Cuando Lexa aparcó la motocicleta en el estacionamiento del colegio de Aden, varias miradas se centraron en ella. Se preguntó si miraban a la moto o miraban la grasa que aún tenía en las manos.

En realidad le daba igual.

Sacó el pañuelo que llevaba en el bolsillo trasero y se limpió las manos minuciosamente mientras caminaba hacia el edificio con paso rápido y seguro.

Entró al lugar y se dirigió rápidamente hacia la oficina de la directora.

Aden estaba sentado en la salita que le precedía a la oficina, tenía sangre en la nariz y parecía furibundo.

Lexa se agachó a la altura de su hermano menor y lo miró con preocupación cogiéndolo de los hombros.

-Aden, ¿estás bien?

Él la miró con sus ojos del mismo verde que los suyos y asintió.

Lexa podía soportar casi cualquier cosa. Desde muy temprana edad lo había hecho. Lo único que no podía soportar era ver a su hermano menor herido.

Aden era lo más preciado que tenía y ahora mismo estaba comenzando a sentir como la furia palpitaba en su cabeza.

-¿Qué ha pasado?-Le susurró mirándolo fijamente.

-Señorita Woods…-Lexa giró la vista y vio a la Sra. Mayers, la directora del colegio, tan estirada como siempre y con la misma mueca desaprobatoria que tenía cada vez que la miraba.

Ella había pasado también por el mismo colegio y los "Woods" nunca habían sido los favoritos de la directora.

Se puso de pie y la miró fijamente.

-¿Quién le ha hecho esto a mi hermano?

La Sra. Mayers miró a Aden y a Lexa no le gustó la forma en la que lo hizo.

-Si fuese tan amable de pasar a mi oficina, por favor…

Lexa miró a Aden y le dio una mirada tranquilizadora antes de entrar a la oficina de la mujer.

En realidad era la primera vez que estaba allí por Aden. Su hermano nunca solía meterse en este tipo de problemas, generalmente era un chico muy tranquilo, obsesionado con los comics y el soccer, que sacaba muy buenas notas.

Era un sitio poco acogedor que Lexa ya había visto. Con las paredes blancas y un montón de fotos y trofeos de los equipos del colegio. Un enorme escritorio estaba al lado de la ventana cuyas cortinas estaban abiertas; la directora le indicó a Lexa que se sentara, pero esta rechazó la oferta.

-Si pudiera explicarme que ha sucedido y en donde está el chico que le ha pegado a mi hermano…

-Señorita Woods, su hermano es quien le ha pegado a un chico…

Lexa frunció el ceño.

-Mi hermano tiene sangre en la nariz, Sra. Mayers.-Le dijo señalando la puerta.

-Porque el otro chico se defendió, escúcheme…-La mujer, que si estaba sentada detrás de su enorme escritorio se reclinó en la silla-Aden se ha peleado con chicos de penúltimo año.

-Mi hermano no es así.

-No-Le concedió la directora-Pero hoy ha ocurrido algo y ha comenzado él la pelea…

Lexa se acercó de forma amenazante hasta el escritorio.

-Escúcheme-Dijo colocando ambas manos sobre la madera-Mi hermano sufrió abusos desde que tenía seis años por parte de mi padre. ¿Va a decirme que un niño que se asusta cuando alguien levanta la voz ha comenzado una pelea con chicos mayores que él?

Los ojos azules de la mujer mayor la miraron con astucia.

-Esa es la cuestión. Que su hermano ya no es un niño. Es un adolescente de trece años, y creo…-Suspiró-Creo que está reclamando atención encarecidamente.

La chica ladeó la cabeza.

-¿Está insinuando que no le doy la suficiente atención a mi hermano?

-No, claro que no. Solo digo que, como ya usted misma lo mencionó, quizás su hermano necesita… otro tipo de atención…-Volvió a reclinarse juntando ambas manos sobre su pecho-En el colegio contamos con un excelente consejero escolar… quizás si Aden lo visitara dos días a la semana…

Lexa apretó la mandíbula y su mirada se dirigió a la ventana, mientras cierta desesperación crecía en su pecho.

Ella había intentado hacerlo lo mejor posible. Se había colocado muchas veces en medio de Aden y su padre, para ser ella quien recibía los golpes y no su pequeño hermano. Había dedicado los últimos seis años a él, había renunciado a su sueño de entrar en la marina porque simplemente no podía irse y dejar a Aden atrás. Él era todo, él había sido todo.

Y ahora esta mujer, le decía que nada de eso había sido suficiente. Que no había podido protegerle como ella había deseado. Que Aden estaba sufriendo aunque no lo dijera.

Cerró los ojos por unos segundos e ignoró el nudo que se le hizo en la garganta.

-Intentaré convencerle-Dijo finalmente-Pero no estoy segura de sí querrá hacerlo…

-Solo le pido que me ayude un poco ¿vale?, sabemos que Aden es un buen chico. No queremos ver que se descarrile, señorita Woods.

-No lo hará-Le aseguró Lexa ablandando el gesto-Mientras tanto, me gustaría saber si los otros chicos también recibirán un castigo.


