Me disculpo por cualquier error, lo he corregido lo mejor que he podido. Estaré actualizando seguido éste y mis otros fics, aunque en algunos no me viene la inspiración.

Dejen Reviews.

Capítulo

2

Sabía que en parte era su culpa. Jamás había admitido ningún sentimiento por Cas, así que no tenía derecho de recriminarles algo o peor aún de hacer una escena de celos. Pero su cabeza daba vueltas; se sentía mareado. Un nudo le cerró la garganta y las voces de Sam y Castiel sonaron lejanas.

Dean tardó en comprender que de verdad Castiel, la persona que amaba, había dormido con su hermano.

-Dime que no… -sacudió la cabeza sin despegar su mirada verde de Cas. Observó a Sam de soslayo-. Díganme por favor que ustedes dos no lo hicieron –casi gruñó, retrocediendo ante la mirada cohibida de Sam.

-Dean yo… -musitó Cas saliendo de la cama, por suerte traía su ropa interior.

-¡No, Cas! No quiero escuchar el por qué ustedes están cogiendo –exclamó, una punzada dolió en su pecho.

El ángel desvió la mirada, preocupado y confundido. Esa situación lo superaba, así que hizo lo primero que se le ocurrió y desapareció.

-¡Genial! –exclamó Sam, fastidiado-. ¿Por qué haces esto, Dean? –se volteó hacia su hermano mayor, con los puños apretados.

El menor de los Winchester no comprendía de qué iba todo ese comportamiento de su hermano. Primero había pasado todos esos años negando rotundamente sus sentimientos por Cas, y ahora que los descubría juntos parecía que sufriría un infarto en cualquier momento.

-Dormiste con… -gritó Dean, pero su voz bajó de tono-… con mi mejor amigo.

-¿Ahora es tu amigo? –Sam se cruzó de brazos, atravesando la habitación.

-¿De qué hablas? –el rubio frunció el ceño.

-Mi cita salió mal, y llegue temprano. Encontré a Cas ebrio en la cocina, dijo que lo habías echado del búnker –explicó Sam.

-¡Así que decidiste consolarlo! –se burló Dean, asintió y apretó los ojos, sabía que la noche anterior se había comportado como un idiota. Lo que hubiese dado en ese instante para evitar que todo aquello sucediera.

-Dean, explícame cual es el problema, porque lo único que sé es que evité que nuestro amigo se fuera del búnker por tu estupidez –Sam rodó los ojos y sacudió la cabeza.

-¡Hiciste el amor con Cas! –casi escupió Dean, dando un puntapié a la puerta antes de salir de allí. No soportaba la sola idea de que alguien más, ni siquiera Sammy, tuviera a Castiel.

Sam parpadeó un par de veces, acomodándose el cabello; soltó un gruñido, él siempre había sido más abierto con sus sentimientos. La noche anterior era un ejemplo de ello, había querido tener sexo con Cas y fue así de simple. Dean, por su parte, era cerrado y daba demasiadas vueltas a las cosas.

Se vistió y siguió a Dean, que seguro estaba en la cocina. Lo encontró sentado a la mesa, con la cabeza entre ambas manos, y los ojos yendo de un lado a otro como si estuviera manteniendo una batalla con sus propios pensamientos.

-¿Me puedes decir qué demonios te sucede? Echaste a Cas, no entiendo por qué, pero eso ha sido mezquino –tomó otra de las sillas y se sentó frente a Dean-. Es nuestro amigo, siempre nos ayuda.

-No es eso Sam… es… todo esto es mi culpa –gruñó el rubio, poniéndose de pie. No quería hablar en ese momento del asunto.

-No es el fin del mundo, Dean. No realmente. Sólo fue cosa de una noche, y no creo que sea de tu incumbencia –dijo con simplicidad.

Dean no supo que lo fastidió más; que Sam hablara como si hubiese utilizado a Cas por una noche, o el hecho de que quería gritar con todas sus fuerzas que amaba-a-Castiel y no podía.

-¿Sabes? No quiero escuchar nada –levantó ambas manos, tomó su chaqueta y las llaves de su auto-. Ahora mismo un cazador tiene problemas con un caso en Minessota, creo que lo mejor sería… mantener distancia por unos días.

