Capítulo II
Hiashi masajeó con suavidad el puente de su nariz deseando que con eso desapareciera el fuerte dolor de cabeza que lidiar con su padre le había ocasionado. Poner al día al concejo con respecto a la situación de Sakura Haruno había resultado peor que cuando Hinata decidió comunicar que renunciaba a su testamento como cabecilla del clan, unos meses después de la guerra.
Los ancianos no apoyaban su relación sentimental con Naruto Uzumaki, a pesar de todos los logros del muchacho y los que le esperaban por alcanzar. Después de años de amarlo en silencio, y de que el rubio despistado comenzara a reparar en ella como más que a una camarada, Hinata había tomado la decisión de independizarse, cediéndole el puesto a Hanabi. Su firmeza había sorprendido a todos, pero su abuelo, Hideki, con clara disconformidad había aceptado su elección. Aunque le pesara el corazón.
Hiashi a veces se preguntaba qué condiciones habían ocasionado que su padre se volviera de la manera en que era. Sabía que el viejo Hyuga se preocupaba de sobremanera por el bienestar de su familia, y que sus intenciones no eran malas, pero sus ideales anteponían siempre al Clan. Como cuando había tomado la decisión de sacrificar a un hijo para salvar al otro –una decisión que le pesaría en la conciencia a Hiashi hasta que su cuerpo descansara bajo tierra-, pero que lo hacía preguntarse con constancia... ¿con que corazón eliges a un hijo sobre otro?
—¿Que hiciste qué? —inquirió entre dientes de nuevo, con ojos pequeños y una expresión apretada que lo hacía lucir más viejo de lo que realmente era. El silencio del salón de estar acompañó la pregunta, y la cabeza del clan Hyūga contempló a todos los presentes antes de contestar, considerando cómo abordar el tema.
—El día de ayer, Mei lamentablemente falleció en el hospital —comenzó, con parsimonia y lentitud, como si les estuviera explicando a los demás cómo contar con manzanas—. Su cuerpo se encontraba siendo preparado cuando Sakura Haruno, la medic-nin que salvó a Neji en la guerra —remarcó, tratando de que los demás entendieran el por qué había tomado la decisión que había tomado—, era intervenida de emergencia por Lady Tsunade. La muchacha estaba infiltrada en una misión y aparentemente fue descubierta, a juzgar por sus condiciones...—su voz fue descendiendo mientras recordaba las quemaduras y heridas que había sufrido la jovencita de no más de veintiún años, terminando en las cuencas vacías de su rostro. El nudo en el estómago que había permanecido con él desde el día anterior le recordó la imagen deplorable en la que se había encontrado la niña de la misma edad de Hinata. La saliva le pesó en su garganta al pensar que pudo haber sido su hija.
Todos los presentes lo escuchaban con atención. El hermano de Mei tenía su mirada fija en sus manos sobre la mesa, analizando las palabras de su primo. Le molestaba de sobremanera que Hiashi no había tenido la decencia de preguntarle lo que sentía al respecto o pedirle permiso antes de tomar la decisión -no es que necesitara su permiso realmente era, a fin de cuentas, el líder del clan- pero hubiera sido una manera cortés y política de hacer las cosas. Aunque conociendo el dulce y bondadoso carácter de su difunta hermana, estaba seguro de que Mei hubiera tomado la misma decisión, y de buena gana. Estaba en su naturaleza anti Hyūga, siempre daba sin importarle recibir nada a cambio.
El puño de la anterior cabecilla del clan se estampó con fuerza en la mesa de madera, retumbando en el salón y sacando al hombre de sus cavilaciones. Una ojeada le bastó para entender que Hiashi había concluido el relato y su antecesor se encontraba de todo menos satisfecho con los acontecimientos.
—¿No se te ocurrió, quizás, ofrecerle una cantidad de riquezas considerable?, ¿Protección? —interrogó incrédulo, haciendo un ademán con la mano— Joder, ¡apoyo si quería ser la puta Hokage! No vas y le obsequias los ojos de uno de los tuyos, Hiashi. ¿En qué estabas pensando?
