Sehundo cap.... Aquí la historia de mi querido Toboe... (parece que nadie me lee... pero no recurrire a la lastima y seguire publicando!)


Esa mañana, Toboe despertó a los señores Nojara, como siempre.

El señor Nojara, un funcionario del municipio que vivía en la ciudad con su familia desde hacía un año, le rascó las orejas mientras desayunaba. La señora Nojara, dedicándole su dulce sonrisa, lo envió a despertar a Magui.

Magui, la única hija del matrimonio, tenía 16 años y en ese momento dormía profundamente. Toboe entró a su habitación y le lamió la cara con suavidad.

- Buen día, mi perrito - lo saludo la joven

Ella se levantó y su mascota salió meneando la cola.

Toboe volvió a la cocina y se hecho a los pies del señor Nojara, como haría cualquier perro. Pero él no era un perro, era un lobo. No tenía ni el orgullo ni el tamaño de la mayoría, pero lo era.

Recordaba que, de cachorro, había formado parte de una manda. Pero los soldados los habían matado a todos. Él sobrevivió y fue rescatado por Magui, cuando ella tenía 10 años. Al principio, había intentado morderla, pero ella muy decidida lo llevó a su casa y convenció a sus padres. Desde entonces, había elegido ser la fiel mascota de esa familia y su instinto había dejado de luchar contra esa realidad.

- ¡Me voy a la escuela! – dijo Magui al terminar su desayuno

Toboe la siguió todo el camino. Sólo había una escuela y se encontraba en el centro de la ciudad. Para llegar, mascota y ama atravesaban todo el barrio de clase alta, donde se encontraba su casa, y se dirigían hacía el sur. A los señores Nojara los tranquilizaba saber que su hija (que detestaba andar en auto) fuera acompañada por su perro, por que desconfiaban de la gente de clase inferior. Su hija, al contrario de sus padres, se llevaba muy bien con los vecinos de la escuela y los saludaba con energía cada mañana. Ella y Toboe disfrutaban mucho del recorrido.

Al llegar a la puerta de la escuela, ella se dio vuelta y le dijo:

- Espérame aquí. No te muevas hasta que yo salga.

Toboe se sentó obedientemente, pero en cuanto ella entró al edificio, salió corriendo. Recorrer los barrios bajos había sido su principal diversión los primeros meses, mientras ella estaba en la escuela.

Caminó tranquiló por las calles, ignorando a las personas que se impresionaban al verlo pasar. La mayoría de los vecinos de la zona se habían acostumbrado a verlo, siempre entre las mismas horas. Ahuyentó un par de perros pequeños, se dejó acariciar por unos niños y finalmente se cruzó con unos cuervos.

Estaban muy nerviosos. Comentaban algo sobre un paquete que llegaría la ciudad. No les hizo caso, poco le importaba lo que entraba o salía de la ciudad.

Un rato más tarde, escuchó la campana anunciando el fin de las clases. Lo pensó un segundo, y se decidió. Se escondió en un callejón, asegurándose de que nadie lo viera, y aspiró profundo.

"Con calma, con mucha calma" pensó.

Abrió los ojos, lo había logrado. Había tomado apariencia humana.

Al poco tiempo, escuchó a Magui llamándolo.

- ¡Toboe! ¡Toboe!

Se acercó en silenció y le salió al paso de golpe.

- ¿Otra vez buscando a tu perro, Magui?

- ¡Ah!... Toboe, me asustaste – lo regaño ella sonriendo – Y si, mi perro se fue de nuevo…

- Supongo que otra vez te voy a tener que ayudar a buscarlo

- No te lo estoy pidiendo y nunca te lo pedí… Además, siempre te vas antes de que aparezca dando una excusa tonta, sólo porque te cansas de buscar

- Si vengo, es porque siempre creo que me estás llamando a mí. No tengo la culpa de tener el mismo nombre que tu perro.

- Nadie te pide que te quedes – dijo ella haciéndose la malhumorada. La verdad le gustaba encontrarse con ese chico, era amable y muy lindo, desde la primera vez había sido el único en ofrecerse a buscar con ella.

Empezaron a caminar juntos, gritando en cada esquina. Toboe disfrutaba mucho de esas caminatas, aunque le parecía gracioso llamarse a si mismo.

- Es muy raro… - dijo ella luego de un rato – Mi perro casi nunca desobedece y siempre que lo hace me encuentro contigo… No lo estarás secuestrando, ¿verdad?

- ¡Claro que no! Pienso que, en realidad, no tienes ningún perro, sólo fingís que lo perdiste para poder llamarme

Ella se sonrojó.

- Si, seguro – dijo sarcásticamente – Si quisiera llamarte lo haría sin poner excusas.

Antes de poder contestar, algo los interrumpió. El ruido de guardias al avanzar. Toboe se puso nervioso y sintió que lo invadía una emoción desconocida.

- ¿Pasa algo, Toboe?

- Me tengo que ir…

Sin dar más explicaciones, salió corriendo. Apenas alcanzó a escuchar a Magui quejarse:

- ¡Siempre lo mismo!

Una vez seguro de que Magui no lo veía, recuperó su forma de lobo. Continuó marchando hacía el norte, hacía los barrios altos. Vio a los soldados marchar en la misma dirección. Custodiaban un gran paquete cubierto por una manta. Toboe no podía ver que era, pero su instinto le gritaba que era importante. Finalmente los soldados llegaron a un gran edificio y el lobo los observó de lejos. Ese lugar, según creía había dicho el señor Nojara, era el laboratorio.

Cuando la puerta se abrió, Toboe se llenó de desilusión. No podría saber que había allí dentro. Tan seguro estaba de eso, que lo que sucedió después lo tomó desprevenido.

Un aullido fuerte y cargado de sentimiento salió del paquete. Hizo eco por los callejones, pero más aún en la cabeza de Toboe. Algo en su interior se rompió, los instintos lobunos, tanto tiempo dormidos, despertaron y se apoderaron de su cuerpo. Un deseo profundo de libertad llenó su corazón, un deseo tan ancestral y antiguo que provenía del recuerdo de todos sus antepasados. La experiencia de todos los lobos que lo habían precedido le mostró los paisajes, los olores, los sabores, los sonidos de lo salvaje y el joven lobo quiso con todas sus fuerzas saltar a ayudar a ese hermano enjaulado y huir con él de la ciudad.

Pero una parte de él aún era la fiel mascota de una familia humana, y fue esa parte quien evitó que Toboe cometiera la estupidez de arremeter contra los soldados. Sintiéndose otro, el lobo dio media vuelta y regresó junto a su ama. Cuando lo encontró, Magui le dio un gran abrazo, riendo junto a su oreja:

- ¡Que bueno! Ya me estaba preocupando… No vuelvas a hacerlo, por favor. No quiero que te vayas nunca…

Toboe lamió su cara y supo que jamás podría satisfacer ese deseo de libertad, jamás podría abandonar a su amada Magui.

De todas formas, ahora no podía quedarse tranquilo. Le preocupaba ese otro lobo, el que había sido encerrado. Decidió que esa noche intentaría liberarlo.

Mientras el lobo planeaba su noche, Magui caminaba muy tranquila a su lado, pensando en el lindo hico que se llamaba igual que su perro.


Siempre he tenido la sensación de que este cap me queda un tanto cursi y tonto... Luego lo vuelvo a leer y lo vuelvo a leer y lo cambio allá y acá y no me decido a subirlo... ¡Es la única excusa que tengo por tardarme tanto en continuar esta historia! Prometo subir caps más rapido, no se enojen.

Aullen conmigo a la luna roja!

Oh My Bonnie!