Capitulo 2

Ese mayordomo, cruel…

Eran las siete de la noche. Yo continuaba aferrada a mi tarea, tratando de resolver los complicadísimos problemas del cálculo integral. Me golpeaba la cabeza con el puño, quizás así entraran más fácil a mi cerebro… ¿a quién engaño? ¡Soy un fracaso para las matemáticas desde que tengo memoria! ¡Mis gatos saben contar mejor que yo!

Dejé caer mi cabeza sobre la mesa, y el sonido que provocó fue sordo.

-Vamos, no puede ser tan difícil…- dije bajito, tratando de animarme a mí misma. Probablemente era el mejor momento para salir huyendo y aventar todo a la mochila; dejaría todo para la mañana siguiente, la muy sabionda de Michelle debía haberlo resuelto correctamente, lo cual sería muy bueno para mí y mis malísimas notas. Pero no, debía tratar aunque fuera una vez más.

Levanté la cabeza y volví a tratar de resolverlo, mas ahora, los números me parecían más grandes, más nebulosos y complicados. Esto no era lo mío; la Historia, la Biología, incluso la Literatura y el Dibujo…En todos era una experta… ¡Pero no en las matemáticas! ¡Jamás podría ser contadora o algo que involucrara problemas que fueran más complicados que la tabla del dos!

Mientras trataba de que mi adorada ardilla corriera más aprisa en mi cerebro, escuché un ronroneo muy gustoso, el cual provenía de la sala de estar, fuera del comedor.

Qué raro…Los gatos mayormente no solían hacer sonidos tan fuertes…Solamente cuando estaban felices o satisfechos…o cuando…

Mi cerebro sufrió una embolia…

O cuando los acarician…

-Sebastian…- dije, recordando que aquel extraño tipo había enloquecido cuando vio a mis cinco gatos; Pinkie, una gata blanca y regordeta; Blacky, de color negro; Blondie, de pelaje amarillo; Brownie, de pelo castaño y rayas oscuras, como las de un tigre y Grey, de pelo grisáceo. Se había lanzado a ellos, levantándolos en sus brazos y acariciándolos con una completa devoción, lo cual era extraño, pues los gatos no son muy afectos a que los carguen o a que restrieguen los rostros humanos sobre ellos o a que aprieten suavemente sus sonrosadas almohadillas o… ¡bah! En fin, a todas las monerías que ese tipo les hacia…

Esto sí que era definitivamente, cosa del demonio…

Me levanté y caminé de puntitas hasta salir del comedor, tratando de no hacer ruido. Seguí el ronroneo hasta la sala de estar y cuál fue mi sorpresa al ver que, el endemoniado Sebastian estaba echado en uno de los sillones, con los ojos cerrados y los cinco gatos alrededor de él.

Perezoso, pensé para mí misma…

Me acerqué, aun sin hacer ruido. El muy descarado estaba totalmente recostado en el sofá mas grande, pero aun así, tenía una de las piernas fuera del mueble; su cabeza reposaba en uno de los cojines y uno de sus brazos estaba sobre el respaldo del asiento, mientras la otra estaba sobre su vientre, que le servía de cama a Pinkie, quien estaba enrollada sobre si y disfrutaba muy pacíficamente del suave subir y bajar de la respiración del maldito. Debía estar muy cómoda la muy tonta, pues el bastardo vestía una camisa polo blanca de mangas largas, muy mullida.

Blackie estaba sobre su hombro, pues era el más pequeño. Brownie y Grey se había acurrucado cómodamente cerca de una de sus piernas y la usaban de almohada, mientras que Blondie, descansaba en el respaldo acojinado, acomodado en la mano de Sebastian.

Todos los gatos ronroneaban tranquilamente, inclusive me pregunté si el muy idiota de Sebastian no estaría ronroneando también. Caminé un par de pasos más, hasta quedar a menos de medio metro de él, quien parecía absorto de la realidad. Cuidadosamente, traté de no tocar la mesa de cristal que estaba en el medio de la reducida sala, de modo que quedé en medio del mueble y la mesa, en un pequeño espacio.

¡Maldito seas, Sebastian Michaelis!, pensé, poniéndome furiosa. Se suponía que era mi mayordomo ¿no debería estar en el comedor explicándome la tarea? Muy al contrario, se dormía con todos mis gatos ¡con mis gatos!

