Bueno, lamento haber tardado una eternidad en actualizar, en realidad no sé que está sucediendo dentro de mi mente, la mayoría del capítulo estaba escrito desde la semana pasada y pues solo me faltaba la parte de Natalia… intentaré mejorar en cuanto a eso.
Disfruten!
Capítulo 2
Aquel simplemente era un momento para el cual Ludwig nunca se había preparado. Debíamos ser sinceros, despedirse para siempre de alguien importante para ti nunca es lo siguiente en tu lista de cosas por hacer… Así que ahí estaba él, de pie frente al ataúd de su hermano, esperando el momento en el que junto a otros, cargarían el féretro para llevarlo fuera de la iglesia en la que estaban reunidos.
La seria mirada en su rostro no era más que una máscara que se estaba esforzando por mantener con el único propósito de ocultar el sentimiento miserable que le estaba acosando en ese instante. Roderich, uno de sus primos se le acercó y sujetó su brazo derecho, ni una sola palabra fue pronunciada, pero la mirada de su familiar indicaba que era momento de salir. Ludwig suspiró pesadamente antes de asentir en respuesta al gesto condescendiente del hombre a su lado.
Roderich mantuvo el silencio y sostuvo uno de los agarradores del féretro. Ludwig, bajando el rostro se posicionó para sostener su agarrador asignado. A pesar de su aspecto fuerte, debía admitir que sus brazos nunca se habían sentido tan débiles como en aquel momento.
El caminar lentamente por el pasillo, el presenciar como el ataúd descendía dentro del agujero en el suelo, el observar a la gente alejarse poco a poco hasta quedar completamente solo, las lágrimas que empezaron a rodar sobre sus mejillas… el vacío que su hermano estaba dejando en su interior, todo aquello era por seguro, algo que jamás creyó llegar a experimentar.
Un golpe en la vida de Ludwig, una batalla perdida para Gilbert.
El alemán intentó buscar en su mente el día exacto en el que todo había empezado a ir cuesta abajo, en cuestión de meses se había visto envuelto en una serie de sucesos desmotivantes, entre los cuales, aparte de la pérdida de su hermano, se le sumaba también la pérdida de empleo...
Al regresar a casa se convenció que poco a poco se acostumbraría a la soledad y que sería capaz de reorganizar su vida, Gilbert le había enseñado desde pequeño a ser firme, él había sido su ejemplo a seguir y ahora que él no estaba, se esforzaría para seguir adelante, no obstante, las buenas intenciones no siempre son lo suficientemente fuertes para permitirte alcanzar un objetivo; en este caso, el no tener la presencia de su hermano haría que el silencio fuese insoportable para él, haciéndole perder la paciencia y un tanto la cordura.
Aunque él quisiese negarlo, era incapaz de alejar los sentimientos de soledad que le acechaban incesantemente; si bien creía que todo se arreglaría con el pasar del tiempo, no contaba con que cada día fuese a tener la duración de una eternidad.
Roderich, siendo una de las pocas personas que se habían preocupado sinceramente por él tras aquella funesta experiencia, le había ofrecido una alternativa que le ayudaría a pasar menos tiempo en casa; habiendole visitado un par de veces tras el funeral, concluyó que el rubio, a pesar de dar la impresión de ser fuerte tanto física como emocionalmente, estaba debatiendo consigo mismo si realmente valía la pena continuar esforzándose en seguirle el juego a la vida.
El utilizar el tiempo sabiamente y el controlar las emociones eran cualidades esenciales que siempre habían caracterizado al alemán, ese era el Ludwig que todos conocían, una persona disciplinada, alguien que no tenía tiempo que perder, alguien que no se dejaba llevar por las emociones, alguien que simplemente no pensaría en ningún momento el terminar con su propia vida.
Roderich, conociendo lo suficientemente bien al rubio, sabía que Ludwig estaba esforzándose sin obtener ningún resultado eficaz, lo cual no era aceptable ante su vista, por lo que reconociendo el potencial del alemán, tomó la decisión de ser brindarle su apoyo, el cual llegó como una oferta de trabajo, la cual, a pesar de no ser una posición de alto rango en una empresa internacional, le daría lo suficiente para sustentarse económicamente.
Ludwig quería creer que la depresión en la que se veía sumergido le abandonaría tarde o temprano, había leído incontables libros sobre como manejar su situación, no obstante, todas las palabras que leía no le parecían más que un montón de consejos antipáticos de personas que nunca había experimentado lo que él estaba viviendo.
