Una posada que podía recordar a otra que en su tiempo se llamaba La Marejada. Ahí es dónde estaba Kaizoku hospedado.
¿Qué fue de La Marejada? Nunca regresó para averiguarlo. Aunque tampoco es como si ese antro pudiese haber cambiado mucho en tan solo 12 años.
Una chica pasó por su lado mientras el joven bajaba las escaleras para ir a desayunar. Se aseguró de dejar la habitación más o menos arreglada. Sabía el asco que era tener que limpiar las mierdas de los demás.
Hacía ya casi nueve meses desde que empezó su viaje en solitario en busca de una nueva tripulación para su viejo barco.
¿Qué pasó con la anterior? Los caballeros de la barracuda, la guardia real de Limsa Lominsa los había tomado como prisioneros. A ellos y a otros cientos de piratas. De la noche a la mañana la guardia había cobrado un enorme poder por algún motivo que Kaizoku desconocía.
Sólo él había conseguido escapar, y a veces deseaba no haberlo hecho.

Se sentó en la barra y pidió un desayuno normal. El tío que trabajaba ahí parecía molesto por algo, pero prefirió no preguntar nada.
Después de que le sirvieran, otro hombre entró a la posada y comenzó una charla con el camarero. Inevitablemente acabó enterándose.
- Pero Marko... ¿Y esa cara tan larga?
- ¿No te has enterado? Ya lo han subastado... -El camarero se acercó al hombre para seguir con un susurro, pero Kaizoku podía oírlo de todas formas. -El Miqo'te que la guardia había capturado, ya sabes. Dicen que era un bellezón de cabellos claros. Me habría encantado poner mis manos encima...
Kai sintió como el huevo frito se le iba por mal camino y empezó a toser como loco. El camarero y su amigo lo miraron extrañados.
- Eh, tío. ¿Estás bien...?
Pero no respondió. Agarró al hombre por el cuello de la camiseta y pudo ver como el horror se formaba en sus ojos. Lo acercó tanto a su cara que sus narices casi chocan.
- ¿Dónde?
- Eh... ¿Eh...?
- ¿Dónde está? El Miqo'te.
- N-No lo se, tío. De verdad no se nada.
Un golpe en la barra con su puño fue suficiente para asustar al otro hombre.
- ¡E-EN EL PUERTO! ¡ACABAN DE LLEVARLO AL PUERTO! ¡LO HE VISTO VINIENDO PARA ACÁ!
Kaizoku sonrió de lado, lanzando al camarero al suelo. Tiró algunas monedas por el desayuno, y procedió a salir por la puerta.
- ¡N-No vas a poder...! Urk. No vas a poder con los guardaespaldas del comprador.
- ¿Oh? -No se giró, sólo rozó con los dedos un libro verde que llevaba colgando a su derecha. -Déjame intentarlo.
Dicho esto se fue. Los dos hombres se miraron confusos.
- Lo que hace uno por un esclavo de raza rara. -Soltó el camarero recogiendo los platos.

Kaizoku corrió tanto como sus piernas le permitían, pero aún así la ansiedad que sentía por llegar tarde empezó a llenarle por completo. En su mente solo podía oír un nombre. Morgana. Tenía que ser ella. No podía dejar que alguien la secuestrase y perderla para siempre. Tenía que salvarla.
Antes de cruzar la esquina, dio un salto y comenzó a subir por las ventanas de un edificio. Sentía la adrenalina nacer en su estómago mientras saltaba de un edificio a otro, intentando ganar velocidad.
Por fin consiguió ver el muelle a tan solo unos minutos de dónde estaba, y saltó de uno de los edificios a la calle. Tuvo tan mala suerte que cayó al lado de una chica, y por el impacto esta se dio de bruces contra el suelo.
- O-Ouch. Pero... ¿QUÉ HACES?
Kaizoku se detuvo solo un momento para mirarla de arriba a abajo.
- Perdón. -Es lo único que dijo antes de volver a salir corriendo.
La muchacha empezó a gritar improperios, pero no tardaron mucho en quedarse lejos y ser amortiguados por el viento contra sus oídos.

