Advertencia: Posible OoC y una serie de incógnitas que quizá confundan a algunos.

Saint Seiya es propiedad de Masami Kurumada.


Dar y merecer cosas buenas

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Capítulo 2: Cuestión de perspectiva

Marín estaba de regreso, sana, entera y con esa suave sonrisa tan serena como propia de su personalidad, tal como la última vez que la había visto, cuando ella se marchaba por una encomienda y él aguardaba e ignorada la misión de ir a Japón.

—¿Interrumpí algo? —dijo con curiosidad pero demostrando cautela. Poco podía Aioria tolerar que se lo tratara con recelo, años de ser el centro de desconfianza lo habían dejado un poco susceptible a ese trato tan cuidadoso y fastidioso. Llegar a entender que ella trataba a todo el mundo con esa precaución le volvió más permisivo, y más comprensivo, ya que a veces él tampoco tenía un carácter soportable. Además, no sería Marín si no fuera así de cuidadosa incluso con un amigo, aunque él solía preguntarse de qué tenía tanta prudencia, ¿de herir a los demás o que ellos la hirieran?

—No —su corta y directa respuesta casi demostró la cantidad de sensaciones que su inesperada vuelta embargaba a su ser—, de hecho ya me marchaba al quinto templo de Leo, a resguardarlo quiero decir, pero no pienso que no sea un placer verte ¿vas a ver a la diosa Athena? —de repente sentía que llevaba hablando mucho tiempo y presentía que la siguiente frase que pronunciaría sería inadecuada o desastrosa. Mientras buscaba el control, le hizo una pregunta casual a la joven. Luego de su cautela, le gustaba la tranquilidad que revelaba sin importar el momento o el lugar y le daba envidia porque algo malo que él tenía era que una leve provocación lo alteraba y se notaba. Las cosas que no decía su boca eran fácilmente descifrables en su rostro.

—Sí, voy a tener el privilegio de verla personalmente por primera vez —explicó indicando la importancia que eso tenía para ella, o para cualquier guerrero devoto a la diosa de la Guerra, sin importar que su reencarnación fuera una mocosa de 16 años. La mayoría de los caballeros de Plata no conocían todavía a la verdadera Athena porque habían estado ausentes tanto cuando ella había aparecido tachada de impostora como en la ceremonia formal en donde habló públicamente con todos sus santos sobre su estadía y sus convicciones en el Templo Sagrado.

¿Cuánto tiempo había pasado? No mucho realmente, pero en tres semanas las cosas habían estado muy revueltas y estresantes, más por sí sola, la aparición de Marín le proporcionaba un sentido de normalidad más tangible y tan extrañado, la había extrañado, a pesar de que la intensidad de ese sentimiento no coincidía con los días reales que en verdad había pasado. Parecía que el tiempo en momentos era más cuestión de perspectiva que solo números.

—Entonces no te demoro más —dio por concluida la charla, no veía apropiado alargar más esa conversación aunque le fuera gratificante hablar con la Santa de Plata, menos con lo excesivamente nervioso que se sentía. Se suponía que los tiempos difíciles en el Santuario lo obligaron a construir una personalidad y compostura indiferente a su entorno, a la mirada de los demás y a sus palabras, un muro impenetrable a los ataques. Esa gran barrera que él ponía para esquivar la formación de vínculos no impidió que un inicial lazo de camaradería con Marín desembocara en la presente amistad. Era un hecho que él se desarmaba únicamente con esa mujer, a estas alturas ya no le importaba ser así de distinto con ella, porque más que nadie, merecía eso y mucho más.

—Gracias, nos vemos —luego de decir adiós, se dirigió a la salida con el compás que el metal de su armadura desprendía con cada uno de sus movimientos. Cada paso que daba volvía a esos sonidos más suaves y lejanos hasta que pararon por el llamado del guardián de Leo.

Era gracioso que en su responsabilidad como santos no estaban exentos de pasar largas temporadas alejado de sus estancias. Dentro del Templo Sagrado, había labores de todo tipo respectivas para caballeros de Oro o Plata, así que su relación no había sido nunca de lo más constante porque cada uno tenía lo suyo, pero había logrado funcionar. Por lo cual, Aioria entendía que no debía desesperarse porque Marín no estaría siempre disponible para él, como si fuera una cosa que debía estar a su disposición cuando tuviera ganas. Decidió llegar a un acuerdo más práctico.

—Ven a Leo cuando puedas —su voz retumbó gracias al eco del templo. Ella se dio la vuelta mostrando una mirada analítica, la cual generó que él se diera cuenta de lo mordaz que había sonado. Más que una invitación, parecía una orden. Entonces agregó un poco abochornado y arrepentido con su impulsividad a pesar de que ella no parecía ni estaba realmente molesta—, si te parece bien, quiero decir.

Aioria se hallaba muy atento a su respuesta, aún así por su inquietud y debido a la expresión estoica de Marín, no notó que toda su incomodidad le provocada muchísima gracia a la Santo de Águila. Dispuesta a liberarlo un poco de esa tensión que notaba en él, le respondió.

—Está bien, iré —junto con una risita despertada por el extraño nerviosismo de Aioria, presentó gestos faciales que aprobaron la invitación y su voz se oyó melodiosa rellenando toda la estancia al mismo tiempo que metía detrás de su oreja unas mechas coloradas de pelo. Detalle que por alguna razón él no pasó desapercibido aunque ella no se percató al volver a retomar su destino, abandonando la novena casa, sin cuestionarle el motivo de la propuesta, con la promesa en su corazón de ponerse al día con el santo de Leo, deduciendo que tendrían muchas cosas que hablar

Ella no sabía, pero su reencuentro no había sido lo único que lo había sorprendido. Al verla, recordó cierto plan que se había truncado y dejado en segundo plano con la misión de los caballeros de Plata, para luego ser olvidado totalmente gracias a su memoria selectiva debido a los problemas que acontecieron sostener por 16 años una mentira como verdad.

Ahora parecía que toda la determinación del pasado que había tenido para ejecutar su objetivo estaba dispersa y difusa. Bastante superado, rogó a su hermano y a Athena fuerzas para continuar y se marchó a su templo deseando sobreponerse del estrés que le quitaba las ganas de dar y merecer cosas buenas.


Para mi gusto, Aioria se vio demasiado serio en la película y me hizo falta ese factor impulsivo tan memorable, aunque su diseño me arrebató el aire. En parte es razonable ese cambio porque modificaron varias cosas, como se puede ver en su trato con Seiya, quien parece no conoce de antes como en el material original. Aun así quiero pensar que sigue teniendo un lado cordial que no manifiesta a cualquiera, excepto Marín.

Fue bastante gracioso describir su torpeza. La cuestión ahora es por qué estaba tan inquieto, ¿acaso Marín es tan deslumbrante, como Milo lo es para mí, y el pobre gato perdió la confianza? No lo culpo, imaginar a Marín y Shaina diseñadas con el estilo de LoS altera mis hormonas.

Gracias por los comentarios, no esperé recibir ese lindo recibimiento.

Hasta el próximo domingo.