Esto iba a pagarlo, y este era al momento perfecto…

Pagaría sus perversiones conmigo… buscaría la manera más cruel de despertarlo… muajajaja…

Si, lo sé, ¡que macabra la niña! despertarlo feo… buu, patético, pero no tenia mas…

Aunque una parte de mi mente estaba ideando miles de maneras de despertarlo sobresaltado…

La otra se sentía totalmente desesperada de que me quedara allí, observándolo. Esa parte de mi, se maravillaba con el movimiento encantador de su pecho cuando respiraba; de la paz tan queda que se desprendía de su rostro adormilado…

De la fortaleza de su cuerpo, de lo gigantesco que era; de cuan encantador y tierno se veía allí, rodeado de mininos susurrante; de cómo un ser tan diabólico, podía verse tan sutil; de la sensualidad que derrochaba allí, simplemente descansando, sin hacer nada.

Pero sobre todo, sobre todas aquellas cosas, esa imagen de Sebastian, tan desprendido de la realidad, según yo; me provocaba unas terribles ganas de acurrucarme, del mismo modo que los gatitos, cerca de él… acercarme furtivamente a él y dormirme cómodamente a su lado, con una de sus manos despeinándome el cabello, sintiendo su respiración…

¿¡QUE DEMONIOS ESTOY PENSANDO! ¡ESE TIPO ES UN PERVERTIDO, RAYOS! ¡Y YO SOY UNA CERDA AL PENSAR TODO ESO! ¡Ugh! Bien, respira, Ellie, todo saldrá bien… no enloquecerás ni tendrás que ir al psicólogo… bueno, quizás solo un poco…

Me abofeteé mentalmente por pensar todo eso y, cuando sacudí la cabeza para librarme de esos (impuros) pensamientos, roce la mesa sin querer con la parte trasera de la tibia, lo cual me hizo perder el equilibrio…

Todo sucedió demasiado rápido, tan rápido, que ni siquiera pude gritar o tratar de moverme de lugar. Caí libremente sobre el cristal de la mesa… el cual no era muy resistente…

Me sentí aterrada simplemente por pensar en el reguero de vidrio y sangre que se haría, todo en milésimas de segundo…

Y, entonces, como un ángel caído del cielo, una mano rápidamente tomó mi muñeca y me atrajo hacia delante, de un solo jalón. Escuché en vidrio rozando con la base, pero no se cayó; mientras que yo fui recibida por algo firme y cálido, lo cual me apretó con fuerza y yo solo pude sujetarme con las manos.

Apreté los ojos, aun sin reaccionar que nada había pasado… nada me habría hecho reaccionar, salvo varios maullidos en la habitación y el tamborileo de algo; calmo.

-Como siempre, me resultaría extraño de una Phantomhive poseer buen equilibrio…- dijo una voz seria y algo divertida… era la voz burlona de Sebastian, la cual resonó junto con el tamborileo, como un eco. Razoné velozmente cual era la razón por la cual escuchaba tan cerca esa voz y ese palpitar y entonces llegué a una conclusión nada agradable, de modo que abrí los ojos rápidamente, sin decir nada.

Veía blanco, pero no estaba ciega, pues mis manos estaban aferradas a esa blancura y al parecer, no tenían intenciones de soltarse…¡Oh oh!

Levanté la vista, mientras mis mejillas ardían más que nunca y, creo que se incendiaron cuando, me encontré muy cerca del rostro angelical de Sebastian. Reaccione de que estaba… encima de él y que del impacto había caído de lleno al sofá… conmigo encima… DE ÉL…un lugar donde yo no debía estar…

-¡AH, SEBASTIAN!- chillé, quitándome de… ese lugar de un salto, mientras los gatos no se movieron de lugar, solamente se sentaron, mirándome como si sintieran envidia de que Pinkie hubiera perdido su cama. El muy idiota me miró sonriendo, a punto de soltar una risa. –tu…eh…no… la mes…-

-Habla bien, Ellie. No tienes tres años…- me dijo y me apretó las mejillas, inclinándose un poco hacia mí.

-¡Estúpido demonio del demonio!- bramé, apartando sus manos de mi rostro con un manotazo. -¡Haz algo productivo! ¡Al menos prepara la cena!-

-Estaba muy ocupado adormeciendo a los gatos- respondió con el mayor sarcasmo posible. ¡Dios santo, yo quería estrangularlo!

-de ese modo…- me acerqué al sofá y cargué a Pinkie y Blacky en mis brazos, ante la atónita mirada de Sebastian. –me llevare a estos afuera, deben hacer sus necesidades…Tu encárgate de la cena-

El tonto puso una expresión de sorpresa y desconcierto, levantando un poco las cejas hacia arriba. Al parecer Sebastian no podía soportar la idea de que le quitaran a sus "pequeños y esponjositos amigos", tal y como él los había nombrado.