Sam asintió. A veces tomaban cacerías por separado, eso no lo sorprendía.

-Pero prométeme que lo de Cas y tú… quedará allí –pidió Dean. Quería marcharse, aclarar sus pensamientos. Necesitaba decirle a Cas que lo amaba, pero con lo que había pasado la noche anterior, todo se había puesto aún más complicado.

"Tú lo éstas haciendo complicado, idiota –se dijo, y juraba que sus pensamientos sonaban como Bobby"

-Lo prometo –Sam levantó la mano en un gesto de promesa y también de despedida. Dean asintió y se despidió de la misma manera, despareciendo rumbo al garaje del búnker. Minutos más tarde el menor pudo escuchar el motor del Impala resonando en la distancia-. Demente –musitó refiriéndose a Dean. No tenía ni idea de lo que ocurría allí.

…..

Jody había llamado en la tarde. Sam estaba aburrido en el búnker viendo una película extraña en su computadora así que no tardó en ir con ella. Al parecer Claire y Alex habían tenido una discusión y la rubia se había escapado.

Cas ya había tenido un día bastante terrible como para preocuparlo, pensó Sam por lo que decidió solucionarlo por su cuenta. No tardó demasiado tiempo en encontrar a Claire, en un pueblo a dos horas de allí sentada en la banca de un parte. Habló con ella y aunque al principio se negó rotundamente a volver, finalmente cedió e hizo las paces con Alex.

Sam llegó antes de la media noche al búnker. Se preparó algo de cenar y fue a terminar de ver esa película en su habitación. Estaba quedándose dormido cuando escuchó un estrépito escandaloso en las escaleras de entrada.

Por instinto tomó su arma y salió listo para disparar. Hasta que notó que se trataba de Castiel, todo magullado y cubierto de fango.

-¿Cas? –bajó el revólver. El par de ojos azules lo miraron. Sam corrió en su ayuda porque el ángel se tambaleaba al caminar-. ¿Qué te ocurrió?

-Es mi gracia –Cas se esforzó por llegar a una de las sillas de la biblioteca, donde Sam lo ayudó a sentarse-. Cuando me fui esta mañana caí en Oregón. Creo que me rompí algo –movió el cuello y sus vértebras crujieron. Sanaría pronto, de ser humano no sería más que puré, pero todavía dolía el golpe.

-¿Y cómo has llegado aquí? –Preguntó Sam, pero al ver que Cas evadía la pregunta rodó los ojos-. Bien, como quieras. Pero deberías limpiarte, ¿no crees?

-¿Puedo utilizar su baño? –preguntó el ángel con cautela.

-Cas –suspiró Sam, apoyando la espalda en el borde de la mesa-. Sé que Dean te dijo que te marcharas pero no tienes por qué hacerlo. Este es tu lugar ¿bien?

-Bien –el ángel asintió un par de veces, antes de ponerse de pie. Su expresión era destrozada, pero Sam no dijo nada y lo dejó marcharse al baño mientras él volvía a su habitación.

Escuchó el agua del baño correr durante un largo rato y después pudo oír el chirriar de la llave al cerrarse. Se dijo que seguramente la gracia de Cas estaba muy desgastada después de todo lo que pasó con Lucifer y la Oscuridad.

Los pasos de Cas resonaron por el pasillo del búnker y se detuvieron justo frente a la habitación de Sam. El ángel golpeó un par de veces, algo temeroso.

-Entra –dijo Sam, tumbado en la cama. Alzó una ceja al ver que Cas solo traía una toalla.

-Lo siento. No tenía con que…. Vestirme –se disculpó Cas. Sam se puso de pie y rebuscó un par de prendas entre su ropa. Cas se vistió algo cohibido y el verlo el menor de los Winchester tuvo que contener una sonrisa; el jean le quedaba demasiado grande, y la camisa le llegaba cerca de los muslos.

En tanto Cas se vestía Sam volvió a su laptop.

-Sam… creo que debo disculparme por lo de anoche –afirmó Castiel, tratando de sonar indiferente. Sam cerró la tapa de su portátil.

