Capítulo 1 –Toma de contacto

Rin era consciente de que no era el mejor momento para comportarse como una niña pequeña. Las únicas personas que podría llamar importantes en su vida habían puesto un voto de confianza sobre sus hombros y debía responder con algo de responsabilidad.

Pero lo cierto era que encontraba todo el asunto de lo más emocionante.

Era la primera vez que se marcaba la meta de ir de incógnito y no podía evitar concebirlo como un juego. Había cambiado su look habitual por un vestido corto y con vuelo, algo de maquillaje sutil y un montón de complementos a conjunto, entre los cuales se había permitido el lujo de incluir merchandising de los héroes más conocidos a modo de broma personal. En lo esencial, no había apenas diferencia entre ella y el resto de chicas de vidas aburridas e insulsas que paseaban por la calle y se sentía bastante orgullosa de sí misma.

Se apartó un mechón de cabello castaño de la cara y paseó la mirada por el parque, asegurándose de que sus objetivos seguían estando dentro de su rango de vigilancia, pero los tres chicos no se habían movido de su sitio. Sonrió para sí misma. Habían estado meditando mucho el plan de acción que debían iniciar en aquel momento, conscientes de la envergadura de lo que se les venía encima y, tras desechar docenas de ideas a la basura, habían decidido que lo más sencillo era acercarse a los estudiantes de héroe. Al ser más jóvenes seguramente estarían más abiertos a escucharles que los profesionales que llevaban décadas machacando villanos. Una vez que los tuvieran a ellos convencidos, esperaban que el resto del camino fuera más sencillo.

Así que, una vez decidido esto, Haku y Rin –que eran más o menos de la misma edad que los estudiantes– habían sido los encargados de vigilar Yuuei a la espera de una oportunidad para hacer una toma de contacto mientras Fudo y Norah intentaban buscar villanos que pudieran querer escucharles.

Y por fin, tras una semana estudiando las idas y venidas de la gente de U.A, los jóvenes estudiantes habían salido de los terrenos de la escuela.

—Se me hace extraño tener una tarde libre después de tanto tiempo —dijo uno de los chicos, el pelirrojo, desperezándose con una sonrisa despreocupada. Rin lo había visto en el festival de deportes y había leído cosas sobre él en la prensa local: era el aspirante a héroe conocido como Red Riot.

Sonrió con suficiencia, sabiendo que su idea de empezar con los estudiantes de Yuuei había sido todo un acierto. Era cierto que había más vigilancia y era más arriesgado, pero gracias a la importancia mediática que tenían, podían conocer sus nombres y, más importante aún, sus quirks.

—Ya lo creo… ¿qué deberíamos hacer ahora? —contestó uno de los chicos rubios. Tenía un mechón negro en forma de rayo, quizás a juego con el interesante quirk eléctrico que tenía: sin lugar a dudas era Kaminari Denki, no recordaba su nombre de héroe pero su capacidad ofensiva era bastante impresionante—. Podríamos ir a tomar algo mientras esperamos a que los demás terminen.

Rin entrecerró los ojos, pensativa. Tenía que meditar muy detenidamente el mejor modo de acercarse a ellos, todo tenía que salir a la perfección. Habían tenido una suerte enorme cuando el gran número de estudiantes que había salido en conjunto comenzó a disgregarse en pequeños grupos hasta quedar uno que tenía el número exacto para no dejar apenas aperturas en su plan. Estaba bastante segura de que si jugaban bien sus cartas, Haku y ella no tendrían problemas en retener a Kirishima, Kaminari y Bakugo. Estaba claro que ella, responsable del primer movimiento, debería dar su prioridad a noquear a Bakugo: no solo era el más talentoso de todos ellos, si no que tenía un quirk demasiado ruidoso y llamativo, si lo usaba aunque solo fuera una vez tendrían a los profesionales encima de ellos. Y eso era algo que tenían que evitar a toda costa.

El caso era que no tenía ni idea de cómo dar pie a ese primer movimiento.

—Hey, nena, ¿qué haces aquí tan sola? ¿Estás esperando a alguien? —Rin ladeó la cabeza para ver quién era el inconsciente que se había atrevido a molestarla. Era un chico alto y corpulento, con varios cuernos repartidos por todo su cráneo; a juzgar por su uniforme escolar y su expresión bravucona, era el típico matón de instituto. Incluso había tenido el descaro de agarrarle del brazo—. A una chica tan mona como tú no deberían dejarla plantada… Vente conmigo, seguro que encontramos la forma de divertirnos tú y yo solos.