Alrededor de la mesa, varios presentes asintieron con la cabeza estando de acuerdo con el viejo. Los labios de Hiashi estaban apretados en una línea recta.
—Debiste haberlo consultado antes de tomar la decisión. Kaito debió haber tenido algo que decir al respecto —uno de los ancianos se refirió al hermano de Mei mirándolo de soslayo. Toda la atención de la sala recayó sobre el aludido que había escuchado la discusión con reflexión.
Notando que esperaban que comentara algo al respecto, Kaito se aclaró la voz antes de contestar.
—Hubiera sido oportuno que se me notificara previamente, aunque...—dijo con cuidado, sopesando sus palabras— De haber tenido que tomar la decisión, Mei probablemente hubiera estado de acuerdo con Hiashi-sama.
Su primo asintió con la cabeza, agradeciendo de manera silenciosa.
—No estoy de acuerdo con esto —sentenció sin titubear el viejo, unos segundos después de silencio—. Esa niña no es uno de nosotros. No sabe nada sobre nuestro estilo de pelea ni nuestras reglas. Es arriesgado para el clan en más formas de las que puedo pensar en este momento.
—Estamos de acuerdo en eso, Hideki-sama —comentó uno de los presentes, exponiendo su punto de vista. Era un primo tercero de Hiashi—. Sin embargo, Sakura-san es una de las kunoichis más competentes de Konoha. Su rol en la guerra junto con el Jinchuriki y el mocoso Uchiha fue clave para que pudiéramos vencer. Sin sus habilidades médicas las bajas habrían sido el triple, eso aunado al hecho de que gracias a ella Neji se encuentra en perfectas condiciones.
Las miradas se posaron por unos momentos sobre el capitán ANBU del otro lado de la mesa, pero ninguna palabra salió de sus labios. Sus párpados estaban cerrados de par en par y una arruga adornaba su frente cubierta por el protector que lo identificaba como ninja de la aldea.
El genio parecía estar debatiendo algo internamente, pues permaneció en silencio.
—Sus habilidades son reconocidas por todas las Aldeas Ninja, y no olvidemos su perfecto control de chakra. Si hay alguien que puede aprender nuestro estilo de pelea rápidamente es ella —reflexionó otro presente. Varios 'mhn' acompañaron lo expuesto.
Todos se reservaron su opinión por unos minutos de contemplación.
Hiashi no había compartido más que unas palabras cordiales con la kunoichi. En realidad, antes de que Sakura interviniera en la inminente muerte de Neji, nunca había atrapado su atención. Sin embargo, después de su desempeño en la guerra, y su obstinada determinación de salvar a su sobrino, la muchacha se había ganado su admiración y reconocimiento, así como la de muchos otros que la veían como el eslabón débil del equipo siete.
Su conexión con la Hokage e influencia política, así como sus habilidades médicas y de pelea la hacían un activo bastante interesante, y Hiashi se encontraba preguntándose a sí mismo qué tan lejos podría llegar ahora que poseía un Kekkei Genkai.
—Yo me encargaré de su entrenamiento —la voz pausada y decidida de Neji rompió el silencio del salón y toda la atención se concentró en él.
Varios presentes asintieron con la cabeza y su abuelo llevó una mano a su mentón mientras parecía analizar mentalmente una idea.
—Muy bien, siempre y cuando no se interponga con tus deberes en ANBU —contestó al cabo de unos segundos—. Seis meses —dijo con lentitud—. Tiene seis meses para aprender nuestras técnicas. Si no cumple el plazo, debemos colocarle el sello.
Hiashi lo observó como si hubiera dicho de repente que quería pintarse las uñas de rosado.
—El sello la matará —le respondió con lentitud, como si estuviera hablándole a un niño con déficit de atención—. Mataría a cualquiera con edad suficiente, por eso lo hacemos cuando nuestros niños tienen tres años. Además, Lady Tsunade jamás lo permitiría.
