño, porque le encantaba pisar y escuchar el crujido de las hojas, el color grisáceo de las nubes y el marrón y naranja que tenían los árboles. Y le gustaba el invierno porque le gustaba dormir, y dormir tapado hasta la cabeza con varias mantas era lo mejor. También porque le gustaba abrazar a la gente, y si hacía calor a veces era incómodo y pegajoso. También porque amaba la nieve, los abrigos, la sensación de frío leve, los paraguas… Y todo concordaba con Kuroo. Kuroo también disfrutaba del invierno porque decía que, si uno tenía frío, simplemente podía taparse con algo y ya. En cambio, si hacía mucho calor, incluso desnudo y con mil ventiladores en tu cara, la temperatura seguía alta. Hinata recuerda reírse cuando Kuroo le contó aquello.
Hinata se sentó en una fuente vacía, quedándose por un momento en silencio contemplando todo el campus iluminado por los faroles y la luz de la luna. Sacó sus cuadernos y carpetas para repasar algo para el próximo examen. Tenía tiempo todavía.
Puso música en su celular y cruzó sus piernas mientras leía los párrafos que lo aburrían hasta el cansancio. Cuando pasó una hora o cerca, su celular vibró.
Era Kenma.
«Shouyou, ¿estás libre el sábado?»
Hinata tecleó rápidamente la pantalla.
«¡Estoy libre! Por qué? quieres que hagamos algo? ⊙ω⊙».
Él esperó y luego de unos segundos, su celular vibró otra vez.
«Hemos organizado un partido de vóleibol. Si quieres puedes venir».
Hinata se levantó de un salto y abrió la boca enorme de sorpresa, gritando con emoción. Se apresuró en responder.
«¡Claro que sí! Ya estoy emocionado! /(OwO)/».
«De acuerdo. Avísale al idiota de Kuroo».
«Bien, estaré esperando ansioso!».
Y salió corriendo hacia la habitación.
De él colgaba el bolso, llevaba las carpetas en sus brazos y quizá había perdido una o dos hojas en el camino, así que volvió en sus pasos con ansiedad y volvió a correr a toda prisa hacia donde Kuroo se encontraba.
¡Qué emoción! Volvería a jugar un partido, ¡y encima con Kenma! Se preguntó también quiénes más estarían con ellos, pero no mucho le importó. Seguro que sería un día genial.
Llegó a la habitación. Acomodó sus carpetas durante unos segundos frente al cuarto para desocupar una mano y, antes de que pudiera tomar el pomo, la puerta se abrió de par en par, dejando salir a una muchacha de cabello largo y rubio. Llevaba una expresión seria, tal vez enfadada pensó Hinata, y se iba colocando una campera mientras caminaba a toda prisa alejándose del lugar. Hinata se quedó viéndola hasta que dobló una esquina y su silueta dejó de verse. Luego llevó los ojos dentro de la habitación, donde Kuroo estaba sentado en su cama, colocándose las zapatillas y carente de una camiseta. Su torso pálido estaba al descubierto y Hinata sintió ganas de taparlo con una manta.
—¿Qué ocurrió? —le preguntó a Kuroo, frunciendo el ceño.
—Ah, nada importante —respondió, volviendo la mirada a las agujetas de sus zapatillas—. Se enojó porque la llamé por otro nombre. Ni siquiera me sé el suyo.
Hinata se quedó en la puerta observándolo con los ojos abiertos.
—Eso fue estúpido —rió Hinata. Kuroo también sonrió.
—Sí que lo fue —suspiró—. Quiero decir, me disculpé, pero me abofeteó.
El más pequeño se tapó la boca con una mano para no soltar una carcajada.
—¡Es terrible! —exclamó, cerrando la puerta detrás de su paso. Dejó las cosas en la punta de la cama y se lanzó a la cama de Kuroo, sacando el celular de su bolsillo—. Cambiando de tema, ¡Kenma me invitó a jugar un partido! Y también quiere que vayas tú.