-Cas no tienes nada de qué disculparte. En todo caso el que debería disculparse soy yo–afirmó el menor de los Winchester- Siento que me aproveché de la situación. Tú amas a Dean, y estabas ebrio…

-Amo a Dean –espetó Cas casi en una risa rota. Sam lo observó con las cejas levantadas-. Lo amo. Sí, lo amo… pero él no me va a amar ni así mueva todo el cielo para que eso ocurra. Es mi amigo, y creo que tendré que vivir con eso –gruñó pero su rostro se veía horriblemente triste.

-Y con el hecho de que quizá ahora nos detesta a ambos –añadió Sam, chasqueando la lengua.

Se hizo un silencio largo, en el que Cas trató de contener su deseo de romper algo o golpear a alguien. Dolía que Dean no lo amara, pero dolía más saber que ni siquiera soportaba su presencia.

-¿Qué hacías antes de que llegara? –preguntó el ángel, con algo de curiosidad, o quizá solo para cambiar de tema.

-Viendo una película –confesó Sam, apuntando a su portátil.

-No confío en esas cosas –Cas cruzó los brazos, mirando a la computadora.

-Tal vez si les das una oportunidad –Sam trató de sonreír, y el ángel se aproximó a la cama.

Al principio fue extraño, porque Cas se sentó despacio en el borde, conservando la distancia con Sam y éste abrió la portátil y puso la película desde el principio. Pero pronto la tensión bajó. El ángel observó la película, recostándose en una de las almohadas. Sentía un vacío abismal en su pecho, como si incluso al corazón de su recipiente le costara cada latido; sin embargo cuando se acercó un poco más a Sam y éste puso una de sus largas piernas sobre la suya una sensación de confort lo calmó.

Conforme la película transcurría Cas se preguntó si es que todo ese tiempo no había estado siendo autodestructivo. Quizá había visto en la dirección equivocada. Amaba a Dean, pero el rubio era como una tormenta, caótico e incomprensible. Sam… Sam era calma.

Ninguno de los dos tenía idea alguna de a dónde los llevaría todo eso, pero en algún punto de la película Sam acomodo su brazo alrededor de Cas y el ángel se pegó más a él.

La última escena era tan graciosa que a pesar de las circunstancias Castiel soltó una risotada, al igual que Sam. Se miraron el uno al otro y Cas se removió un poco, Sam otro tanto, y cuando los créditos empezaron a salir se estaban besando.

La mano del menor de los Winchester cerró la portátil y puso sobre la mesa de noche. El beso con Cas se profundizó. El ángel era su amigo, pensó, y era una de las pocas personas estables que había tenido en su vida. Castiel siempre había estado allí.

Las manos se deslizaron por el cuerpo contrario, las sábanas se revolvieron, y de un momento a otro Cas estaba desnudo bajo Sam cuya ropa también había terminado en el piso.

-Cas yo…-dijo Sam, separándose un poco.

-Entiendo. Sólo es sexo –aclaró Cas, tratando de que eso no fuera más complicado de lo que ya era.

-No –negó el menor-. No soy, Dean. Y no voy a ocupar nunca su lugar…

-Lo sé –Cas asintió, tomando una respiración profunda-. ¿Pero esto es sólo por esta noche? –preguntó al sentir los labios de Sam en su cuello.

-Ya veremos.

-Está bien.

Minesotta era fría, quizá más de lo que podía soportar. Pero al menos estando de cacería allí con aquella amiga de Bobby, Sandy, podía despejar su mente. Cuando algo era demasiado problemático, Dean tenía la costumbre de darse un tiempo para pensar; esa vez no fue la excepción.

Durante las dos primeras semanas el caso pareció sencillo; cuerpos sin una sola gota de sangre tirados a la mitad de una carretera.

Pero pronto se dieron cuenta que no habían indicios de vampiros. Sandy le explicó que en la casa de cada víctima encontraba unas bolsitas con huesos y flores de artemisa. Claramente allí tenía algo que ver una bruja, lo cual complicó todo el caso.

Con el paso de los días Dean fue conociendo mejor a Sandy. Tenía unos años menos que Bobby, y le recordaba a Ellen, salvo porque era pelirroja.

