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¡Muchas gracias a todos y a disfrutar del fanfic!
[Regina]
6 años después...
Bip bip bip
El sonido del despertador interrumpió lo que parecía ser el primer sueño pacífico que tenía en años.
Desde aquel incidente con mi madre, los sueños dejaron paso a aterradoras pesadillas que luchaban con atormentarme cada noche, haciendo que despertara siempre antes de que el despertador rompiera el silencio.
Cada mañana aprovechaba lo único bueno que me daban las pesadillas, algo de tiempo libre que empleaba siempre para mantenerme en forma pero hoy, y tras aquel extraño suceso, parecía que tendría que suspender la rutina y ceñirme al plan B: ducha, desayuno y hospital.
Me levanté de la cama dispuesta a comenzar este extraño día, saludé a Lola, aquella maravillosa y peluda compañera de piso que encontré vagando por los alrededores del hospital un día lluvioso, y me dirigí a la ducha.
El agua caía por mi cuerpo limpiando cada parte de mi alma que un día quedó desgarrada, se filtraba por cada poro de mi piel trayendo esa paz que tantas veces había necesitado abrazar.
No podía negar que el día había comenzado bien, demasiado bien, y aunque en aquel momento no quise darme cuenta de todo lo que aquello podía significar, ahora sé que este día fue un punto de inflexión en mi vida.
Salí de la ducha, desayuné, revisé que Lola tuviera la comida y el agua listo y me dirigí al hospital.
Estaba llegando al aparcamiento cuando vislumbré la larga hilera de reporteros que se agolpaban en la puerta esperando, cual hienas, a que comenzara mi día laboral para tratar de sonsacarme alguna información sobre mi vida.
No sabía qué hacer. Desde que Zelena, jefa del hospital, anunció que el Health Finslanc iba a desarrollar mi proyecto solidario y la prensa se percató de quién era yo, no había día que no me encontrara el hospital rodeado de cámaras, reporteros y curiosos a la caza de la exclusiva del año.
Y sólo había pasado una semana desde el anuncio, no podía ni imaginar cómo sería convivir con eso durante el resto de meses o si sería siquiera capaz de soportarlo.
Decidida a no dejar que aquello me afectara, aparqué el coche, cogí el bolso y las gafas de sol y emprendí rumbo a la puerta principal con paso firme.
Respira Regina, no dejes que vean lo incómoda que te sientes con esta situación. Ellos huelen el miedo y utilizarán todo lo que tengan para derrumbarte. - Me repetía una y otra vez mientras comenzaba a ver cómo las cámaras, antes apuntando hacia la entrada, se volvían hacia mí.
Los flashes comenzaron a saltar, las cámaras grababan mi llegada y las grabadoras despertaban de su letargo mientras algunos atrevidos se aproximaban a mi, micrófono en mano, llenando aquella tranquila mañana con sus preguntas.
- Buenos días Regina, ¿cómo te sientes hoy?
- ¿Puedes contarnos algo más sobre el proyecto?
- ¿Son ciertos los rumores de que el proyecto está dirigido en las sombras por tu madre para continuar lo que empezó?
Me detuve en seco.
Sabía que este tema iba a acabar llegando, que desde la condena de mi madre mi vida también se vería influenciada por ello. Sabía que harían preguntas sobre esa parte de mí pero lo que jamás se me ocurrió en ningún momento fue que insinuaran que un proyecto como este fuera una tapadera para las atrocidades de mi insana madre.
Mis dientes rechinaron, mis ojos ocultos por las gafas de sol debían de disparar llamas. Mi boca, amarga del sabor de la sangre al intentar calmar mi ira, comenzó a abrirse para replicar cuando una mano agarró suavemente mi muñeca.
- No. - susurró una voz femenina a mi lado mientras tiraba de mí. - Camina rápido y no hables.
Todo intento de réplica murió ante su determinada mirada por lo que me resigné a caminar junto a ella. Estábamos ya en la puerta del hospital cuando volvimos a escuchar al mismo reportero de antes.
- Doctora Green, se dice que entre la doctora Mills y usted existe algo más que una amistad ¿puede hacer algunas declaraciones?
Por segunda vez en menos de 5 minutos me volví a detener en seco y me giré hacia él lo más cautelosamente posible mientras me debatía si lanzarle el micrófono a la cabeza o golpearme a mí misma hasta olvidar su incompetencia.
- Agradecemos su interés por este nuevo y ambicioso proyecto pero me temo que nuestro tiempo en este momento pertenece a los pacientes. Les agradeceríamos todo el equipo médico que respetaran nuestro trabajo y no obstaculicen las entradas para un mejor funcionamiento del hospital - dijo la mujer que tenía al lado. - En cuanto tengamos más información que deban saber, serán avisados. Gracias.
Y con eso, nos adentramos por los pasillos del hospital en silencio hasta que llegamos a la sala de cambio.
