El tiempo pasó y tanto la bebé como sus medios hermanos crecieron, ahora Shaina contaba con la edad de doce años, su media hermana diecisiete y su medio hermano quince. Tracios había ordenado que Shaina no fuera educada junto a ellos, por lo que ella creció y vivió en la finca en que había sido atendida desde su nacimiento, sin tener más compañía que las damas y soldados encargados de su cuidado y protección, los que eran relevados cada seis meses para evitar que alguno le guardara estima a la princesa, lo que provoco que la joven creciera siendo huraña y desconfiada de la gente. Shaina nunca entendió el por qué su padre le daba ese trato, le habían llegado algunos rumores de que su madre había traicionado a su padre, pero nadie le concretaba información, por lo que nunca se sintió como su hija y mucho menos como una princesa. Ella vivió lejos de los lujos, los vestidos, los bailes y recepciones. Lo que le dio cierta libertad de experimentar y aprender otras cosas como montar a caballo, trepar árboles, cazar animales; y al ganarse la simpatía de algunos de sus guardias, éstos le enseñaban sobre armas y combates, al ser cuidada y educada por muchas personas, adquirió un carácter bastante fuerte e independiente, tenía un criterio amplio y siempre cuestionaba las reglas que debía de seguir, y como a muy pocos les interesaba su educación, la dejaron crecer con rebeldía, aunque siempre tuvo claro que debía ser obedecida por los sirvientes que le rodeaban. Lejos de la vista de su padre, podía hacer todo lo que quisiera, o bueno, todo lo que alguien pudiera hacer en cautiverio, ya que no le era permitido salir de los límites de la finca. Solo era llamada a palacio cuando se celebraba el cumpleaños del rey o de su hermano Palios, lo primero se hacía, para cubrir apariencias en la corte y lo segundo, por insistencia del propio Palios, quien en verdad quería mucho a Shaina y ella a él, puesto que era él quien, a escondidas del padre, la visitaba frecuentemente y le hablaba sobre el mundo que ella no conocía.

El rey Tracios estaba muy interesado en que su hijo adquiriera las habilidades y fuerza de los caballeros del Santuario, por lo que había ordenado a su hijo dirigirse al Santuario para que en esta orden admitieran a su hijo como caballero de Atenea, la cual fue aceptada, pero Palios debía entrenar como cualquier otro para saber si era merecedor de vestir alguna armadura.

Virmila, la media hermana de Shaina, era una mujer bella, inteligente y con toda la educación que una princesa debía tener, ella, al contrario de Palios, odiaba a Shaina por ser hija de esa reina, de quien había escuchado a su padre decir que había sido una traidora y al saber las dudas sobre la filiación de Shaina, para Virmila lo correcto era no verla como hermana y en cada ocasión que podía le hacía saber su desprecio.

Hubo una ocasión en que Tracios dispuso una recepción, pues un buen amigo suyo, rey de un país lejano estaba de visita en Sicilia. La intención de Tracios para con el monarca era comprometer a Virmila con el hijo del rey y así crear una alianza entre los dos reinos. Los consejeros del rey, le pidieron que mandara llamar a Shaina, puesto que llevaba bastante tiempo sin que fuera vista en la corte, el rey sin tomar importancia, accedió y la princesa acudió a palacio para asistir a la recepción.

A Shaina le disgustaba acudir al palacio por ese motivo, puesto que tenía que soportar las humillaciones de su hermana, que cada vez era menos difícil de dejar pasar. Al llegar al palacio fue por un par de damas para ayudar a vestirse y ser presentado a su padre. En el momento en que las damas cumplieron con su deber, Virmila entro a la habitación y sin saludar a su media hermana, comenzó a inspeccionar el vestido como los accesorios que Shaina utilizará.

-Considero que estas joyas son demasiado lujosas para la hija de una sirvienta, no usaras nada- Comento Virmila tomando las alhajas.

Shaina puso los ojos en blanco y contesto: - Toma lo que quieras si eso te hace bien, no me importa- y eso era verdad, el verse vestida así le hacía sentirse como una tonta.