—Ningún Hokage tiene jurisdicción sobre las decisiones que se toman de manera interna en cualquier clan de la aldea —recalcó el viejo—. Hiashi, la niña tiene talento, eso lo sabemos. Pero es un peligro para el clan que un usuario independiente posea el Byakugan. Debemos velar por nuestros intereses. Si la kunoichi no es capaz de utilizar nuestras habilidades, los secretos del Byakugan podrían verse expuestos.
Un sonido de afirmación procedente de algunos presentes secundó lo establecido por su padre.
—Propongo una votación —manifestó una de las personas que había apoyado la moción del viejo—. Los que estén a favor alcen el brazo, y los que no permanezcan en sus sitios.
La cabeza del Clan Hyūga redujo sus ojos analizando rápidamente sus posibilidades.
—Un año —propuso antes de que se llevara a cabo la votación—. Seis meses es un periodo de tiempo demasiado corto. No podemos pretender que Sakura-san aprenda lo que nosotros aprendemos durante nuestra juventud en un lapso de seis meses.
Hideki pareció reflexionar la coherencia de lo expuesto por su hijo antes de asentir.
—Muy bien. Un año será.
Las cejas de Neji se encontraron y la tensión de su mandíbula demostraba su clara disconformidad con el asunto que estaban tratando. Su abuelo hablaba del Sello Maldito como si se tratara del clima. El dolor que proporcionaba era infinitamente mayor que el que había sentido durante la Guerra, cuando casi muere por proteger a Hinata y a Naruto. Las posibilidades de que Sakura sobreviviera a eso eran tan reducidas como el cerebro de una hormiga. Un veinte por ciento, quizás, si era optimista.
No es que viera el vaso medio vacío, de hecho, Neji confiaba casi ciegamente en las habilidades de Sakura -sobretodo después de lo que sucedió durante la guerra. Había compartido suficientes misiones con ella después, y sabía de lo que era capaz. Pero sería un idiota si pensaba que podía aprender y dominar todas las técnicas que él y sus primas habían aprendido a controlar a la perfección con el pasar de los años.
—Los que estén a favor...—escuchó débilmente, siendo extraído de sus pensamientos.
Doce personas alzaron su brazo y los once restantes permanecieron sin mover. Hiashi reparó en que la mayoría de las personas que apoyaban la moción eran los más viejos del concejo. Asintió levemente cuando su mirada se encontró con la de Kaito y Neji. Agradecía internamente el apoyo que su primo le había brindado en el asunto. No debió haber sido fácil para él enterarse de todo al mismo tiempo, la muerte de su hermana y el trasplante.
—Excelente —dijo que sí con la cabeza—. Neji, mantennos al día con los avances de Sakura-san.
Sus orbes níveos se encontraron con los de su abuelo y cabeceó con respeto.
—Ahora, con respecto al funeral...
Su mente luchó con poca fuerza la recuperación de conciencia. Un dolor agudo taladraba su cerebro como la sensación de ser inyectado con una aguja gruesa, pero el efecto no concluía. Quizás era el fuerte dolor de cabeza que eso ocasionaba, o la debilidad que sentía a lo largo de sus extremidades.
Un suave quejido escapó de sus labios cuando reconoció su condición. Aunque el escozor de la quemadura de su cuello era más o menos elevada, como sentir el caminar de mil hormigas, la inmovilidad de su brazo le incomodaba aún más. Aunado al dolor de cabeza y al malestar general, Sakura debatió internamente si sería más sencillo volver a abrazar la inconsciencia para descansar su cuerpo un poco más.
Sentía la manera en que su chakra se restauraba con lentitud, el sonido zumbante de la energía desplazarse por sus venas y su mente se rindió ante el cansancio acumulado.
No se enteró si fueron minutos u horas, quizás días.