El tirón apremiante que siguió a aquel comentario fue la gota que colmó el vaso de la poca paciencia que tenía Rin con ese tipo de tratos. Haciendo gala de unos reflejos insólitos, adelantó la mano y aprisionó la muñeca del brazo que la tenía agarrada. Una sonrisa retorcida se dibujó en sus labios cuando captó el cambio radical en la expresión del chico, que parecía no terminar de asimilar el cambio de roles.

—No te atrevas a tocarme nunca, injerto de cucaracha —presionó más todavía sobre su agarre, deleitándose con la expresión progresivamente más dolorida del chico. No se detuvo hasta que no escuchó el satisfactorio chasquido de los huesos quebrándose y ensanchó su sonrisa, sin permitir que se quejara—. Como vuelvas a hacerlo te juro que te arrancaré los brazos y los colgaré de esos cuernecitos tan monos que tienes en la cabeza.

Por el rabillo del ojo vio que había logrado atraer la atención de los héroes y, consciente de lo que parecía la escena a un observador externo, tuvo una idea. Se encogió un poco y cambió drásticamente su expresión por una aterrorizada. Incluso se permitió que sus ojos lagrimearan un poco para darle más verosimilitud a su papel de damisela en apuros.

Era toda una obra maestra, esperaba que Haku estuviera viéndolo.

—Por favor, no me hagas daño —alzó un poco el tono de voz, lo justo como para asegurarse que era perfectamente audible para los chicos—. Te lo suplico.

Y… bingo.

Héroes al rescate.

—Hey, creo que no quiere que le cojas así —Kirishima había apoyado una mano sobre el hombro del chico a modo de advertencia—. Deberías marcharte de aquí antes de buscarte un problema mayor.

El estudiante le dedicó una mirada desconcertada, su cabeza aún confusa por el subidón de adrenalina que había sufrido cuando Rin le había partido el hueso. Aprovechándose de eso y antes de que pudiera explicar nada, la chica volvió a presionar la muñeca destrozada una última vez antes de soltarla, esperando que recordara su reciente amenaza. Por suerte, el chico no parecía de los que tenían mucha entereza y en cuanto se vio libre, salió huyendo despavorido.

—Pero será cobarde… mira que salir corriendo así —farfulló Kaminari antes de centrarse en ella—. ¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo?

Era hora de una actuación magistral.

—Yo… yo… me agarró, intenté defenderme —dejó que su voz temblara un poco, como si estuviera muy asustada.

—Si quieres podemos acompañarte a un hospital —ofreció Kirishima solícito.

Rin sacudió la cabeza.

—No hace falta, habéis llegado antes de que pudiera hacerme nada, menos mal que estabais por aquí…

—Bastardo cobarde, al menos podría tener los huevos suficientes para dar la cara —gruñó Bakugo mirando en la dirección en la que había huido el chico. El instinto de Rin le dijo que lo mejor sería no darle tiempo al rubio a terminar de procesar la escena que acababa de presenciar, porque seguramente encontraría las incoherencias.

Así que debía actuar deprisa.

—Un momento… yo os conozco —dejó que su voz sonara debidamente admirada y sorprendida, como si realmente se acabara de dar cuenta—. Sois alumnos de Yuuei, ¿no? De segundo año. Os he visto en el festival de deportes, lo hicisteis increíble.

Rin por fin dio con Haku, se acercaba por detrás de los chicos con aire casual, interpretando perfectamente su papel de chico normal. Sabiendo que tendría apoyo, la chica decidió ponerse manos a la obra: era el paso más delicado del plan. Dejó que su quirk actuara y la energía descendiera hasta las yemas de sus dedos. Tenía que ser muy sutil.

—Bueno, dimos lo mejor de nosotros —dijo Kirishima sacando pecho orgulloso—, es lo que se supone que un héroe debe hacer.

La electricidad comenzó a acumularse bajo su piel, regular el voltaje adecuado era increíblemente difícil: pasarse solo freiría al chico sin mayores consecuencias, quedarse corta sería poco menos que un calambre sin importancia. Fallar en aquel momento sería echar todo a perder.