Clarke abrió la puerta de su departamento y soltó el aire de alivio.

Era la primera vez que tomaba el transporte público en California y había sido una experiencia bastante traumática. Estaba claro que hubiese podido llamar un uber, pero luego de su pequeño encontronazo con Lexa… (su nombre y sus ojos aún daban vuelta en su cabeza como si nunca quisieran salir de allí) había querido demostrarle, y demostrarse a sí misma, que no era ninguna princesa y tampoco una niña rica (Ella no tenía la culpa de que sus padres tuvieran dinero). Era una estudiante de medicina que había pasado por muchas cosas mientras vivía en Los Ángeles, y nadie podía decirle lo contrario. Era completamente capaz de regresar a casa usando el transporte público.

Bueno ahora se arrepentía. Había sido un completo desastre y además había terminado bajándose en la parada equivocada por lo que había tenido que caminar más.

Y de todas formas Lexa ni siquiera iba a enterarse de su pequeño reto. Vaya tontería.

Dejó el bolso a un lado y se dejó caer en el sofá.

Sentía la sangre hervir.

Y en realidad no sabía porque.

Se sentía juzgada pero a la vez frustrada.

Frustrada porque desde que había visto a Lexa esa mañana no había podido dejar de pensar en lo que esa malhumorada chica le hacía a su cuerpo cuando la tenía cerca.

Y juzgada porque eso era lo que había hecho Lexa, juzgarla sin conocerla, juzgarla sin siquiera saber la mínima cosa de ella. Y eso hacía que Clarke también la juzgara, aunque Clarke no solía juzgar a nadie, no le gustaba.

Y menos si ese alguien tenía unos labios para el pecado…

Bufó.

Se preguntaba quién sería Aden.

Por su reacción debía ser alguien importante.

Quizás era su novio…

Aunque no estaba segura si con ese carácter Lexa tendría novio… o novia…

Basta, Clarke.

Lo único que debía importarle era tener su auto pronto.

-Hey…-Octavia, su compañera de piso salió de su habitación mientras se colocaba unos pendientes-Pensé que ya estarías camino a D.C.

-Yo también pensaba eso…-Clarke subió ambos pies en la mesilla del salón.

Octavia era estudiante de segundo año de enfermería y cuando se había ido a vivir con Clarke la relación de ambas había sido algo difícil. No se llevaban bien pues Octavia tenía un carácter muy fuerte y Clarke tampoco se quedaba atrás por momentos.

Por suerte esas asperezas habían quedado en el pasado y ahora podría decirse que eran algo así como amigas.

-El motor de mi auto se ha fundido.

Octavia entró en la cocina que se conectaba con el salón y cogió un vaso de zumo.

-¿Le has fundido el motor a tu mercedes?-Preguntó asombrada.

-Es el único auto que tengo…

-Bueno…-Clarke la miró furibunda.

-Sí, lo sé, mis padres tienen dinero, pueden darme lo que yo quiera, blah blah, dios santo gente... ¿podéis superarlo?-Le contestó cruzándose de brazos.

Clarke estaba cansada de ser juzgada por ese día.

Además la gente no tenía ni idea. Si, ella había tenido una vida tranquila y con comodidades. Pero siempre había tenido mucha presión en casa, siempre había tenido que ser demasiado perfecta para sus padres.

Y era agotador.

Octavia se acercó mirándola divertida.

-¿Mal día eh?

-No tienes ni idea-Recostó la cabeza en el sofá y miró a su compañera de piso.

Octavia no era demasiado alta, pero su pequeño tamaño no engañaba a Clarke.

Tenía una beca deportiva en Taekwondo. Y Clarke la había visto pelear: era jodidamente buena.

Por lo que tenía en mente no meterse demasiado con ella, no quería salir con un brazo roto o algo peor.

-¿Vas a salir?-Le preguntó y Octavia le dio un trago a su vaso de zumo.

-Sí, saldré con las chicas y Lincoln, puedes venir si quieres.

-Me lo pensaré-Clarke revisó su móvil y vio un montón de mensajes de Wells.

Mierda, había olvidado llamarle.

-Oye, ¿tú no vas a casa por acción de gracias?-Le preguntó a Octavia distraída con su móvil.

Octavia se sentó en el sofá de enfrente.

-La última vez que fui a casa discutí con mamá… así que creo que no.

Clarke le envió un mensaje rápido a Wells explicándole que su auto tardaría en estar listo y luego miró a su compañera de piso.

Los ojos de Octavia eran de un color fascinante. Y en realidad era muy guapa. Pero Clarke nunca la había visto como algo más que la chica con la que compartía piso.

Además tenía novio y hasta donde sabía no estaba nada interesada en las chicas.

-¿Dramas familiares?

-No tienes ni idea-Imitó sus palabras y también subió los pies en la mesita-Mi hermano es un gilipollas y mi madre le consiente…

-Mmm-Clarke suspiró-Créeme, ser hija única tampoco es que mole demasiado. Toda la presión cae sobre tus hombros…

Hubo un silencio de entendimiento mutuo.