Realmente quería creer que el pasar tiempo en un ambiente diferente al que estaba acostumbrado -tal y como recomendaba uno de esos libros- haría alguna diferencia significativa en su vida, por lo que aceptar el empleo que su familiar le ofrecía no aparentaba ser una mala idea. Sabía que el austriaco pasaba la mayor parte de su tiempo viajando, ya fuese dentro de la ciudad como fuera de ella; su responsabilidad primordial era más que nada, el asegurarse de que el austriaco estuviese a tiempo a todas las citas planificadas por Elizabeta, la representante del reconocido músico austriaco.
Aquella aparentaba ser una tarea sencilla, pero Ludwig había aprendido que en la vida nada es realmente sencillo, y lidiar con el horario de su obstinado familiar tampoco lo sería. Bueno, el horario en sí no era el culpable, el problema era su nuevo jefe, quien parecía no darle mayor importancia a su congestionado horario.
Los días eventualmente empezaron a transcurrir a una velocidad aceptable para el alemán, su vacío estaba siendo superficialmente oculto por una capa de satisfacción temporal, sin embargo, el hueco que había dentro de él permanecía intacto, estar en casa era doloroso pero estar lejos de ella tampoco mejoraba su situación.
Así que… ¿Qué se hace cuando uno no mejora?
El rubio analizaba la pregunta encerrado en su habitación, no negaría estar agradecido por la preocupación de Roderich, pero no mentiría al decir que estaba cansado de tener que lidiar con la agenda del austriaco.
En silencio, Ludwig empezó a recordar su antiguo empleo, en Italia todo era diferente, debía de lidiar con los contratiempos de sus compañeros de trabajo, pero al final del día no terminaba frustrado como en aquel momento... se podría decir que el alemán extrañaba su trabajo tanto como extrañaba a su hermano, y así era como el pensar en el pasado no hacía más que iniciar la cadena de pensamientos asfixiantes que no le permitían vivir en paz.
Realmente era algo de lo que ya estaba exhausto, dudaba que aquellos sentimientos fuesen a abandonarle algún día, y tal vez la única solución para librarse de todo aquello, fuese el seguir el mismo camino que Gilbert había tomado.
Lentamente se acercó al armario, donde sabía, estaba guardado el Revólver que Vash, otro de sus familiares, le había regalado para su cumpleaños años atrás. Nunca había tenido necesidad de utilizarla, pero la mantenía cargada en caso de que algún día surgiese alguna emergencia. En este caso la emergencia era más que obvia, había un intruso dentro de él y poco a poco se robaba su deseo de vivir.
Era lógico, cuando se reconoce al intruso, le apuntas y lo eliminas.
Al posicionar la boca del arma contra su frente recordó la primera vez que había sostenido una pistola. "Escucha muy bien, West. " Ludwig acababa de cumplir la mayoría de edad, y Gilbert creyó que un arma de fuego sería un buen regalo para su hermano. "No importa si estás en una situación de vida o muerte. Siempre debes de tener la mente despejada antes de disparar."
Sin saber de donde, aquel recuerdo le dió la fuerza necesaria para lanzar el arma a sus espaldas sin realmente saber a dónde iría a caer. Lo único que escuchó fue varios objetos impactándose contra el suelo.
Respirando repetitivamente, tomó un minuto para estabilizarse mentalmente una vez más, la regla que Gilbert había impuesto años atrás acababa de evitar el fin de su existencia mortal, y al mismo tiempo le había hecho reconocer que tal vez… necesitaba más ayuda que aquella que le brindaban los libros para levantar el ánimo.
Observando el reloj que colgaba arriba de la puerta de su habitación decidió que tal vez debería descansar un poco, ya que aunque quisiera hablar con alguien que pudiera ayudarle a recibir ayuda psicológica, 2:37 AM no parecía la mejor hora para hacerlo, tendría que esperar un poco para ver a un profesional.
Acercándose a la cama notó el desastre que había causado al lanzar el arma. Un libro, un recuadro con una fotografía de Gilbert y él, y una caja azul yacían en el suelo junto a la pistola. Se inclinó para recoger los objetos y devolverlos a su lugar, pero hizo una pausa al no recordar lo que había en el interior de la caja.
Sentándose sobre la cama, la abrió y observó su interior, encontrándose con la mirada seria y azulada de la muñeca que Feliciano le había dado dos años atrás. Tomó entre sus manos el pequeño objeto y la examinó detenidamente, sinceramente temía que la frágil porcelana de la que estaba hecha se hubiese dañado, aquel había sido un regalo de otra de las pocas personas que se habían preocupado por el, Feliciano, que aunque se hallaba en otro país, había estado manteniendo contacto con Ludwig desde que éste se marchó de Italia.
