Sasuke salió de la habitación para buscar las zapatillas de su hermana, porque al fin y al cabo, de todas maneras las necesitaba. Volvió a escuchar la puerta, esta vez cerrándose. Era su mamá que ya se había marchado del hogar. Por fin pudo respirar, aliviado. Faltaba poco y su madre lo hubiese pillado en una situación poco común. Y él ni había atinado a moverse, se quedó petrificado hasta que Hinata le dio un empujón, que lo hizo reaccionar. Alcanzó las zapatillas negras de su hermana, unas converse. Seguía pensando en lo ocurrido anteriormente, cómo es que se había dejado llevar por los impulsos masculinos. ¿Es que ahora, después de años, recién habían despertado en Sasuke? Una caída, así lo consideraba él, me pilló desprevenido. Después de todo él no había sentido nada. Aún no sentía nada, solamente amor fraternal hacia la menor.
Caminó hasta el cuarto de la chica, que estaba consumiendo su desayuno. Ella lo miraba con un rostro que parecía pedir perdón. Recibió las zapatillas de manos de su hermano y no le dijo nada.
– Apúrate con el desayuno, que ya se está haciendo tarde. – reiteró el mayor, repitiendo las palabras de su madre.
Era serio, como solía serlo en el colegio, con sus amigos, con sus compañeros y con toda la gente que lo rodeaba. ¿Por qué había cambiado tanto de un momento a otro? Se apuró la chiquilla con su desayuno, no quería hacerlo enfadar más de lo que parecía estar. Se vistió, arregló su cabello, se lavó la cara y los dientes y se encontró con su hermano en el living del hogar, dispuesta a salir rumbo a la escuela. Salieron de su hogar una vez más, se dirigían a su destino caminando, así lo hacían todos los días. Quince, veinte minutos más o menos a pie les quedaba el colegio de su casa, y ambos preferían ir caminando. No solían conversar en el camino, Sasuke era bastante callado en ese sentido y Hinata lo respetaba. El único lugar donde se mostraba tal cual, era en el hogar. Allí se le veía más feliz, más vivo, más él.
– ¿Pasa algo? – preguntó la menor, sin despegar su mirada del piso.
– Nada. – respondió con indiferencia.
– ¿Quieres hablar de lo ocurrido? – volvió a insistir la ojiperla.
– ¿Qué fue lo que ocurrió? – le dije él, con un poco de enfado en su hablar, demostrando su hiriente frialdad.
Hinata no le quiso responder. Sabía perfectamente que su hermano intentaba ocultar todo lo que había ocurrido. Pero ella estaba confundida. Ahora ni ella misma comprendía porqué lo había besado de aquella forma hace un rato atrás. Continuó caminando como si nada, prefería evitarse futuros problemas y prefirió callar. Al llegar a la escuela, en la entrada, estaban esperando los amigos de su hermano, al igual que todos los días. Naruto era el primero en saludarlo. A ese chico rubio si le gustaba molestar a Hinata.
– Hola, pequeña. – le dijo el rubio apoyándose en el hombro de la menor, cruzando uno de sus brazos sobre el hombro de ella, mientras que con el otro le tomaba el rostro acercándolo al suyo. – ¿Cómo has estado?
– B-bien… – respondió Hinata, quitando la mano del chico.
– ¿Qué pasa? – le preguntó por la reacción que había tenido ella.
– Nada… es que ya comenzarán mis clases, mejor me voy.
La verdad era que la ojiperla se sentía incómoda. No estaba acostumbrada a que los chicos actuaran de esa forma con ella. A pesar de que Naruto era el único que la hacía, le provocaba nerviosismo que él la tratara de esa forma y que su hermano estuviese allí mismo, viéndolos.
Hinata se fue a su salón de clases, no le gustaba llegar tarde, era una muchacha muy responsable. Kiba, por su parte, era todo lo contrario. Era su mejor amigo, pero era desordenado, irresponsable, poco puntual, pero tenía demasiada personalidad y creatividad y eso era algo positivo que todos apreciaban de ese muchacho. Y en cuanto a las amigas de la chica… la verdad era que más que amigas, eran simples compañeras interesadas en su hermano, y ese era el único motivo por el cual le hablaban a Hinata.