-Si, eso me hace bien, pero también esto- y ese momento tomo un vaso de agua que estaba cerca y se lo arrojo en la cara a Shaina, quien sólo cerro los ojos, pero no dijo nada.

Virmila salió riéndose de la habitación; las damas se apresuraron a limpiar el rostro de Shaina, pero esta no se los permitió y sola lo hizo.

Cuando se presentó ante su padre, éste le llamó la atención por su desprolijo arreglo y de nueva cuenta Shaina permaneció en silencio. Este era el juego entre Virmila y el rey, la primera le hacía o quitaba algo a su media hermana y luego Tracios la reprendía por ese motivo. Pero Shaina ya había aprendido hace tiempo a no permitir que eso le afectara y solo trataba de ignorarlos.

Ya entrada la noche y a la espera de recibir en la recepción al rey invitado y a su hijo; Shaina se asomaba por un balcón donde se vería la llegada del rey, cuando fue interrumpida por Virmila, quien le presumió que el príncipe visitante venía con el objetivo de comprometerse con ella.

-Viene por mí, según dicen, que al ver mi retrato el príncipe dijo que mi belleza no tenía igual, ¡Qué lástima que jamás nadie dirá eso por ti! - dijo con sorna tratando de molestar a su hermana.

– Sin duda eres muy bella, no dudo las palabras del príncipe, ¡pero pobre!, que decepción se llevará al conocer tu carácter, ahí será donde, tal vez, se vaya sin ti- Respondió Shaina fingiendo una sonrisa.

Virmila la tomó de los cabellos con fuerza – ¿Cómo te atreves, hija de sirvienta, a hablarme así? -

Shaina forcejeó para zafarse y lo hizo –Sirvienta a la que tuviste que tratar como reina, no se te olvide- dijo la joven conteniendo sus ganas de golpear a Virmila.

Esta última abofeteo a Shaina y se fue.

Ya estando en la recepción, Shaina solo fue presentada a los invitados y de ahí se le relegó de toda la atención, así que pasó desapercibida en la velada, cosa que a ella no le molestaba, al contrario, el estar entre tanta gente, le causaba dolor de cabeza.

Después de varios días de discurrir en la corte, Shaina se enteró de las intenciones de su padre para con los visitantes y al ver que Virmila estaba entusiasmada con la idea del matrimonio, tuvo la mala idea de vengarse de las humillaciones de su hermana, y en las oportunidades que tuvo, se acercaba al príncipe invitado y dejaba ver a Virmila como una mujer altanera y prepotente ya que recalcaba las afrentas de las que era víctima, lo que hizo hasta lograr en el príncipe un cambio de parecer. El rey visitante, a petición de su hijo, cambió las negociaciones del compromiso: habría alianza entre ambos reinos, sólo sí era Shaina quien desposara al príncipe, petición que enfureció a Tracios y a Virmila, esta se sintió humillada, jamás aceptaría ver a su media hermana casada antes que ella, pero la vergüenza mayor fue que prefirieran a Shaina, sobre ella.

Tracios intento cambiar la negociación, pero fue inútil, el rey visitante, negaba la posibilidad de una coalición entre ambos pueblos si no era cumplida su condición. Por lo que Tracios, valorando la importancia y necesidad de contar con tal alianza, dio su consentimiento de mala gana para que Shaina fuera la prometida del príncipe.

Cuando Virmila se enteró de la decisión de su padre, le suplico a éste que le permitiera cobrarse la afrenta, Tracios acepto. Así que la princesa se presentó en las habitaciones de Shaina acompañada de otras damas, quienes tomaron a la joven a la fuerza impidiendo que se pudiera mover y Virmila con la fusta de su caballo la golpeo en la espalda hasta que sacio su odio. Shaina quedo mal herida y con un odio mayor hacia su hermana.