- Lo siento, Regina. - comentó mientras comenzábamos a ponernos la ropa de trabajo.
- ¿Por qué lo sientes? Se supone que soy yo la que debe pedirte perdón. Sabía que no iba a ser una buena idea llevar el proyecto hacia adelante. - suspiré abatida mientras me sentaba en uno de los banco. - Pensé que iba a ser buena idea, que la gente olvidaría mi pasado después de todos estos años si volvía con este tipo de proyecto pero sólo estoy consiguiendo traerle mala fama a tu hospital.
Eres débil, Regina - la voz de mi madre resonó en mi cabeza como tantas veces hacía cada vez que me mostraba vulnerable.
Años luchando contra ella, años de terapia para empezar a confiar un poco más en mí misma y en las dos únicas personas que me habían acogido como su familia y aún podía oír su voz, sentir la frialdad de sus palabras cada vez que compartía parte de mi corazón y sentimientos con ellos.
- Regina - dijo Zelena mientras se sentaba a mi lado. - No estás trayendo mala fama a este hospital, estás dándole vida. Eres una gran profesional que está regalando nuevas oportunidades a personas que lo necesitan, y antes o después tendrán que verlo.
- Sabes todo lo que hizo mi madre. - mi mirada se empañó mientras hablaba. - Zelena, conoces el daño que causó a muchas familias de esta ciudad. No van a olvidar aquello. No van a darme una oportunidad aunque no me conozcan…
- Entonces enséñales quién eres. - respondió con una amplia sonrisa. Su mirada se quedó clavada en mí, esperando mientras arqueaba una ceja. El silencio se prolongó un par de minutos más hasta que suspiró frustrada. - ¡Oh vamos, Regina! Siempre dices que si te conocieran, tal vez te darían una oportunidad.
- Está bien, ¿y qué sugieres entonces? - pregunté mientras nos levantábamos y salíamos hacia el mostrador donde tendríamos los historiales de nuestros próximos pacientes.
- Tienes un escuadrón de periodistas deseando entrevistarte. Concédeles ese deseo.
- Creo que me has confundido con Santa Claus, lo que no sé es si ha sido por mi larga barba blanca o por el jou jou jou. - dije mientras me acercaba a saludar a la secretaria de archivos. - Buenos días Melissa, ¿algún aviso importante?
- Buenos días Doctora Mills, Doctora Green. - saludó con una inclinación de cabeza. - Tiene dos altas que firmar, la cirugía valvular está prevista para las 10 y la señora Anderson la espera en su despacho.
-Genial, muchas gracias Mel.
Firmé los partes de alta y recogí el informe de la operación cuando la mano de Zelena nuevamente me detuvo.
- Escucha, sé que es difícil y tienes miedo pero - se apresuró a decir cuando empecé con los bufidos - sería una forma de mostrarle al mundo la verdadera Regina Mills. Solo debes encontrar a la persona que te de la confianza para hacerlo.
- Zelena, ¡son periodistas!
- Y nosotras cirujanas y no somos como los de Anatomía de Grey. Regina, sólo te digo que lo pienses. Pase lo que pase, voy a estar aquí, ¿vale? No te culparé. - y con eso se alejó.
No te culparé. - resonó en mi cabeza.
De repente vino a mi cabeza aquella noche en el bar, aquel paseo por la playa, aquella conversación con Emma…
No habíamos vuelto a hablar desde aquella noche, ni siquiera había vuelto a saber de ella hasta que leí una de sus entrevistas en el Golden Dreams.
Desde entonces me había convertido en una admiradora de su trabajo, de la autenticidad y la pasión que desprendía en cada uno de ellos. Y fue entonces cuando tomé una decisión.
Pasé el resto del día entre pacientes y operaciones hasta que terminó mi turno. Recogí todas mis cosas, me dirigí a la sala de cambio y me senté con el móvil en la mano.
Pasaron varios minutos mientras cogía el valor para hacer la llamada.
Tranquilidad. Eres una Mills, quien no te teme te odia. Puedes hacer esto bien. - y con esto llamé.
- Oficina del Sr. Gold, ¿en qué puedo ayudarle? - sonó una voz al otro lado del teléfono.
- Buenas tardes, soy Regina Mills. Tengo una propuesta muy interesante para su jefe.
- Srta. Mills… - la sorpresa en su tono me dijo que me había reconocido. - Espere un momento, en seguida le atiende.
Unos minutos más tardes, una voz masculina respondió.
- Regina Mills, que sorpresa. ¿En qué puedo ayudarla?
- Les concedo la entrevista. - dije sin más rodeos.
- Eso es maravilloso. Hablaré con nuestr-
- No he acabado Sr. Gold. - le corté. - Tengo una condición. Sólo me entrevistaré con la Srta. Swan.
