Breakfast At Tiffany's
Las mañanas para él, eran un estallido estridente de gritos; desde que se levantaba hasta que por fin se sentaba a la mesa para desayunar. Era hijo único, su madre le sobreprotegía, bueno, también le sobregolpeaba, se parecían mucho, tenían muy buen sentido del humor y armaban alborotos magnánimos por donde pasaran.
Esa mañana Kushina lo regañaba por haber tomado sin permiso el GPS de su auto, ella pensó que alguien lo había robado en el estacionamiento, incluso llamó a la policía. Cuando él llegó a casa alrededor de las 3 AM, la mujer solo pudo ver el aparato Phillips en la mano derecha del rubio, mientras se dejaba caer en su cama. Esperó hasta el día siguiente, a que se le pasara la embriaguez, de lo contrario no sentiría bien los golpes.
—Lo siento—dijo poniendo cara de corderito. Ella rodó los ojos, miró a la terraza, desde el piso 15 se veía muy bien la ciudad. Amaba al hijo, pero podría jurar que era el niño con peor conducta del universo.
—como castigo tendrás que a acompañarme a comprar el vestido—
La cara se le descompuso, la peor tortura era ir de compras con una chica, ultra plus maximus, si esa chica era tu madre.
No tuvo derecho a protesta, lo montaron en el Mercedez y salieron a Ginza.
Las mañanas para ella siempre estuvieron llenas de calma, su familia tomaba el desayuno reunida en una gran mesa, su nana le servía el pescado sonriendo; su hermano mayor se sentaba junto al padre, acababa de terminar el 1er año de arquitectura en Londres, había regresado para las vacaciones. Hubo un silencio incómodo cuando Neji preguntó cuándo empezaría la universidad.
El padre la miró, tal como la miraba siempre, una mezcla de decepción y rabia, ella tuvo que confesar que no sería ese año.
Burberry era una de las tiendas favoritas de Kushina Uzumaki, iría a un bautizo de un primo o algo así. Esas cosas eran muy importantes en su familia, eran católicos extremos, Naruto era una especie de protestante que creía en la virgen, pensaba que tal vez fuese anglicano como los Windsor.
Su madre era española y su padre un portugués de Madeira, habían llegado a Tokio cuando él tenía dos años. Después de confundir sillas con ventanas, ganchos de pelo con animales, pudo diferenciar los tres idiomas. Era amante del fútbol, se volvía loco por la furia roja y era el fanático número uno del Real Madrid. Vivió un tiempo con sus abuelos, desde La Moraleja, el país de oriente parecía un exótico mundo que apenas disfrutaba. Las paella de su abuela eran lo máximo, tener partidos de soccer en el jardín con su abuelo casi se le igualaba; se escondía como un polizón en los rincones de la gran casa buscando escapar del ejército imaginario de Franco mientras jugaba con los viejos.
Fue la envidia de su amigo Sasuke- fanático de la guerra- cuando le contó que la cicatriz en el pecho de su abuelo la había recibido en un intento de fusilamiento del dictador, su abuelo siempre se le opuso, estuvo muchos años en la cárcel por eso. Para él era todo un héroe.
La niñez del rubio fue tremenda, él era tremendo, ningún niño se portaba tan mal. Una anécdota de sus años en España fue rayar una especie de dibujo hecho a carboncillo, en la parte inferior izquierda tenía un garabato, le regañaron fuerte, sin embargo, no tomó conciencia de su acto, sino varios años después durante un reunión en la que su abuela contó la historia, casi llorando con una mano en la frente y con esas zetas que le salían de la boca. Fue cuando supo que el garabato decía "Picasso". Era un boceto original de un fragmento del Guernica, que el artista regaló a su abuelo.
— ¡Ayúdame! No te quedes ahí parado—Naruto salió de sus pensamientos, cuando su madre le gritó, se metió al cubículo para a subir la cremallera del vestido. Su mamá era flaca, pero esos eran de anoréxica, tuvo que intentarlo con fuerza.
—¡así no, tonto! ¡Lo vas a romper!—forcejeaba, el pelo rojo se le quedó enganchado. Iban a matarlo. Le destrozó las puntas del cabello, pero era mejor que destrozar un cierre de dos mil dólares.
—¡Auch!—gritó empujándole a afuera, él casi se cae al suelo. Lo maltrataba física y psicológicamente. Se heló, se sintió avergonzado cuando notó la mirada incrédula de una chica frente a él. La gente tenía morbo natural, pero su situación era de por sí extraña: salir despeinado de un probador tras estar a solas con una mujer en una tienda prácticamente vacía no es bien visto por la gente. Peor aun cuando la gente es conocida: era la Sunday girl, la copa D del día del examen.
