¡Lumos!
¡Hola!
Free!
Volar significa libertad
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Capítulo Segundo
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—¿Y es un internado, solo podré verlo en vacaciones? ¿Haru-chan será sorteado para vivir en una casa? ¿Cómo Ravenclaw o Wampus? ¿Puedo ir yo también?
La noticia de que Haruka debía asistir a la escuela e incorporarse al segundo periodo del cuarto grado, despertó la curiosidad de Makoto, quien se encargó de hacer todas las preguntas necesarias para saber a qué enfrentarse y de recordarle a Haruka que los muggles escribían con lapiceros y no con plumas; inclusive pasaron una tarde entretenida buscando un lapicero, y para alegría de Makoto resultó que Haruka podía pintar igual de bien con pluma o lapicero.
Gracias a las ingenuas y curiosas preguntas de Makoto, Haruka empezó a recordar las peculiaridades de la vida no mágica, y su disconformidad con la decisión de asistir a la escuela muggle creció bastante.
Los juguetes muggles no eran tan divertidos y el conocimiento muggle respecto al universo era muy limitado; no tenían idea de la tribu de Gente del Agua que vivía cerca del muelle, ni de la centaura que patrullaba la montaña: vivían en una profunda ignorancia y Haruka no quería ser parte de ese mundo, no después de saber lo que esperaba por él cuando cumpliera once años.
Además, era un sinsentido ir a la escuela, cuando faltaba menos de un año para que iniciara su curso en Hogwarts.
Sin embargo, sus padres alegaron que mientras no demostraran al gobierno que su hijo recibía algún tipo de educación privada, debían enviarlo a la escuela pública de Iwatobi; y fue así como Haruka encontró un estante de su armario ocupado con un montón de libros de pasta dura y letra uniforme: sus futuras asignaturas muggles.
—Las imágenes no se mueven—apuntó Haruka, como si quisiera darle voz a los pensamientos que Makoto no se atrevía a decir.
Makoto cambió su peso de un pie al otro, contemplativo. Haruka sabía que estaba pensando bien su respuesta; pues era la única persona que entendía la frustración de Haruka por no haber escapado de su vida muggle. Makoto se acercó al estante y sacó cada libro, uno por uno, para colocarlos en la cama, en orden de tamaño. Algunos los tocaba con cuidado, como si esperara que fueran a morderlo. Pero eso jamás sucedería con un libro muggle, y a Haruka le enfadaba los muchos objetos muggles que había ahora en su habitación.
—Los muggles no saben cómo hacer que se muevan—dijo Makoto después de examinar algunas hojas y cerciorarse de que efectivamente todo estaba impreso e inmóvil—; pero es porque no se lo han planteado. Si quisieran, podrían hacerlo.
—No creo.
—Las ilustraciones son muy bonitas—comentó, sin prestarle atención al malhumor de Haruka—. Y esto se parece un poco a Aritmancia. Oh, seguro que después de que estudies matemática, obtendrás el TIMO de Aritmancia.
Con aquel comentario y otras similitudes que encontró, Makoto realmente logró captar la atención de Haruka y pronto los dos metieron sus narices en los libros, tratando de entender aquel conocimiento, que resultaba nuevo para ambos.
—Haru, también quiero aprender—dijo Makoto, cuando el sol los dejó y la lectura se volvió pesada—. Me gustaría ir contigo a la escuela.
—Iremos juntos a Hogwarts—murmuró Haruka, cerró su libro y dio por terminado su momento de debilidad respecto a la perspectiva de la escuela muggle.
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Según la madre de Makoto, las demostraciones de magia espontánea son estallidos de energía que los niños no pueden controlar ni canalizar. Es importante que sucedan, como manifestación de la naturaleza mágica de la persona, y nunca deben ser reprimidos, aunque sí controlados.
Makoto le había enseñado a Haru técnicas para controlar sus manifestaciones de magia, para tranquilizarse y no permitir que la cólera y el miedo lo hicieran perder el control; y Haruka, inclusive, había sido capaz de ejecutar pequeños encantamientos de manera consciente.
Así que fue toda una sorpresa encontrar que el día en que iniciaban sus clases, en pleno invierno, llovía dentro de la cocina de su casa. El señor Tachibana tardó media hora para desaparecer la lluvia y la señora Tachibana debió secar toda la ropa de la casa, mientras la abuela Nanase, bien envuelta en una estola, y Haruka, que no se mostraba avergonzado por su rebeldía, esperaban que su casa fuera de nuevo habitable.