Pero cuando volvió a recuperar la consciencia, la familiar sensación de ninjutsu médico siendo introducido en el -mucho más leve- ardor de sus quemaduras la abrazó con calidez. Se sentía como llegar a casa después de un largo día de trabajo y no pudo evitar un suave gemido de placer.
—¿Shishou? —murmuró débilmente.
—Hola, dormilona —escuchó la voz cansada de la Hokage, sin dejar de sentir el conocido calor de chakra sobre ella.
Un suspiro escapó de sus labios con cansancio.
—¿Cuánto tiempo?
—Cinco días —concedió su superior—. Casi pensé que no lo lograrías —sonrió genuinamente cuando escuchó el bufido de su pupila.
—¿Quién va a colar el sake a su oficina sin que Shizune lo note? —preguntó con humor antes de suavizar sus facciones para alcanzar un rostro serio— ¿Cómo me encontraron?
La cara de negocio de Tsunade la contempló mientras terminaba la sesión. El tono púrpura que había adornado la piel de Sakura había disminuido considerablemente, luciendo ahora un leve color rosáceo que aparentaba más ser una quemada expuesta al sol que una de tercer grado.
—Un escuadrón ANBU —su aprendiz asintió con comprensión—. ¿Qué fue lo que sucedió, Sakura?
—Fui descubierta. No me dio tiempo de escapar antes de que me atraparan. Perdí la noción del tiempo estando encerrada, pero no debió haber sido más que un par de días.
Tsunade 'hmneó' con entendimiento.
—Pasaron sesenta y seis horas desde el momento en que debías reportarte antes de que te encontraran. Estaba por enviar un equipo de extracción cuando llegaste al hospital. Temía que tu misión había sido comprometida.
No necesitó explicarle el estrés y la angustia que había sentido las horas continuas a su falta de contacto durante la misión -Sakura se lo imaginaba, pero las infiltraciones lamentablemente eran impredecibles. El procedimiento era esperar al menos cuarenta y ocho horas antes de tomar medidas preventivas.
—Mis recuerdos son vagos, pero tengo idea de que me abandonaron en el bosque pensando que no sobreviviría —intentó sentarse apoyándose con su brazo libre y sintió la mano de su maestra ayudándola a incorporarse—. Supongo que tuve suerte. La situación con los traficantes en la frontera es peor de la que imaginamos. La red de secuestros se ha expandido por todo el país. Tengo varios nombres.
Tsunade comenzó a aflojar le venda que cubría los ojos de Sakura con lentitud, tratando de hacer el menor daño posible.
—Enviaré un halcón a Suna para notificar a Gaara. Una reunión para tratar los puntos del caso está en orden, y te pediré que estés presente para que nos pongas al día sobre lo que viste —la jōnin cabeceó afirmativamente—. Por los momentos sólo debes preocuparte en descansar para que te recuperes lo más pronto posible... Buen trabajo, Sakura.
Sakura se mordió el labio inferior cuando se concentró en el dolor agudo permanente que molestaba sus orbes.
—Mis ojos...
La venda cayó sobre su regazo y mantuvo los párpados cerrados mientras su mente divagaba en la obscura habitación en la que había sido interrogada y torturada. Su posición como infiltrada había sido comprometida cuando un camarada del traficante la había reconocido como la pupila de la Hokage. La superaban en números y aunque había podido vencer a varios shinobis, lamentablemente no poseía el casi inagotable chakra de Naruto, y había terminado siendo prisionera.
Afortunada(o desafortunada)mente, el genjutsu que habían utilizado con ella había fracasado cuando se toparon con la barrera mental que ella llamaba Inner-Sakura. No habían podido acceder a la información que, como pupila de la Hokage, conocía, y la interrogación se había convertido en tortura. Los hombres que trataron su caso habían tratado de sacarle las palabras con cuchara fracasando de manera estrepitosa.
No importaba que le hubieran quitado sus ojos. Aunque no pudiera ver, jamás se olvidaría de los rostros y las risas despiadadas que la perseguirían en sus pesadillas.