La muñeca parecía seguir en buen estado, lo cual le aliviaba, sería algo de lamentar el tener que admitir ante Feliciano que su regalo había sido destruido por un descuido emocional, pero le agradecía a quien quiera que hubiese hecho a la muñeca, no solamente había sido cuidadoso con los detalles de su acabado, sino tambíen había sido capaz de convertir un material frágil en algo resistente.
—Apuesto a que estás tan vacía como yo. —Mencionó en voz alta el rubio mientras le daba un leve golpe con el dedo, causando un sonido hueco proveniente de ella. —Ambos estuvimos a punto de morir hoy…
Dejando la conversación en el aire, dejó la muñeca sobre una de las almohadas de su cama y se cubrió el rostro con otra, definitivamente necesitaba ayuda psicológica urgentemente, hablar con objetos inanimados no podía ser algo normal; sumido en sus pensamientos cayó dormido.
Natalia despertó en búsqueda de aire, respirar apropiadamente se le estaba dificultando, su cuerpo se sentía entumecido, sentía la garganta reseca y los párpados le pesaban, al llevar a cabo un fallido intento para ponerse de pie notó que se encontraba sobre una superficie suave, debido a un leve mareo solamente logró sentarse, cerrando los ojos se concentró sus pensamientos en los últimos recuerdos que tenía, necesitaba descifrar lo que estaba sucediendo.
Sus recuerdos estaban borrosos, pero sabía que iba en camino a un acontecimiento importante, abriendo los ojos observó su atuendo, un vestido azulado violáceo. —I-Iván. —Tartamudeó el nombre de su hermanastro, quien había sido el benefactor de su vestuario.
Un escalofrío recorrió su espalda al recordar a su hermanastro. Aquella mañana se dirigía a la boda de éste, iba dispuesta a arruinar la ceremonia, no permitiría que él contrajera nupcias con una extranjera.
Aquel pensamiento le hizo impulsarse nuevamente para levantarse, haciéndole caer abruptamente sobre el suelo, por alguna razón que ignoraba su cuerpo no tenía la fuerza suficiente para mantenerse de pie.
Cayendo en cuenta de su estado vulnerable, palpó sobre la falda del vestido en búsqueda del cuchillo que siempre mantenía guardado en el área de su muslo. Su corazón empezó a latir rápidamente al no hallarle.
Un movimiento proveniente del lugar de donde había caído le hizo ponerse alerta. Dirigiendo la mirada en esa dirección notó que la superficie suave era más bien una cama, en la cual también se hallaba otra persona, o mejor dicho un hombre.
Natalia sintió su sangre descender hasta sus pies. Estaba desarmada, su cuerpo no estaba actuado apropiadamente y había despertado junto a un desconocido.
Tras parpadear un par de veces, queriendo asegurarse que aquel no fuese un sueño un recuerdo se asomó a su memoria.
Caminaba cerca de un campo de girasoles dirigiéndose a la boda de Iván, sin embargo el sentimiento de que alguien le seguía le hizo detenerse, cautelosamente observó sus alrededores, solamente podía observar los girasoles que empezaba a retoñar en aquella temporada. Sin bajar la guardia continuó su camino, pero el escuchar el sonido de algo removerse a sus espaldas le hizo voltearse, encontrándose con un par de ojos azules que le observaban sigilosamente.
Tomando entre sus manos el cuchillo que mantenía guardado bajo el vestido lo apuntó al rostro de aquel desconocido, el cual levantó una ceja al observar la acción de la muchacha.
—¿Por qué me sigues? —Cuestionó secamente la rubia.
—Se podría decir que alguien pagó un alto precio por ti. —Respondió acercándose sin darle importancia al cuchillo.
Gracias por haber leído! cuéntenme que les parece, realmente necesito saber si debo darle prioridad a la actualización de nuevas ideas… o si debería concentrarme en terminar mis otros fics que siguen inconclusos.
Gracias a los favs y follows! Realmente me alegraran la vida (sinceramente, siempre lloro de felicidad por ustedes).
MakiMinnion: Gracias por haber comentado el fic (y por tu apoyo en otros que tengo por allí)! Realmente siento que la idea de este fic tiene gran potencial, pero mis dedos y mi mente no quieren congeniar para ponerse a trabajar :( en fin, espero que disfrutes la historia, y comprendo tu amor por las parejas que mencionaste, se podría decir que adoro el crack, y hay muchos ships que no tienen fics en español, así que hay mucho trabajo que hacer para darles amor a todas las parejas. Lo siento, esto se está haciendo largo, creo que me emocioné… Lo que quise decir es que realmente te agradezco por haberle dado una oportunidad a este fic!
Bueno, como dije antes… espero actualizar pronto!
Hasta entonces, Sayonara!