Una vez más, la señora Nanase se consideró incapacitada para tratar a su nieto, o más bien obligarlo a asistir, así que telefoneó a su hijo. Haruka reconoció cuando colgó el teléfono que le conmovieron más las disculpas de su madre por no estar ese día que el regaño de su padre. Sin embargo, Haruka era especialmente conocido por su terquedad. Si su malacrianza mágica no funcionaba, aun tenía herramientas muggles, y se encerró en su habitación.
La abuela, una vez más considerándose incapacitada para lidiar con tales caprichos, acudió a Makoto para que convenciera a Haruka de salir del cuarto.
—¿Haru-chan?—Llamó Makoto, empujando levemente la puerta después de que su propia insistencia y magia le permitieran quitar el seguro; sin embargo esperó el asentimiento de Haruka para entrar. Traía la lonchera que su madre le había preparado a Haruka para que llevara a la escuela. Dado que la abuela Nanase le había pedido colaboración y sabía lo importante que era la asistencia de Haruka a la escuela para los Nanase, se aclaró la garganta y expresó una de sus más sinceras y sabias ideas—. He estado pensando que perteneces a los dos mundos, y hay mucho por aprender sobre la magia, pero también debes aprender del conocimiento de los no mágicos.
—Es inútil.
—No, Haru, no lo es—Insistió Makoto, dejó la bolsa con el almuerzo en el escritorio y se acercó a Haru, lo tomó de las manos y se sentó junto a él, sus rodillas casi pegando—. Es igual de importante. ¡Inventaron el teléfono y los aviones!
—¡Los magos se pueden transportar! Y existe la red flu—debatió Haruka, se soltó del agarre y se giró levemente hacia el otro lado.
—¡Los videojuegos! ¿Qué me dices de Peces de Aguas Profundas*? Es tu videojuego favorito. En la escuela de Iwatobi, podrías descubrir otros videojuegos. Deberías ir, Haru-chan…
—No quiero.
El silencio de Makoto le pareció sospechoso a Haruka, su amigo no solía rendirse tan fácil, y Haruka había perdido la cuenta, hace mucho tiempo, de todas las veces que había hecho algo que no quería, solo porque Makoto le había insistido. Así que se atrevió a mirarlo de reojo y la expresión pensativa del niño, le pareció sospechosa. Supuso con éxito que Makoto había maquinado algún plan perfecto para obligarlo, moralmente, a asistir a la escuela.
Sin embargo, el silencio se hacía más largo. Makoto sin insistir y la curiosidad de Haruka crecía, además, el tiempo apremiaba: la impuntualidad era sancionada duramente en la escuela de Iwatobi y en Hogwarts, como su padre le había dicho cuando lo regañó. Makoto no permitiría que él fuera castigado por llegar tarde…
—Me… me gustaría aprender más sobre las personas como la abuela Nanase—dijo Makoto, mirando las tablillas del piso, con sus manos sobre sus muslos—. Mis padres no me permiten hablar con muggles, pero la abuela… Ella… es la primera persona que conozco sin magia… y es fantástica… Eres realmente muy afortunado, Haru.
Si había algún tipo de palabra mágica que obligara a las personas hacer lo que tanto juraban no querer hacer, Makoto las había descubierto. Haruka no pudo evitar el calor que subió de su estómago hasta sus mejillas.
—No digas cosas vergonzosas.
Entendía el sentimiento que Makoto guardaba en su interior: Haruka era la oportunidad de Makoto para conocer más sobre el mundo muggle; de la misma manera que Makoto se convirtió en el puente que Haruka cruzó para aprender del mundo mágico.
Por Makoto, asistiría a la escuela muggle, aprendería de ese mundo y lo compartiría con su amigo. Quizá hasta lograría convencerlo de dejar de creer que las brújulas era un tipo de giratiempo.
Tomó el almuerzo y salió de su habitación. Tenía apenas unos minutos para alcanzar al señor Tachibana que se marchaba a su trabajo.
—¡Esperaré por ti!—Le gritó Makoto, emocionado, desde los escalones que llevaban a su casa.
.O.o.O.
La abuela firmó los papeles y Haruka entró al salón del quinto grado. El Director se sorprendió de que el estudio en casa, con una anciana de edad indeterminada y un modo muy directo y poco formal de hablar, hubiese dado buenos resultados: Haruka demostró altos conocimientos para un niño de su edad, así que se desechó el programa de adaptación que le habían preparado.