—Aun así, no todo el mundo llega tan lejos como vosotros —estaba bastante segura de que ya estaba lista, así que dirigió una última mirada a Haku antes de girarse por completo a Bakugo, cambiando radicalmente su expresión admirada por una sonrisa maliciosa—. Y tú eres al que tuvieron que encadenar y amordazar el año pasado, ¿verdad? Bakugo. Soy una gran fan, yo no hubiera podido dejar peor impresión ni intentándolo a conciencia. Tienes un don natural.

Antes de que el rubio pudiera terminar de procesar sus palabras y actuar en consecuencia, Rin hizo uso de sus reflejos sobreexcitados y presionó la mano cargada de electricidad contra la sien del chico. Aprovechando la conmoción del ataque, sacó una pequeña navaja del bolso que cargaba y, tirando de Bakugo, la presionó contra su cuello.

La posición era muy incómoda porque al lado de Bakugo, Rin era minúscula y le costaba parecer amenazante poniéndose de puntillas para poder pasar un brazo sobre sus hombros; además, después del ataque, el cuerpo del chico se había quedado algo laxo, así que cargar con él solo era un problema añadido. Pero serviría por el momento.

—Y ahora… que nadie dé un paso o le corto el cuello —dijo sin alzar mucho la voz y mostrándoles una de sus sonrisas más amistosas. Se había colocado de tal forma que para un observador externo parecerían dos amigos normales, incluso una pareja, así que mientras nadie gritara podía estar tranquila—, queremos ser amigos, ¿verdad?

—¡Bakugo! —gritó Kirishima alterado. Rin a modo de advertencia presionó más todavía la navaja haciendo que el pelirrojo se paralizara unos segundos antes de actuar con relativa normalidad—. Bakugo, ¿estás bien?

El aludido balbuceó algo ininteligible y su brazo dio un espasmo errático antes de caer con pesadez contra su muslo, arrancando una risita divertida de Rin. Miró condescendiente a los demás.

—Oh, perdonadle, puede que me las haya apañado para alterar todo su sistema nervioso interfiriendo con el voltaje de sus neuronas —explicó. Era una de las aplicaciones más delicadas y complejas de su quirk, le había costado muchísimo llegar hasta allí, así que no podía evitar querer fardar un poco—. Eso significa que su aparato locomotor no va a estar funcionando correctamente durante un tiempo, lo que también se aplica a su capacidad de comunicarse. Pero podéis confiar en mí, está bien. Al fin y al cabo, solo me interesa que nos llevemos bien.

—¿Eres una villana? —preguntó Kaminari tragando saliva y mirando a su alrededor, desesperado por encontrar una vía de escape.

Lamentablemente para él, no la había.

—Claro que sí —Haku había aparecido de imprevisto detrás de los chicos, pasando con naturalidad un brazo por sus hombros, como si fueran colegas de toda la vida. Al menos él era lo suficientemente alto como para hacer eso sin parecer ridículo—, ¿se te ocurre algún otro tipo de persona que tenga un modo tan original de hacer amigos? Soy Haku, por cierto. Es un placer conocerme, ya lo sé. Seguro que seremos grandes amigos, así que por favor, quedaos quietecitos y no me obliguéis a usar mi quirk.

—Te has tomado tu tiempo, capullo —se quejó Rin frunciendo el ceño.

—Bueno, antes quería asegurarme de que no la habías liado con esto. Ya sabes, eres muy poco fiable —replicó él dedicándole su sonrisa más encantadora.

—¿Qué queréis de nosotros? —inquirió Kirishima. Se le notaba bastante nervioso y eso de resultar intimidante le encantó a Rin.

—Solo queremos charlar, ya sabéis, de tú a tú —explicó dedicándoles su sonrisa más amplia.

—Vamos a otro sitio un poco más privado, ¿qué os parece? —añadió Haku, también sonriente.

Claramente, aquello no era una sugerencia.

Rin encabezó la marcha tirando de Bakugo, que andaba dando traspiés. Había cambiado la postura para pasar a entrelazar sus brazos, dejando el espacio necesario para clavar la navaja en un punto clave de sus costillas si era necesario. Además, se aseguró de preparar la energía adecuada para golpear de nuevo al chico en caso de que se recuperara antes de lo previsto de los efectos de su quirk. Muy de cerca iban los demás, todavía agarrados por Haku. Tanto Kirishima como Kaminari iban anormalmente tensos, pero Rin supuso que el desconocer qué podría pasarles si Haku activaba su quirk era suficiente para hacer que caminaran presas del pánico.