—Mírame, Sakura.
—Shishou-
—Mírame —ordenó sin lugar a quejas.
Sakura exhaló con pesadez y parpadeó dolorosamente. Sentía que habían pasado años desde la última vez que abría los ojos, y la sensación de mareo que te da cuando pasas mucho tiempo acostado y te levantas de repente, le nubló la vista. Poco a poco sus ojos se fueron adaptando al entorno y la incandescencia la hizo achicar la mirada. Unos segundos pasaron antes de que pudiera identificar la habitación como una más del hospital.
—...—Tsunade reprimió una sonrisa cuando los labios de Sakura formaron una pequeña 'o' y ninguna palabra salió de ella debido a la conmoción.
—¿Sorprendida?
—E-Esto es... ¿Pero cómo...? ¿Puedo...? —se aclaró la voz— ¿Cómo es posible?
—Bueno, verás, es una historia bastante interesante.
Sakura contuvo el aliento cuando enfocó mejor su mirada, observando con claridad su alrededor. Diferenció los contornos precisos y definidos de la bombilla del techo, pudiendo contemplar los hilos incandescentes dentro del globo luminoso. Podía ver las motas de polvo suspendidas en el aire y los tipos de aves volando con parsimonia afuera de la ventana. Inhaló cuando distinguió las finas facciones de su maestra, que la miraba con paciencia y curiosidad.
Tsunade le extendió un espejo del tamaño de su mano y su corazón se saltó un latido cuando una desconocida con ojos perlados e hinchados le devolvió la mirada a través del cristal.
—¡No pueden hacer esto! —exclamó indignada a su maestra—...¿pueden?
El ceño fruncido de Tsunade hizo que las dudas que perturbaban su paz aumentaran considerablemente. Este asunto cambiaba de manera drástica si era así, y Sakura se preguntaba qué había hecho para que el karma estuviera cobrándoselas sin piedad. Era casi imposible alcanzar dominar todas las técnicas del Clan Hyūga en un periodo de un año cuando Hinata, e inclusive Neji, habían logrado hacerlo en su proceso de ascenso de rangos.
Confiaba en sus habilidades ciegamente, a fin de cuentas, su perseverancia y determinación había sido lo que la había llevado hasta donde se encontraba. Pero esta 'misión' era como si te pidieran que te lanzaras de un acantilado con el concepto de que no vas a morir cuando tu cuerpo impacte con la superficie. Cada quien sabe de lo que es capaz, y con optimismo y trabajo duro se llega lejos, pero había que ser realista. Quizás podría aprender la mayoría de las técnicas, pero de ahí a perfeccionarlas...
—¿Cuáles son las probabilidades de sobrevivir el sello a esta edad?
Hiashi la miró a los ojos directamente y diferenció el remolino de emociones que iban desde la rabia hasta el desconcierto. Tsunade tenía ganas de darle a probar a su padre el sabor de sus puños, y a él le pareció una idea interesante, aunque para nada apropiada. Como bien había sido mencionado en la reunión con los ancianos, ningún Hokage tenía jurisdicción en las decisiones tomadas de manera interna en cualquier clan de Konoha, y mucho menos en un tema tan delicado como velar por la seguridad del Kekkei Genkai. No había nada que cabreara más a Tsunade que no poder hacer nada, siendo la mayor autoridad en la aldea. Y más aún con un asunto que involucraba a una persona tan importante como lo era Sakura para ella. Su pupila había personificado, con el pasar del tiempo, a la hija que nunca tuvo.
—Pocas.
Sakura lo contempló desde la cama antes de volver su mirada a sus puños. Las sábanas blancas eran adornadas por arrugas debido a la presión que sus manos hacían sobre la fina tela. Una pregunta flotó por el medio de su mente y no sabía si sentirse mal agradecida, angustiada, indignada, o todo junto. ¿Había valido la pena el trasplante?, ¿o hubiera sido mejor acostumbrarse a una vida civil? Quizás hubiera adquirido una mascota guía y su vida sería infinitamente más pacífica. Siempre había querido comprar un perro y tener una casa con jardín.