El primer día de clases fue aburrido. Sus compañeros le parecieron opacos, ninguno sonreía como Makoto, y su maestra demasiado estricta para su gusto. ¿Dos horas sin moverse? Oh, Haruka disfrutaba actividades quietas como dibujar o tallar madera, pero la escuela le pareció interminable y molesta. Pasó la mitad del tiempo observando por la ventana, un viejo árbol sin ramas que estaba cerca de una piscina vacía. No pudo quitarse de la cabeza que la escuela resultaría levemente atractiva si pudiera nadar en la piscina.
Al salir, se encontró con su abuela y Makoto que lo esperaban afuera de la escuela. Makoto saltó emocionado sobre él y le hizo muchas preguntas, que le contestó sin mucho detalle, pero las preguntas se volvieron mucho más incisivas hasta que se encontró elaborando largas respuestas que incluían la división entre invertebrados y vertebrados, los diferentes tipos de reinos y el debate de si Plutón era un planeta.
Makoto se mostró muy interesado, hasta por el más mínimo detalle, y llegó a la conclusión, incomprensible para Haruka, de que él también quería asistir a la escuela.
Después de comentarlo con la abuela, los tres coincidieron en que el conocimiento no podría hacerle mal y que todos estarían más tranquilos si los niños estaban juntos.
Sin embargo, los padres de Makoto tenían muy clara la división que debía existir entre los magos y los muggles. Inclusive, se atrevieron a mencionar historias en las que la magia accidentalmente había lastimado muggles e hicieron horribles comentarios sobre los linchamientos y persecuciones que habían sufrido las brujas por culpa de los muggles que no las aceptaban.
Reforzaron sus alegatos con la imposibilidad de Makoto para guardar el secreto de la magia; y era cierto que la magia era tan natural para Makoto que pedirle que no hablara de ella, era como obligarlo a andar con los ojos cerrados.
Makoto terminó llorando, asustado de que su magia llegara a herir a otra persona o de que lastimaran a Haru por su culpa. Por lo que Haruka debió aceptar que la escuela, al menos por el momento, sería una experiencia solo de él.
Al finalizar la primera semana de clases, Haruka era un estudiante sobresaliente en las materias de Educación para el Hogar, Matemática y Artes. Así que pronto se solicitó su participación en algún club. La escuela exigía a sus estudiantes realizar actividades extracurriculares. En un primer momento, se había hablado que Haruka usaría ese tiempo en un curso de nivelación, sin embargo, dado sus buenos resultados en las pruebas y su fácil comprensión de la materia, Haruka se unió al club de arte; lo cual francamente fue peor que dejar sin vigilancia a Makoto.
Fue tanto el revuelo que la presencia de Haruka, o más bien sus ideas sobre el arte causaron en el club, que el director mandó a llamar a la madre de Haruka. A la maestra y al director les sorprendía la precisión del niño para dibujar plantas que no existían, eventos históricos que nunca habían ocurrido y criaturas mitad humanos mitad monstruos que atemorizaron a los otros niños. Nunca habían visto algo parecido.
La justificación de una gran imaginación no fue suficiente para explicar el motivo de aquellos dibujos, que para demostrar el escándalo que causaban estaban desperdigados en el escritorio del director, quien no se cansaba de apuntar lo ilógico del realista cuadro en el que el rey duende Ragnok I forjaba la espada de Godric Gryffindor, como Haruka había explicado.
La madre de Haruka trató de insistir con la imaginación. Pero sintiéndose harta y frustrada, la maestra de arte dijo que "sentía" algo extraño cuando Haruka la miraba a los ojos y que además él le había dicho que solo le interesaba pintar, si sus dibujos podían moverse y que para eso necesitaba un lienzo mágico.
Fue entonces, cuando la señora Nanase acorralada mencionó a su suegra, y Haruka se enfadó. No permitiría que trataran a su abuela de estrafalaria y desconectada con la realidad.
La discusión sobre el club de arte se dio, definitivamente, por terminada cuando la ventana se abrió de golpe y entró un fuerte viento que hizo volar todos los dibujos, pruebas de la rareza de Haruka. La señora Nanase consciente del motivo del extraño efecto climatológico, trató de remediar la situación, y como había aprendido desde hace un par de años, Makoto era la persona más capacitada para calmar a Haruka, y pensando en Makoto, llegó a su mente una de las actividades favoritas de los niños.
—Quizá Haruka podría asistir al Club de Natación—dijo.
Tenía entendido de que Haruka sabía nadar, pues constantemente visitaba un río cercano a su casa; sin embargo, recibir clases y practicar la natación le supondría una ventaja. Al fin y al cabo, en el mundo al que Haruka pertenecía, ella y su esposo, como padres, no tenían las herramientas suficientes para protegerlo, así que debía confiar en las habilidades que Haruka pudiera aprender antes de que se marchara al internado de Hogwarts.