—¿Ah, sí? —sonrió Kuroo, colocándose una camiseta manga larga negra—. Suena bien, ¿cuándo?
—¡El sábado! ¿Puedes ir?
—Sí, supongo. —Él siguió con una sonrisa de satisfacción y se corrió el cabello de su ojo izquierdo—. Hace mucho que no jugamos un partido… estará interesante —comentó—. ¡Vamos a partirles el culo a quien quiera que se nos enfrente!
Hinata se echó hacia atrás para reír, alzando una mano al aire en aprobación.
—¡Claro que lo haremos!
El sábado llegó en un santiamén. Kuroo y Hinata habían estado estudiando para los exámenes, pero hoy podían pasar el día libre y disfrutar de lo que añoraban: vóleibol con amigos. Habían invitado a Bokuto y él, por supuesto, aceptó, así que el coche de Kuroo los llevó a la dirección que indicó Kenma. Afortunadamente, el frío ya no era tan potente y apenas llevaban una campera sobre ellos. Cuando se adentraron a la cancha dentro del edificio, se despojaron de los abrigos.
Kenma estaba hablando con el tipo larguirucho y de piernas flacas, Lev. Había un grupito más a un costado y otro grupo del otro lado. Bokuto rápidamente se relacionó con ellos, chillando con su voz carismática y abrazando a Akaashi sin avisar. Ellos ya se veían seguido, pero Bokuto era así de cariñoso igual.
Luego estaba el otro grupo, donde Hinata paró sus ojos y dejó de respirar. Daichi se encontraba entre ellos, hablando con Nishinoya, Asahi y Kageyama.
Kageyama estaba ahí.
Cuando vieron a Hinata entrar al salón, Nishinoya pegó un grito que resonó en toda la cancha. Corrió hasta él con una sonrisa enorme en su rostro.
—¡Shouyou! —exclamó, abrazándolo—. ¡Tanto tiempo, eh!
—¡Wow, Nishinoya-san, has crecido un poco más!
Nishinoya se cruzó de brazos, alzando la barbilla y con una expresión de placer.
—¡Claro que lo he hecho! Y tú también, Shouyou.
Luego llegó Daichi, dándole un pequeño abrazo y dedicándole una sonrisa cálida. Típico del capitán. Asahi caminó hacia él. Tenía el cabello más largo y quizá estaba más alto. Lo saludó con la misma calidez de Daichi. Y luego, Kageyama…
Hinata se quedó mirándolo mientras caminaba hacia él. Esa expresión seria, esos ojos azules y su entrecejo siempre arrugado. El pequeño no sabía a dónde mirar, qué decir ni qué hacer. Entonces, simplemente entonó:
—¡Tanto tiempo, Kageyama!
—Sí, bueno, no tanto —replicó Kageyama—. Un par de meses.
Hinata tragó saliva y buscó la mirada de Kuroo. Él estaba hablando con Kenma con una sonrisa puesta en su cara. Al menos él estaba tranquilo.
Era incómodo venir, después de tanto tiempo, reencontrarse con tus amigos del instituto. Era más incómodo encontrarse con tu ex después de no hablar por más de medio año.
"No pasa nada", se dijo a sí mismo. "No me importa, vamos a jugar y a pasarla bien".
Los grupos quedaron cinco contra cinco. Kenma, Lev, Bokuto, Akaashi y Kuroo versus Daichi, Nishinoya, Asahi, Kageyama y Hinata.
—Parece que no jugaremos en equipo por ahora, chibi-chan —dijo Kuroo, caminando del otro lado de la red. A Hinata le decepcionaba un poco ya que había pensado en compartir cancha con él, pero de igual manera estaba emocionado por enfrentarlo y sobrepasar sus bloqueos.