-¡Ya han ido hace un par de horas!- exclamó desde su asiento con voz lastimera y cuando escuché que se levantó, decidido a arrebatármelos de los brazos, decidí usar mi arma secretísima…

-¡Sebastian, es una orden!- solté y vi como se quedó totalmente estático a un par de pasos, con una cara tan inocente que casi me hizo sentirme culpable… bueno, la verdad no. sonreí cruelmente cuando el recuperó su autocontrol y se puso serio, borrando la sonrisa y se hincó ante mí, en una serena reverencia.

-Yes, Mi lady…- dijo aun algo molesto y caminó hacia el comedor. Yo lo miré hasta que desapareció por los pasillos y caminé hacia la puerta, hacia el jardincito. Coloqué a los dos animalitos en el suelo y me miraron con cara de pocos amigos.

-¡No me miren así!- dije, sintiendo una extraña culpa en mi. -¡El se tiene la culpa, no yo!-

Los animalitos me dieron la espalda, con vanidad y las colas en alto, como diciéndome; "sí, claro, perra…" y se alejaron por el jardín mientras yo me abofeteaba aun por sentir culpa por haber herido los sentimientos de un gato.

¿Qué estaba pasando? ¿Qué era eso que había sentido tan fuertemente mientras miraba a Sebastian?

Si, el tipo no estaba nada mal, pero todo tenía límites y yo me conocía perfectamente bien como para no controlarme ante ese tipo de reacciones en mí. Jamás había dejado que mis sentimientos tomaran el poder en mí, ni siquiera cuando Edward me invitaba a su casa vacía, donde seguramente no pasaríamos el tiempo jugando ajedrez ni damas. Era obvio que una parte de mi quería ir, estar con él, pero mi cerebro ponía las reglas.

Esto era totalmente diferente, totalmente descabellado. No comprendía que era lo que sucedía cuando lo miraba tan de cerca. No podía razonar correctamente, ni siquiera podía acomodar mis ideas. Desde el día que lo conocí, no podía evitar no tener pensamientos indecorosos sobre él, inclusive, una noche soñé con él. El efecto que causaba en mi, era igual que si consumieras un chocolate y luego una bebida energizante; un efecto fuerte y cargado… e inevitable. Sabias que cuando terminara la sensación de energía, te sentirías terriblemente cansado…

Lo que quiero dar a entender era que, Sebastian en cierto modo, se estaba convirtiendo en una especie de droga…

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

-¡Baby, baby, baby OHHHHHHHHHHHHHHHHHH! ¡BABY BABY BABY OHHHHHHHH!-

¿Por qué no se callaban? ¿Qué les costaba callarse? ¿¡Era demasiado pedir!

Las Barbies de Esquina llevaban menos de diez minutos cantando a todo pulmón esa canción tan irritante, con sus irritantes voces… ¡Y YA ME TENIAN HARTA!

Lo peor del caso, es que no había un maestro que las callara, pues la señorita Simone había tenido que faltar; lo horroroso del caso, era que tocaban dos horas con ella, así que debía resistir al menos una hora y cuarenta y cinco minutos más de esa tortura; lo aun mas horrendo, era que apenas era lunes, y según nos había dicho la señora Rose, secretaria de la dirección de preparatoria, faltaría toda la semana.

Genial…

-No aguantaré esto toda la semana…- dije entre dientes. Michelle no me oyó, pues tenía puesto si reproductor mp3, la muy cobarde. Fue el peor día para no llevar el mío.

Comencé a tratar de pensar algo bonito, pero no pude… de lo único que podía pensar que me distrajera, era el extraño tipo con complejo de mayordomo que tenía en mi casa…

Y realmente, no deseaba pensar en eso… mucho menos con lo que había sucedido el día anterior.

A mi lado, estaban otros de mis amigos, los que formaban parte de mi grupo social; sus nombre son David, Gustaph y Alphonse. Se encontraban sumidos en una conversación sin fin sobre quien era mejor, si superman o batman…

-¡Pero Superman puede volar!- exclamó David, mirando arriba con una expresión bastante rara. Gustaph aka Sama (esto por su trauma con Pein, de Naruto) negaba con la cabeza. Alph estaba seriamente concentrado en su iPod Touch, jugando… bueno, dejémoslo en que jugaba.

Como verán, yo no era muy popular y mis amigos eran de los más… excéntricos.