Era irónico: si supieran de los efectos del quirk de Haku, seguramente irían peor todavía.

El chico tenía la apariencia de un ángel bondadoso, pero su poder parecía haber nacido específicamente con un fin cruel y descabellado.

Por suerte, conocían bien la zona y no tardaron en encontrar un lugar que se adecuara a sus necesidades. Cerca del parque había un descampado algo apartado, con un edificio en obras que llevaba abandonado dos años: sería suficiente para protegerlos de miradas indiscretas.

—Pues andas bastante bien para no ir coordinado —apuntó Rin mientras empujaba a Bakugo contra uno de los muros del edificio. El chico trató de evitar dejarse llevar, pero sus piernas le hicieron tropezar y terminó sentándose donde Rin quería. Ella, a su vez, se aseguró de sentarse lo suficientemente cerca como para poder noquearlo en caso de ser necesario—, es admirable. La vez que lo probé con Haku tardó casi quince minutos enteros en ser capaz de dar un paso.

—También influye que antes de eso me hubieras provocado una conmoción cerebral con un bate, no soy de piedra, ¿sabes? —se quejó Haku frunciendo el ceño y soltando definitivamente a Kirishima y Kaminari.

Los jóvenes aspirantes a héroes se estremecieron al verse libres por fin y se aseguraron de poner algo de distancia entre ellos. Sin embargo, no podían olvidar que Bakugo seguía a su merced y no podían dejarlo tirado.

—Pero es que quería probarlo y tú no te ibas a ofrecer voluntario, necesitaba que estuvieras quieto —replicó Rin repitiendo el gesto del chico.

—¿Y por qué iba a dejarte practicar tu quirk en mí si a mi no me dejas hacerlo contigo? —Haku se cruzó de brazos, lo que siempre indicaba que la discusión podría ir para largo.

—Ya estamos aquí, ¿qué queréis de nosotros? —interrumpió Kirishima después de cruzar una mirada con su amigo rubio, sabiendo que, por el momento, estaban atados de pies y manos.

Rin miró a Haku, dejándole a él el dudoso honor de dar la explicación inicial de todo lo que les había llevado allí.

—¿Conocéis a Grey Goo? —preguntó enarcando una ceja, pero tuvo que poner los ojos en blanco al ver que los chicos cruzaban una mirada insegura—. Supongo que nunca ha sido un villano muy mediático —murmuró para sí mismo Haku rascándose la nuca—. Resumiendo, es un villano de los malos, malos. Peor que Rin, hacedme caso —la aludida encogió un hombro dedicándoles una sonrisa torcida, sabiendo que Haku se estaba burlando de ella—. El caso es que hace unos tres o cuatro años hubo un accidente: puedo resumirlo con mucho ruido y mucho caos y un villano llamado Grey Goo dado por muerto. Pues ahora resulta que no lo está, ese bastardo sigue vivo, coleando y más resentido que nunca. Y eso hay que cambiarlo.

—¿Vosotros, villanos, queréis denunciar a otro villano? —Kaminari frunció el ceño—. Se supone que estáis todos en el mismo bando, ¿no?

La única chica del grupo dio un largo suspiro resignado.

—Si dices eso es que no tienes ni idea de cómo funcionamos nosotros, ¿eh? —obviamente, tampoco pensaba ser ella la que lo explicara.

—Da igual cómo concibamos nosotros la vida, la sociedad o lo que sea que signifiquen las aspiraciones del resto de villanos. Existe una diferencia fundamental entre nosotros y Grey Goo: él lo odia todo y a todos. Y quiere acabar con el objeto de ese odio, por lo que quiere borrarnos a todos del mapa. Personas, lugares, la esencia misma de la vida —Rin apartó la mirada, incómoda, las palabras de Haku le evocaban malos sentimientos—. Obviamente no podemos tolerar eso, hay que pararle los pies.

—¿Y por qué mierdas nos estáis contando esto a nosotros? —gruñó Bakugo haciendo que Rin diera un brinco, se le había olvidado que lo tenía al lado. El chico hablaba arrastrando las palabras, casi sin vocalizar, era evidente que aún le costaba hacerlo, por lo que Rin supuso que aún tenía algo de margen hasta que pudiera usar su quirk de nuevo.