La natación fue todo un éxito. La escuela, en invierno, alquilaba las instalaciones del Club de Natación de la ciudad, con piscina temperada y entrenadores capacitados. El encargado del grupo de Haruka reconoció su gran habilidad para el estilo libre y la rutina de la escuela y el club empezó a ser más tolerable para todos.
El agua calmaba los sentimientos y nervios de Haruka y su carácter taciturno empezó a ser más apreciado por sus compañeros y profesores. La escuela dejó de ser considerada una amenaza y los padres de Makoto le permitieron a su hijo demostrar que podía controlar sus impulsos, o más bien promovieron que Haruka aprendiera a ocultar los disparates de Makoto.
Makoto, de vez en cuando, acompañaba a Haruka a la escuela. Por supuesto, Makoto curioso por las ropas, actividades y vidas de los compañeros de Haruka, hablaba con todos y compartía sus propias historias con ellos. Tanto así que Haruka, más de una vez, debió socorrerlo de niños que se reían de él y lo molestaban por sus rarezas. Inclusive, en una ocasión que encontró a Makoto llorando, en la entrada de los baños, Haruka corrió en busca del bravucón que había molestado a su amigo y aunque recibió golpes también, se sintió mejor.
En los recreos, Makoto jugaba con las niñas; en clases, ayudaba a la profesora y cuando caminaba por los pasillos solo, de vez en cuando, se topaba con algún bravucón; sin embargo, nadie se mostraba extrañado de su presencia, o más bien de sus ausencias.
Como la vez que Makoto no fue a clases, pero le insistió a Haruka que entregara su tarea. La maestra se rio de él cuando le dijo que también traía la tarea de Makoto, alegando que ese día amaneció enfermo.
—¿Quién es Makoto, Nanase-kun?
Y sus compañeros se habían reído, diciendo que tenía amigos imaginarios que hacían mejores tareas de matemática que él.
Entonces, Haruka se permitió llegar a la conclusión de que algún tipo de hechizo se cernía sobre Makoto. Después de todo, los Tachibana no dejarían marchar a un foco de magia directo a la boca del lobo.
A sabiendas de que la ignorancia se eliminaba con las preguntas correctas, acudió a la señora Tachibana, quien le confirmó que había utilizado un hechizo para facilitar la presencia de Makoto en lugares completamente muggles. Era un hechizo complicado y Haruka fue capaz de comprenderlo mejor cuando lo comparó con los hechizos que ocultaban Hogwarts: solo los magos podían ver Hogwarts. Solo cuando Makoto interactuara con las personas no mágicas, estas podrían verlo.
Entonces, mientras escuchaba a Makoto contarle El Cuento de los Tres Hermanos a sus compañeros de escuela, Haruka se dio cuenta de que Makoto no pertenecía al mundo muggle, pero él no podía renunciar a compartirlo con él, después de todo Makoto compartía todo lo que sabía del mundo mágico con Haruka.
.O.o.O.
Haruka había aprendido un par de técnicas para que su habilidad de aguantar la respiración bajo el agua pasara desapercibida en las clases de natación. Sin embargo, para los ojos entrenados de Makoto, cuando fue por primera vez a verlo nadar en el Club de Natación, detectó la propia magia de su amigo.
—¡Haru!—exclamó Makoto, para sorpresa de Haruka, quien no esperaba encontrarlo en el área de la piscina. Sus ojos verdes brillaban con la misma intensidad de cuando se conocieron, y estaba inclinado hacia delante en el borde de la piscina—. Eres genial en el agua, Haru-chan.
Haru sonrió levemente y se acercó, giró uno de sus dedos bajo el agua y creó un pequeño remolino para deleite de Makoto, quien lo apremió a que nadara. Haruka, dispuesto, nadó, con ganas, pues Makoto lo esperaba al final de cada vuelta.
—Oye, niño. No puedes estar en el área de piscina—Regañaron de pronto a Makoto.
—¡Lo siento, señor!—exclamó, asustado. Y Haruka notó que conforme Goro Sasabe, su entrenador, se acercaba, Makoto parecía que empezaría a llorar.
—Makoto—Le dijo suavemente, para tranquilizarlo. Goro Sasabe podría tener una apariencia extraña, pero se llevaba excelente con los niños, y Haruka no creía que Makoto fuera la excepción. Sin embargo, para tranquilizarlo, extendió la mano hasta estrechar la de Makoto.
