Hola, hola, gente... Muchas gracias, muchisimas gracias por haber recibido este fic con los brazos abiertos. Por ello, he decidido actualizar pronto, aunque corto el capitulo, ya que habitiualmente los hago más extensos, espero que les guste.
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El hombre de los ojos rojos.
Su aliento, tan provocativo y caliente. Su piel, tan cremosa y blanca… Ah, sí, sus brazos, tan gruesos, tan sensuales… Sus labios, eran ambrosía. Así era él… tan delicioso, tan sexy, tan… endemoniadamente atractivo. Y estaba sucumbiendo a sus encantos. Se acercaba poco a poco a la fruta prohibida, le dio una mordida y no aguantó más, se entregó sin reproches.
Fue tan cálido, tan hermoso… sintió una ola de sentimientos frágiles que afloraban en ella al momento que lo tuvo junto a su alma. El vaivén de sus caderas eran erráticas, estaba tan complacida… gemía para él y viceversa. Casi sentía el corazón de él entre sus manos.
Estaba tan enamorada…
Lastima que, eso le provocaría después mucho dolor.
Cuando sus cuerpos descasaron plácidamente sobre las cobijas ella le miró a la cara y él le correspondió con un beso en los labios. Al momento, se durmió y lo que sintió antes de quedar prendada de los brazos de Morfeo fue su cálido aliento, su piel suave y cómo este le besaba la frente.
- Te amo… - susurró.
- Hn…
Sus ojos se abrieron sorpresivamente para salir de ese sueño doloroso. Se sentía apaleada y cansada. Se masajeó los ojos con cuidado, la oscuridad del lugar en donde se encontraba no era buena, definitivamente no. Se sonrojó levemente de sólo pensar en ese sueño, no era que fuera una pervertida, pero ya tenía mucho tiempo que no soñaba esas cosas. Supuestamente lo había olvidad, era algo que había superado…
Sí, claro. Era una tonta si creía eso. Sakura suspiró… Las hormonas le estaban afectando.
Se recostó de nuevo y cuando estaba por taparse con la frazada reacción. Se enderezó rápidamente y en pánico, palpó el contorno de la cama. Ese no era su colchón. Comenzó a hiperventilar, se aferró a su vientre atemorizada, el bebé estaba bien, eso la tranquilizó. Rápidamente giró a todos lados para ver si encontraba a alguien… Estaba sola, afortunadamente. Intentó tranquilizarse… No, no podía estar pasando, tenía que ser una ilusión, su mente estaba loca…
Recordó sus ojos. Los temores de Sakura se despertaron de aquel sueño febril. Intentó levantarse, llevó los pies a la orilla de la cama y al tocar el piso el frio la sobresaltó. Caminó con mesura, no quería chocar con nada, así encontró la puerta y cuando estuvo a punto de tocar el pomo…
Éste giró.
Comenzó a temblar, sus miedos se harían realidad y no podría hacer algo para huir. Retrocedió al momento que el seguro de la puerta tronó. Aferró su barriga con devoción y se encaminó a una esquina.
La puerta se abrió… y él apareció.
Oh, sí. No había cambiado nada, era su mismo porte, su misma cara, su expresión fría y sensual. Sakura se sintió peor al descubrir que seguía siendo atractivo, quizás más que antes.
- Sakura… - se tambaleó al escuchar su nombre.
- Sas-Sasuke… - musitó. Llena de miedo. Retrocedió lo más que pudo y se topó con el borde de la cama. El muchacho seguía mirándola con tranquilidad, algo en ella le decía que huyera. El joven, con paso tranquilo se acercó cauteloso, Sakura estaba temblando.
- Lamento la tardanza, pero no sabía que estabas… embarazada. – al escuchar eso, Sakura se puso pálida, se abrazó el vientre y se subió a la cama, pegándose al respaldo. – Tranquila, no tengas miedo… - sabía que pedirle eso era estúpido. – No voy a hacerte daño. – se acercó hasta ella y se sentó a su lado. Sakura aferró más entusiasmada su vientre.
El silencio de la sala le puso los nervios de punta a la chica, era obvio que deseaba con todas sus fuerzas no estar ahí.
Eso le llamó la atención al pelinegro, no se había dado a la tarea de averiguar el estado de gestación de la chica, pero le sorprendía que hasta estas alturas Sakura siguiera con el embarazo.
Era rudo admitirlo, pero por alguna razón pensó que después de lo que pasó ella no querría tener a su hijo. El sólo hecho de contemplar cómo la chica protegía a su bebé lo conmovía. En su ensoñación, estiró cuidadosamente la mano hasta ella, intentando alcanzar a su hijo y al menos, por esta vez, sentirlo y no mirarlo.
Mas no llegó a donde quería, Sakura se levantó inmediatamente y se desplazó hasta la esquina de la habitación. Ni la oscuridad le dejó ciega, fue más rápida que él. Sasuke se desconcertó un poco, pero a la vez comprendió. Sakura no quería verle, lo más sensato al momento de tocarla fue huir.
