Esa mañana despertó más tarde de lo habitual. Con pesar abrió los ojos, fatigado de la vida, en especial por tener que ir aún a la escuela a pesar de, técnicamente, haber aprobado casi todas sus materias.
Era evidente que no estaba de humor, se debía a que se desveló esperando la lluvia de estrellas que sucedería por primera vez en 10 años.
Había visto una antes, cuando apenas tenía 8 años le pidió a las estrellas que le presenten a su Soulmate. Después pensó que era un deseo tonto, porque en cualquier momento se lo encontraría. Y se sintió más tonto cuando pasaron los años y nunca lo encontró.
La noche pasada ya no pidió nada porque nada sucedía, pero la vista que daba era suficiente para mantenerlo despierto hasta la madrugada. Poco le importaba si no lograba entrar a su primera clase.
Ver las estrellas lograba distraer su mente.
Bajó bostezando, cerrando el cierre de su chamarra. Su madre que se hallaba leyendo una revista levantó su mirada para encontrarse con su hijo más grande.
La mirada que le dio Craig, una que le expresaba el poco interés que sentía en el momento le indicó que debía reprenderlo. Sea por la razón que sea.
—¡Craig! ¡Mira la hora! ¡Deberías estar en la escuela!
Él dio un respingo. No esperaba que desde tan temprano escuchara la voz subida de tono de su madre.
—Calma, solo es geografía.
—¡Eso da igual! ¡Estás en tu última semana de escuela!
Craig rodeó la mesa para sacar el jugo del refrigerador. Quería tomar directo del empaque, aunque a su madre no le guste era más fácil y rápido que buscar un vaso y servirse.
—Ya estás a punto de ir a la universidad Craig, deberías tomar tus estudios en serio.
—Y lo hago, pero tú sabes de qué hablamos. Geografía, el maestro Garrison. No necesito de eso en la universidad.
Laura suspiró, se levantó de la silla y fue al fregadero para lavarse las manos.
Esa fue su oportunidad de Craig para beber directo de la boquilla.
Después colocó el jugo de vuelta en su lugar.
Estaba pensando en irse de una vez hasta que Laura le volvió a llamar, entonces se quedó parado al lado de la puerta.
—¿Estás seguro que no quieres irte de South Park? Podrías ir a estudiar astronomía en Denver. Sabes que el dinero no es un problema.
Craig le sonrió para después negar con la cabeza. No pensaba irse de South Park, no había contemplado eso en sus planes. Él aún mantenía la esperanza que su alma gemela se hallaba escondida en algún rincón de ahí. Aún le quedaban cafeterías que visitar al otro lado de la ciudad.
Quería mantener sus esperanzas que su Soulmate no estaba tan lejos de él.
—Estoy bien con veterinaria, en serio me gustaría estudiar eso. No tienes que preocuparte —su madre le dio una sonrisa también. —Entonces me voy a la escuela.
Salió sin más, tomando el camino corto para la escuela. Planeando que hacer esa tarde. Planeaba ir a la nueva tienda de té que abrió la semana pasada, una con temática oriental, parecido a un dojo.
No estaba seguro de que tendría dentro la taza en su pulgar, pero con el humo que se veía en su marca, supuso que sería una bebida caliente famosa, tal vez té o café.
Debía admitir que le gustaba más el té. Le resultaba relajante.
Así que deseaba con todo su ser que su Soulmate también fuera amante del té.
Antes de darse cuenta ya estaba en la escuela, andando por los pasillos y mirando las mismas caras conocidas de siempre.
Token y Clyde le recibieron con una sonrisa y siguieron hablando entre ellos. Giró su vista por el salón, observando a Kevin sentado unas sillas delante de ellos, mensajeando. Con Red seguramente.
Miró más adelante, ahí estaban Stan y Wendy, distraídos en sus celulares, pero sentados uno al lado del otro.
Solo ellos tenían la dicha de haber encontrado a sus almas gemelas. Como los envidiaba.
Encontrarlos era más difícil de lo que parecía, porque nunca estabas seguro por completo si era la persona indicada. ¿Y si confundía a una alguien cualquiera con su Soulmate? Ese sería un error que jamás se perdonaría.
Mucha gente llegaba a tener cientos de parejas sin que ninguna de ellas fuera su Soulmate. En realidad, casi todos los de su salón habían tenido pareja antes, pero Craig no, él era más reservado, completamente fiel a su Soulmate. Chicas antes se le acercaron creyendo que él era el correcto, pero Craig solo decía: «No, tu marca de nacimiento puede coincidir, pero la mía no».
Las clases continuaron brindando pensamientos analíticos en el pelinegro. Su tarde había sido planeada.
Cuando la campana sonó para acabar la jornada del día, Kevin se le acercó sonriente. Le dio un saludo amistoso para alivianar el ambiente, pues a pesar de ser el Soulmate de su prima, Craig esperaba pacientemente que cometiera un error para golpearlo. Qué podía decir, era muy sobreprotector.