—¿Es un amigo tuyo, Haruka?—preguntó el entrenador, consciente de lo nervioso que estaba el niño desconocido para él. Haruka tan solo asintió—. ¿Cuál es tu nombre? Nunca te había visto por aquí; pero tienes el físico de un nadador.
Makoto se removió incómodo, sus ojos se oscurecieron un momento, y Haruka supo por qué. Desde que el pescador, amigo de Makoto, falleció en una tormenta, Makoto nunca más había vuelto a nadar. Principalmente, esa era la razón de por qué esta era la primera vez que Makoto acompañaba a Haruka al club de natación.
A falta de respuesta, el entrenador continuó:
—El piso está resbaloso y no estoy seguro si sabes nadar, así que no puedo permitir que estés cerca de la piscina. Puedes acompañarme, mientras Haru termina.
Makoto asintió y se fue con él. Haruka los vio entrar a la zona de gradería y consciente del hueco en su pecho, permitió que el agua lo abrazara y relajara.
—Haru es realmente grandioso—dijo el hombre cuando se dio cuenta de que Makoto se había tranquilizado. El niño asintió, con ganas, sin dejar de mirar a su amigo—. Ah, es una lástima que no quiera competir... o aprender otros estilos de natación.
—¿Hay... hay competencias de natación?
—Por supuesto. Torneos de todo tipo, y Haruka tiene el talento para sobresalir.
—¿Haru-chan podría ganar?
El entrenador soltó una risita.
—Necesita un poco más de entrenamiento, pero podría hacer un buen trabajo. Quizá tú podrías conseguir que compita. Así podríamos descubrir qué tan alto puede llegar—murmuró el hombre, mirando detenidamente a Makoto—. Pareces un buen amigo de él; ¿podrías convencerlo de participar en el próximo torneo?
.O.o.O.
—No quiero.
—Vamos, Haru. Apuesto que será divertido.
—Se oye problemático.
—Sería como el Mundial de Quidditch o el Torneo del Mago o ¡la Copa de las Casas! ¿La escuela de Iwatobi contra la escuela de Sano? Sí, es como la Copa de las Casas.
Fue difícil para Makoto convencer a Haruka de asistir al Torneo de Natación, pero resultó imposible convencer a los Tachibana para que permitieran a su hijo acompañar a Haruka. ¿Un lugar público, lleno de muggles y además una piscina? No. Simplemente, no correrían el riesgo de que Makoto perdiera el control de su magia.
Haruka alegó que él también podría perder el control, por lo que no debería asistir; sin embargo, para su caso, le insistieron en que la exposición pública era una prueba ideal para demostrar que controlaba su poder.
Entonces, resultó que además de controlar su magia en el Torneo, logró una medalla. Al Torneo no pudo acompañarlo nadie; ni sus padres, ni su abuela, ni Makoto; así que asistió con el entrenador Goro Sasabe y, el único momento, en que realmente disfrutó haber ido, fue cuando nadó.
Ese día, nadó con toda su fuerza, porque sentía en el agua una presencia.
Makoto ya le había hablado de presencias en el agua. Por ejemplo, la Gente del Agua, la tribu de sirenas que Makoto solía visitar cuando estaba pequeño. Desde que el pescador falleció, al naufragar su barco, Makoto no había vuelto a visitar a la Gente del Agua, pero no había dejado de hablar de otro tipo de presencias.
Una noche, que llovía y tronaba, Makoto, en medio de sollozos, le había dicho que a veces sentía algo en el agua, algo que los acechaba desde la profundidad. En aquel entonces, Makoto había llorado y Haruka no había sido capaz de imaginar que el agua le molestara; lo cual solo demostraba que no había tenido la oportunidad de sentir esa presencia.
Mientras nadaba en la competición de los doscientos metros libre, Haruka sintió una presencia, una fuerza que acechaba tras él, pisándole los talones, urgiéndolo a ir más rápido, una presencia que se consolidó en los ojos rojos de un niño que nadaba en la línea de al lado, que le sonrió y lo felicitó cuando se pararon en el podio para recibir sus medallas. Su medalla era dorada, la del niño fue de plata.
—¿Es oro puro, como un galeón?—La voz de Makoto, realmente admirado y orgulloso del logro que Haru había llevado a casa, lo sacó de sus pensamientos sobre aquel niño—. Me hubiera gustado estar ahí, pero estoy seguro de que todos disfrutaron viéndote nadar.
—Solo es una medalla.
—Es tu primera medalla, y además es de oro.
