N/A: Feliz día de San valentín, acá todavía quedan 10 minutos, me esforzé por alcanzar este día... Y ni siquiera suelo celebrarlo. Espero les guste este capítulo.
A Guest: Espero te agrade igual este capítulo, saludos! :)
Capítulo 2
Estaba desorientada y confundida, pusó sus manos en su cabeza por una leve jaqueca que amenaza con aumentar. Algo se removió debajo debajo de ella y sintió que había un incómodo bulto, intentó ponerse de pie pero volvió a caerse cuando descubrió a Draco Malfoy dirigiéndole una mirada asesina.
-No soy tu asiento, Weasley..- Dijo arrastrando las palabras y la empujó bruscamente. Ginny se levantó de un salto alejándose de él, y miró a su alrededor dandose cuenta de que no había más almas cerca, sin dudarlo dos veces, sacó su varita de un bolsillo y lo señaló.
-No soy tu rehén.- Dijo recordando cómo había llegado ahí.- Y me voy ahora.- Observó el rostro sorprendido de Malfoy y luego su pálida mano sujetando firmemente una varita, era la misma qué había utilizado en el Ministerio para someterla.- ¡No te muevas!.- Exclamó consciente de lo sola que se encontraba, en un desconocido e inhóspito lugar y con Malfoy, quién era catalogado cómo un mago extremadamente peligroso.
Sin dudarlo un segundo, cerró los párpados con fuerza utilizando la aparición para marcharse al instante. No sintió el incómodo jalón propio del viaje. Abrió nuevamente los ojos para darse cuenta con horror, qué seguía de pie frente a ese sucio delincuente qué mostraba una amplia sonrisa burlona mientras la observaba tranquilamente sentado desde el suelo.
-No funciona porque este lugar no permite apariciones.- Ella le dió un breve vistazo al desolado paraje, no distinguió más que verde pasto, arbustos y árboles a la distancia. Él se levantó lentamente, provocando que la pelirroja retrocediera unos pasos.- Y los trasladores son imposibles de detectar.-
- Harry vendrá pronto a rescatarme.- Él señaló con su varita a sus propias muñecas y murmuró un hechizo, las cadenas se aflojaron haciendo un sonido seco al golpear la tierra.
-Lo dudo pelirroja.- Guardó su varita con calma en un viejo bolsillo de su feo uniforme a rayas.- Estamos lejos de Londres. Hay algunos pueblos muggles, muy, pero muy lejos de aquí...- Recalcó.- Y ahí no encontrarás ninguna red flu... Puedes irte. Ya no me eres útil.- Dijo dandole la espalda y se abrio paso entre una ligera maleza, perdiéndose de vista rápidamente.
Ella lo observó incrédula. Se repitió a sí misma que estaría más segura sin él.
Sin otra opción y queriendo regresar con su familia y con Harry, se encaminó tomando la dirección contraria qué había tomado Malfoy, adentrándose en una tupida arboleda y en busca de uno de esos pueblos muggles.
El escabroso suelo la hacía trastabillar constantemente, se arrepintió de usar sus tacones favoritos ese día. Harry estaba de buen humor esa mañana, y había quedado en llevarla al restaurante que tanto les gustaba, donde recibían trato preferencial y había una gran variedad de platillos y postres exquisitos.
Confiaba plenamente en las habilidades de Harry, y estaba segura que no tardaría en ir por ella, sólo debía mantenerse segura hasta entonces.
Después de caminar torpemente un corto trayecto, se percató de qué el lugar tenía demasiado verde, árboles muy altos, conforme avanzaba los troncos eran más gruesos y abundantes, y sus ramajes más frondosos; se tropezó con la gruesa raíz de un robusto árbol y evitando caerse se sostuvo con una mano del tronco.
-¡Aghh, qué asco!- Exclamó mirando con repulsión su palma cubierta de un musgo verde y húmedo, la sacudió en el aire en un vano intento por deshacerse de él. El repentino aullido de un lobo la hizó maldecir por lo bajo, se quitó los tacones y apuntó con su varita en dirección al nuevo aullido que se hizó sonar más cerca.