David era un poco alto, algo delgado pero con una fuerza titánica, lo cual era raro para su complexión. Tenía el cabello despeinado y rubio, además su rostro estaba marcado por unas grandes ojeras azulosas, bajo sus ojos azules. Siempre caminaba encorvado, como si estuviera cansado o molesto. David o Ha-crazy, como le llamaban los demás, era un chico algo extraño; estaba mejor informado que google, era como una enciclopedia andante y sabia absolutamente todo sobre Marvel. A pesar de que casi nadie lo hablaba, yo lo consideraba mi psicólogo personal y era una de las personas en las que más confiaba.

Seguidamente estaba Gus aka Sama. Era algo cabezón y MUY egocéntrico, se pasaba el día entero presumiendo que los negros (si, es de piel oscura) eran mejores que los blancos en muchas aspectos, y siempre se la pasaba peleando con David, por quien tenía la razón. Aunque a muchos no les agradara por el hecho de que su gran ego y todos los demás no cabíamos en el mismo salón, realmente era una persona de los más sencilla y era muy fácil entablar una conversación con él, además de que te hacia el día en un instante.

Obviamente, como último, estaba Alph aka Stark, quien tenía dos pasiones; los sistemas operativos y las bombas caseras. Adoraba su MAC y podía pasarse un día entero componiendo alguna falla en el sistema y creando virus para infectar a quienes les hacían bromas. Además, sus bombas no fallaban, lo cual a veces me asustaba mucho. Su pelo era muy amarillo y sus ojos verdes. Era muy vivaz y siempre tenía algo gracioso que contar. Pero por ahora, no parecía estar de muy buen humor, pues apretaba la pantalla del iPod con gran furia.

Suspiré, fastidiada. Sería un largo rato…

Me eché en mi mesa, acurrucándome como un bebé. No sabía por qué razón, pero me sentía muy mal, muy confundida… me acurruqué en mi mesa y cerré los ojos.

Todo ese rollo de tener un demonio en mi casa me había matado las últimas semanas, además, continuamente tenia sueños extraños, para colmo, desde que él había llegado. Eran muy vividos y llenos de color, podía ver jardines desde una ventana alta, y había gente afuera… también había soñado con… un incendio y, aquella vez, desperté llorando, cosa que atrajo a Sebastian pero lo hice largarse con un almohadazo. Tenía demasiadas dudas sobre los motivos que lo retenían a mi lado, se me hacía de los más extraño que solo me cuidara por el hecho de que mi antepasado se lo haya pedido…¿Qué acaso no había peligrado nadie más? ¿Cuál era la paga que esperaba de mí?

Por un momento, una idea me golpeó la mente… ¿acaso Sebastian no sabría nada acerca de mis padres?

Si sabía sobre los antepasados Phantomhive, ¡seguro sabia quienes eran mis progenitores!

Esa idea me hizo tranquilizarme, quizás eso de ver el lado positivo de las cosas realmente ayudaba.

Me sentía cómoda, y el sueño me pesaba en los parpados, pero por alguna razón, mis oídos no dejaban de captar cualquier sonido mínimo que se escuchara en el ambiente;

Bajo las voces escandalosas de las locas esas –que aun no dejaban de alabar a Justin Bieber- podía oír claramente como John golpeaba la mesa; otro amigo, James, hacia un muy mal rap sobre las materias. Mary, cerca de mí, platicaba con Aida y Natalie sobre un asesinato que salió en las noticias, hacia unos pocos días en Londres. Oía claramente la canción que Michelle escuchaba; Plug in Baby, de Muse, su banda favorita. La conversación de David, Gus y Jan aun no terminaba y mi cabeza estaba a punto de estallar.

No hice caso a nada ni a nadie… al menos hasta que Michelle me empujó contra la mesa y mi frente se estampó contra la madera.

-¡Auch!- exclamé sobándome la frente. -¿Qué pasa?-

Ella giró los ojos hacia la ventana, disimulando que no se enteraba de nada y entonces yo entendí que había alguien allí.

Sebastian, pensé algo molesta. Más, al mirar hacia allá, no pude más que quedarme indefensa, pues los ojos verdosos de Edward me miraban amablemente y al darse cuenta de que me sonrojé sin sentido, sonrió con galantería… Fue algo… mágico, sobre todo porque hacía más de un mes que no había contacto de ningún tipo entre los dos. Creía que me moriría de felicidad y sentí las lágrimas en mis ojos. Pero entonces, Abigail miró hacia donde él estaba y, al ver que no la miraba, giró hacia atrás y desgraciadamente, me descubrió y en sus enormes ojos pude ver el odio burbujeando. Bajé la mirada enseguida, avergonzada y asustada, sabiendo que esto me causaría problemas en el futuro.

