Aconsejo leer lentamente, despacio este capítulo para que tenga coherencia.
— 2 Capítulo: Dear —.
Se encontraba nervioso, pero feliz. No podía creer o pensar en lo que podría llegar a ocurrir en el momento en que Sesshōmaru entrara a esa habitación. Cerró sus ojos y dejó caer su cuerpo en la mullida y suave cama de su amante.
Sus piernas se movían inquietas. Movió su mano, alargándola hasta tocar el principio de su pijama y deslizarla más debajo de su pierna—hacia arriba al tener su rodilla doblada y su pierna extendida—, debido a la vergüenza de ver lo poco pálidas que se encontraban.
Su pijama, que contrastaba en un pequeño short rojo, llegándole a la mitad de su muslo, le inquietaba un poco y es que; le resultaba muy provocador y más por el color, además de lo corto que era la vestimenta.
Su camisa le molestaba en cierto modo, era de tiras y un poco delgada por lo cual, sin quererlo, sus pezones se notaban, al igual que sus abdominales que estaban levemente marcados. A veces, al usar la ropa, se imaginaba los dedos de Sesshōmaru firmes en su cadera, bajando lentamente su pijama, mientras lamía sus pezones hasta dejarlos erectos.
— Ah, n-no pienses en e-eso, Inuyasha — se regañaba internamente — llevamos tiempo saliendo, nunca ha sido brusco conmigo — cerró sus ojos, recordando su pasado. Lo odiaba, odiaba esa época de su vida donde fue un esclavo, esclavo al que varias veces violaron. Al principio, cuando Sesshōmaru le recogió, le daba vergüenza mostrarse ante él, incluso, cuando le dio su primer beso, le dio vergüenza, esos hombres nunca le habían besado, no como lo hacía su "amo". Muchas veces se sintió asqueado hacia sí mismo, hasta que, se aceptó y decidió olvidar, algo que le fue imposible, muchos de sus sueños le recuerdan esos "sucesos" — Es dulce y no me mira como si fuera un juguete sexual. Lo que agradezco en cierta forma, me da miedo… tengo miedo, a pesar de haberlo hecho muchas veces, tengo miedo — volvió a cerrar sus ojos. Al tener sus dos manos en su pecho, pudo sentir los fuertes latidos de su corazón — miedo.
— ¿De qué? Inuyasha — Inuyasha dio un respingo, moviéndose en la cama bruscamente y volteo su mirada, sin percatarse de que el short se le había subido hasta casi dejar ver uno de sus glúteos.
— Y-Yo… de nada, se… perdón… es que… digo… es la costumbre… quiero decir ¡Oh, Dios! — Golpeó su frente con la palma de su mano, maldiciéndose el haber tartamudeado como loco.
— ¿Decirme señor? — respondió ante los cortes que apenas entendió. Sesshōmaru enarcó una ceja, Inuyasha seguía poniéndose nervioso cuando entraba a su habitación. Y si apenas lo hacía, aun cuando él le había dicho que podía entrar cuando gustara, aun estando dormido.
— ¿Hm? — Sesshōmaru miró a Inuyasha —que estaba boca abajo— y bajó sus ojos por su espalda hasta llagar al trasero o lo poco que se podía ver debajo de ese pijama que él mismo le había comprado y ordenado usar cada que dormía con él, mordiéndose los labios, se imaginó arrancándole esa prenda con los dientes. Ese movimiento no pasó desapercibido por el chico, quien dio un respingo.
Inuyasha suspiró y se sentó, pero se volvió a acostar al ver que su novio se acostaba a su lado. Giró su cabeza y con una de sus manos, agarró la de Sesshōmaru y acercó sus rostros hasta unir sus labios en un tierno beso. Su cuerpo dio un sobresaltó al sentir como Sesshōmaru agarró s u mano libre, y la llevaba a su dura polla por entre su ropa. Acto que hizo estremecer a ambos al sentir el contacto del otro.