—Hay una feria de estrellas en la tarde. ¿Por qué no vamos a echar un ojo?
Sonrió, a punto de aceptar.
—Ay, no creo poder. Pensaba ir al dojo de té hoy.
—Oh, solo un rato, si quieres te acompaño al dojo. Red no quiere ir y tampoco me gustaría ir solo, por favor.
—Ehh... —De verdad quería pasar toda la tarde en el dojo.
—Por favor Craig.
—Ehh... —Tal vez hoy era el día para conocerlo, uno nunca puede estar seguro.
—Habrá una plática sobre la lluvia de estrellas que sucedió ayer en la noche.
No iría, lo haría por su Soulmate, por el amor de su vida debía negarse a sus pasatiempos...
—Bueno, solo un rato.
—¡Genial! Entonces te veré ahí.
Y se fue aún más sontiente. Craig intentó contener la emoción al saber que iría a una plática sobre la lluvia de estrellas.
Empacó sus pertenencias y se dirigió de una vez al dojo. Pasaron los segundos, lo minutos y las horas. Luego se quejó consigo mismo y con la sociedad.
¡¿Por qué los jóvenes no asistían a lugares tan lindos como este?! Pudo ver a unas mesas un grupo de chicos y algunas parejas ya mayores. Pero estaba convencido que ninguno de ellos eran su Soulmate, es decir, debía ser una chica y no había ninguna cerca.
Así se mantuvo algunas horas más, distrayendose en los libros de veterinaria que llevo consigo para estudiar.
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Salió del dojo. ¡Ya era muy tarde! Corrió apresurado por las calles cuidando no golpear a las personas en su carrera.
¡Red iba a matarlo! Porque a ella le molestaba más que su Soulmate fuera plantado, le enojaba mucho más que a Kevin.
Por lo que atrasarse más no era una opción. Cuando vio el edificio de la convención respiró más relajado. Buscó a Kevin y anduvo a su lado por todo el tiempo que duró la plática.
A ambos les brillaron los ojos durante las dos horas en la convención. Al fin ambos se sentaron en una banca larga, bebiendo de sus vasos con temática de naves en sus tapas. Ni siquiera hablaban entre ellos, solo miraban todo a su alrededor, pero Kevin soltó un comentario al aire para iniciar una conversación.
—Jamás me hubiera imaginado que conocería a Red en un evento nerd como este.
Craig procuro tragar para no atragantarse.
—Si, que suerte tienes que la arrastré por la falta de amigos nerds —bromeó Craig.
—Su marca es muy bonita, no entiendo como la convencieron que no es así —Kevin sonrió al recordarla.
—Es el poder de las mujeres que crítican todo. Siempre escuche una crítica diferente a la otra, por su cabello, su nariz, incluso la ropa. Las chicas solo a eso se dedican.
Kevin ensanchó aún más la sonrisa.
—Yo te creo. Mi hermana siempre viene con una crítica nueva hacia sus amigas. A veces escuchó a Red reírse por como visten las personas en la calle.
—Son demonios —dijo Craig.
—Demonios lindos.
En ese momento Craig soltó su carcajada. Se puso a pensar en lo genial que debe ser que tu Soulmate te cuente todo, hasta las críticas tontas que vienen a su mente.
¿Qué criticaría su Soulmate cuando está aburrida?
Ambos chicos se despidieron en la salida de la convención cuando cayó la noche. Craig salió relajado y con las pilas llenas.
Le gustaba escuchar las anécdotas de las personas respecto a sus Soulmates.
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Tweek se encontraba caminando en la acera, tomando con firmeza la mano contraria. Estaba con Lola, una simpática chica de cabellos castaños y ojos azules hipnotizantes.
Ambos jóvenes miraban las estrellas mientras se dirigían al hogar de Lola, a punto de regresarla para que se halle segura sin la necesidad de que tenga que caminar sola por las calles nocturnas.
Podría decirse que Tweek era un caballero. Claro, su pareja se sentía tan afortunada que tenerlo como su Soulmate, también por haberlo conocido tan pronto.
Todo indicaba que era su alma gemela. La forma en la que se miraban, la confianza que se tenían, incluso las marcas, hasta cierto punto, coincidían. Gracias a Tweek, ella amaba su marca en forma de ave.
Tweek se detuvo en la entrada de su hogar. Las luces estaban apagadas, por lo que Lola le dio una sonrisa antes de besarlo y abrir la puerta.
—Gracias por traerme, eres el mejor.
—Lo sé —le contestó levantando los hombros.
—Me mandas mensaje apenas llegues a tu casa, ¿Si?
—A la orden.
Lola agitó su mano en forma de despedida y cerró la puerta, dejando a Tweek solo en medio de la calle.