Llevaban tres semanas en eso cuando pidieron al alguacil del pueblo que les indicara cuales eran las familias de las víctimas y éste finalmente les dio la información. La mayoría eran personas que vivían solos, y que no tenían familia cercana. Salvo por la viuda de un hombre. Fueron a hablar con ella, quién las recibió entre llantos, con los ojos hinchados y un aroma a ron en los labios. La pobre mujer que había quedado viuda les contó entre lágrimas que su esposo había estado escondiendo que fue despedido de su trabajo.

-Por lo que me dijo Frank, su mejor amigo; él perdió el trabajo desde hace meses, y no había conseguido nada. Estaba desesperado y en lugar de contármelo fue a buscar ayuda de una curandera que vive del otro lado del pueblo. Practica vudú y esas cosas –dijo la mujer, sacando una bolsita y entregándosela a Sandy-. Encontré esto entre las cosas de mi esposo –sollozó.

El contenido de la bolsita era la misma mezcla de huesos y artemisa. Convencidos de haber dado con la bruja que estaba detrás de todo eso, Sandy y Dean fueron a la dirección que la viuda les había dado. Era una casa destartalada fuera del pueblo, refundida entre el bosque y con las ventanas cubiertas con periódicos. En todos los sentidos parecía la herida perfecta para una bruja.

Dean abrió la puerta de un puntapié. Sandy y él iban bien armados, pero las expresiones duras de sus rostros cambiaron cuando al entrar encontraron una casa normal, decorada con un viejo tapiz amarillo y, en el sofá frente a la Tv encendida, a una mujer muerta.

-Sin una gota de sangre –afirmó Sandy tras revisar el cuerpo mientras Dean inspeccionaba la casa-. ¿Alguna vez habías visto algo como esto? –preguntó con el ceño fruncido al encontrar una marca triangular en la muñeca de la víctima.

El rubio sacudió la cabeza. Habían pasado algo más de tres semanas y el caso estaba estancado. Así que no tuvieron más que hacer que seguir a la viuda. La mujer se la pasaba bebiendo en el bar local, así que ambos consiguieron una mesa algo apartada pero perfecta para mantener a la mujer en la mira.

En tanto compartían un par de cervezas Sandy empezó a hablarle a Dean sobre su sobrina; una bonita mujer de la edad del cazador. Dean la escuchó tratando de verse interesado, pero Sandy tenía una suspicacia asombrosa.

-Pero tú ya tienes a alguien… -le sonrió.

El cazador bebió un poco de cerveza y sacudió la cabeza.

-Vamos, cariño, ¿qué ocurre con ella? –Sandy entornó los ojos, terminándose su cerveza y pidiendo otras dos al bar-man.

-Él –admitió Dean. Sandy abrió mucho sus ojos, acomodándose su rojiza coleta salpicada de canas.

-¿Entonces, qué tiene él de malo para que pongas esa cara al recordarlo? –bromeó, bebiendo su recién abierta cerveza.

-Es complicado. Es un amigo, muy cercano –dijo Dean, algo tieso; no le había dicho a nadie sobre sus sentimientos con Cas, pero extrañamente hablar sobre eso con una desconocida se sentía bien-. Mi mejor amigo. Lo conozco ya desde hace mucho y, al principio no quise darme cuenta de que lo… amaba. Pero cuando finalmente lo hice noté que él había sacrificado todo por mí, y que estaría pidiéndole aún más si le decía que lo quería… que quería esté conmigo… –se sentía un idiota romántico por estar diciendo aquello.

Sandy asintió, bebió otro trago y jugueteó con la servilleta.

-¿Y…? –cuestionó, Dean la miró extrañado-. No pongas esa cara, muchacho. Hay algo más detrás de eso y quiero saberlo.

-Discutimos. Le dije que se marchara –explicó-. Le dije cosas horribles, y me fui yo para despejar la mente. Y cuando volví… él había dormido con Sam, mi hermano menor. No los culpo, ninguno sabe lo que yo siento por él… por Castiel. Pero fue extraño encontrarlos y…

-Eso suena a una mala película vieja, cariño –espetó Sandy, sacudiendo la cabeza-. Tienes que enmendarlo –afirmó.

-¿Cómo? –los ojos verdes de Dean saltaron a los de ella.

-No seas idiota, muchacho. ¿Te callarás lo que sientes? Si sigues esperando para decírselo cuando te hayas dado cuenta estarás viejo como yo.