El beso se profundizó. Al igual que la caricia por sobre la prenda encima de la entrepierna del mayor por parte de Inuyasha. Sesshōmaru se estremecía y entre el beso daba suspiros y gemidos roncos, que ponían feliz al chico. Sesshōmaru se colocó sobre su novio sin llegar a aplastarle y seguir besándole.
Aprovechando que Inuyasha se dejaba hacer —o al menos eso daba a creer—, soltó la mano de Inuyasha y le incitó a hacerlo por él mismo. Inuyasha asintió y bajó su cremallera, metiendo su mano hasta tocar un poco más a fondo esa dura y caliente carne que empezaba a mojar su ropa interior. Sesshōmaru respingó sorprendido y se separó de Inuyasha.
— Oh — suspiraron ambos —. Lo haces jodidamente bien, Inuyasha… N-No pares… Ah…
— Tócame — pidió el chico, volviendo a atrapar los labios de Sesshōmaru. Abrió sus labios invitando a la lengua de Sesshōmaru a jugar contra la suya y mezclar ambas salivas — Mhhhh — sintió cosquilleos en su vientre cuando la mano de su pareja se posó en su cadera, haciéndole pegar su cintura contra la de él—Sesshōmaru la bajó—. Un poco incómodo con su mano que quedó atrapada, Inuyasha la sacó y desabotonó el pantalón para acceso más a fondo — Ah… cuidado con… ah… las marcas… mhhh — advirtió.
— Tranquilo que este cuello es solo mío ¿no? — Inuyasha asintió un tanto nervioso — y nadie más lo ve… solo tú cuando te ves en el espejo.
— Sí, todo tuyo… mi cuerpo y mi corazón por igual, Sesshōmaru — Inuyasha ladeo su cuello. Dándole más espacio a Sesshōmaru para besar y dejar sus marcas — ¡Gah!
— Dime, Inuyasha — Sesshōmaru se incorporó. Su mano dio una suave y sutil caricia en la mejilla del chico. Inuyasha le miró confuso, hasta que el mayor tocó levemente su nariz. Por inercia cerró los ojos — ¿Te rompieron la nariz?
— Un poco — Inuyasha se sentó. Sus pechos y sus abdómenes se pegaron, a través de ellos podían sentir los latidos de sus corazones. El menor pasó sus brazos por entre el cuello de Sesshōmaru para no caer hacia atrás y quedar tumbado en la cama, de nuevo — pero no le des importancia… bésame — volvió a unir sus labios sin dejar que Sesshōmaru volviera a hablar. Sus respiraciones se aceleraron al igual que sus corazones, sus lenguas se mezclaron al enredarse y al parecer bailar entre sí. Se sentían presionados, entre ese compromiso, —por lo menos Inuyasha, Sesshōmaru no—.
— Besas bien, has aprendido. Ya no muerdes, porque eso hiciste la primera vez que te besé ¿lo recuerdas?
— ¡Me besaste a la fuerza! — Se quejó Inuyasha — Era un niño de doce años, nunca había besado y me habías asustado. Pero, por tu culpa no pude dormir… mis labios hormigueaban y al ser "muy" pequeño, no sabía la razón, se sentía raro y hasta tomé agua para quitarme esa sensación que no era desagradable, pero era rara, y no funcionó — Sesshōmaru se echó a reír y se sentó en la cama, quitándose de encima del chico — ¡No le cacho la gracia! — gritó incorporándose, por completo. El menor abrazó a Sesshōmaru por el cuello, podía sentir los temblores en el cuerpo del otro a causa de las risas, una sonrisa apareció en sus labios y escondió su rostro en el pecho del otro por unos momentos.
Le soltó y le empujó hacia atrás. Pero, ni aun así, Sesshōmaru dejó de reírse. Negó suavemente con la cabeza… a veces ni siquiera podía entender a su pareja, pero esa era una de las cosas que gustaba Inuyasha de él.
