Ya que dices que habrá otra vida para mí, roguemos juntos para que no la fastidie tan colosalmente como ésta...


Capítulo primero


Después de permanecer mucho rato haciéndose cargo de la situación, comienza a caminar hacia cualquier parte, eso siempre le ha sentado bien y seguro que le aclara las ideas. Conoce el camino al Instituto, ¿cómo no va a conocerlo?, vivió allí prácticamente toda su vida mortal, y Londres es su ciudad, aunque parezca tan cambiada y sus habitantes tan distintos.

Decide que ir a algún lugar que le resulte absolutamente familiar tal vez ayude, un lugar que no sea el Instituto. Piensa por un momento en la Abadía de Westminster, pero teme que pueda haber una reunión del Consejo en su interior, así que descarta la idea. Aun así no puede evitar seguir ese rumbo, descendiendo por Charing Cross hasta Trafalgar, observando todo lo que ya no es igual que la última vez que pasó por allí y recordando con melancolía a las personas que lo acompañaban en aquellos momentos: a Tessa, a sus hijos James y Lucie, a su hermana Cecily o a los hermanos Lightwood. Sin darse cuenta alcanza la parada de metro de Westminster, y se siente tentado de volver a subir en el viejo suburbano londinense, siempre motivo de orgullo para la ciudad. Rasca sus bolsillos en busca de algo de dinero mundano, pero no hay una libra y duda que vayan a permitir que se cuele, por lo que decide cruzar el río Támesis por el puente de Westminster, sorprendiéndose de que ya no existan las dos vías de tren que antaño lo flanqueaban a ambos lados. Desde el puente atisba algo que desde luego antes no se encontraba en ese lugar. En vida nunca vio una personalmente, pero sabe que se trata de una noria, una de dimensiones extraordinarias para ser exactos.

Se acerca hasta la base del aparato y vuelve a maldecir el hecho de estar seco de dinero; le habría gustado ver la ciudad desde lo alto, así podría hacerse una idea de que es lo que ha cambiado a grandes rasgos.

Aunque estaba dispuesto a ir a otro lugar, los pasos le conducen hasta Fleet Street, la calle en la que se encuentra el Instituto. Conoce perfectamente su historia. Antiguamente allí se erguía la Iglesia de Todos los Santos de Less, que acabó calcinada tras el gran incendio de Londres. Si anula su visión, todavía encuentra un solar con restos de tierra quemada frente a él, rodeado por una verja de hierro; pero el glamour tiene efectos demasiado débiles en alguien de su condición y enseguida vislumbra la aguja de la torre, y los vidriados ventanales, que probablemente hayan sido restaurados desde que él abandono el edificio.

La pesada puerta de hierro que conduce al jardín tiene un candado oxidado en uno de los barrotes, sin utilidad alguna, porque se encuentra entreabierta. Will la empuja ligeramente y se cuela por el hueco sin molestarse en abrirla más, para que no suene la campana que avisa dentro de la llegada de un huésped. Está flaco como un figurín, otra vez, lo cual no le molesta. Avanza hasta las escaleras de entrada escondido tras los setos. Sabe que es una maniobra algo inútil, tratándose de cazadores de sombras, pero lleva tanto sin actuar como tal, sin cruzarse con ningún otro, que no se le ocurre que otra cosa hacer.

Cuando quiere darse cuenta, ha alcanzado el portalón de entrada sin ser visto, pero una vez allí no tiene ni idea que cuál debería de ser su próximo movimiento. Seguramente, el más lógico sería salir pitando, pero tampoco se le ocurre a dónde más ir. ¿A la Ciudad Silenciosa? Tal vez los hermanos sean capaces de explicarle qué leches ha ocurrido, por qué demonios está otra vez allí arriba, con un cuerpo humano, sólido y joven al parecer. La cosa le huele tanto a chamusquina que teme tener que enfrentarse con las respuestas.

"¿Will?".