—No creo que sea oro. Es caro para los muggles.
—Pero significa que ganaste el primer lugar.
—Quédatela.
—¡Haru! Es tuya.
—No la quiero. Y si a ti te gusta tanto, deberías quedártela.
—No puedo aceptarla, Haru—murmuró Makoto, sintiéndose culpable por su deseo de aceptar el regalo.
—Dame uno de tus galeones y te daré mi medalla. Así estaremos igual.
—¡Ah, Haru-chan! Muchas gracias. La cuidaré por siempre.
Por siempre le pareció una exageración a Haruka; sin embargo, tratándose de Makoto era posible que se las ingeniara para cuidarlo por siempre; en todo caso, Haruka pensó que sería mejor si él conseguía otras medallas que regalarle; así si una se dañaba o se perdía, podría reemplazarla. Fue así como decidió que la presencia en el agua no le había molestado, que el apretón de manos con el niño de los ojos rojos no le había incomodado, que nadar en una competencia no había sido una experiencia terrible, y, que, estaba bien nadar en el Club de Natación mientras pudiera.
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La asistencia de Haruka a la escuela, realmente, resultó sin mayores novedades. Había ganado la merecida reputación de ser silencioso y "muy creativo"; realizaba un esfuerzo adecuado apenas para no bajar las notas, pues ya había comprobado que las malas calificaciones acarreaban la atención de los profesores y reuniones con el director; así que prestaba una mediana atención en clases y hacía sus tareas. En parte, ayudaba que Makoto también hiciera las tareas. Haruka, en algunas ocasiones, se encontraba pensando lo molesto que era entregarle todos los días a la profesora dos cuadernos de tarea y que la profesora calificara con mejor nota la de Makoto, sin que supiera exactamente quién era Makoto.
El hechizo que la señora Tachibana había utilizado era una paradoja para Haruka, quien no entendía la efectividad de conjurar a Makoto de tal forma que cuando las personas lo vieran, lo reconocieran, pero cuando no estuviera presente, nadie supiera ni siquiera su nombre. Era un fastidio tener que aparentar ante sus compañeros que Makoto no existía y, al día siguiente, soportar a sus compañeros pidiéndole a Makoto que almorzara con ellos y a la profesora que deletreara la palabra de la semana.
En todo caso, Makoto no siempre podía acompañarlo a clases, pues aunque fuera algo torpe tenía muchas responsabilidades en casa. Responsabilidades que a juicio de Haruka tan solo eran esfuerzos extremadamente innecesarios que Makoto mismo se buscaba, como cuidar las plantas y los peces –que morían cada dos días, pero él conseguía otros-, jugar con los gatos callejeros, ayudar a su abuela.
Haruka estaba ocupado pensando en las actividades que Makoto estaría realizando en casa, cuando sintió un ligero cosquilleo en la nuca. Makoto le había explicado que esa era su forma de sentir la magia. La magia se podía manifestar de muchas maneras y era importante, para su propia seguridad, que un mago aprendiera a detectarla.
Haruka no era especialmente bueno detectando magia, pero desde hacía días tenía cierto presentimiento, cierta comezón que iniciaba en su interior pero que nunca lograba materializar. A veces pensaba que observar por largos periodos de tiempo el árbol sin hojas del patio le provocaba esa inquietud.
Sin embargo, nunca había sentido tal comezón en su nuca, como en ese momento.
Precavido, observó a sus compañeros y se sorprendió levemente al encontrar al niño de ojos rojos del torneo de natación escribiendo su nombre en la pizarra. Se trataba de un nuevo compañero.
—Mucho gusto. Espero puedan cuidar de mí.
El niño no había terminado de hablar cuando ya sus compañeros empezaron a murmurar, pues no era común tener un compañero nuevo a mediados de curso, y con Rin Matsouka ya era la segunda vez que ocurría. Valga decir que Haruka fue el primer caso. Sin embargo, para bienestar de la vida escolar de Rin, este tenía una risa fácil y era simpático con sus compañeras, lo cual lo separó socialmente de la indiferencia de Haruka.
—Matsouka Rin—Una mano se extendió hacia Haruka, quien la observó fijamente antes de reclinar su cuerpo y rechazar la mano.
—Nanase—respondió, sin mirarlo.
Rin aceptó la falta de contacto y saltó de una vez al tema que le interesaba, no quería que su oportunidad de hablar con Nanase pasara de lejos.
—Competimos juntos en el torneo de natación, de Sano contra Iwatobi.
—¿Me estás siguiendo?
—¡Por supuesto que no!—El niño se rió—. ¿Por qué haría eso?