Michelle no dijo nada y yo no traté de hacerla hablar. No sabía porque, pero en ese momento, supe que Edward aun me quería, y que lograría tenerlo de vuelta…

Volví a echarme en la silla, sin decir más o decir menos, pero totalmente decidida y un poco confundida. De pronto, a pesar de que Edward había casi confirmado mis sospechas, me sentí algo triste, algo nostálgica y deseé de veras que las cosas hubiesen terminado de una manera diferente, de una manera donde pudiéramos platicar y ser… amigos. Tal vez eso hubiera hecho las cosas más fáciles. Si yo no hubiese declarado la guerra con ellas o si hubiera roto mi barrera de orgullo para hablarle… pero no, sabía que eso era rebajarse a un nivel que mi dignidad no me lo permitiría.

Cuando sentí las lágrimas al borde de mis ojos, supe que había pensado demasiado y me levanté rápidamente de mi sitio, caminé hacia la puerta y avancé por el pasillo, hacia el baño de mujeres.

Mi salón estaba en el segundo piso, de modo que desde donde caminaba podía ver, por las ventanas del pasillo, los arboles en el jardín de preparatoria; altos y majestuosos y abajo, las rosas y demás flores de colores formaban un adorable arcoíris a la vista. Me detuve en seco y me asomé por el alfeizar, para ver más claramente el patio. Esa era una de las buenas cosas de que no tuviéramos un maestro en el salón; podíamos estar fuera y eso la verdad era una de las cosas que más me gustaban.

Continué mi camino y quizás hubiera llegado con toda seguridad al baño de damas si no hubiese girado la vista hacia la dirección, cuyas paredes de cristal me reflejaron caminando, moviendo la falda de lado a lado del uniforme y con el abrigo rosa pastel cubriéndome las manos. Pero, al ver más dentro, por detrás de mi reflejo y el cristal… vi algo más…

Había un hombre… un hombre tan apuesto y gallardo que casi… bueno… casi me hizo tropezarme…

Su cabello negro estaba peinado muy formal hacia atrás, pero dos mechones de cabello le caían a los lados del rostro perfecto y pálido. Tenía una nariz realmente fina y perfilada y tras un par de gafas, habían dos bellísimos ojos ambarinos, que me dieron una impresión de estar bañados en tristeza, a pesar de que tenía una expresión de seriedad total, que no le sentaba nada mal a su rostro.

¡Dios mío! ¿¡De donde estaban saliendo todos esos tipos tan perfectos! ¡Primero, Sebastian y luego este tipo!

Me pregunté si no era parte de mi mala suerte, pues vi que hablaba con Angelina, la directora y no vestía el uniforme de la escuela, sino un traje color grisáceo oscuro y una corbata roja, oscura. Por un momento, cerró los ojos y con una mano se quitó los anteojos y se acomodó el cabello con la otra, de una manera tan encantadora que hasta Angelina se quedó embobada viéndolo, mientras yo me había quedado totalmente estática, idiotizada por su galanura.

Mas cuando abrió los ojos, ese par de joyas ambarinas se clavó en mis ojos, mirándome de una manera extraña, sin vida, pero al mismo tiempo, como si hubiese habido algún tipo de conexión entre nosotros… fue una mirada no muy diferente a como… como Sebastian me observaba. No dejo de verme y yo no podía quitar la mirada del frente. Por un segundo, sentí como si ese tipo me robara la vida, como una sanguijuela chupándome la sangre, como si no pudiera ver más que a él.

Angelina le tocó el hombro y el desvió la mirada de mi y el mundo volvió a aparecer a mi alrededor, emergiendo de la oscuridad.

¿Qué había sido eso? No me sentía mal…No, me sentía extraña. Me sentía… me sentía hecha una sopa, creo que esa era la palabra. Vaya, quizás eso de escuchar a las locas cantar me estaba haciendo mal, de modo que corrí al baño.

Me lavé la cara y el agua fría me refresco tanto que también me mojé la nuca. Me eché una miradita en el espejo; estaba algo despeinada, pero por suerte mi cabello es de esos que pase lo que pase jamás se esponja, es lacio de por vida, así que fue fácil acomodarlo nuevamente. Esta vez me hice un recogido, dejándome solo el flequillo, que lo acomodé de lado, pero, como ya dije, mi estúpido cabello es tan lacio que se resbalaba sobre mi ojo derecho, de modo que parecía una especie de cosplayer loca.