Estaba agotado y hambriento, los últimos días habían sido una pesadilla. Respiró más tranquilo cuando encontró la angosta vereda que lo guiaría a la discreta cabaña de Pansy, todavía tendría que caminar todo el día y atravesar un trayecto complicado, pero esperaba que estuviera preparada para su estadía; el simple pensamiento de un buen baño con suficiente jabón, ropa limpia, y una deliciosa y abundante comida, lo hizo sonreir de anticipación.
La última vez que había estado ahí, se había burlado de la simpleza del lugar y de la falta de un elfo doméstico a su disposición, Blaise lo había secundado alegando la fealdad de la cabaña, y Pansy y Theo hablaban de lo divertido qué era estar finalmente sin supervisión, lejos de Hogwarts. Ese recuerdo le dolió, ya no era el mismo que había sido y deseó ser capaz de borrar sus memorias para evitarse el dolor. Pero a su padre sólo lo tenía en sus recuerdos, había sido su modelo a seguir, y lo admiraba a pesar de sus errores, había intentado enmendarse y ante sus ojos había querido lo mejor para su familia. Sólo esperaba tener la oportunidad de cobrar venganza por su muerte.
En el cielo abierto no había una sola nube y el calor comenzaba a incrementarse, y su fatiga y su sed aumentaban.
Todavía le costaba acostumbrarse a la idea de no ser dueño de nada, cuando siempre vislumbro una vida gloriosa para él. Ya debería ser el amo de Malfoy Manor y no estar huyendo cómo un cobarde, con un existencia miserable y con un futuro incierto; y a pesar de todo, las ausencias de sus padres eran lo que más lamentaba.
Recordó lo cerca que estuvó de perderse para siempre en Azkaban, y se sintió aliviado por contar con una amiga cómo Pansy; buscaría la forma de saber de ella; era cómplice de su escape y de llevarse con él a la pelirroja, quién probablemente no sobreviviría sola, porque sabrá hechizos bobos, cómo el mocomúrcielago que una vez usó contra él en Hogwarts, pero ese lugar era distinto, y él la abandonó sin miramientos, donde criaturas mágicas y no mágicas rondaban buscando una débil presa que devorar; y si ella moría, lo que era muy probable, él sería culpado por ello, y Pansy también. Un crimen qué agregar a su lista.
-Mierda.- Murmuró entre dientes, detuvó su andar, no quería cargar con ella, y tampoco confiaba en que no lo fuera a atacar o a buscar la manera de delatarlo. Necesitaba tiempo para pensar que hacer, tiempo con el qué no contaba. Lo mejor sería llevarla a un lugar seguro y dejarla ahí.
Delvolvió sus pasos con rápidez y pronto se encontro corriendo, los arbustos y algunos árboles le impedían avanzar libremente, y su propio estado físico era contraproducente.
Con la respiración agitada llegó al lugar donde habían estado, descubrió con inquietud que ella se había marchado. Era de esperarse que no se lo dejara fácil, apretó su varita con fuerza y pensó en lo difícil que sería encontrarla a tiempo, sintiéndose impotente pateó una piedrita que rebotó en el suelo haciendo un leve sonido, inmediatamente lo siguió el grito de una mujer, reconoció la voz de la pelirroja y sin perder un segundo corrió en dirección a los gritos que se hacían más insistentes. Temía lo peor, ella se había adentrado en el bosque, probablemente era demasiado tarde, y ya era el alimento de alguna bestia.
El sol estaba en su esplendor, pero en esa parte del bosque, la espesura de los árboles impedía que atravesara la luz y dificultando qué la viera fácilmente. Ya no escuchaba sus gritos, en cambio escuchó los gruñidos de algunas bestias, apresurado y temiendo más por el destino de Pansy y de él qué por el de la pelirroja, se tambaleo tropezando con un montículo de tierra, mechones de su largo cabello cubrieron su visión, con un movimiento se quitó los cabellos del rostro y ahí estaba ella, arrinconada bajo un enorme tronco, rodeada por una manada de lobos feroces.