Su misterio.
Se acuclilló. Sesshōmaru no le miró, todavía seguía riendo, sin tomar atención a lo que estaba pasando a su alrededor. El chico mordió sus labios y se sentó en el abdomen del mayor. Al cabo de unos momentos, Sesshōmaru ya no reía, solo sonreía y su respiración era agitada. Miró a Inuyasha y suspiro, dejando caer su cabeza para volverla a levantar levemente, solo para ver las acciones de su amado.
— ¿Qué vas a hacer? Cachorrito.
— A este cachorro no le han dado de comer — le dijo Inuyasha insinuante. Se deslizó un poco hacia abajo. Frotó su trasero por entre su fina pijama y el pantalón algo grueso de Sesshōmaru. Puso dos de sus dedos en el pecho de su pareja simulando pies, subió uno, luego el otro y así llegó hasta el botón de la camisa del mayor pero sin dejar de frotarse contra la erección de su pareja — quiere comida, y tiene demasiada hambre. Su dueño es muy desconsiderado ¿no crees?
— Ese cachorro debería de estar castigado.
— ¿Por qué? — Inuyasha detuvo sus movimientos al ser sujetado de las caderas, impidiéndole moverse, colocó las suyas encima de estas e intentó quitarlas en vano — mi amor, déjame. Por favor, suéltame.
— No, cachorrito.
— Me la debes, me han rompido la nariz. Salió mucha.
— Dijiste que no había pasado a mayores — se quejó Sesshōmaru a Inuyasha.
— No quería que te preocuparas de mí en frente de la que se cagó.
— ¿De la que se cagó? — preguntó Sesshōmaru con una sonrisa en los labios.
— Olvídalo, déjalo así. No es de importancia saber, Sessh chan.
— Aun no entiendo, pero… si tú lo dices, entonces lo olvido — Inuyasha rodó los ojos, suspirando. — ¡Oh, vaya! ¿Pero que tenemos aquí? — Se sonrojó al notar que de entre ese fino pantalón de su pijama rojo; se notaba una erección —rematando, no tenía ropa interior—.
— Este… yo…
— ¡Mh! — Inuyasha intentó agarrarse de los hombros de Sesshōmaru al sentir que su cuerpo caía hacia atrás, un poco asustado y su corazón se aceleró — Inuyasha.
— Por favor, no se… no te cases, mi amor.
— Yo…
— Y si lo hace ¿podré seguir a su lado?
— Tutéame — gruñó el mayor — por favor — jadeante, besó a Inuyasha, pero este apartó sus labios segundos después — ¿Inuyasha?
— No quiero — sollozó — no quiero que esta sea nuestra última vez. No quiero sentir o pensar que esta es la última vez que te besaré o que te sentiré. Sesshōmaru, te amo y me duele pensar que estarás con alguien más. No me quiero separar de ti, duele, dolerá y siempre lo hará.
— Inu…
— Házmelo, por favor, Sessh. Házmelo, quiero sentirte.
— Inu, no quiero lastimarte.
— Me lástima más el que te vayas a casar con ella. Me lástimas, demasiado ¿Por qué tuve que enamorarme de ti? — Preguntó con voz quebrada — ¿Por qué? Desde pequeños sabias que te habían comprometido, mi amor ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué me enamoraste? ¿Por qué me besaste? — Negó con su cabeza, limpiando sus lágrimas — ¿Por qué me enamoré de alguien que me corresponde pero no puede estar conmigo?
— ¿Tan malo es?
— ¿El qué?
— El amarme, Inuyasha…
— No lo sé — admitió, derrotado — por favor, si esta será mi última noche contigo, házmelo — juntó sus labios y los movió. Dolía, el pensar que ya no estará más con él, dolía — te amo, te amo Sessh chan — dijo en un suspiro, volviendo a unir sus labios. Agarró a Sesshōmaru de la camisa que todavía tenía puesta —aunque medio desabotonada— y lo jaló hacia él.