Por fin llegó. Había un cúmulo de gente alrededor de lo que parecía ser un tipo ricachón y un montón de guardias.
Y ahí estaba. Una persona con una gran túnica negra y una bolsa en la cabeza, atada de manos. Aún así pudo ver perfectamente el movimiento de cola de debajo de la túnica. Era ella. Tenía que actuar ya.
Se abrió paso a golpes entre la gente, y agarró su libro. Lo abrió, buscando la página que necesitaba como un loco, y justo cuando llegó a primera fila la encontró.
Los guardias se dieron cuenta de que planeaba algo, pero ya era demasiado tarde.
- ¡FESTER, PAINFLARE, SUMMON!
Una especie de tifón se formó de un segundo a otro, y la gente empezó a gritar. Los guardias cayeron uno a uno por culpa de una masa de energía de color verde, y no pudieron hacer nada a pesar de que el tipo les gritase que se levantasen.
Por último, una bestia enorme y translúcida se presentó desde los cielos, causando caos por toda la zona. Era la distracción perfecta.
Salió corriendo, guardando su libro y con la mano en su espada por si fuese a necesitarla para llegar hasta su objetivo. En cuanto estuvo delante la agarró de forma nupcial, y oyó un quejido por parte de la figura. Su voz era... ¿Demasiado aguda?
No... Es que Morgana debía estar asustada. Tenía que ser eso.
- No te preocupes. Voy a sacarte de aquí. -Le susurró al oído, y la figura asintió lentamente.
Empezó a correr en dirección contraria con el Miqo'te en brazos, y antes de que alguien pudiese fijarse en él, ya había salido del muelle. Siguió corriendo, más y más, y no paró hasta que llegó a la puerta de su posada.
No se atrevió a entrar por ahí, por lo que colocó al rehén en su espalda, y aún con las manos atadas este se agarró como pudo a su camiseta.
Subieron por la pared de la posada, hasta llegar a la ventana de la habitación dónde se hospedaba. No tardó mucho en abrirla, y por fin se sintió a salvo.

- Buah... ¿Has visto, Morgana? ¡Lo he usado! ¡El Summon! Has visto el bicho del cielo, ¿no? -Kaizoku sonrió ampliamente. -Por cierto. ¿Dónde están los demás? ¿Sabes si están bien? Oh... Espera te quito esto. Haha. Perdón.
Se acercó a la figura, que aún seguía con esa bolsa negra en la cabeza y con cuidado la retiró lentamente.
- Estoy tan contento de que estés... -Y como si le hubiesen clavado un puñal, Kai se quedó congelado. -...bien.
No eran los ojos verdes de Morgana los que le devolvían la mirada, si no unos rojos.
Sí. Sin duda era un Miqo'te. Pero este... Era un chico.
Su piel pálida y rasgos delicados. Su cabello casi blanco, corto y hacia un lado. Sus marcas bajo los ojos y sobre la nariz... No tenía nada que ver con la arquera de su antigua tripulación.
Se hizo un silencio incómodo en la habitación. Kaizoku se quedó ahí sin saber muy bien qué decir.
El chico seguía atado, por lo que utilizó su espada para cortar las cuerdas que retenían sus manos.
- E-Esto... -Murmuró el Miqo'te con voz aguda. -¿Q-Qué vas a hacer conmigo...?
- ¿Eh? -Kai reaccionó, con expresión de horror total. -¡N-NO, NO, NO! ¡ES UN ERROR! ¡E-ESTO...! Yo pensaba que eras um... Otra persona. N-No quiero nada de ti.
- Ah... -Se pasó una mano por el cabello, tímidamente. -De todas formas... Muchas gracias por salvarme. Eres mi héroe.
Pero Kaizoku no le estaba escuchando. Se sentó en la cama, y colocó las manos sobre su rostro. Era demasiado... De verdad pensaba que había salvado a uno de los miembros de su familia.
El Miqo'te lo miró con lástima, y se acercó lentamente hasta quedar sentado a su lado. Después de eso le dio un abrazo, intentando rodearlo con sus bracitos delgados.
- ¿Qué haces? -Kai levantó la cara, entrecerrando los ojos.
- ¡Siempre que mi hermano se siente triste un abrazo es lo que necesita! -Sonrió de forma felina.
- No te ofendas, pero no me gusta que me toquen los extraños.
- ¿Huuuuh? -El desconocido infló las mejillas. -Que borde.
- Ya... -El humano se levantó de la cama, ante la atenta mirada carmesí del joven.
- ¿A dónde vas?
- Voy a traerte algo de comida. Estarás muerto de hambre.
- Un poco... -Murmuró, mirándose el estómago. -¡E-Espera! ¡No se tu nombre!
- ... Kaizoku Tsunoumi. -Soltó. -¿Cómo te llamas?
- ¡Kumo Taiyou!
- Bien, Kumo. Esperame aquí.
- ¡Siiiii!
Kumo sonrió dejando ver sus colmillos. Puede que su héroe fuese un borde, pero al menos tenía buen corazón.