Nunca antes había visto tantos lobos juntos, ni siquiera podía contabilizarlos, y parecían llegar más a cada instante rodeando cualquier salida. Sin perder más tiempo Malfoy apuntó a los animales qué estaban cerca de la pelirroja, y sin darles tregua comenzó a lanzar hechizos, primero algunos desmaius, dejando inconscientes a una docena de lobos y después depulso, lanzandolos por los aires para golpearse contra troncos de árboles y contra el áspero suelo al caer con violencia. Los animales se dirigieron a él con rabia, y comenzarón a saltarle encima mostrando sus filosos colmillos. Draco usó crucios, sacandoles chillidos estrenduosos y logrando que los pocos que estaban ilesos se retiraran huyendo despavoridos. Buscó a la Weasley con la mirada, la encontró sentada en la tierra furiosa lanzando piedras a los lobos que ya corrían lejos. Le provocó una sonrisa comprobar que era una gryffingor, no era un cumplido necesariamente.
Aún respirando agitado y agotado, se acercó unos pasos a ella.- ¿Y tu varita?- Preguntó cuando asimiló que estaba desarmada. Ella lo miró aún enojada.
-Eran demasiados... Uno salió de la nada y bueno, ya no cuento con ella.- Dijo volteando su rostro.
-Mierda.- Eso no era parte del plan, una bruja sin varita era cómo un desvalido. No quería a alguien dependiento su seguridad en él.
Su plan no podía cambiar, la dejaría en un lugar seguro y recobraría lo poco que le quedaba de libertad. La observó impaciente esperando qué se pusiera de pie.
Ella parecía avergonzada.- Mi tobillo.- Dijo mirando su propio tobillo.- Él se inclinó y la señaló con su varita.
-Episkey.- Ginny había cerrado los ojos con fuerza, cómo esperando un ataque, abrió lentamente sus ojos café hacia él y luego a su tobillo, suspiró aliviada mientras masajeaba su parte sanada.
-M.. Gracias Malfoy.- Pronunció aún evitando mirarlo.
-Si.- Respondió secamente, no lo hacia por compasión ni nada parecido, estaba salvando a Pansy y a él mismo.-Vamos.- Ordenó dandole la espalda y esperando qué ella se levantara del suelo.
-¿A donde?- Preguntó con desconfianza.
-No estas en posición de obtener respuestas.- Él avanzó con largos pasos, Ginny qué seguía descalza, recogió rápidamente sus tacones y a regañadientes lo siguió casi corriendo.
-Eres muy grosero Malfoy.- Dijo caminando detrás de él con dificultad.
-Acabo de salvar tu vida.- Mencionó sin disminuir sus pasos, y disfrutando verla esforzarse para igualarlo.- Se agradecida Weasley.-
La pelirroja era impredecible, aún sin varita, no confiaba en ella, pero ir en sus condiciones y sin alimento a un lejano pueblo muggle sería un suicidio. Sin otra alternativa viable, la llevaría a la cabaña.
-Auch.- Se quejó Ginny, mientras revisaba la planta de su pie derecho.- Pisé algo.. Creo qué me lastimé.-
Malfoy entrecerró sus ojos grises y apretó los labios.- Dame esos zapatos.- Ordenó exasperado.
-¿Mis zapatillas?- Las abrazó en su pecho.-¿Para qué las quieres?- El rubio se las arrebató, y con dos rápidos movimientos se las entregó sin los tacones.
-Listo.- Ella miró sus tacones rotos y después a él con todo el rencor del que fue capaz, y sin cambiar su expresión se pusó lo que había quedado de ellos.
Malfoy sonrió burlonamente mientras le daba la espalda, pensó en lo divertido que era molestar a la novia de Potter, desquitándose indirectamente, sólo un poco, comparado con lo mucho que el cuatro ojos le había jodido la vida.