— Te amo — respondió Sesshōmaru, correspondiendo — no te alejarás de mí, nunca. Me perteneces tal como te pertenezco a ti. Puedes hacer conmigo lo que quieras. No lo niegues, aunque este con alguien más, te pertenezco. Tienes la llave a mi corazón y puedes hacer con ella lo que quieras.
— ¿En serio?
— Sí — volvió a unir sus labios. Intentando poder tocar más a Inuyasha con su cuerpo — quítame, ayúdame a quitarme la ropa — susurró contra sus labios.
— Sí, — respondió. Sus lenguas jugueteaban juntas, algo posesivas. No dejaban de tocarse y las respiraciones no les faltaban, llevaban años besándose de esa manera, lo cual, pudieron acostumbrarse a pasar así por varios momentos. Inuyasha terminó de desabotonar la camisa, recorrió con sus manos el pecho, el abdomen y subió a los pezones de su pareja — levanta… mhhh… las manos… mhhh — Sesshōmaru gruñó. Incorporándose, se terminó de quitar la camisa y sonrío. El menor bajó su vista al pantalón y lamio sus labios — no puedo esperar — murmuró, tocando con una de sus manos, la erección que tenía su novio.
— Mhh, claro — con ayuda de Inuyasha, quitó sus pantalones. Volvió a posicionarse sobre Inuyasha para volver a besarle y susurrarle al oído — te amo.
— Yo también, mhhhh — sus labios no podían estar un momento sin despegarse, necesitaban estar juntas. Estaban desesperados por sentirse el uno al otro— con mhhh toda mi alma mhhh… Sesshōmaru, al diablo el dolor. Métemela ya.
— Pero…
— Hazlo. Por favor, me duele más que no seamos uno. Quiero sentirte hasta el fondo de mi ser. Sentir como me amas y yo me entrego a ti… con todo mi amor. Disfrutemos esta noche. Un "regalo" — Sesshōmaru entendió y enarcó el ceño, "¿Regalo de boda?"
— Olvida eso, por un momento, olvida. Solo somos tú y yo — Sesshōmaru agarró su rostro y le beso castamente. Junto sus frentes y miró a Inuyasha a los ojos — no hay nadie más, solo tú y yo, te amo y tú me amas — Inuyasha asintió — no te preocupes. Inu chan, mi amado novio.
— ¿Eh? Mhhhh — es la primera vez que Sesshōmaru decía eso, él lo decía pero Sesshōmaru no, solo asentía, pero nunca decía la palabra. El beso que el mayor le dio, le tomó por sorpresa y si apenas pudo corresponderlo — Sessh…
— Disfruta ¿sí?
— Muy bien — respondió, algo inseguro.
— Entonces… ¿quieres sin preparar?
— Sí, quiero el plato fuerte primero, amo — respondió Inuyasha juguetón. Sesshōmaru se posicionó, metió el glande de su pene primero, lentamente. Al ver a Inuyasha cerrar los ojos, arquear su espalda y ronronear, sonrió y metió su virilidad de una estocada — Ahhhh — si apenas y se escuchó el gemido que salió de sus labios — muévete, no esperes.
Un tanto inseguro, Sesshōmaru obedeció.
— ¡Dios! ¿Cómo es posible? — Se preguntó Sesshōmaru, sacando lentamente su miembro y ver como desaparecía ante ese agujero de carne caliente que le ponía loco, al meterlo — ¡Ahhhh! Sigues igual de estrecho que antes, ¡Ahhh! — por respuesta, Inuyasha a como pudo, se contrajo, apretándole más. Sesshōmaru respingo y le miró con una sonrisa — ¡Ahhh! Llevamos tiempo haciendo el amor y ¡Ahhhhh! sigues demasiado apretado, mhhhhhh…
— No sudes ¡Uh! y no grites ¡Ahhhh!
— Y tú, si puedes gritar — dijo burlón — Mhhhh… delicioso.