Escucha una vocecilla en la cabeza. No en la cabeza, deslizándose en el aire, liviana y etérea como una ligera bruma en el mes de abril.

"¿Will? ¿Eres tú, Will?".

Gira el cuerpo en todas las direcciones, esperando chocar contra alguien, pero no hay nada sólido a su alrededor, nada físico. Piensa que tal vez se trate de un mecanismo que han instalado en el instituto para hablar con los invitados que esperan en la puerta. Él siempre pensó que necesitaban algo así. ¿Pero quién podría estarlo esperando? ¿Quién podría estarlo esperando, si ha pasado tanto tiempo como intuye que ha pasado?

Entonces nota un frufrú de faldas, una presencia espectral, justo a su espalda, y una mano de humo se posa sobre su hombro.

"¿William Herondale?", le pregunta con voz más firme.

No necesita recurrir a los anales de la memoria para saber de qué se trata. Es un espectro, un fantasma, el de Jessamine. Da media vuelta despacio para no asustarla y entonces la ve.

Jessamine. La chica que compartió con él tantos años de Instituto; primero como niñata pija y renegada de su condición de cazadora de sombras, luego como forma fantasmagórica que se negaba a abandonar el lugar para emprender su camino al más allá. Tiene el pelo más largo de lo que recordaba, una larga y espesa melena rubia que cae formando bucles sobre sus hombros. Y ya no lleva el mismo camisón ensangrentado que el día que murió. Debe haberse hecho muy fuerte para lograr todas esas mejoras, y es raro que un fantasma las consiga.

Aun así, Will se alegra muchísimo de verla. Por fin una cara conocida. Tiene que contenerse para no darle un abrazo.

"Jessie", exclama en voz baja. "Estás espléndida. Más guapa que nunca, si no fuera por esas ojeras…".

La chica sin embargo, sigue observándolo contrariada, como si no lo pudiera creer. Recorre con una mano envuelta en un halo plateado las líneas de su cara, y Will no hace nada por apartarla. "Eres real", dice por fin.

"Lo sé", repone él.

"¿Pero cómo puedes ser real? Hace demasiado tiempo que…".

"No me gustaría acaparar la conversación, vieja amiga", dice él chico apartándose ligeramente, sobre todo para quitarle peso al tema de su presencia. "Hablemos de ti. ¿Cómo es que continúas en este lugar? ¿No deberías de haber encontrado ya el camino hacia otra parte?".

"Yo no soy más que sombras", contesta la chica, sin abandonar su voz grave. "Pero tú…".

Will decide sentarse en un escalón, resignado a tener que hablar del tema. Ella hace lo mismo, sólo que sin entrar en contacto con la piedra, flotando de esa forma etérea en que lo hacen los fantasmas.

"No tengo ni idea, Jessie. Desperté hace un rato envuelto en cartones, en medio de Oxford Street, y con un dolor de mil demonios en todo el cuerpo. Al principio ni siquiera conseguía ubicarme. Todo está… tan cambiado".

"Claro que está cambiado Will", exclama ella. "Han pasado… han pasado más de setenta años desde tu muerte. Y parece que vuelvas a tener veinte. ¿Cómo es posible?".

"Ya te he dicho que no lo sé", reitera él. "Acabo de llegar y me disponía a buscar alguna explicación coherente. No pensaba venir al Instituto en primer lugar, pero algo me ha arrastrado hasta aquí. ¿No habrá, por casualidad, alguien más conocido ahí dentro?", dice mirando la puerta del antiguo edificio que fue su hogar y el de su familia.

"Nadie que tu conozcas, Will. Ha pasado demasiado tiempo".

Will se frota la cara con ambas manos para intentar aclararse las ideas. Todavía se siente confundido. No se explica el tipo de fuerza sobrenatural que ha podido traerlo de vuelta, y mira que estaba más que acostumbrado a lidiar con fuerzas sobrenaturales.