Shaina, sabía que se había excedido en su cometido y ahora tendría que lidiar con sanar sus heridas y con una propuesta de matrimonio indeseada; y aunque el príncipe era agradable al trato y a la vista, no era intención de la princesa desposarse con nadie, y el culpable de su negativa era su medio hermano Palios, quien ya estando en el Santuario, le escribía a menudo sobre la manera de ver y vivir la vida tan diferente en este lugar, le hablo sobre los caballeros femeninos y la libertad con la que vivían, eran vistos como iguales a los hombres ya que lo único que hacía diferente a un caballero de otro era el grado de su armadura. Estas ideas le habían despertado a Shaina el sueño de la libertad y de conocer el mundo que se le escapaba fuera del palacio donde vivía, por lo que ella tenía resuelto que un día ella sería parte de ese Santuario; por lo que esta propuesta de matrimonio, contrariaba sus planes de libertad.

Al paso de los días, Shiana veía con angustia como los preparativos para su propia boda iban tomando forma, ella solo pensaba en la manera de zafarse, así que un día tomó el valor para hablar con Tracios y decirle que no se casaría con el príncipe.

Tracios, la escuchó con desagrado y al momento en que la joven comunico su deseo no casarse, el rey se levantó de su silla y se abalanzó contra la joven, acorralándola en la pared de la habitación, tomándola por el cuello con violencia.

-¿Eres idiota? ¿cómo se te ocurre decirme que no te casaras? ¡Primero arruinas el compromiso de Virmila y ahora quieres arruinarme a mí! - respondió el monarca apretando con fuerza el cuello de Shaina. Esta, asustada por la reacción, no supo que decir, solo sintió el fuerte golpe de la bofetada que le propino su padre, haciéndole brotar un hilo de sangre de su boca.

-Te casaras con ese príncipe o te mato- Continuó el rey rabiando, nunca se había arrepentido tanto de haber permitido que esa niña viviera.

Shaina, asustada no dijo nada y cuando su padre la soltó, corrió para su habitación llorando. Si bien, las palabras de Tracios le causaron temor, fueron los golpes lo que hizo que se decidiera: No se casaría con el príncipe.

Así que buscó al príncipe y al padre de éste, para decirles que rechazaba el compromiso y que no sería su esposa, el príncipe trato de convencerla de una manera u otra, le hizo mil promesas, pero la joven ya había tomado su decisión y se mostró fría e impasible ante los ruegos del joven. El rey por su parte se sintió burlado al ver a su hijo suplicando, creyó que Tracios había sido parte de lo que él consideraba un engaño y abandonó la corte de manera inmediata jurando que esta afrenta no sería olvidada.

Tracios montó en cólera, no solo había perdido la alianza que beneficiaria mucho a Sicilia, sino que Shaina lo había humillado a él, al hacerlo ver como un hombre sin palabra y sin control sobre sus hijas, ordenó de inmediato la reclusión nuevamente de la princesa en el palacio donde había crecido, pero Virmila tuvo una idea mejor, ya que la quería humillar para que no tuviera oportunidad de que en un futuro le jugara la misma ofensa, así que, con anuencia de su padre, ordenó que llevarán a su media hermana a un calabozo donde fue tratada igual que su madre en sus días finales. Tracios no perdió oportunidad de visitarla y castigarla a golpes.

Lo que más le molestaba al monarca era, que aun a pesar de los golpes e insultos, Shaina no cambiaba su mirada de orgullo y odio y que golpe tras golpe, se ponía de pie sin bajar la mirada, eso hacía que recordara a su madre y por ende lo llenaba de ira.

Shaina veía los días pasar dentro de esa prisión, se preguntaba cuánto más duraría el castigo, en ocasiones cuando pensaba los mal tratos recibidos, una fuerza inexplicable recorría su interior, era como un fuego que la rodeaba, era en esos momentos cuánto más odio sentía por su padre y hermana, era en esos momentos también cuando se sentía fuerte y algo le decía que pronto esos días pasarían.

Una noche, Virmila acudió a la celda acompañada de dos guardias, quienes sujetaron a Shaina con fuerza, para que su hermana con unas tijeras le cortara su cabello color verde, se lo cortaba de mala manera y riéndose, la dejo con apenas unos centímetros de largo, lo que para Virmila suponía una humillación más, puesto que sólo las delincuentes y enfermas mentales se les cortaba así el cabello. Al dejarla sola, Shaina solo lloró, no por la vanidad de verse sin cabello, sino porque una vez más había sentido esa fuerza interna, pero se contuvo de usarla contra su hermana y lloraba de impotencia.