— Grueso y grande — ronroneó Inuyasha, echando su cabeza hacia atrás.
— ¿Demasiado?
— No — Inuyasha llevó un brazo encima de su cabeza y cerró su palma. Respiraba entrecortado. Sesshōmaru conocía bien su cuerpo, sabía en donde dar para hacerle ver estrellas — ¡Ahhhh! ¡Ahhh! Placentero, rico, delicioso ¡Ahhhhh! ¡Sigue! ¡Motto! ¡Motto! ¡Ahhhh!
— ¡Ahhh! — Sesshōmaru se inclinó para besarle, sus cabellos cayeron como cortina entre sus rostros, que fueron retirados con delicadeza del de Inuyasha — te mhhh amo.
Inuyasha volvió a gemir, cuando Sesshōmaru se apartó de sus labios. Cerrando sus ojos, disfrutó el placer que su amante le daba. Las penetraciones eran placenteras. Conociéndole, Inuyasha sabía que no daría mucho tiempo para que diera con su punto. Sus ojos se abrieron de par en par al sentirlo y gimió más alto.
Podía oír como la cama rechinaba un poco debido a su momento. La mano que estaba por encima de su cabeza, se cerró inconscientemente, apretujando las sábanas fuertemente. Miró hacia abajo, donde podía ver su miembro ser apretujado por sus abdómenes, no sentía la necesidad de auto complacerse, esa fricción le era suficiente, sumándole lo caliente que se encontraba su cuerpo, no sentía la necesidad de masturbarse.
— N-No puedo ¡Ahhhh! ¡Sessh! ¡Ahhhh! — su cuerpo sudaba, su piel estaba aperlada. Se incorporó con los codos, y apoyando su peso en uno solo, agarró el hombro de Sesshōmaru fuertemente — ¡Nahhhh! ¡Nahhahhhh! ¡Sesshōmaru! ¡Ahhhh! — no podría aguantar mucho más. Ese sonido que hacían sus cuerpos cada que Sesshōmaru entraba en él, el golpeteo contra su trasero y sus testículos, lo excitaba, lo ponían a mil, quería más — onegai ¡Ahhhhhhh!
— J-Juntos, mi amor ¡Aghhhhhh! — se miraron a los ojos y sonrieron entre gemidos. Inuyasha le besó los labios y ahogó un gemido cuando se vino entre sus vientres. Sesshōmaru tardó un poco más, hasta que se corrió dentro de su cuerpo.
— Sabes que a mí no — calló sin terminar su oración y se retractó — no importa. Eso fue, demasiado…
— Hermoso y delicioso — Inuyasha asintió. Rodeó con sus brazos el cuello de Sesshōmaru, obligándole a acostarse encima de su cuerpo sin separarse.
— ¿Listo para otra?
— ¿Tienes energías?, cachorrito — Inuyasha asintió.
— Quiero más, dame más, gocemos más, disfrutemos, tú lo dijiste ¿no?
Sesshōmaru ronroneó en respuesta. Volvió a incorporarse, saliendo de Inuyasha. Sus ojos brillaron al mirar como su novio temblaba al sentir que su semilla salía de su cuerpo. Inuyasha abrió sus piernas, dejando su rosada entrada expuesta —algo dilatada—.
Sesshōmaru se inclinó hacia él. Besó sus labios una vez más. Bajó a su cuello donde mordió y chupó a su gusto. Sus manos no se quedaron quietas, apoyó parte de su abdomen en el cuerpo de Inuyasha, y sus dedos aprisionaron los pezones del chico.
— ¡Uh! ¡N-Nahhh!
Hizo un chupete. Pero sus labios siguieron bajando. Bajaron por su clavícula donde Inuyasha suspiró al sentir su aliento, sus labios y su lengua. Un último beso y siguió su recorrido, llegando a los pezones con sus labios, los chupó y mordió —se le daba bien, todo el tiempo lo hace, pensaba Inuyasha— hasta cambiarlos de su color marrón habitual a uno rojizo.