Se levantó y sintió cómo Sakura volvía a ponerse tensa. Caminó sin hacer mucho ruido y encendió la luz.
Así se pudieron apreciar más claramente.
Ella, vestía un hermoso sacó rosado claro, unos pantalones de algodón. Su cara, tan ovalada y hermosa, tenía la sensación de que estaba más bella. Observó su cabello, era corto… Mmm, lo recordaba largo. Sus ojos, semi abiertos debido al recibimiento de la luz se abriendo poco a poco, permitiéndole ver sus orbes jade. Le vio con miedo en su mirada y sus labios temblaban levemente. Ella solía ser alegre, pero ahora, no parecía serlo en lo absoluto. Era una pena…
Comenzó a temblar de un momento a otro. Sasuke suspiró.
Sakura lo miró él, vestido con su capa y sus pantalones de abanico tradicionales, parecía llevar debajo una camisa desmangada. No le tomó mucha atención a la ropa. Lo que le llamó más la atención fueron sus facciones, seguía siendo igual de guapo que antes.
- La cena estará listo en unos minutos, ponte cómoda, si quieres más frazadas, están en el armario. – dicho esto salió de ahí y cerró la puerta con seguro. Hn, era de esperarse.
Sakura no lo resistió más, intentó tranquilizar su respiración. Se acercó temblorosa a la cama y se acostó sin hacer ruido. Se sintió cansada, muy, muy cansada. Sabía que esto no le había bien al bebé, las emociones fuertes eran malas.
Suspiró, volvía a sentir ese agotamiento azotador. Si había algo que durante su embarazo le había acontecido, era el cansancio. Siempre se enfrentaba a emociones fuertes, se sentía cada vez más débil. Y aunque eso le alteraba, también le tranquilizaba, por que significaba que su hijo estaba fuerte… ¿No?
Cuando Sasuke salió de la habitación pudo escuchar el suspiro de Sakura a través de la puerta. Sintió decepción al darse cuenta que su presencia sólo le causaba miedo a Sakura. Aunque, no era de extrañarse, lo que le había hecho en el pasado merecía el miedo de la chica. Todavía se acordaba de la mirada pávida de la muchacha murmurando cosas sin sentido, mientras el sudor surcaba su rostro, estirando una mano hacia él… pidiendo una explicación.
Sasuke sacudió la cabeza. No era bueno pensar en eso. Se sentiría culpable.
Avanzó lentamente, caminó por todo un pasillo y bajó unas escaleras. Llegó a una sala y después a la cocina, encendió la estufa y puso agua a hervir, haría té.
- Me enteré de lo que hiciste, Sasuke… - reconocería la voz de su hermano mayor en cualquier parte.
Sí, nadie más que Uchiha Itachi tendría ese porte elegante y pastoso. Era un hombre habilidoso.
- Hn. – soltó el joven sin importancia.
- Vi su vientre… está embarazada, ¿No?
- Sí.
- ¿Es la chica con la que andabas ocupado hace unos meses?
- Sí. – se limitaba a responder.
- Es linda, mas no le quita el peso de que está embarazada…
- ¿Tienes algún problema con eso? – esta vez se volvió hacia él, molesto. Itachi suspiro.
- Sabes lo que pienso de esto, Sasuke, te lo dije ya.
- Yo no sabía que estaba embarazada. – ladeó el rostro. - ¿Y que tiene de malo? ¿Es que no querías que el clan se expandiera? – le encaró todavía molesto.
- No es eso… y lo sabes.
- No tiene nada de malo que mi hijo sea mit-
- No, no lo tiene, no soy racista, si es lo que piensas… Pero me preocupa…
- Deja de preocuparte por asuntos que no son tuyos, Itachi. – apretó los puños molesto. – Es mi mujer y yo cuidare de ella.
- Sasuke, no me refiero a eso…
- No dejare que le pase nada… Ella estará bien.
- No creo que esté bajo tu jurisdicción. – Itachi le espetó molesto.
- Sólo… - Sasuke apretó la mandíbula. El agua estaba hirviendo. – No te fijes en lo que no es de tu incumbencia. – Sasuke se volteo a apagar la estufa.
- Bien… - Itachi comenzó a caminar. Y antes de cruzar de lleno la cocina, se detuvo. – Piensa bien las cosas, Sasuke. – desapareció entonces.
El muchacho miró la sombra de su hermano. Lo que decía era cierto, pero no quería pensar en lo que vendría. Tenía que cuidar de ella. Sakura no merecía nada malo, después de todo, nunca tuvo la culpa de nada… sólo se le castiga a los culpables y la chica no lo era.
Observó al lado del agua y la comida todavía humeaba. Suspiro. Tenía que darle de comer o se pondría más débil de lo necesario.
