POV Rose

Han pasado cinco meses desde que Dimitri me dejó, he pasado largos días y noches llorando, maldiciendo, preguntándome ¿qué hice mal? ¿en qué fallé? ¿realmente nunca me amó? Sin encontrar ninguna respuesta. Al principio no reaccioné como se esperaría, no grité ni derrumbé paredes ni desquité mi furia con todo aquel que me salía al paso. Mi dolor lo guardé para mí, me lo tragué y puse en mi rostro una sonrisa falsa, no quería que nadie supiera lo mucho que me había afectado la ida de mi mentor, mucho menos deseaba que me vieran derrotada, exteriorizar cómo el sufrimiento me consumía no era lo que solía hacer. El papel de víctima jamás me sentó bien, yo era la que luchaba y vencía siempre.

Esta lucha, sin embargo, me hubiera sido imposible de soportar sin mis amigos. Ellos fueron mi motor y mi sostén en todo momento. Las únicas personas a quienes les conté la verdad fueron a Lissa y a Christian, y eso porque entraron a mi habitación justo en la madrugada de mi cumpleaños. Ellos esperaban encontrarme dormida, despertarme, cantarme el happy birthday y comer junto conmigo delicioso pastel pero sólo hallaron a la Rose que sólo dejaba salir por las noches, mientras todos estaban perdidos en su propio mundo, la Rose que había quedado después del desprecio del hombre que amaba, una Rose anegada en llanto, con los ojos rojos, la mirada perdida y destruida por dentro.

No me quedó más remedio que decirles absolutamente todo. Lissa se molestó conmigo por no haber confiado en ella pero sólo duró un segundo antes de tirarse a mi lado en la cama para consolarme y tratar de unir con sus hermosas palabras y sus abrazos los pedazos inconexos que quedaban de mi alma. Christian permaneció algo distante en ese instante pero jamás volvió a verme del mismo modo. Sus ojos se volvieron fieros, dagas punzantes y envenenadas para todo aquel que se atreviera a mirarme mal o a comentar algo de mí que no le pareciera, me cuidaba y procuraba como si fuera su propia hermana y no la de su novia, jamás volvió a ser borde conmigo e incluso me daba muestras de cariño cuando las necesitaba.

La gran sorpresa, o no tanto, me la dio cierto usuario de Espíritu que supo desde el principio lo que me pasaba, odio que pueda leer las auras. Adrián se acercó a mí lentamente, no me incordiaba con frases insinuantes o molestas ni intentaba ir más allá, simplemente estaba ahí, siempre, cuando más lo necesitaba y también cuando menos lo hacía. Pese a saberlo de antemano, jamás mencionó ni preguntó nada sobre el tema hasta que yo misma me armé de valor y dejé salir todo lo que había ocurrido, de eso apenas unos días.

Ninguno de mis tres chicos favoritos me juzgó ni me dijo jamás las típicas frases que tanto odiaría escuchar, "supéralo" "mereces a alguien mejor" "ya lo olvidarás". Ellos entendían, me conocían y comprendían a la perfección que lo amaba de verdad, profunda y demoledoramente, él era mi primer amor y realmente creía que sería el último.

Había pintado planes en mi cabeza, ideado cosas que podría hacer para recuperarlo. Quizás al graduarme debiera ir a buscarlo, probablemente a Rusia, y entonces lo encontraría, tal vez ya siendo una verdadera Guardiana y sin ningún obstáculo de por medio él viera las cosas diferente y se diera cuenta que nada nos impedía estar juntos como siempre soñamos. Entonces y sólo entonces todo mejoraría y podría volver a ser quien siempre debí ser, Roza, su Roza. Claro que jamás, en ninguna de esas visiones mías, pude imaginar lo que ahora parecía ser la única verdad, el verdadero futuro. Frente a mí tenía una carta con su letra, su firma y las peores palabras que haya leído.


Lady Tasha Ozera y el Guardián Dimitri Belikov,

tienen el enorme placer de invitarlo a usted

Srita. Rosemarie Hathaway

a su matrimonio que se llevará a cabo el día

12 de julio en la Mansión Ozera a las afueras de Montana

para mayores detalles y para confirmar su asistencia favor de comunicarse al siguiente número

5523321794 o escribirnos de vuelta a la dirección del sobre. Mi amada futura esposa y yo estaremos encantados de recibir noticias vuestras.

Espero contar con tu presencia, Roza.

Atte. Dimitri Belikov.


