Dragon Ball Z pertenece a Akira Toriyama y bla bla bla...
Y bien...más de un año después aquí vengo con 4 capítulos más para este fic...yo estaba de lo más normal cuando me golpearon los Vegebul feels y he aquí este desastre. Si disfrutaste el primer capítulo, tal vez no disfrutes los demás, ya que en estos no me esforcé tanto por mantener a Bulma y a Vegeta en sus personajes (pero, ¿cuál es la personalidad real de Vegeta cuando está con Bulma? La verdad no lo sabemos), aparte no he tenido tanto tiempo para editarlos y aparte solo quería divertirme un poco...Lo siento de antemano, pero espero al menos alguien disfrute esto.
El orgulloso príncipe de los saiyajines nunca pensó que la falta de ventilación sería la causa que lo haría interrumpir su entrenamiento, pero después de 24 horas sin descanso no había podido soportar más el aire ardiente de la habitación. Por tal cosa no había otra persona a la cual culpar sino a la inútil inventora de la máquina. Enojado, como era su estado más natural, arremetió en la casa buscándola. No estaba en el jardín con su madre, ni tampoco tomando el sol en otra zona del patio, no estaba en el segundo piso con su padre, no estaba en su habitación, y en conclusión, no estaba en la casa.
-¿Dónde está? -Preguntó Vegeta amenazante al científico de bigote y gafas frente a él, el animal sobre su hombro escondiéndose y temblando.
-No sé...Simplemente dijo que quería estar sola y se fue esta mañana. -El guerrero destrozó una mesa mientras salía de la habitación ahora más enojado, bajó las escaleras de un salto y salió de la casa volando a toda velocidad.
Se detuvo algunos kilómetros después pensando hacia dónde se dirigía, no tenía idea de dónde podía estar ella. Pensó por un momento, su ki era tan pequeño que no le veía sentido en tratar de buscarla entre todos los insectos de la ciudad, pero era posible que estuviese con ese también inútil hombre que sí tenía un ki suficientemente fuerte para que él lo detectara. Cerró los ojos por breves segundos para encontrarlo y una vez hallado, se dirigió volando hacia donde se encontraba.
Yamcha no pudo evitar caerse hacia atrás cuando Vegeta apareció de forma inesperada frente a él. Sudor frío corrió por su espalda al ver su expresión fija y molesta que lo observaba, apretando los puños a lado y lado de su cuerpo.
-¿Dónde está ella? -Preguntó en voz baja pero amenazante.
-¿Quién…?¿...Bulma? -Puar, quien volaba sobre Yamcha, se posó sobre su hombro mientras este se ponía en pie. Vegeta no asintió, simplemente frunció el ceño esperando una respuesta, Yamcha miró a Puar sin entender qué ocurría. -No sé dónde está. -Respondió con fastidio, Vegeta lo tomó por la camisa y lo levantó del suelo, Puar escandalizándose en el proceso.
-¿Estás seguro de eso?
-¿No está en su casa? Pregúntale a sus padres, yo no tengo nada que ver con ella. -Vegeta lo soltó dejándolo caer y se fue sin decir más. Una vez Yamcha se aseguró estaba lo suficientemente lejos, lo maldijo gritando.
Cuatro horas estuvo el príncipe surcando los cielos lleno de furia, sin poder contener su molestia por la impotencia de no poder encontrar a un ser tan insignificante. Finalmente se detuvo y flotando se puso a pensar mientras las nubes se movían lentamente a su alrededor, decidió entonces volver a la Corporación Cápsula, lo cual hizo con rapidez. Una vez allí, buscó al padre de la insolente humana y le habló:
-Tú sabes cómo arreglar la máquina de gravedad, ¿cierto? -El hombre se compuso los lentes y lo miró.
-Oh, Vegeta, ¿qué tiene la máquina?
-El sistema de enfriamiento está dañado. -Respondió impaciente.
-Ok, veamos...si estuviera aquí Bulma...debo buscar los planos. -Dijo, subiendo hasta la oficina de Bulma, el príncipe siguiéndole a regañadientes. A Vegeta le pareció una eternidad el tiempo que le tomó al hombre encontrar finalmente los planos en la computadora de ella, después de lo cual se quedó en silencio observándolos.