La respuesta de Haruka fue una mirada, algo obstinada, que expresaba esa misma pregunta: "Sí, ¿por qué harías eso?". Rin le respondió con una risa tímida, que volvió a llamar la atención de sus compañeras y Haruka pudo concentrarse en los garabatos que hacía en su cuaderno, otra vez, cuando Rin fue atraído por otro grupo.
.O.o.O.
—¿Haru, sucedió algo hoy? Te ves distraído.
—No estoy distraído.
—Como tú digas, Haru-chan—canturreó Makoto, y partió por la mitad la paleta de helado.
Haruka aceptó su parte y murmuró:
—Sentí algo hoy en la escuela.
—¿Magia?
—En un árbol.
—¿En un árbol? ¿Estás seguro, Haru-chan?
—Deja de repetir lo que digo… y deja de llamarme "chan".
Makoto le sonrió, enseñándole sus labios azules a causa del helado.
—¿Cuál árbol?
—El viejo cerezo.
—¡Ah! Fuku-chan dice que es un cerezo mágico, el único que hay en esta zona.
—Eso es una tonta historia, Makoto.
—A mí me gusta. Los muggles tienen ideas muy interesantes sobre la magia—Ante la expresión cansada de Haruka, agregó con una sonrisa—. Mañana lo revisaré, ¿está bien, Haru-chan?
Haruka suspiró; y Makoto se rió con ganas.
En su escuela, había un viejo árbol que desentonaba con la flora del lugar, junto a la cerca de la piscina. Se decía que la semilla fue traída por el viento y encontrando tierra fértil, por la cercanía con la piscina, echó raíces y creció, y que cada año, en primavera, sus flores caían en la piscina... y era una vista realmente hermosa.
Haruka no podía contener su exasperación cuando escuchaba esa historia, pues era ridículo que un árbol pudiera crecer gracias al agua clorada de una piscina; y dado que así lo expuso en clases, la profesora debió intervenir contándole a la clase la verdadera historia.
El árbol de cerezo era la verdadera razón por la cual la escuela tenía un contrato con el Club de Natación de Iwatobi; pues tanto en invierno como en primavera, era imposible usar la piscina exterior de la escuela. El árbol había sido plantado por un grupo de niños que querían ser nadadores profesionales y sabían que la única manera de lograrlo era obligando a la escuela a que solucionara el problema del lugar de prácticas en invierno: la costumbre era que el club de natación no estuviera activo en invierno, lo cual reducía el número de miembros y oportunidades. Plantaron un árbol muy cerca de la piscina para que en primavera fueera imposible utilizarla, así que la escuela aprovechando las ganas de los estudiantes de nadar, contrató al Club de Natación de la ciudad para disfrutar de la piscina tanto en invierno como en primavera; y los resultados de una práctica constante le prodigaron importantes logros a la escuela de Iwatobi.
Cuando Haruka escuchó esa historia, no pudo dejar de mencionar todos los árboles caducifolios que podían encontrar en su vecindario y que plantar cualquiera de estos, habría tenido los mismos resultados, que un árbol tan extraño y delicado como el cerezo. Hasta Makoto estuvo de acuerdo en que era poco romántico pensar así. Sus compañeros alegaron que la piscina se veía realmente hermosa cubierta de flores y, al parecer, ahí residía la magia de aquel árbol.
—Me encantaría nadar en una piscina cubierta de flores.
—Matsouka-san, no creo que sea posible. Cuando florezca, el clima seguirá muy frío.
Haruka no pudo contener el suspiro de fastidio. Le había pedido a Makoto que lo acompañara a esa parte del patio para que analizara si había algo extraño en el árbol, para que detectara si había magia oculta en él; sin embargo, Rin Matsouka se había unido a ellos, y ahí estaban, ellos dos entretenidos hablando, con el asunto de la magia del cerezo olvidado.
—Makoto—Lo llamó.
—Ah, Haru—exclamó Makoto y recordando su misión, rodeó el árbol—. Parece un árbol corriente—dijo, mucho más rápido de lo que normalmente necesitaba para tomar una decisión, así de importante.
Haruka estuvo completamente seguro de que la respuesta de Makoto venía porque Matsouka había empezado a hablar otra vez, y no porque hubiera prestado atención a si era un árbol corriente o no.