Para mi suerte (sí, tengo una pésima suerte, así que cuando me va bien es realmente como encontrar la aguja en el pajar) sonó la campana del recreo y recordé que hoy las dos horas estaban separadas por el receso.

-¡Oh, gracias Dios!- dije alzando los brazos hacia arriba. Salí del baño, decidida a encontrar a Sebastian para resolver todas esas dudas, además de que tenía que pedirle un favor…

Salí del baño, y me encaminé hacia las escaleras, de allí rodeé el jardín de preparatoria y entré al edificio de Licenciaturas.

El lugar me pareció igual o más grande que preparatoria, ya que estaba divido por facultades. Tuve que preguntar en la dirección general donde estaba el salón de Filosofía y Literatura. Salí de allí y avancé por los pasillos, mientras los alumnos me miraban; algunos extrañados, otros me decían indirectas y piropos, otros se burlaban de mí. Pero realmente no me interesaba, solamente buscaba al estúpido demonio. Subí por unas escaleras, las cuales según yo, eran las que me habían indicado, mas cuando llegué arriba noté que me había confundido y, refunfuñando me iba a dar la media vuelta para bajar cuando, por el rabillo del ojo derecho y a través de mi fastidioso fleco, vi que Sebastian apareció por las escaleras, rápidamente, como si alguien lo persiguiera.

-¡Ellie!- me llamó y yo me quedé quieta como una estatua cuando me miró…

La razón fue que se quedó paralizado, mudo, con los ojos muy abiertos y con los labios temblándole. Se había quedado tieso, como si hubiera visto un fantasma. En su mirada pude ver un toque de tristeza…aunque él me había dicho que los demonios no sentían… pero… no lo sé… de nuevo esas sensaciones se apoderaron de mí y me sentí con la necesidad de abrazarlo…

Bueno… al menos hasta que…

-Ci…Ciel…-pronunció con una total devoción y ese mismo murmulló me volvió a la realidad, pero él continuaba absorto.

-¿Ciel?- pregunté, confundida. Sebastian parpadeó un par de veces y miró al suelo, aun no muy en sí. Bajé unos cuantos escalones, los suficientes para quedar a su altura y mirarlo a los ojos.

-¿estas bien?- me preguntó, y levantó los ojos hacia mí. Lucia algo preocupado y, extrañamente, no sonreía. Estaba muy lejos de eso. Fruncí el ceño y la boca, puse las manos en la cintura, algo molesta.

-tonto, eso es lo que yo debería preguntarte…- respondí, aunque él continuaba mirándome con algo de preocupación en sus orbes carmín.

Vi que bajó la cara, como si estuviera… confundido. Sin pensarlo, bajé un escalón más y me asomé hacia abajo, tratando de alcanzarle la mirada. Wow, estaba muy serio, bastante serio como para que no me preocupara. Le puse una mano en la mejilla y él, sin sorprenderse ni nada, la tomó entre sus dedos y, con la otra mano, retiró la manga de encima (pues me tapaba toda la mano, como ya dije antes) y, ante mi sorpresa la llevó a sus labios, besándola como lo hacían los nobles al conocer una dama.

Me sonrojé, aun mas cuando rozó sus labios con la piel de mi mano, y la alejó de su boca, clavándome los ojos del color de la sangre.

-No es nada. Lamento que Ellie se haya preocupado por mí…- dijo y sonrió.

-Al menos ya no se me es tan raro verte tan serio…- dije, sonriendo. Sonrió más ampliamente. –además ¿No así deberían ser las cosas; yo me sonrojó y tú te burlas?-

-Me temo que esa era mi intención desde el principio, hacerla sonrojar…- su voz sonó llena de satisfacción y ¡agh! Eso me molestó…

-¡Entonces ya has hecho bien!- chillé y baje las escaleras. –anda, tengo que hablar contigo…-

-¿Qué sucede, Ellie?- dijo siguiéndome.

-Tengo una tarea para ti…- dije, tratando de ponerle un orden a mis palabras, lo cual era bastante difícil, pues quería dejar lo de mis padres para un momento donde estuviéramos a solas y no se pudiera escapar a ningún lado; de modo que debía hacerle la proposición…

-Si…-

-Empezaré por al fácil, tengo la sensación de que el muy tonto de Edward aun siente algo por mi…- comencé, pero se me atoraban las palabras en la garganta. Él me miraba ansioso de saber que diría. –Así que… se me ocurrió…que tal vez… solamente…-

El bajó una ceja, algo molesto.

