CAPÍTULO 2
EL PRIMER DÍA
Se sentaron en la sala de un horrendo decorado, en el sillón. Zim puso la maleta en el suelo, y luego le dirigió la palabra a Dib.
—Y bien, tenemos media hora antes de que me valla. ¿De qué quieres hablar, Dib Apestoso? — ¡Vaya! Han pasado muchos años de que Zim y Dib se hicieron amigos, y simplemente el irken no se quita la costumbre de llamarlo "apestoso". Después del comentario, unos breves segundos de silencio, hasta que Dib abrió la boca.
— ¿Te acuerdas del día en que empezamos a ser amigos, Zim?
Y empezó a recordar…
Era un día soleado, eso se puede recordar muy bien. Zim y Dib se dirigían a la Eskuela, guardando una muy buena distancia el uno del otro. Pero Zim podía sentir la mirada del niño de cabeza grande sobre de él, a fin de que se volvía demasiado molesto.
—De acuerdo, ¿Qué quieres Dib? Me has seguido así el último mes, pero no haces ninguno de tus estúpidos comentarios, o dices algún discurso de porqué no puedo conquistar tu apestoso planeta. —Zim rompió con el silencio.
—Nada, simplemente no planeo hacer nada. Y decidí dejarte en paz. —respondió Dib muy sereno.
— ¡MIENTES! —gritó Zim ante la respuesta del humano. —Tú nunca dejas de acosarme día y noche, pero usualmente lo haces con el fin de detener mis planes de destruir tu insignificante planeta. Pero ahora es distinto, sí, todavía me sigues, pero con otro fin. La pregunta es ¿Con qué fin persigues ahora al Gran Zim?
— ¿Qué acaso una persona no puede ver todo lo que haces porque sí? —Dijo Dib, quien empezaba a molestarse.
—Claro que no.
Dib no habló más… Dado que no tenía nada que decir. Bajó la mirada, y empezó a hacer círculos con su pié. Empezó a tartamudear, pues no sabía ni qué decir ni cómo decirlo. Y para empezar, ¿Qué era lo que quería decir? Finalmente, rompió el silencio.
—Bueno… La verdad, parece que empiezas a agradarme. Creo que ya no te odio…
— ¡MIENTES!... Aunque, puede que estés diciendo la verdad. Es demasiado obvio que tú no sabes mentir, puedo oler tus mentiras a kilómetros de distancia.
—Entonces, ¿Qué dices Zim? ¿Amigos? —dijo Dib sonriendo y extendiendo su mano derecha. Zim observó detenidamente, como queriendo examinarla y ver que Dib no planeara absolutamente nada. Cuando pudo cerciorarse de que estaba seguro, estrechó la mano del humano.
— ¡SÍ! Fue algo realmente extraño. —gritó Zim en una carcajada al recordar la escena.
Ese día, en la Eskuela, la señorita Bitters se puso a hacer lo que debió hacer hace mucho tiempo en toda su carrera de maestra: Enseñar. Y por primera vez, hizo un buen proyecto para la clase… O lo más cercano a eso.
—Muy bien, pequeños engendros. Hoy trabajarán en parejas. Harán un resumen de Por qué la vida es tan horrible. COMIENCEN.
Como se imaginarán, Zim y Dib fueron los únicos que se habían quedado sin una pareja de trabajo, por lo que la señorita Bitters los juntó en una mesita. Lo que nadie, realmente nadie se esperaba, fue que ninguno de los dos pusiera un "Pero". Es más, lo interesante fue que ambos se pusieron a trabajar y platicar al mismo tiempo. Nadie podía quitar la vista a la escena. Dib y Zim, sentados juntos, platicando como si no se odiaran… O al menos como si no fueran un par de chicos extraños.
Algo es obvio… TRAUMARON A LA CLASE ENTERA
Al final del día, se fueron caminando juntos, Gaz tomó el autobús, ya que no soporta caminar tanto cuando juega el Game Slave. Así que sólo eran Zim y Dib.
—Y… ¿Por qué te empecé a agradar, Dib? —la pregunta del irken fue totalmente inevitable.
—Bueno… —se puso a pensar Dib. —La verdad me empezó a parecer tonto que siempre estemos peleando, y para ser sincero tú no das para dominar la tierra…
— ¿Cómo que no doy lo suficiente para dominar la tierra? No sabes de qué hablas, estúpida larva humana…
—Déjalo Zim, eso quedó en el pasado.
Siguieron caminando, hasta que llegaron a donde los dos tomaban calles distintas para llegar a sus casas. Pero, por alguna razón, Dib quería estar más tiempo con Zim.
—Em… ¿Te puedo acompañar a tu casa, Zim?
—No lo se, ¿Por qué? —preguntó Zim. La desconfianza se dibujaba en su cara.
—Porque me gustaría pasar una tarde en tu casa. Eso hacen los amigos.
— ¿De verdad?
—Sí, cuando los humanos son amigos, pasan a hacer cosas a casa de sus amigos. A comer, jugar, incluso a dormir. —Esa última idea hizo que Dib se ruborizara, y apartó tímidamente la mirada de los ojos falsos de Zim.
—Si es una práctica humana, no me queda de otra. Debo aparentar ser un humano, y un gran humano. Debo ser incluso más humano que los humanos… Está bien, puedes acompañarme.
Al llegar a la casa de color verde con tubos saliéndole por los lados, Zim invitó a Dib a pasar. Al entrar, encontraron a Gir sentado como niño bueno y estúpido en el sillón viendo al Mono Enojado en la TV. Cuando notó que su Amo llegaba a la casa con un humano, rápidamente y como pudo se puso el disfraz de perro.
—Buenos días Amo… Quiero decir "Miau". —dijo Gir con mucha felicidad al ver a Zim.
—No hay necesidad de disfraces, Gir. Ahora la larva humana Dib es mi amigo.
—Oh… Se ve que tienen ganas de waffles. —y Gir se fue contento a la cocina a preparar los waffles.
—Ese robot es algo estúpido, pero también es lindo. —dijo Dib como una especie de cumplido hacia Gir.
—No es estúpido, es avanzado. —contestó Zim, muestra de que aún creía ciegamente en la mentira de los Más Altos.
Al cabo de unos cuantos minutos de estar sentados en el sofá sin hacer ni decir nada, Gir llegó y los tomó a cada uno de la mano y los llevó a la mesa.
—Coman waffles, los harán felices. —dijo el robot al momento que dejaba un plato enorme de waffles en la mesa… Y después tomar uno aún más grande para él y el cerdo.
—Linda casa, Zim. —dijo Dib, intentando romper un poco el silencio.
—Sí, es un disfraz perfecto. —le respondió el irken, obviamente ignorando la rareza de su morada.
—Fue un lindo día. Me gusta acordarme de ese día. —suspiró Dib mientras se recostaba. Cerró los ojos y dibujó una sonrisa en su boca.
—Sí, la verdad me gustó mucho ese día. Desde entonces me volví fan de los waffles… Bueno, me gustaron más.
Pero era en serio. Esos waffles fueron los mejores que pudo comer, y nunca pudieron saber mejor.
CONTINUARÁ…