-¿Y bien? ¿Cuándo estará reparada? -Preguntó moviendo impaciente el pie.
-No sé...tengo que primero revisar los planos para encontrar el problema… -Dijo con calma el científico. Vegeta apenas gruñó y empezó a caminar por la habitación, ¿por qué tenía que depender de seres patéticos para entrenar? ¿Por qué su rutina se veía frustrada por el capricho de una humana que se creía en derecho de dejar tiradas sus obligaciones con él? Meditaba si debía amenazar de muerte al científico para que se apurara, cuando sus ojos se desviaron hacia un papel junto al teléfono, era un panfleto con la imagen de un edificio, unas lagunas de agua muy azul, y la letra inconfundible de la insolente garabateando unos números. Tomó el papel en sus manos, tratando de no arrugarlo y se dirigió nuevamente al hombre de la casa.
-Oye, necesito ir a este lugar. -Le dijo mostrándole el papel. -¿Una de tus máquinas puede llevarme?
-Pues claro, Vegeta, todas nuestras naves cuentan con sistema de navegación, solo debes indicarle al autopiloto el destino y te llevará. -El hombre sacó una cápsula y se la entregó. Vegeta la tomó y salió volando por la ventana, activándola una vez afuera.
Tal y como le habían indicado, la nave encendió e inició su viaje hasta el destino solicitado por Vegeta. Pese a que la idea de las cápsulas era tan práctica, Vegeta no había encontrado en el Universo ningún otro planeta donde se les hubiese ocurrido llevar la portabilidad de las cosas hasta tal extremo, de verdad se encontraba viviendo con una familia de seres muy inteligentes, pensó, pero por ningún motivo debían creer que él dependía de ellos. La nave se detuvo en algún momento y anunció que habían llegado a su destino, por lo que el príncipe no tardó en bajarse y guardar la cápsula en su bolsillo. Cerró sus ojos un momento, después de observar el alto y moderno edificio que se erigía frente a él, si de verdad ella estaba allí, debía ser capaz de sentir su ki. Se concentró, tratando de recordar el color y la sensación particular de su ki, después de haber estado tanto tiempo con ella, debía ser capaz de reconocerlo entre las llamas casi imperceptibles de todos los seres acumulados en ese sitio. Pasados unos segundos, la ubicó, estaba muy arriba, y abrió sus ojos sonriendo. -Te encontré, sabandija. -murmuró.
Después de ubicar un lugar desde el que pudiese volar hacia ella sin que los demás lo vieran, el príncipe del reino ya inexistente despegó, no tomándole más que breves segundos encontrarla. La vio, recostada sobre una silla, junto a una de esas lagunas azules, en el último piso del edificio, completamente sola, y sonrió pensando en la mejor manera de asustarla, se decidió a bajar lentamente y aparecer frente a ella. Al parecer, Bulma estaba dormida o con los ojos cerrados, ya que no reaccionó ante su aparición, por lo que se vio forzado a hablar.
-Con que aquí estabas, insolente. -Bulma gritó y se cayó de la silla cuando lo vio.
-Ve…¿Vegeta? - Dijo quitándose los lentes oscuros, todavía sentada en el suelo. -¿Qué…? ¿Qué haces aquí? -Preguntó mientras respiraba con dificultad. -Me asustaste, gran idiota… -Siguió hablando poniéndose la mano en el pecho, y notando de repente que estaba en vestido de baño, se levantó y caminó a buscar una bata para cubrirse. Vegeta se interpuso en su maniobra.
-¿Para dónde crees que vas? -Bulma se cubrió con las manos como pudo y se sonrojó levemente ante la impertinencia de su visitante indeseable. -Te atreves a irte, dejando tiradas tus responsabilidades conmigo, insolente. -Ella alzó la mirada con furia.
-Yo no tengo ninguna responsabilidad contigo.
-¿Ah no?¿Cómo se supone que entrene si la máquina de gravedad está dañada?
-No es mi cochino problema, ¿para qué la dañaste? Si al menos la usaras como deberías.
-Es una máquina inservible e incompleta.
-Pues entonces búscate otra. -Le dijo ella apretando los puños con molestia. -Si es que crees que la puedes encontrar en alguna otra parte del Universo, idiota.