— Duele — se quejó el chico. Sus manos se posaron en las caderas de Sesshōmaru, subiendo y bajando sintiendo su dureza. Sesshōmaru mordía un poco brusco, las chupadas que hacía en sus pezones le hacían sentir que en algún momento saldría sangre — Sessh chan…
— Lo siento — dijo entre risitas. Besó dulcemente los pezones y siguió hacia abajo con esas pequeñas y tiernas caricias en el abdomen, sintiendo como subía y bajaba debido a la irregular respiración que tenía el menor. Simuló embestidas con su lengua en el ombligo de Inuyasha por unos momentos — eres delicioso — siguió bajando hasta que su rostro se topó con la erección del menor.
— No digas, no digas cosas vergonzosas, por favor ¡Kya! — exclamó el chico. Esa calidez que aprisionaba su sexo era placentera y deliciosa. Un poco húmeda pero era cálida. Las manos de Sesshōmaru se posaron un poco más debajo de su miembro, acariciando su entrada y metiendo el dedo — ¡Ahhhhh! — Subió su cadera, embistiendo la boca del mayor y gimió de nuevo.
— Coff, coff, espera, coff, coff, Inu —dijo Sesshōmaru, sacándose el pene de Inuyasha de la boca. Esa embestida le llegó hasta la campanilla de la garganta — coff tenemos todo el tiempo, amor, coff.
— Lo siento, no pude evitarlo — se lamentó apenado.
— No, coff, importa — esperando que Inuyasha no lo volviese a hacer, Sesshōmaru volvió a meterse el sexo de Inuyasha a la boca, pero por precaución, colocó sus manos en la cadera del chico para que este no se moviera.
— ¡Naahhh! ¡Sessh! ¡Ahhhh!
— Cuidado con que te oigan los demás, podemos estar en mi habitación pero tu voz no cambia mucho cuando gimes, sabrán que eres tú.
— N-No, lo siento, n-no puedo evitarlo — jadeante cerró sus ojos, dejándose llevar. Sesshōmaru siguió con su labor, Inuyasha mordía uno de sus puños, acallando esos sonidos que por más que quería dejar salir, no podía.
Sentía los espasmos al querer venirse, no tenía por qué avisar, sabía que a Sesshōmaru le encantaba que se corriera en su boca, total, a los dos no les molestaba. Aun así, no podía más, no aguantaría. Esa boca succionando su miembro, esa lengua cálida y húmeda rodeándole su pene, ese largo dedo acariciando su entrada, raspando un poco pero sin llegar a lastimarle por dentro, lo enloquecía.
A decir verdad, s i lo pensaba mejor; todo lo que hacía Sesshōmaru a su persona; lo enloquecía.
Sus manos se posaron en las costillas de Sesshōmaru —y, casi ni las sentía—, las subió y las volvió a bajar en una suave caricia. Miró a su pareja, algo difícil por las lágrimas de placer, y sonrió. Sesshōmaru se dio cuenta y volvió a verle, sin despegar sus labios de su pene.
Sacó el miembro de su boca y besó su glande. Inuyasha respingó. El contacto visual no se rompió. El mayor rodeó la extensión con una mano, y se metió el glande, su lengua lo probó, lamiendo, cerró sus ojos sintiendo un poco el sabor salado, gracias al líquido pre seminal.
— ¡Nahhh! — gimió Inuyasha. Sintió como esa mano empezaba a moverse, mientras Sesshōmaru seguía entretenido con la punta de su miembro. Lentamente, con cariño y amor — ¡N-No! ¡Gahhhhh! ¡Yo…!
— Hazlo — esa voz. Gruesa, grave, imponente, cerró sus ojos y con las últimas caricias se vino en la mano de su pareja — delicioso.
— De-Deja de decir e-eso.