-Usted en mi ama, Ellie; pídeme lo que sea y lo tend—

-¡Quiero que me ayudes a volver con Edward!- solté de golpe y el abrió los ojos. ¡Dios! ¿Realmente había sonado tan mal?

Al parecer, dudó en responderme, pensándolo unos momentos.

-No sé si lo has notado, Ellie, pero soy un demonio; las cosas del… amor no se me dan…- dijo, creo que estaba un poco incomodo… ¡se supone que era un demonio!

-¡que es lo que dices! ¡Eres un demonio! ¡Comes almas, perviertes gente! ¡No me extrañaría que hubieras… hecho algo con alguna mujer…u hombre!-

-prefiero ese tipo de cosas al amor…

-¡Pero algo debes saber! ¡Algo que me sirva!- dije suplicante. Bien, o realmente no sabía nada de romanticismo o no quería hacerlo. Optaba más por la segunda opción. -¡por favor, Sebastian! Te juro que no es un juego, realmente… yo a este tipo lo…lo am—

-No uses palabras tan grandes en frases tan pequeñas, Ellie- dijo y sonrió… ¡sonrió como si entendiera! –Es solo un amor adolescente…-

-¡No! ¡No! ¡Yo sé que es algo mas, lo siento! Lo sé porque, bueno… en realidad no lo sé… pero…-

-¿Te matarías por él?- me preguntó secamente, con seriedad pero sonriente, como si supiera la respuesta que le daría. Yo dudé, razonando que había preguntado. –O más importante ¿Morirías por él? No tienes el valor, Ellie. No lo quieres tanto como tú piensas y él no te quiere tanto como tú piensas; de haberte querido y valorado, él no hubiese hecho lo que hizo, pues solamente se burla de ti…

-¡Eso no es verdad! ¡Si lo haría!- chillé… pero yo sabía que… que no era cierto. Que había algo en sus palabras que era verdad, aunque yo no quisiera aceptarlo.

-No lo harías. Aun no conoces el significado de esa palabra, Ellie…

-¿¡Y tu si!- ahora estaba histérica, sentía el llanto que había evitado derramándose por mis ojos y mi voz frágil, quebradiza. Las lagrimas me quemaban con acido, pero Sebastian seguía allí, sonriendo el muy maldito. -¿¡Y tu si lo conoces, Sebastian! ¿¡Eres un demonio y piensas darme clases de ética y moral! ¡Si no sabes nada del amor, entonces lárgate de aquí! ¡Pero ya que me has dado una gran lección sin un libro, ¿Por qué no me ayudas, estúpido?-

-no quiero…- dijo y sonrió mas, burlándose de mi llanto. Le comencé a pegar en el pecho, tratando de hacerle daño pero no conseguía hacer ni que se moviera.

-¡Cállate, te odio!- exclamé, soltando ese veneno sin más ni más. Más nuevamente, el idiota me miró, sin hacer más que sonreía.

-No lo amas, de la misma manera que no me odias. Lo sabes bien…No puedes odiarme…-

Me quedé helada, por la verdad de sus palabras…

Era cierto, sentía una gran furia hacia Sebastian, pero no lo odiaba, tenía razón; no lo podía odiar… Pensé, casi rompiéndome la cabeza, tratando de encontrar una manera de negar que el tenia razón…

-Tengo que irme, Ellie…- dijo, subiendo una mano a mi mejilla y, mientras que con el dedo pulgar me secaba las lagrimas, con la misma velocidad me dio un beso en la frente, para luego alejarse de mí con sus pasos rápidos. –Te veré después de clases…Espero verte. De lo contrario, tendré que buscarte…

¡RING!

Iba tarde, iba tarde, lo sabía. Pero no había maestro, de modo que no debía preocuparme. Pasé todo el receso en el baño, tratando de calmarme y aunque dejé de llorar, aun seguía teniendo la nariz roja.

Llegué al salón y me sorprendí de que la puerta estuviera cerrada.

Momento…también había silencio, un silencio sepulcral. Me alcé de puntitas y vi que todos estaban sentados; las locas tenían una mirada de placer puro y lujurioso y los chicos miraban al frente, con el entrecejo fruncido. ¿Acaso estaba Angelina en el salón? Lo dudaba, las Barbies estarían totalmente enfurecidas. Debía haber un sustituto…mala suerte para mí…

Toqué la puerta muy suavemente, con miedo y temí que fueran a enviarme a la dirección general por haber estado fuera. Muy al contrario, la puerta se abrió lentamente y cuál fue mi sorpresa cuando levanté la vista para ver qué, quien estaba en el salón, no era nadie más que aquel apuesto tipo que había visto en la dirección, a través de los cristales. Su mirada volvió a penetrarme y yo solamente puse la cara más profesional que pude.