Cuando la puerta se abrió despacio, Sasuke esperó encontrar la mirada tiesa de Sakura sobre él. Afortunadamente la encontró dormida.
Colocó la comida en una mesita continua a la cama y se sentó en un sillón que estaba hasta el otro lado de la habitación. Quería esperar a que ella despertara para comer con ella, aunque no estaba seguro si eso sería conveniente. Iba a sentarse cuando escuchó el ritmo de su respiración cambiar. La miró y ella le regresó la mirada.
Estaba arropada hasta el cuello, parecía algo desorientada, pero una vez que enfoco la vista en él no la quito. Sasuke se acercó hasta ella, para ver su reacción y contempló cómo la chica se volvía un ovillo, angustiada.
- Sakura. – ella tembló. – Tranquila, traje tu cena. – colocó la comida enfrente de ella. No pasó nada, simplemente Sakura siguió hecha piedra.
Sasuke se sentó en el sillón, con la cena en su regazo y ante la mirada preocupada de la chica, comenzó a comer.
- Come antes de que se enfrié. También te traje algo de té.- puntualizó con el dedo.
Ella no le dijo nada, su estomago lo hizo. Pues el gruñido del hambre se escuchó escandaloso en la habitación. Derrotada, Sakura se sentó en cuidadosamente y tras colocar la comida en sus piernas, comenzó a comer, lento pero seguro.
Sasuke la observó todo el rato. Su perfil no era el mismo de antes. Tenía una palidez anormal, sus ojos parecían tristes y sus movimientos algo torpes. Quizás era por el miedo… o quizás, por el embarazo.
Sasuke no le quitó la mirada de encima en todo el rato. Sakura se sentía incomoda, no le agradaba la idea de compartir cena con él, se sentía estresada.
Cuando terminó, Sasuke se levantó para recoger su comida. Sin hacer movimientos brusco le sacó de la vista el plato vacía y cuidadosamente le dio la taza con té. Duró con la mano estirada al menos siete segundos, después de eso, Sakura respondió, levantando lenta y temblorosa su mano, tomando con cuidado la taza.
Sasuke se sintió complacido, al menos, demostraba tener consideración de su alimentación.
Una pequeña sonrisa se trazó en la fría cara de Sasuke. Ello provocó que Sakura ladeara el rostro apenada y con la certeza de que era pena la que sentía. Sasuke sólo la miró, siguió tomando su té hasta que se acabó. Sakura no había bebido más que sólo dos veces. Miraba la taza con distracción. Estaba abstraída en la taza… Sasuke la miraba de reojo, no quería perder detalle.
Entonces se dio cuenta que volvía a estar pálida. Revisó alrededor y encontró una ventanilla abierta en una esquina de la habitación. Se levantó de abrupto, eso llamó la atención de Sakura, se dirigió a la ventana y la cerró, el calor volvía a instalarse en la habitación… pero Sakura, seguía pálida.
- ¿Por qué no duermes un rato? – habló Sasuke, más la chica se limitó a mirarlo con deje de tristeza en los ojos.
Ella sabía que, si se dormía, soñaría… soñaría de nuevo con esos ojos.
- Me iré para que descansases. –Sasuke salió de la habitación, mas Sakura no se inmuto. Miró la taza de nuevo y suspiró. Tomó el cálido contenido.
Sasuke se recargó en las paredes del pasillo. Suspiró. Era inútil, Sakura no le respondería a menos que fuera cuestión de vida o muerte. Miró el viejo reloj que estaba enfrente de él, en aquella vieja pared.
Eran las nueve de la noche. El viento de invierno era poderoso y congelante, posiblemente lo mejor que podía hacer de momento era mantener a Sakura lo más calientita posible, para que no sufriera de algún resfriado.
Se enderezó y comenzó a caminar hasta desaparecer.
- Sasuke… - retumbó en aquel espacio de sombras y soledad. El muchacho se detuvo en seco en su trayecto y se giró lentamente, en su mirada, la rojiza prueba de sangre heredada.
Sharingan.
- Tenía mucho tiempo que no te veía…
- Lo mismo digo… - la voz retumbó más potente en sus oídos. –Ha sido mucho tiempo… - y pasos sigilosos y pesados se dirigían donde él.
-¡Maldición! – se escuchó la madera haciéndose pedacitos. La mesa de aquella cocina quedó a la mitad.
La casa, estaba totalmente vacía… ella había desaparecido. Y no pudo hacer nada, simplemente, dejó que se la llevaran. Había confiado demasiado…
- La voy a encontrar… - musitó. El vaho salía de su boca al tener contacto con el frio. La puerta principal había sido arrancada por un tornado y la nieve de la noche se había colado por las ventanas rotas.
Los ojos rojos de aquel joven resplandecían en ira y desconcierto.
Una bestia… un joven de ojos rojos y una alma desesperada.
Continuara…
Bien, espero que les cause intriga, je, me gustan las historias de esta indole, gracias por leer.
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
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