—"Vamos a partirles el culo a quien quiera que se nos enfrente" —citó Hinata con una sonrisa segura—. ¡No voy a perder!
Kuroo, con ambas manos en su cadera, largó una risa carismática. Sus ojos demostraban una plena felicidad que hizo que Hinata sonriera aún más, y su pecho se apretara. Hinata se mordió el labio y se puso en posición.
El partido comenzó.
Hubo errores. Muchos, más del equipo de Hinata que el de Kuroo. Hacía mucho que varios de ellos no jugaban, otros habían estado practicando, pero el equipo estaba desconectado y eran más risas que ataques. De igual forma, les hicieron pelea a los del otro equipo, quienes estaban un poco más concentrados a ganar.
Hinata y Kageyama tuvieron la oportunidad de hacer el ataque rápido increíble y Hinata se sintió fuera de este mundo. La sensación de volver a golpear con toda la palma una de las levantadas de Kageyama lo hicieron emocionar aún más. Incluso con todas sus diferencias, en el vóleibol, ellos seguían siendo los mismos.
—¡Vamos, Kageyama! —gritó Hinata, chocando los cinco con el otro. Kageyama sonrió y gritó con él con euforia.
El equipo de Hinata perdió 3 a 1. Kuroo se estuvo burlando de él todo el tiempo, repitiéndole "¡no voy a perder!" como Hinata le había dicho antes de empezar el partido. El pequeño lo empujaba y le sacaba la lengua, pero cuando Kuroo no veía, él se reía contento.
Cuando Hinata estaba guardando la botella en su bolso, Kageyama se acercó. El resto del grupo estaba lejos, así que no escucharían su conversación.
—Hinata —lo llamó. El pequeño se giró con los ojos bien abiertos. No quería tener una conversación seria con él, ni tampoco quería estar a solas. Se ponía nervioso nomás verlo allí parado con una expresión penetrante.
—¿Qué? —preguntó Hinata, haciéndose el que no le importaba mucho.
—Ya sabes de qué quiero hablar.
Hinata soltó un suspiro agotado, colgándose el bolso en el hombro y rascándose la cabeza.
—Creí que ya habíamos dejado todo en claro, Kageyama.
—Te fuiste cuando te estaba explicando —dijo él con el ceño levemente fruncido—. Y luego no contestabas mis mensajes, ni mis llamadas. Y perdimos el contacto.
—¿No era eso lo mejor? Mira, jugamos aquí, la pasamos bien, ¡ya pasó! —Hinata intentó forzar una sonrisa, pero las manos le temblaban y le delataban el nerviosismo.
—No me dejaste explicarte qué es lo que pasó exactamente y…
—¿Qué pasa? —La voz de Kuroo hizo sobresaltar a Hinata. El de pelo enmarañado miró al pequeño y luego a Kageyama. Una sonrisa cínica se formó en su rostro y se aproximó a Hinata, apoyando un brazo sobre su hombro—. ¿Te divertiste, Kageyama-kun? —Pronunció el nombre con cierto desdén camuflado que le hizo dar escalofríos a Hinata.
Kageyama miró a Hinata y luego a Kuroo. Hizo una mueca con su boca y asintió con la cabeza.
—Sí, me divertí mucho —respondió sereno—. Espero que tú también, Kuroo-san.
Con una última reverencia, Kageyama decidió voltear y alejarse de ellos.
—No tenías que meterte —mencionó Hinata, colocándose el abrigo.
—Vi tu rostro. Sabía que no querías hablar con él. ¿Puedo saber qué pasa?
Hinata volteó a enfrentar su mirada. Kuroo pudo ver en sus ojos la melancolía que ocultaba tras una sonrisa. Sintió un dolor en el pecho y lo tomó del brazo cuando Hinata se giró para apartarse.
—Está bien, Kuroo —musitó él, zafándose despacio de su agarre—. Te contaré cuando lleguemos a los dormitorios. No quiero llorar aquí como idiota.