Un silbido de admiración rompió el silencio tenso de la habitación.
—Yo.
—Kakashi-sensei —saludó su ex-alumna con una sonrisa que no les llegó a los ojos.
Tsunade lo observó en el marco de la ventana con una ceja arqueada.
—¿Cuánto escuchaste?
—Lo suficiente —contestó restándole importancia y alzando los hombros. Sin embargo, su rostro estaba serio y el habitual ejemplar que siempre lo acompañaba del Icha Icha no se encontraba por ningún lado. Se acercó con lentitud a la cama y despeinó la coronilla de Sakura con cariño, como si se tratara de una cría de cuatro años—. ¿Cómo te encuentras?
—Viva —respondió rodando los ojos y acomodando con sus dedos los hilos rosados, pero sin poder evitar sacarle la lengua simpáticamente.
—Me alegro —dijo con sinceridad, en un tono que sonaba bastante aliviado—. Te sienta mejor el color.
La carcajada de Sakura retumbó en la habitación y los presentes se encontraron sonriendo ante la espontaneidad e inocencia con la que se transmitía el sonido. Una de las cualidades particulares de la chica era la facilidad con la que podías hacerla reír sin esfuerzo. Era una especialidad refrescante que los integrantes del equipo siete preservaban con recelo.
—¿Dónde están el mocoso uno y mocoso dos? —inquirió la Hokage decidiendo postergar la previa discusión que se estaba llevando a cabo en la habitación. El restaurado equipo siete había sido asignado a una misión unos días antes de que Sakura fuera rescatada, obviando su presencia por la misión en solitario en la que se encontraba.
—Por enterarse del asunto, seguramen- —dos golpes suaves resonaron en la habitación antes de que la puerta se abriera.
—Neji —saludó Hiashi. El aludido contempló a los presentes e inclinó levemente la cabeza después de adentrarse en la habitación tras un sutil 'permiso'—. Quizás debamos continuar esta conversación en otro momento.
Tsunade asintió y se despidió escuetamente de su pupila alegando que tenía cosas pendientes que requerían su inmediata atención. Kakashi le guiñó un ojo a modo de partida y a Sakura le pareció oír algo como "Hokage-sama, unas palabras..." antes de que la puerta se cerrara con un 'clic' detrás de la cabeza del clan Hyūga que había aparentado interés por cualquier planteamiento que Kakashi estaba dispuesto a exponer.
La presencia serena del capitán ANBU se expandió por toda la habitación y Sakura lo contempló con una sonrisa amable. Habían pasado cinco años desde la guerra, y su relación con Neji había evolucionado profesionalmente desde entonces. Después de haberle salvado la vida y de su desempeño en el campo de batalla, la carrera de Sakura había escalado rangos en el área de medicina convirtiéndose en una de las mejores medic-nin de todos los países ninja. El hospital de Konoha se encontraba a cargo de su corta experiencia junto con Shizune y, en casos de necesidad, con la Hokage.
En la mayoría de los casos, cuando el escuadrón de Neji se presentaba en el hospital después de cualquier misión para los chequeos obligatorios, Sakura era la primera opción requerida. El ANBU había desarrollado de cierta manera, una preferencia por sus servicios antes que de cualquier otro medic-nin, aun cuando todos los shinobis bajo el comando de la Hokage eran más que competentes.
Además de que, debido a las relaciones en común de sus amistades, la kunoichi de cabellos rosados coincidía con frecuencia con Neji en reuniones y cenas casuales, y -sorprendentemente al principio-, a Sakura le había costado poco agarrarle el gusto a entablar conversaciones y debates civilizados con él. Era un hombre educado y extremadamente político; un ninja que no vacilaba sobre sus lealtades y al que no le importaba dar su vida para proteger a las personas que eran valiosas para él.