Resulta que para esos días, Tracios tuvo un sueño inquietante: Él se encontraba sentado en su trono rodeado de su corte, cuando entraba al salón la madre de Shaina, toda vestida de blanco y con la corona que uso en su tiempo de reina, todo se congelaba a su alrededor, la reina caminó hacia el rey y tomo asiento al lado de Tracios y con voz firme hablo: -Prometiste respetar mi vida y la de mi hija, y no cumpliste; ahora te diviertes maltratando a la que debía ser la gloria de tu progenie, la que cubriría de honor tu linaje, pero tú la has culpado de pecados que no cometió. Ahora, aunque te arrepientas es tarde, ella se irá, su Diosa la reclama. – La reina se levantó de su asiento y salió del salón. Tracios despertó sudando y temblando, era la voz de sus sueños pasados a quien escuchó, ¿qué querían decirle con ese sueño?, ¿Qué significaba eso de que Shaina sería reclamada por su Diosa? El monarca ya no pudo dormir, en su mente daba vueltas y vueltas sobre el posible significado del sueño.

Ese sueño se repitió noche tras noche, dejando al monarca con una angustia creyendo que los Dioses lo castigaban; decidió liberar a Shaina y al comunicarle la noticia a Virmila, esta montó en cólera y lo convenció de que aun Shaina tenía mucho que aprender de ese castigo, Tracios aceptó, le costaba contradecir a su muy amada hija.

Virmila, viendo como el ánimo de su padre contra Shaina iba en decremento y creyendo que pronto la joven sería liberada, pensó entonces en aprovechar las pocas oportunidades que tendría de seguir molestándola, así que se dirigió a la prisión, vio dormida a su hermana y sin más, la pateo para despertarla; Shaina despertó sobresaltada por el golpe. Virmila hablo: - ¿Cuánto más duraras? ¿Qué tendré que hacer para deshacerme de ti? -

Shaina se sentó en el suelo, estaba demasiado débil como para ponerse de pie. - ¿Por qué me odias tanto? ¿Fue demasiado para ti quedarte sin prometido? - le contesto conservando su orgullo en su voz.

-Pobre idiota, no te odio por eso, ¡siempre te he odiado!, no mereces ser llamada princesa, tú no eres más que una sirvienta igual que tu madre. ¿Sabías que ella no murió cuando naciste? No, mi padre la ejecuto por que fue una zorra, igual que tú. Por eso mi padre también te odia, porque le recuerdas a la barata de tu madre, por eso no creciste con nosotros, porque eres una bastarda a la que por lástima mi padre no mató al momento en que naciste. Y no descansaré hasta que tengas el mismo final que ella. - sentenció Virmila riéndose.

Shaina al escuchar sobre la muerte de su madre, sintió de nueva cuenta que la fuerza se apoderó de ella y dando un salto se abalanzó contra su agresora, esta vez no se contuvo; la golpeo saciando todo su rencor, los gritos de Virmila alertaron a los guardias, quienes pronto se hicieron presentes en la escena, uno de los guardias dio aviso a Tracios quien también acudió. El rey quedo horrorizado de lo que veía, los guardias no podían contener a Shaina, tenía una fuerza sobre humana, los golpeaba y aventaba sin problema alguno, fue necesario que más guardias acudieran en auxilio de sus compañeros, hasta que de pronto Shaina se desmayó.

Todos los presentes, se veían desconcertados y temerosos, ¿Qué había ocurrido? ¿Quién o qué era esa joven? Tracios pensaba en sueño: "su Diosa la reclama…", esa frase retumbaba en la mente del rey.

Tracios ordenó a los guardias que no dijeran nada de lo ocurrido, no quería que se hicieran especulaciones que pudieran poner en riesgo su seguridad o la de Virmila, pero la orden fue en vano, los guardias estaban tan impresionados y asustados con lo que vieron, que no pudieron callar y pronto en la corte, se corrió el rumor de que la princesa Shaina tenía un poder sin control.