Al volver, por mucho que Kai le preguntase el pobre Miqo'te no tenía ni idea de si su tripulación estaba bien o no. Habían pasado nueve meses después de todo... Ni siquiera sabía si estaban aún en esta ciudad.
Le hizo un par de preguntas más. Sobre el motivo de su detención, y sobre dónde necesitaba ir.
El motivo era claro. Una denuncia falsa de robo. Kaizoku sabía de buena mano cómo de peligroso era últimamente ser de una raza especial sobre todo ahora que el comercio de esclavos estaba comenzando a crecer por buena parte de la región.
Kumo parecía tener lagunas en su mente, por lo que no recordaba muy bien hacia dónde se dirigía o de dónde venía. Sólo le habló un rato de su hermano y se fue a dormir en su cama.
Kai suspiró y se tumbó a su lado. Otro día que había perdido sin encontrar rastro de su tripulación. La decepción había sido demasiado grande... A pesar de aún ser de día, acabó durmiendo espalda con espaldas junto a Kumo.

Cuando volvió a despertar, el chico no estaba a su lado. Se asustó por un momento, pero el mini-ataque pasó al verlo mirando por la ventana. Era de noche.
- ¿Qué haces...? -Murmuró con voz grave de acabado de despertar.
- ¿Mmh? Oh. Me gusta la noche. -Kumo volvió a mirar por la ventana.
- Oh.
Kaizoku se levantó, y se sentó junto a él en el alféizar. Estuvieron un rato mirando a la luna en silencio. Kumo posó sus ojos rojos en la mitad de la cara de su salvador, y luego volvió a mirar hacia afuera.
- ¿Cómo te hiciste eso?
- ¿La cicatriz? -Inconscientemente se colocó un par de dedos sobre la nariz. -Es una historia larga. Una pelea.
- Mmhm... -El albino lo miró con curiosidad. -¿Una pelea con piratas?
Kaizoku rió entre dientes.
- ¿Me ves cara de marinero?
- ¡Tienes cara de hombre de mar! -Asintió Kumo fuertemente. -¿No fue con piratas...? Um... ¿Entonces una pelea en un bar?
- No he dicho que no fuera con piratas. -Levantó las piernas, la de carne y hueso y la de madera, al alféizar y el Miqo'te abrió mucho los ojos.
- ¡T-Tu pierna!
- Oye. No es de buena educación señalar las piernas que le faltan a los demás.
- A-Ah... P-Perdón.
- Es broma. -Kaizoku rió entre dientes. -No pongas esa cara, hombre. No te voy a comer.
Kumo sonrió, y empezó a reír también.
Otra vez se quedaron callados, hasta que Kai volvió a hablar. No le gustaban los silencios.
- Oye. ¿Has recordado ya cómo llegaste aquí y a dónde vas?
- Um... -Kumo ladeó la cabeza. -Si que recuerdo que estaba en casa con mi hermano pequeño y... Supongo que ahora me estará buscando. Espero que no se meta en líos...
- ¿Dónde es tu casa?
- Gridania.
- Oh, eso esta cerca. Ni siquiera tenemos que coger el barco.
Kumo se tensó un poco.
- M-Mejor. -Hizo una pausa. -Espera. ¿Vas a llevarme a casa?
- No he dicho eso. Deja de asumir cosas. -Kai se cruzó de brazos. -Te diré dónde es, pero si quieres que te acompañe vas a tener que esperar algunos días. Tengo cosas que hacer aquí.
- ¡WOW! ¡GRACIAS!
- ¡No te-! -Muy tarde, el felino se le lanzó encima. Por suerte, no era ni de lejos tan grande como él y pudo atraparlo sin problemas. -Te he dicho que no me gusta que me toquen los extraños, ¿no?
Kumo sonrió a pesar de la expresión molesta del más grande.
- ¡Pero no soy un extraño! Ahora somos amigos, ¿no? -Y volvió a empezar a frotarse en su pecho como un gato.
- Ugh... -Intentó separarlo un par de veces, pero era como si estuviese pegado. -Que... pesado.
Y tras un largo bostezo, acabaron quedando de nuevo dormidos.