Cuando la chica ingresó a su salón, se sentó como de costumbre en su puesto habitual. Así pasó una hora hasta que llegó Kiba. El profesor lo dejó ingresar, perdonándolo como todos los días y advirtiéndole que sería la última vez que lo dejaba ingresar a clases atrasado. Entonces, en plena clase, apareció la directora del colegio. Una señora rubia, con apariencia bastante joven, aunque era de más edad. Tsunade, acompañada de una chica.
– ¿Ella es nueva? – preguntó Kiba en voz alta, mirándola de pies a cabeza, sorprendido.
– Guarda silencio. – le dijo la señora bajito, para luego dirigirse a los demás alumnos. – Ella viene de Inglaterra, pero su nacionalidad es japonesa. Acaba de retomar sus estudios acá en Japón y lo que quiero es que la trate con respeto. Sean buenos con ella… y todo lo demás. – Terminó por decir informalmente, dándole un empujón a la chica para que diera unos pasos adelante. – Ahora, preséntate.
– Eh… claro. Soy Hidari Hive. Tengo 14 años. Me gusta mucho la música y las matemáticas… eso.
– Bien – dijo Tsunade, sin importancia, como si eso de tener alumnos nuevos fuese cosa de todos los días. – Ahora siéntate em… allí, al lado de Hinata hay un puesto vació.
– ¿Y por qué no a mi lado? – preguntó el Inuzuka, con cierto tono de regaño.
– Porque yo lo digo. Pórtense bien. Ah! Y les recuerdo que el colegio está preparando un evento nuevo. Luego vendré con más información, adiós.
Así, Tsunade salió del salón dejando a los alumnos con ganas de saber de qué se trataría tal evento y también, con ganas de conocer a aquella chica nueva. Hidari, era una muchacha de cabello con término medio, escalonado. Usaba el fleco hacia la izquierda con un mechón en él de color azul. Era delgada, de estatura media, ojos grises y piel clara. Vestía una falda corta, de color negro y voluptuosa, una polera negra, unas medias largas con líneas negras y azules y sus converse. Caminó hasta el único puesto vacío y supuso que la chica a su lado era Hinata.
Habían pasado ya unas horas, cuando dieron el tiempo de receso. Hinata y Kiba trataron de incorporar a Hidari en su grupo, invitándola a pasar con ellos ese recreo. Los tres se sentaron bajo un árbol para quedarse en la sombra que éste daba. Conversaban, como si se conociesen por toda la vida. Al parecer a la chica se le hacía fácil eso de conversar, a pesar de que les había confesado que era poco sociable y que no le interesaba tener amigas.
– Prefiero ser amiga de chicos. – dijo Hidari. – Son menos envidiosos, naturales, divertidos y aprecian buenas cosas.
– ¿ A qué te refieres con Buenas cosas? – preguntó Hinata.
– Pues, verás. Los chicos por ejemplo, prefieren pasarse el día en los videojuegos, en cambio las chicas salen de compra, se maquillan y quieren tener novios. Por mi parte, yo prefiero tocar guitarra, que maquillarme o ir a una fiesta. ¿Entiendes?
– Perfectamente – le respondió la otra chica. – Yo tampoco tolero esas cosa, es por eso que Kiba es mi único amigo. No me llevo muy bien con las chicas.
– Sí – afirmó el chico – la verdad es que nuestras compañeras sólo se acercan para...
– Oye Hinata, ¿Sasuke tiene novia ya? – interrumpió una de sus compañeras, dándole la espalda a Hidari.
– Creo que no, y tampoco piensa tener una, jamás le ha interesado.
Entonces Sasuke se iba acercando al grupo que se estaba formando. No para hacerse resaltar más, sino, para hablar con su hermana. En cuanto la chica que había preguntado por él lo vio, dio un grito.
– ¡Sasuke! ¿Quieres ir a…?
– No. – respondió antes de que la chica acabara su pregunta, entonces ella se fue, sonriendo torpemente, como si nunca hubiese formulado la pregunta, ignorando lo que Sasuke le había respondido.
– Yo hubiese golpeado esa chica inmediatamente. – Le dijo Hidari, en voz baja, casi inaudible.
– Hinata, hoy saldré más temprano porque el profesor no vino, así que nuestros horarios coincidirán. Nos vamos juntos. – le dijo el chico a su hermana, ignorando lo que había dicho la desconocida.
– B-bueno… – habló la menor, mirando el pasto al recordar lo que había sucedido aquella mañana. – Por cierto, ella es Hidari, hoy también se va con nosotros, vive bastante cerca. Hidari él es mi hermano Sasuke.