—Porque nuestros recursos son un poco insuficientes para plantarle cara a Grey Goo —explicó en aquella ocasión Rin—. Créeme, esto nos hace menos gracia que a vosotros.

—Si lo que queréis es poner una denuncia en una de las oficinas de los héroes, existen mejores métodos que el secuestro —dijo en aquel momento Kirishima. Ahora que Bakugo parecía poder hablar, estaba más tranquilo.

—Es que no queremos eso —le cortó Rin sacudiendo la cabeza—, como si pudiéramos dejar una tarea tan delicada en manos de esos energúmenos que se llaman héroes y se desviven por llevar trajes ajustados —Kirishima hizo el amago de interrumpirle, pero la chica le fulminó con la mirada y prosiguió—. Lo que queremos es una… una… —tomó aire, sin terminar de creerse que realmente lo fuera a decir— una alianza. Vosotros tenéis muchos recursos, y tenéis que reconocer que cuando queremos, nuestros métodos son mucho más eficaces que los vuestros. Si colaboramos, podremos detener a Grey Goo, si no, estamos todos sentenciados.

El descampado se quedó en silencio tras aquellas palabras: los villanos expectantes, los aspirantes a héroes meditabundos. Rin empezaba a preguntarse seriamente si callar a la gente después de una declaración contundente era una aplicación, hasta la fecha desconocida, de su quirk, cuando Kirishima habló por fin.

—Aun así, ¿por qué nos contáis esto a nosotros? —parecía incómodo, como debatiéndose entre creerles y ayudarles, o no hacerlo y largarse de allí—. Seguimos siendo simples estudiantes, esto es cosa de los profesionales, si alguien os puede ayudar, son ellos.

—Porque los profesionales escuchan la palabra villano y pierden todo el sentido de raciocinio, cuando te encasillan en ese perfil dejas de tener aspiraciones propias y de ser persona, pasas a ser un ente maligno que solo quiere ir en contra de lo que ellos consideran bueno y debes ser erradicado inmediatamente —replicó Rin bajando su tono dos octavas y con más amargura de la que había planeado en un principio.

Fue ligeramente consciente de que los tres aspirantes a héroes la miraban con incertidumbre, pero Haku no les dio tiempo a hablar.

—Os lo contamos a vosotros porque no sois héroes, supongo que en el fondo los detestamos hasta ese punto —y entonces Rin se dio cuenta de que ese, inconscientemente, ese había sido el verdadero motivo por el que había propuesto usar estudiantes en lugar de héroes profesionales en la primera fase de su plan—. Nosotros ya hemos cumplido, ahora es vuestro turno para mover ficha: investigad un poco lo que os hemos dicho, corroboradlo. Quizás no encontréis mucho de Grey Goo, siempre fue bueno escondiendo su rastro, pero con un poco de suerte encontraréis lo suficiente como para creernos. Y entonces estará en vuestra mano hablar con esos amados profesionales vuestros —Haku se metió una mano en el bolsillo y sacó un trozo de papel que tendió a Kirishima—. Encargaos vosotros de los héroes, que nosotros haremos lo propio con los villanos. Podréis poneros en contacto con nosotros a través de este número. Esperaremos noticias vuestras.

Rin les dedicó una amplia sonrisa, aún desde el suelo. Había pasado los últimos minutos concentrándose en acumular electricidad en las yemas de sus dedos y con gesto casual acercó la mano a la sien de Bakugo.

—Es un placer conocer gente, nos veremos pronto, espero —dijo a modo de despedida antes de liberar la energía dando otro cortocircuito en la cabeza del chico. Ensanchó su sonrisa—. Por si acaso teníais pensado darnos problemas para que nos marchemos de aquí —explicó mientras se ponía de pie de un salto y se apresuraba a seguir a Haku—. ¡Nos vemos!

La primera ficha ya había sido movida, ahora la partida estaba en otras manos.


Y aquí el primer capítulo, ¿qué os parece? Antes de nada quería aclarar que no todos van a estar narrados desde la perspectiva de Rin, quiero barajar varios personajes para que narre desde sus puntos de vista.

¿Os va gustando el ritmo de la historia? ¿Qué os parecen por el momento mis OC? No sé, contadme cositas que así me emociono.

Por último, muchas gracias a las adorables personitas que se molestaron en comentar y poner mi historia en favoritos, sois maravillosos ^.^

Sin más que añadir... ¡nos leemos!