-Pase, señorita…- dijo con una voz sumamente aterciopelada. Caminé, bajando la mirada hasta mi lugar, donde Michelle también estaba abobada, pero más disimuladamente que las locas.

Escuche que Karen platicaba con Audrey y Abigail rió de una manera bastante atrevida. El hombre las miró y ellas se callaron. Caminó hacia el escritorio y allí se apoyó con una mano en la mesa, flexionando un poco la pierna derecha y dejando estirada la izquierda.

¡Se veía taaaaaaan sexy así!

-Creo que tuve un orgasmo…- dijo Karen, sin pensarlo dos veces en voz baja, pero todo el salón estalló en carcajadas. La aludida, muy lejos de sonrojarse, miró al hombre y sonrió pícaramente, como diciendo "estoy disponible esta noche".

-Silencio…- dijo, firmemente y pareció que el salón retumbó de una manera poco común y todos, absolutamente todos, se quedaron helados. Me echó un vistazo y yo me sonrojé. –La señorita Simone se ha visto afectada por una rara enfermedad. Así que yo seré su nuevo maestro de Historia…- volvió a mirarme. –No me agradan las personas que hablan demasiado…- miró a las locas. –Y me gusta la disciplina, así que cualquier persona que piense que pude salirse con la suya será reprendido…-

Se giró hacia el pizarrón, donde comenzó a escribir la palabra "Egipto", pues estábamos viendo las culturas clásicas. Tomó uno de los libros que tenia sobre el escritorio y lo abrió con gran facilidad, aunque lucia bastante pesado.

-Egipto esta ubicado en África, estaba asentado a orillas del rio Nilo, donde…- se detuvo, pues vio que Sheccid había alzado la mano, de forma bastante insistente. El profesor la miró sin mucho interés. -¿Qué desea, señorita?-

-Ah, pues… no nos ha dicho su nombre ni nos hemos presentado…- dijo, algo sonrojada. El hombre cerró el libro con fuerza y suspiró.

-Pueden llamarme profesor o por mi apellido, pero nunca "tu", "oye, tú" o "amigo"…- me miró nuevamente y esta vez, fue algo extraño, de nuevo la sensación de que me robaba la vida. Sin dejar de mirar, continúo hablando, dejándome sin palabras.

-Mi nombre…es Claude Faustus…-

o-o-o-o-oo-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-oo

:D … ok se que fue una porquería :( pero me esforcé :) así que eso me hace feliz! Hahaha Muchisimas gracias por todos sus reviews :D no saben cuanto me alegran, además me ayudan a escribir hahaha espero realmente que les haya gusta este capi, se que no fue la gran cosa pero se pondrá mejor el siguienteee muajaja :D

Ahora, respondó en corto :D

Suki90

Ho ho! Haha gracias por las recomendaciones :) y que bueno que te haya parecido interesante. Espero verte por aquí ;)

Nakumi

Ahahah sisi :D trataré de actualizar pronto, ya tengo algunos adelantos para que cuando entre a clases no me coma el tiempo ;) así que hay fic para rato, además Ellie tiene que sufrir muajaja :D. Gracias por el review, un beso ;)

Waaaaah! Me costó trabajo escribir tu nombre e.e finalmente acudi a copiar y pegar… hahaha ya seee BABAAAA! :B Sebas es taaaan sexy… ya le paro que si no nunca termino u.u ahahah espero que te guste este capi ehh! ;) tratare de actualizar pronto. See yaa! (K)

GirlGryffindor

:O alguien que disfruta de los OC y de ver yaoi pero no de escribirlo :B hahaha asu oh, si yo también quería uno :( pero como casi no hay pues decidi crearlo.. además se me metió la idea y pues es muy difícil que se me salga de la mente una idea.

Oh, ya se; Sebas provocó una serie de pensamientos indecorosos en mi e/e hahaha sobre todo en esa escena del capi 6 de Kuroshitsuji 2, Claude y Sebas… mojados y peleando jutnos… mojados…y mojados… ¿ya dije mojados? X.x nosebleed… Bueno :D muchisisisisimas gracias por el review, de veras que si. Hahah espero que te gusté este capi :) lo hice con amir hahaha. Nos estamos leyendo, byee ;)

A todos, muchísimas gracias ;) y hasta el próximo capi! ;D