— ¿Por qué? — preguntó divertido. Empezó a lamerse los dedos, simulando que lo hacía con Inuyasha. Inuyasha pasó saliva y ronroneo.
— Es vergonzoso.
— Ajá ¿Listo?
— Para ¡Ahhhhhhh! ¡Oh, Devils!
— Devilish — murmuró Sesshōmaru ante el grito del menor. Movió su cadera hacia adelante. Y suspiró sintiendo como esa estrechez le aprisionaba de nuevo, no se cansaría.
Agarrando fuerzas de donde pudo, Inuyasha se sentó. Pasó saliva y empujó a Sesshōmaru hacia atrás, quedando este acostado, los dos gimieron por el movimiento algo brusco para sus gustos. Se sentó encima de su entrepierna, tomándose un momento para respirar, Inuyasha sonrió mirando a Sesshōmaru.
— Nunca puedo respirar cuando estoy contigo — dijo Inuyasha jadeante. Sesshōmaru sonrió, sus manos recorrieron el abdomen de Inuyasha, sus dedos se movieron acariciando por donde iban, hasta atrapar los dos pezones del chico. Inuyasha respingó — me has asustado — aceptó, al ver de nuevo el ceño fruncido de su pareja.
— ¿Por qué? — rió el mayor. Empezó a jalar esos botoncitos que tanto amaba probar y tocar — No he hecho nada malo.
— Solo… disfrutas — suspiró Inuyasha en respuesta. Acomodó mejor sus piernas, tomando impulso; levantó la cadera y volvió a bajarla, su entrada se contrajo pero no importó. Repitió el movimiento, ambos gimieron. Sus manos las colocó en el pecho de Sesshōmaru para poder tener un soporte. Sus caderas se movieron más rápido, más contacto, más placer — ¡Naahhh! ¡Sí! ¡Aghhhhhh!
— ¡Ahhh! Inuyasha ¡Uh!
El sonido que hacían sus caderas al chocar cuando bajaba por esa extensión, retumbaban en sus oídos y en la habitación. Echó su cabeza hacia atrás, mordiéndose el labio. Las sábanas las hizo un puño y las colocó detrás de su cabeza. Cuando Inuyasha colocó sus manos en sus caderas, sonrió. Hundió un poco sus dedos en ese lugar y ayudó al chico a moverse.
— ¡Nahhahhhh! ¡Aghhhhhh! ¡Sessh! — Los músculos de sus piernas se habían entumecido y resentido, dolían un poco — ¡Kya! ¡Ahhhhaah! ¡Naahhhh!
Lo ignoró.
Solo se limitó a disfrutar.
Se agachó hasta tocar los labios de Sesshōmaru con los suyos y los movió, incitando al mayor a abrirlos. Su lengua fue bien recibida por otra que ansiaba tocarse, acariciarse cual enredadera. Sus movimientos cesaron por un momento.
Sesshōmaru levantó su cadera, embistiéndole. Inuyasha gimió y río un poco, recordando que él había hecho lo mismo —de otra manera—.
Los músculos de su miembro se tensaron.
"Demasiado placer para aguantar" — pensaron ambos.
Se separó, volviendo a tomar aire. Sus manos se cruzaron con las de Sesshōmaru y entrelazó sus dedos. Su cabello le picaba el rostro cuando le tocaba cada que cabalgaba.
— ¡Nahhhahhhh! ¡Kyah! ¡Sessh…! ¡Sesshōmaru! — gimió el chico. Curvó su espalda y miró el techo. Mordió sus labios y soltó sus manos.
Disfrutaron la noche. Diferentes posiciones, entregándose en cuerpo y alma, como cada vez que lo hacían. Disfrutaron su orgasmo, sonrieron y abrazándose el uno al otro… se durmieron.
Creo que este ha sido el Lemon más largo que he escrito. Quería seguirlo pero… creo que ya es mucho.
2/3 capítulos. Espero os guste y si sí, dejadme rw... ok, no.