-¿Sabes que deberíamos hacer? Celebrar aquí acción de gracias…-Clarke la miró divertida-Nos escaqueamos este año, invitamos a los chicos, tu invitas a tus amigos…-Se encogió de hombros-Y estaremos libres de dramas familiares-Continuó levantando su vaso de zumo.

-Te compro la idea-Asintió Clarke-¿Qué diablos?, celebraremos aquí-Anunció rotundamente.

Ya se inventaría algo para que sus padres no se molestaran. Además, así no tendría que estresarse por todo el asunto del auto.

-Perfecto. Lo organizaremos todo y nos emborracharemos para dar gracias. No hay una mejor manera de dar gracias que con una botella de tequila.

Clarke sonrió.

Aunque al principio no había sido así, adoraba tener a Octavia en casa.


Lexa se apoyó en la puerta de la habitación de su hermano.

Aden estaba tumbado en la cama, en calcetines, leyendo su historieta favorita.

Lexa recordó la primera vez que le había comprado esa historieta, Aden la había devorado en un par de horas, y le había pedido el siguiente número enseguida.

El dinero nunca había llegado fácil, sobre todo desde que su padre estaba en la cárcel y Lexa había tenido que hacer miles de cosas, hasta que Gustus la había acogido en el taller. Pero había hecho un esfuerzo y le había comprado el siguiente número.

El comic hablaba de un mundo post-apocalíptico luego de un apocalipsis nuclear. Lexa le había dado una ojeada y era bastante interesante, pero no tenía demasiado tiempo como para engancharse a una historieta.

Debía trabajar.

-La cena está lista-Dijo y Aden la miró por encima de la revista.

-No tengo hambre.

Lexa se cruzó de brazos sin dejar de mirarle.

-¿Vas a contarme que pasó hoy?

Él la ignoró y Lexa se adentró a la habitación sentándose a un lado de la cama.

-Aden…-Él seguía sin mirarla-Aden, mírame-Usó un tono de voz más firme y el chico finalmente lo hizo-¿Por qué te peleaste con esos chicos?

Lexa notó como su hermano apretaba mucho la mandíbula. Era algo que ella misma hacía cuando estaba enfadada.

-Da igual.

-No, no da igual-Esta vez habló de forma más suave-Sé que no eres así. Y quiero saber porque lo hiciste…

-Ellos dijeron cosas de papá…

Ella sintió como los músculos de su espalda se endurecían.

-¿De papá?

-Saben que está en la cárcel y dijeron cosas… durante semanas. Estaba harto.

-¿Le dijiste eso a la directora?-Él se encogió de hombros-Escúchame…-Lexa se acercó un poco más a él-Entiendo que te molestase, y créeme, probablemente yo también hubiese reaccionado de esa forma, pero tú no eres así, Aden… y no quiero…

-Tú no tienes idea de cómo soy, Lexa. Nunca estás en casa.

Ella se quedó paralizada.

Era la primera vez que Aden le hablaba de esa forma.

-Sabes que necesito trabajar para que podamos comer…-Aden apartó la vista.

-Extraño a mamá…

Y entonces el corazón de Lexa se quebró en mil pedazos.

-Aden…

-¿Podrías cerrar la puerta al salir?-Contestó simplemente.

Se concentró de nuevo en su comic ignorándola y Lexa suspiró saliendo de la habitación.

Ya hablaría con él sobre el consejero.

Miró la cena que había servido en la mesa y se dio cuenta de que ella tampoco tenía hambre.

Sentía ganas de romper cosas…

No tenía ni idea de que Aden se sentía de esa forma y eso la hacía sentirse culpable.

Quizás tenía razón, quizás ella ya no le conocía.

Tragó hondo reteniendo las lágrimas y cerró los ojos intentando calmarse.

Luego apretó los puños y decidió que bajaría hasta el taller.

Gustus les había dejado vivir en la parte de arriba y la verdad es que era bastante cómodo, pues cuando se sentía estresada simplemente bajaba y trabajaba.

Y eso era exactamente lo que iba a hacer.

Había aprendido que era mucho más productivo construir que destruir.

Quizás después de todo sí que era una adulta de verdad.

Le dijo a Aden que estaría en el taller y este la ignoró completamente.

Cuando bajó, encendió las luces y lo primero que llamó su atención fue el Mercedes Benz de la princesa rubia.

Se acercó y lo curioseó un poco.

Era un auto precioso.

Lástima que tuviera una dueña que no sabía apreciarlo.

Era convertible, por lo que Lexa pasó los dedos por la carrocería de cuero y entró en el auto colocando las manos en el volante.

Si ella pudiera tener un auto como este…

Era cómodo y olía estupendamente. Todo era cromado y tenía un reproductor de música moderno.

Miró hacia un lado y curioseó la guantera.

Encontró un lipstick, los papeles del auto, un libro de… ¿semiología medica? ¿Qué demonios era eso?, y un paquete de chicles.

Cogió uno y se lo metió en la boca masticándolo.

Era de menta.

-Creo que eso es mío-Escuchó una voz y se sobresaltó mirando hacia la puerta.

La princesa rubia la miraba con las cejas enarcadas.


Mil gracias por cada comentario, follow y fave! de verdad se agradece mucho y dan ganas de seguir escribiendo :).