-¿Quién te crees que eres para hablarme así? -Le preguntó Vegeta lleno de ira, las venas en su frente hinchadas, el viento a su alrededor empezó a moverse. Bulma tragó en seco, reprimiendo las ganas de salir corriendo. -Insecto inservible, me tomaría menos de un segundo matarte.
-¿Y luego qué? -Dijo ella en un susurro, pero desafiante. -Después que me mates, ¿qué piensas hacer? No hay nadie más en este mundo que pueda construirte una máquina que pueda ejercer tan alta fuerza de gravedad y mi papá se negará a trabajar con el asesino de su hija, entonces, cuando te encuentres sin tu máquina, ¿qué vas a hacer? ¿Destruir todo el planeta? ¿Y luego? ¿Con qué nave vas a irte al Universo a buscar otro planeta donde entrenar? -Vegeta frunció el ceño mientras la ira alcanzaba límites insospechados en su mente.
-Te voy a matar. -Le dijo cortante, acercando una mano hacia ella. La mujer no se permitió retroceder.
-Hazlo. -Le dijo en un susurro. -Estoy acá porque quería estar sola, por un par de días, ¿es eso mucho pedir? Tú no controlas lo que hago. Estoy molesta y quiero estar sola, así que ni si me obligas voy a reparar tu estúpida máquina. Y si te sigues metiendo conmigo, me pondré de un humor peor, y menos voy a reparar tu estúpida máquina. -Vegeta detuvo su mano cuando vio que algunas lágrimas empezaron a bajar por las mejillas de ella, como tiernas cascadas en una piedra limpia y pura. -Lárgate. -Le dijo ella todavía con rabia, y se dio vuelta entrando al cuarto y cerrando la gran puerta de vidrio y cortinas tras de sí.
Bulma se desplomó en el suelo de la habitación, respirando agitadamente, apenas entendiendo que había insultado y amenazado a un asesino interestelar, cerró los ojos esperando que en cualquier momento él entrara y la despedazara, pero no sucedió. Pasaron varios minutos y él nunca entró, temerosa, Bulma caminó con lentitud y corrió levemente la cortina para mirar hacia la terraza del penthouse donde se estaba alojando, Vegeta se había ido.
Al otro día, su sorpresa fue menor cuando lo vio aparecer nuevamente frente a ella, flotando sobre la piscina mientras ella nadaba.
-¿Vegeta? - Dijo ella ya con menos molestia que el día anterior.
-Tu padre dice que se dañaron los condensadores que están en el circuito de encendido. -Bulma lo miró por un momento, queriendo gritarle nuevamente, pero suspiró y pensó por un momento.
-Esos condensadores los tuve que mandar a hacer, y ya me gasté los que tenía de repuesto. Debo pedirlos nuevamente, pero tomarán un día en estar listos. -Bulma nadó hacia la escalera de la piscina y vaciló antes de subirlas, miró a Vegeta, nuevamente se sentía avergonzada de estar frente a él en vestido de baño y él la observaba intensamente, con los brazos cruzados. La mujer de cabello turquesa subió rápidamente y poniéndose una bata entró a la habitación. -Voy a hacer una llamada. -Anunció. El guerrero bajó finalmente al nivel del suelo y dio algunos pasos hacia donde ella se encontraba hablando en algún idioma incomprensible, y después que colgó observó una sonrisa de complicidad en su rostro. -Estarán listos mañana en la mañana, ¿está feliz su majestad?
-¿Feliz? -Dijo él riéndose sarcásticamente. -Eso quiere decir que perderé otro día más de entrenamiento por tu incompetencia. -La científica se limitó a torcer los ojos y suspirar.
-Ok, ok, ya puedes irte, y si mi papá necesita algo más dile que me llame a la habitación, igual ya todos saben dónde estoy. No es necesario que usted, príncipe, se tome la molestia de venir hasta acá. -Vegeta frunció el sueño pero luego sonrió.
-No es molestia. -Dijo mientras continuaba sonriendo, ella sin la menor de idea de lo que eso significaba. -Ahora, mujer, teniendo en cuenta que mi día está arruinado, creo que me quedaré aquí para que tengas muy presente las inconveniencias que me está causando tu incompetencia. -El saiyajin se quitó las botas, camisa y guantes y se zambulló en la piscina sin decir más nada. Bulma tragó en seco, ¿en qué se había metido?