Mis ojos ardían sin piedad pero ninguna lágrima asomó por ellos, se me había acabado el llanto, ya ni siquiera sabía cómo se supone que debía reaccionar ante esto pero hice lo que mi corazón me dictó que hiciera. Tomé lápiz y papel y con la mejor letra que pude escribí su contestación.


Felicidades a ambos, no puedo decir que me alegro porque sería una mentira que aún el papel notaría. Dimitri, todos estos meses me he preguntado ¿qué es lo que hice mal? Y es hasta este momento en que he leído tu nada discreta invitación en que he dado con la respuesta. Yo no hice nada mal, fuiste tú, tú cometiste el peor error de tu vida al abandonarme porque sé que me amas, siempre lo supe y justo ahora lo confirmo. Te fuiste sólo porque pensabas, piensas, que las cosas entre tú y yo terminarían por dañarme más que por hacerme feliz. Fue porque entré a las cuevas a rescatarte exponiendo mi propia vida en el proceso, recuerdo tu mirada cuando logramos salir, estabas aterrado porque te puse a ti primero. No sé cómo fui tan estúpida y no lo noté antes. Esa es la verdadera razón de todo, tu maldito y ciego instinto protector, ¿por qué si no te molestarías en enviarme esto? Quieres que sepa que no tenemos ninguna oportunidad de estar juntos, quieres terminar de asesinar todas las esperanzas en mí, no serías tan cruel como para haberlo hecho sólo para dañarme. Porque sí, Camarada, acabas de lastimarme como nadie, has clavado la última puñalada a mi corazón. Pero te repito, todo fue un error, no lo que vivimos, tú alejándote en ese helicóptero con esa mujer a la que jamás vas a amar como a mí, ya lo intentaste y no te funcionó, es estúpido hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes. Nada de lo que diga esta carta va a hacerte cambiar de opinión, eres demasiado terco y "sacrificado" para eso pero tampoco espero que lo hagas. Te diré lo que pasará: vas a casarte con Tasha, caminarás al altar imaginando que soy yo quien te espera al final, la tocarás y besarás, cada día y a cada vez, pensando en mí y deseando que sea yo quien esté en su lugar. Pasarán los años, tal vez tengan hijos, tal vez no, pero tú jamás podrás, ni por un segundo, alejarme de tu mente y te verás forzado a morderte la lengua cada que estés por pronunciar mi nombre en vez del suyo, algunas veces ni siquiera podrás evitarlo. Quizá me equivoque y me dé demasiada importancia a mí y al amor que compartimos pero sé que no es así. Te arrepentirás, Dimitri, te arrepentirás tanto que querrás con todas tus fuerzas venir a buscarme. Es aquí donde te doy mi último consejo: No lo hagas, no me busques porque ya te habré olvidado. No voy a enterrar lo que siento por ti, voy a dejarlo libre, voy a permitirme llorarte y sufrirte todo lo que me haga falta de aquí hasta que, sin darme cuenta, comience a reír de nuevo y tú dejes de aparecer en mis pesadillas. Lo lograré, te dejaré en el pasado pero, para tu desgracia, yo siempre seré tu presente. Te amo, Dimitri Belikov y este amor será mis alas aunque tú hayas hecho del tuyo tus cadenas. Para terminar, te comparto una frase que leí hace poco, en un libro de los que Lissa me obliga a leer en su afán de alejar mi mente de tu recuerdo y que creo que es lo que más me gustaría decirte si te tuviera enfrente:

"No sé pronunciarte ni una palabra de consuelo, no eres merecedor… Bésame y llora todo lo que quieras, arráncame besos y lágrimas, que ellas te abrasarán y serán tu condenación. Tú mismo te has matado. Si me querías, ¿con qué derecho me abandonaste?... Ni la miseria, ni la bajeza, ni aun la muerte nos hubieran separado, y tú, sin embargo, nos separaste por tu propia voluntad. No soy yo quien ha destrozado tu corazón. Te lo has destrozado tú, y al destrozarlo has destrozado el mío…"

Atte. Rosemarie Hathaway.


Miré una última vez la carta, tomé el mismo sobre donde venía la invitación, lo sellé, lo llevé a la oficina de Kirova y le pedí a su secretaria que devolviera esa carta al remitente en tono de urgente, me aseguró que lo enviaría ya mismo y yo me fui a buscar a mis amigos dejando atrás todo lo que había ocupado mi mente por tanto tiempo y pensando que era la hora de seguir adelante. Antes de cruzar la puerta para salir al patio, alcé la vista para mirar a la luna y deseé, silenciosamente, que todo le fuera bien a, Dimitri. A pesar de todo, siempre ocuparía un lugar importante en mi corazón, estuviera donde o con quien estuviera.