"Había pensado…", dice después de un rato. "Había pensado en hacerle una visita a Jem. Los hermanos sabrán qué es lo que pasa, o al menos por dónde empezar a investigar. La otra opción era intentar que me regalasen alcohol en alguna parte y perderme en una ceguera etílica de proporciones catastróficas, porque esto…".

Jessamine emite un sonido apenas perceptible al escuchar los planes de Will. Espera un segundo antes de decir: "Si los rumores son ciertos, puede que no encuentres a Jem en la Ciudad de Hueso".

Will se tensa al instante, presagiando lo peor. Los pensamientos se le retuercen en la cabeza, porque si Jem hubiera muerto, tendría que haberse encontrado con él en las llanuras eternas del subsuelo, o donde quiera que haya pasado los últimos setenta años.

"Creo que han conseguido liberarlo", añade la chica, para contrarrestar la mirada incierta de Will. "Todavía no sé cómo, pero según cuentan vuelve a ser mortal, ya no pertenece a la hermandad".

Will siente una oleada de alivio correr por sus venas. No se sentía preparado para afrontar la muerte de Jem nada más llegar. Sería una cruel coincidencia del destino que el regresase de entre los muertos y Jem se hubiera marchado, cuando se suponía que no tenía que ser así. "¿Cuándo ha sucedido?", pregunta indeciso.

"No lo sé con exactitud", responde ella. "Hace poco, según creo". Jessamine mira nerviosa a su alrededor, escaneando el patio y la entrada con sus antiguos ojos marrones, que ahora parecen cristalinos, como si la muerte los hubiese aclarado hasta dejarlos casi ámbar. "Es peligroso que estés aquí, Will. Cualquiera podría salir y verte, y entonces…".

"No me reconocerían", dice el chico haciendo un ademán de indiferencia con la mano. "No hice cosas tan memorables, al margen de mis canciones, claro".

"Verás Will", continúa ella, haciendo caso omiso de su ácido sentido del humor. "Están pasando cosas terribles en el mundo. Un peligro mayor del que jamás conociste se cierne sobre los cazadores de sombras, sobre los mundanos, sobre todos".

"Eso podría explicar mi presencia. Me han traído de vuelta para luchar".

"No es una broma, Will", espeta ella elevando la voz. Lo hace tranquilamente, porque sabe que nadie más puede oírla.

Will levanta ambas manos en señal de disculpa. "Te creo, Jessie. De verdad. Cuéntame de que se trata".

Entonces Jessamine le habla de todo lo que sabe. De los graves acontecimientos acaecidos en Idris el pasado año, de la Guerra Mortal, de los nuevos acuerdos entre cazadores de sombras y subterráneos, y de Sebastián, el hijo de Valentine. Para que lo entienda también tiene que hablarle del Circulo, y de lo que ocurrió entonces, contarle la primera rebelión y sus consecuencias. Will se queda tan anonadado que parece incapaz de decir nada más, cuando normalmente él era todo palabras.

Incapaz de asimilar todo, o añadir algo ingenioso o relevante al relato de Jessamine, decide preguntar por la persona que ha estado ocupando sus pensamientos desde que se despertó hace algunas horas en Oxford Street.

"¿Qué sabes de Tessa? ¿Está bien?".

Jessamine arruga el entrecejo, como preguntándole de manera silenciosa si no ha escuchado todo lo que le acaba de decir, pero en seguida se ablanda al ver la expresión de Will. Resopla y contesta: "Hasta donde sé, está en Nueva York, igual que Jem. Creo que hasta ese brujo al que solías frecuentar cuando pensabas que estabas maldito, Magnus Bane, se encuentra allí. Parece que ahora esa ciudad es en la que se cuecen todas las cosas interesantes. Voy a tener que pensar en mudarme".

Will la mira inexpresivo durante un rato más, hasta que murmura las palabras: "Nueva York. Entonces tengo que encontrar la forma de ir. Llegar allí mientras esto…", añade mirándose a sí mismo. "Mientras esto dure. Jessie, me vas a tener que ayudar".