-Él ha sacrificado todo por mí. Además, estoy seguro que no me ama de esa forma –el rubio bajó la mirada a su cerveza.

-El amor no es un sacrificio –afirmó Sandy-. Además, ¿Quién se sacrificaría por ti a menos que te ame? Quizá en tu gran cabezota no comprendes que alguien puede amarte. Serte recíproco.

Dean asintió. Sandy tenía razón. En retrospectiva cada sacrificio que había hecho o visto, era por amor. Antes de poder admitir que la amiga de Bobby tenía razón la viuda salió del bar, tambaleándose.

-Vamos –dijo Sandy, tomando su chaqueta, su arma y saliendo tras la viuda. Dean no tardó en hacer lo mismo.

La siguieron durante esa noche pero la mujer sólo fue dormir en el sofá de su hogar. La volvieron a seguir durante otro par de noches, y la viuda no hacía más que beber y llorar viendo películas románticas. Casi ya era un mes con ese caso cuando finalmente sucedió algo interesante. El alguacil apareció a las tres de la mañana en la casa de la mujer.

Dean y Sandy no tardaron en acercarse a la ventana de la sala, para escuchar. Al parecer ambos discutieron, y entre gritos y gritos, ella lo acusó de obligarla a "hacer todo eso".

-¡Me lo debes! –exclamó él, y la tomó por el cuello empezando a estrangularla.

Ambos cazadores intervinieron entonces. Dean entró apuntando al hombre, y cuando éste arrojó a Sandy contra la ventana hasta el otro lado de la sala, el rubio tuvo que disparar. Al final resultó que no había vampiros en el pueblo; aquel sujeto era un brujo que estaba reclutando a otros tantos. Les pedía a sus seguidores que mataran a personas específicas en una especia de ritual donde debían beber sangre para corromper sus almas, y esas cosas.

La viuda lo había hecho para poder recuperar la casa que su esposo había hipotecado justo antes de perder el trabajo.

Había pasado un mes desde que Dean llegó a Minesotta cuando se despidió de Sandy en la interestatal. Ella iba rumbo a Nueva York y Dean volvía a casa; al búnker. Esperaba que hasta ese entonces Sam se hubiera conseguido otra camarera y Cas le hubiese perdonado todo lo que le dijo en aquella discusión.

-¿Estarás bien? –preguntó el rubio al ver las magulladuras que tenía Sandy.

-Soy más fuerte de lo que crees, muchacho. Y espero que tú dejes de ser tan cobarde y vayas y admitas que amas a ese tal Castiel –prácticamente se lo ordeno la pelirroja. Dean asintió antes de que cada uno subiera a su respectivo auto, tomando la interestatal en direcciones separadas.

….

Un mes y dos días, y Cas todavía no entendía de que iba eso del El Hobbit. Sam le había regalado una copia del libro para que la leyera, pero hasta ahora el ángel no entendía qué eran los elfos.

Su padre no había creado Elfos, u Orcos ¿o sí? Estaba confundido. Pero siguió leyendo, sentado en una de las bancas de la biblioteca.

Por lo menos, aparte del Hobbit, todo lo concerniente a Sam ya no lo confundía más. Esbozó una sonrisa casi involuntaria al pensar que después de ese "ya veremos" las cosas habían marchado bien. Empezaron durmiendo juntos, desayunando juntos y haciendo cosas simples como ir al supermercado o salir por unas cervezas o un par de hamburguesas (aunque la de Sam siempre era vegetariana)

Sam sugirió ir al cine, y fueron. Descubrió la fascinación del menor de los Winchester por los lugares solitarios y lejanos, ya que terminaron yendo a un campo muy apartado del búnker donde caminaron hablando de tonterías y a veces solo compartiendo un agradable silencio. Cocinaban juntos… aunque Cas no estaba seguro que todo lo que preparaban fuera realmente comestible.

-Sabe a demonios –comentaba generalmente Sam, con una sonrisa divertida.

-No creo que así sepan los demonios –añadía Cas, ladeando la cabeza con el ceño fruncido.

Sam era bueno, pensó, el ángel. Aunque no sabía cómo iría a reaccionar él mismo cuando Dean regresara. Temía que lo volviera a echar.