Se dispuso a llegar pronto a su casa. Eran pasadas las diez, tal vez casi las once, por lo que no tuvo tiempo de admirar una vez más las estrellas en el cielo.
Estrellas...
Incluso si no podía verlas esa noche por la prisa, cuando llegara a su casa solo era necesario que se pare frente al espejo y las vería.
Regadas por su cara, como pequeñas constelaciones rojas.
Si, la marca de Soulmate que tenía Tweek, eran sus diminutas pecas puntiagudas en forma de estrellitas rojas por toda la cara.
No le encantaban, pero tampoco las odiaba, solo estaban ahí para sacarle una sonrisa de curiosidad a quien sea que conociera. Solo por esa marca de nacimiento, Tweek había investigado mucho sobre el espacio. Creyó que su alma gemela sería amante de todo ese tipo de cosas, pero cuando conoció a Lola se dio cuenta que solo era una pista de que la conocería en una veterinaria que tenía estrellas fluorescentes pegadas en el techo. No eran las estrellas reales, pero eran estrellas al fin y al cabo. Debía agradecer al menos que conoció a Soulmate, aunque no haya sido de la forma que esperaba.
Abrió la puerta, se sacó la bufanda que tenía puesta y pasó directo a la cocina para avisar que al fin había llegado.
—Ya era hora, creí que no volverías más a la casa —le respondió su madre.
—Aún no pienso irme de casa en realidad, mamá.
Richard bajo las escaleras cuando escuchó todo el alboroto que se armaba. Tenía una inmensa sonrisa en la cara, y todo se debía a que Tweek había vuelto a casa llenando de orgullo a su familia. Su Soulmate era hermosa, de una buena familia, con cierto nivel socioeconómico, muy educada y con un futuro prometedor. A Tweek le tocó el número ganador de la lotería.
—¿Dejaste a Lola en casa? —le preguntó su padre.
—Si, quería que llegara a salvo.
Richard se acercó a su hijo y lo tomó de los hombros, sacudiéndolo con suavidad.
—Ese es mi muchacho. Un joven correcto y con modales.
—Lola es muy suertuda —comentó su madre uniéndose a la plática.
—En realidad yo soy el suertudo. Siento que si no fuera porque es mi Soulmate, nunca atraería la atención de una chica tan linda.
Tweek lo decía en serio, a veces sentía que estaba en el lugar incorrecto y luchaba por sacar esos pensamientos de su cabeza.
Cuando dos almas gemelas se encuentran de verdad, una sola mirada es suficiente para saber que hallaste a la persona correcta. Sus padres le hablaron cientos de veces sobre la "chispa", pero él no la conocía. Lola siempre le decía que ella si la sintió, esa chispa correr por su cuerpo le dejo en claro que Tweek era su Soulmate.
Pero Tweek a veces no se sentía así.
Y eso no era algo que pudiera evitar sentir. Incluso si lo hablaba con sus padres, ellos le dirían que solo son dudas comunes que cualquier persona puede llegar a tener, que no tenía de que preocuparse.
Incluso un amigo o conocido le diría que no debe tenerle miedo al destino.
Tweek amaba a Lola, aunque no hubiera sentido la chispa.
—Eres un chico afortunado, hijo. Yo tardé en conocer a tu padre.
Tweek la miró, conociendo la historia de memoria.
—Oh si, ya éramos adultos cuando sucedió. La "chispa"...
—Nos conocimos en una tienda de discos de música, cuando eran la tendencia.
—Yo amo esos discos, eran lo mejor que tenía en la vida —Richard tomó la mano de Helen —Pero cuando tu madre apareció ahí de repente, me di cuenta que no eran lo que más amaba en el mundo.
Ella rio, encantada. Supuso que debía ser lindo envejecer con la persona correcta en un mundo tan poco flexible.
En la escuela aprendió que no todos los padres de sus compañeros eran almas gemelas.
Porque a veces nunca la encuentras...
Entonces terminaban formando una familia con alguien más, a veces completamente incompatibles.
Tweek tenía compañeros con padres divorciados, a veces con una familia disfuncional por las peleas del hogar. Esos eran escenarios que él nunca conoció y que nunca conocería, porque al fin halló a su Soulmate.
Cuando sus padres dejaron de platicar con él, Tweek subió a su habitación y se sentó en su cama, releyendo sus notas de estudio para la universidad.
Aunque ni siquiera sentía que fuera necesario, pues quería especializarse en el mundo cinematográfico.
Afortunadamente South Park si contaba con esa carrera en la universidad al otro lado de la ciudad.
En medio de su lectura rápida, por el rabillo de su ojo pudo ver cómo las estrellas fugaces caían. Se centró en ellas, sintiendo nostalgia por el revoltijo de emociones que cargaba consigo.
—Desearía sentirme en mi lugar... —le susurró al cielo, solo viendo como las estrellas llenaban el cielo
Tal y como su marca de nacimiento lo hacía con su rostro.