El ANBU de ojos plateados era, debajo de su aspecto distante e imperturbable, un amigo en el que podías confiar que cuidaría tus espaldas y te ayudaría siempre y cuando estuviera dentro de sus posibilidades. A Sakura le gustaba pensar que tenía una amistad sincera con él, quizás no una relación fraternal como con Naruto y Kakashi, pero un amigo con el que contar cuando tenías algún problema o preocupación.
Asimismo, Sakura lo admiraba y lo respetaba profesionalmente debido a que había estado bajo su comando en diversas misiones; su aptitud para liderar y crear lealtad entre aquellos que integraban su escuadrón era una capacidad extraordinaria.
—Admiro tu habilidad de atraer problemas aun en tiempos de paz. ¿Cómo lo haces? —comentó desinteresadamente tomándole el pelo.
—Lo sé, esto apesta —le contestó refiriéndose a la situación en la que se encontraba envuelta, pero sonriéndole con simpatía de todas formas.
No fue hasta que Neji estuvo a un lado de su cama que notó la cesta con manzanas verdes que guindaba de una de sus manos. Un recuerdo apareció en su mente: una chiquilla de doce años y cabello rosado solía ofrecerles la misma fruta a sus compañeros de equipo cuando debido a alguna misión terminaban postrados en una cama de hospital. Se rió entre dientes ante la mirada incómoda del Hyūga.
—¿Y eso?
—He aprendido con el tiempo que las manzanas verdes ayudan a que nos recuperemos con mayor facilidad de ciertas lesiones... o fracturas —sus ojos plateados fijos en el yeso blanco que inmovilizaba su brazo izquierdo, totalmente garabateado con marcador por mensajes y deseos de recuperación pronta por amigos y conocidos.
—Me complace ver que en realidad sí escuchas los consejos de tu medic-nin, Neji-san.
—Muy madura —murmuró él aguantando las ganas de rodar los ojos. Unos segundos pasaron antes de que alguno de los dijera algo más—. ¿Cómo te sientes?
Sakura mordió su labio inferior insegura sobre qué responder, pero una mirada directa a los ojos de Neji y decidió que con honestidad sería.
—Abrumada. Agradecida. Indignada... asustada.
Él cabeceó con comprensión y se recostó sutilmente del borde de la cama. Era demasiado que digerir en tan poco tiempo. La chica había sido descubierta en una misión infiltrada, había sido torturada brutalmente (aunque Neji se había percatado de que la Hokage había hecho su magia), se había despertado con unos ojos que no eran suyos y ahora tendría que probar su capacidad como kunoichi porque unas personas con mente pequeña dudaban de sus habilidades –algo por lo que Sakura había trabajo duro toda su adolescencia.
—Supongo que Hiashi-sama les habrá notificado la decisión del concejo.
Ella exhaló con fuerza.
—Por más mortificada que me sienta, entiendo en cierto grado la decisión que tomaron. Sólo están velando por el bien y los intereses de tu clan, por más injusto que eso me parezca...
A Neji no dejaba de sorprenderle cada vez que la kunoichi salía con un comentario totalmente abnegado. A veces se preguntaba cómo era que una persona tan compasiva había sobrevivido por tanto tiempo en el mundo de guerras y gestiones políticas que ser shinobi te obligaba a pertenecer.
—De verdad lamento que te obliguen a hacerte cargo de mi entrenamiento como algún tipo de castigo por... bueno, ya sabes —dijo con preocupación. Si algo era Neji, era perceptivo y no necesitó tiempo para entender a qué se refería la mujer. Sakura pensaba que lo habían obligado a esto porque debido a que ella había salvado su vida, su tío le había tendido una mano cuando más lo había necesitado—. No me gustaría impon-
—Haruno —la interrumpió con fastidio—. Yo me ofrecí a hacerlo.
Ella lo miró extrañada soltando un suave 'Oh'. Viendo que esperaba a que dijera algo más, agregó:
—Tú me salvaste la vida. Déjame ayudarte a salvar la tuya.