El sol se colaba por la ventana de la posaba. Kaizoku abrió un ojo, molesto. El Miqo'te seguía encima de él, roncando como un condenado. Incluso se le había dormido una mano.
- Maldita sea, levanta... -Soltó, lanzándolo al suelo.
Kumo bufó y enseñó los dientes, sin saber donde estaba por un momento. Kai le miró con una ceja levantada. Le dieron ganas de rociarlo con un dispensador de agua o algo así para que se le bajasen los humos.
- Pero Kai... Que aún es muy temprano... -Murmuró, arrastrándose lentamente de nuevo hacia la ventana, con la intención de subirse al moreno de nuevo.
- Es Kaizoku. -Le corrigió. -Y no te acerques. Tengo mucho que hacer ho... -Al dirigir su mirada por la ventana, su rostro palideció. Guardias. Entrando a la posada. -MIERDA. MIERDA, MIERDA, MIERDA.
Ante la mirada confusa del Miqo'te empezó a recoger sus cosas como alma que llevaba el diablo, para acabar cogiéndolo a él en brazos como a un saco de patatas. Se aseguró de dejar algunas monedas de plata en la cama como pago de su estancia.
- O-Ouch. Kai... ¿Qué pasa?
- Es Kaizoku. -Volvió a repetir. -Son los caballeros de la barracuda.
- Oh... ¡Pero no te preocupes por eso! -Kumo sonrió. -No van a reconocerme. Llevaba la cara tapada.
Kai abrió la ventana lentamente, y esperó a que todos hubiesen entrado a la posada.
- Idiota. No te creas tan importante. No vienen a por ti.
- ¿Eh? ¿Entonces a por quien vienen?
Hizo una breve pausa.
- A por mi.
- ¿A por ti? ¿Para qué?
No respondió. Le puso un pañuelo en la cabeza para cubrir sus orejas, y salió por la ventana a la vez que alguien derribó su puerta de un golpe.
- ¡HA ESCAPADO! ¡TRAS ÉL!
Kumo se agarró fuerte a la espalda del humano, y cerró con fuerza los ojos mientras este saltaba de edificio en edificio.
- ¡WAAAH! PERO, KAI. ¿QUÉ DEMONIOS ERES?
- Ya te he dicho que es Kaizoku, maldita sea. -Se detuvo en uno de los edificios dejando al albino en el tejado, y alcanzó su libro verde. -Kaizoku Tsunoumi. Y soy un pirata de la tripulación de Rockfeller.
- ¿P-PIRATA? -El joven abrió mucho los ojos.
- ¡FESTER!
Un tifón se formó de la nada, y detuvo a un par de guardias que le seguían de cerca. Kai le extendió la mano, y Kumo dudó unos segundos.
- ¿Eres...? ¿Eres un pirata de verdad?
- ¿Prefieres venir con un pirata o quedarte con tus amigos los guardias? -Levantó una ceja.
El Miqo'te no dudó, y agarró su mano.