Haruka le dedicó una última mirada al árbol y decidió zanjar ese tema ahí, quizá solo había imaginado que sintió algo. Y por el devenir de los próximos días deseó que la floreciente amistad que nació entre Makoto y Rin fuera, también, solo su imaginación. Pero Makoto insistió en ir una semana completa a la escuela para jugar con Rin; lo cual, no fue del completo agrado de Haruka. En primer lugar, debía compartirlo en la escuela con Matsouka y sus otros compañeros, y cuando estaban en su casa, Makoto no tenía suficiente tiempo para estar juntos, pues debía terminar sus deberes para poder asistir al día siguiente a la escuela.
Haruka apreciaba la compañía de Makoto, pero le gustaba que esa compañía fuera de calidad: que Makoto tuviera la mitad de su atención en Matsouka, mientras estaban en la escuela; y pasara su tiempo libre terminando tareas domésticas, no era su plan ideal para pasar el tiempo con su mejor amigo. Así que Haruka recibió con agrado el día en que las obligaciones de Makoto se acumularon de tal manera, (al parecer uno de los gatos callejeros se había comido todos sus peces) que no pudo acompañarlo a la escuela.
Sin embargo, Rin preguntó por él.
Haruka, por supuesto, lo ignoró. Realmente, estaba harto de las burlas de sus compañeros cuando mencionaba a Makoto sin que él estuviera presente, todos creían que tenía una amiguita imaginaria y no quería agregar a una persona tan insistente como Matsouka a la lista de personas que se burlaban de él.
—Nanase. ¿Por qué Tachibana no vino hoy?—Insistió.
Ante la pregunta directa, Haruka se tomó su tiempo para decidir qué hacer. Se aseguró de que Makoto no estuviera cerca; lo cual era imposible: ese día Makoto acompañaba a su madre al Callejón Diagon.
—¿Quién?—Decidió devolver.
Rin achicó los ojos.
—Tachibana Makoto. El niño que a veces viene a recogerte con tu abuela y que estaba aquí ayer y toda la semana pasada. Le pregunté a la maestra y me dijo que no lo conocía… ¿Por qué no vino hoy? Nanase, respóndeme.
—¿Por qué quieres saber?
—Ah, no me contestes con otras preguntas. Es muy molesto—Gruñó Rin—. Además, estoy haciéndote una pregunta muy sencilla. ¿Por qué Makoto no vino hoy?
—¿Por qué lo llamas por su nombre de pila?
—Porque también es mi amigo—respondió, sin paciencia—. Inclusive, estamos trabajando juntos en el proyecto de educación doméstica.
Haruka frunció el ceño cuando Matsouka le mostró un almohadón con un diseño poco estético. Podría reconocer la poca capacidad de Makoto en tareas manuales en cualquier proyecto malogrado. Sin embargo, lo normal era que el compañero de proyecto de Makoto, en la siguiente clase observara confundido su trabajo y deshiciera lo que Makoto había hecho. Ninguno de sus compañeros podía recordar que hablaron con Makoto, si él no estaba, así que ¿por qué Matsouka sí lo recordaba? ¿A caso el hechizo no funcionaba en Rin?
—Makoto le ayuda a su mamá con las compras… en el Callejón Diagon—dijo Haruka, suavemente, prestando atención a la reacción cuando escuchara del lugar mágico.
Si Rin era un mago, como Makoto, rápidamente sabría de lo que Haruka le hablaba y el reconocimiento de su magia sería mutuo.
—¿En… dónde? ¿Callejón…?
La respuesta le pareció bastante sincera. Matsouka no tenía ni idea de qué era el Callejón Diagon; sin embargo, recordaba a Makoto, lo cual confirmaba que sí había magia en él. Solo alguien con magia, podría sortear el hechizo de la señora Tachibana para ocultar a Makoto.
Entonces, Haruka reconoció que Matsouka era un nacido de muggles, como él.
—¿Cuándo cumples once años?—Le preguntó.
Rin se ruborizó levemente y, sin comprender por qué Nanase quien se había mostrado tan antipático de pronto le hacía una pregunta personal, respondió:
—El 2 de febrero.
Faltaban solo unas semanas para que Rin recibiera su carta.
...
Muchas gracias por leer y llegar hasta aquí.
Quiero expresar mi mayor agradecimiento a skyblue-san y Marcia Andrea por comentar. También gracias a quienes guardaron favorto y pusieron alerta.
Ya apareció Rin y, aunque parezca un capítulo sin mucha magia, sí tiene bastante. En el próximo capítulo, aparecerá Nagisa ¿y será nacido de muggle, squib, mago? Espero atrapar su atención con este Free/HarryPotter que nadie pidió.
Si tienen una consulta o sugerencia, estaré encantada de conocerla.
Nos leemos
nox!