Escuchó el motor del Impala llegar, y apagarse en el garaje. Se tensó porque en ese momento Sam había salido a correr. Escuchó los pasos de Dean aproximarse a la biblioteca, pero él continuó leyendo; hasta que no pudo más y dirigió una mirada al rubio.

Éste lo saludó un guiño y una sonrisa descarada, casi decidida. Como si estuviese resuelto a hacer algo que cambiaría su vida.

-Hola, Dean –lo saludó Cas, bajando el libro y esbozando una sonrisa radiante. Quería ser sincero con el rubio. Esas cuatro semanas fueron perfectas para él con Sam, y habían puesto decidido que lo mejor era mantener a Dean al tanto de todo.

-Ey, Cas –el rubio dejó caer su maleta a un costado de las escaleras y se acercó a la mesa de la biblioteca donde estaba el ángel-. Oye, tengo que hablarte de algo y es muy importante.

-Bien –el ángel asintió-, también tengo que decirte algo –esa sonrisa con que lo dijo le pareció inusual a Dean-. Pero tú primero, Dean.

-No. No, dímelo tú. Parecen ser buenas noticias –Dean apoyó ambas manos en el respaldo de una silla vacía.

-Es Sam –Cas frunció el ceño como si todavía no se lo terminara de creer. No era que llevase la cuenta ni nada, pero ya eran dos semanas desde que Sam le había dicho "te quiero" y él le había respondido "y yo a ti"-. Tu viaje de cacería nos dio tiempo a solas. Y realmente eso de aquella noche habría quedado así de no ser porque nos diste espacio. De verdad te lo agradezco, y creo que debes saber que Sam y yo desde hace como un mes estamos oficialmente en lo que ustedes los humanos llamarían "una relación"

Dean sintió que el alma se le revolvía en el pecho. Sintió frío y después una acalorada rabia; en un arrebato tomó la silla y la arrojó del otro lado de la biblioteca aunque no la rompió. Lo atacó un dolor de cabeza, y una asfixia ridículamente dolorosa.

-¿Dean, te sientes bien? –Cas saltó de su silla tomando al cazador por el hombro.

Éste se separó de su contacto como que quemase.

-¡Vete a la mierda! –gritó sin mirarlo al rostro y salió corriendo de allí. No tenía idea de lo que había pasado pero eso… todo eso estaba mal.

Corrió al garaje pero entonces recordó que había puesto las llaves del auto en la maleta. Escuchó los pasos de Cas tras suyo, pero no se volteó. No quería mirarlo. No quería mirar a la persona que amaba, sabiendo que ahora era… de su hermano.

-Dean si dije algo que te ofendió, mis disculpas. Es sólo que creí que…

-No, Cas. No quiero saberlo –exclamó el rubio, apretando los puños.

-¿Por qué estás tan molesto conmigo, Dean? ¿Por qué te molesta que esté con Sam? –casi lo acusó.

Dean guardó silencio. No podía… no podía; pero finalmente las palabras que habían estado queriendo salir de su boca desde hace tanto lo hicieron. Quizá demasiado tarde.

-¡Te amo, Cas! ¡Te amo! –giró en redondo, con los ojos repletos de lágrimas miró a los ojos azules del ángel.

Cas retrocedió, apretando la mandíbula, con el ceño fruncido; le costaba procesar todo aquello. Dean siempre lo había negado, se lo había callado, o llevado a broma; nunca creyó que en verdad sintiera eso por él. Si parecía incomodarlo hasta su cercanía.

-Mierda, te amo tanto –se acercó con una zancada y besó al ángel sin más preámbulos. Cas correspondió por un instante hasta que se dio cuenta lo que hacía y lo empujó con fuerza.

-Lo siento –fue lo único que atinó a decir. Dean cerró los ojos, pero lo siguiente que dijo Cas, lo destruyó-: pero Sam... Creo que amo a Sam –sonaba tan convencido y seguro como no lo había estado en años desde que se reveló contra el cielo.

N/A: En siguiente capítulo las cosas se complicarán más, y aparecerá Gabriel así que ya se imaginan.

N/A(2): Éste fic nació con todo ese escándalo que hubo recién de que Jensen dijo que "el Destiel no existe" y pues pensé ¿Y qué tal el Sastiel? Dean tendrá que luchar si quiere a su ángel.