Estaba parada frente a él, probablemente esperando para medirse la falda que tenía en las manos, estaba roja, quien sabe que habría imaginado.
—¡Vuelve, no hemos terminado!—gritó su madre desde dentro. Qué pena.
—No es lo que piensas—agitó las palmas frente a ella. Su madre salió y le tomó el hombro. Hinata se ruborizó aún más al ver el vestido con la cremallera abajo.
—lo siento—la de cabello negro hizo una reverencia inclinando la cabeza, ya lista para salir corriendo de ahí.
—Es mi mamá—dijo él casi como si la atrapase con palabras.
La muchacha los observó, eran exactamente iguales, copia fiel del original, una de ojos grises y otro de ojos azules, cabello rojo y rubio, pero las mismas facciones, gestos. Era mamá y bebé.
—Disculpa—la mujer se dio la vuelta—¿me das una mano?— parecía haberse percatado del malentendido, pero se hizo la loca, Hinata amablemente le ayudo a subir la cremallera.
—Kushina Uzumaki—le dio la mano, presentándose.
—Hinata Hyuga—Kushina abrió los ojos un poco—un placer—dijo sonriendo. Se metió de nuevo en el cubículo—hijo puedes ir por ahí mientras termino, nos vemos frente al reloj a las 4. Tramaba su plan maquiavélico, no podía verlo con ninguna falda, porque de inmediato pensaba que sería abuela en pocos meses, esa niña tuvo suerte de que ella le cayera bien, con las que no, era una bruja.
—yo…—ella escondía la mirada, seguía muerta de pena.
—¿Ibas a medirte eso?— señaló la prenda entre las manos de la Hyuga. El pedazo de tela fue rápidamente arrojado detrás de ella—¡No!—
Sonrió, haciendo que los ojos celestes le brillaran— ¿quieres ir a tomar algo? —
Los helados eran una especie de edén en la Tierra, un Tropical Paradise, un disco Inmaculate de Maddona, Like a virgin cuando probaba el Vanilla Bean de Haagen Dazs.
Ella tenía cara de que le gustaban esas cosas, no podía borrarse el Swiss almond de la frente, estaban sentados uno frente al otro.
—Tu madre es muy hermosa—
Él la miró—eh…gracias—no estuvo seguro de qué debía responder. Ella hizo una especie de reverencia, agachó un poco la cabeza y sin darse cuenta, se llenó la mejilla de helado.
Naruto le quitó la mancha con un dedo, la niña se quedó impávida, él solo retiró el dulce y se metió el índice en la boca.
—Felicidades—arqueó las cejas ¿lo felicitaba porque su madre era bonita? Qué rara…
—entraste a la Universidad— La cara de Naruto se destensó, le agradeció por su ayuda, hizo énfasis en que sin ella no lo hubiese conseguido. Lo lamentó por la muchacha, era obvio que había perdido su oportunidad.
—esa era la idea—dijo entre dientes. No entendía ¿quién coño hace algo así a propósito?
—Verás… yo quiero—lo dudó, pasó un minuto así—mm...—él empezaba a aburrirse, no le gustaba esperar, cambió la mirada—quiero ser diseñadora—
Volvió a mirarla, como si hubiese escuchado cualquier cosa. Para él era super normal, si ella quería, pues bien, no tenía nada de malo. Ella le explicó que su familia era bastante estricta, querían que ella estudiase algo increíble, ya fuese periodismo, medicina, ciencias políticas... cualquier cosa que te hiciese ver como alguien sumamente inteligente. Sabía que al final, nunca ejercería.
Pero eso de dibujar y coser como una marxista del siglo XIX, sería aborrecido por su padre. La única forma en que podría cumplir su sueño, sería al no ser aceptada en ninguna institución superior. Solo así podría optar por una carrera media. Y claro, vivir con la vergüenza, de eso.
—¿ Y qué hace tu papá? —Preguntó Naruto, el viejo debía trabajar en la NASA para andar exigiendo tanto.
—es arquitecto, como mi hermano, ayudó a construir el Umeda Sky Bulding—Bueno, más o menos sí trabajaba en la NASA de la construcciones. Él la animó, le dijo que sería una Coco Chanel bonita, ella se sonrojó.
—¿y tus papás?—preguntó con emoción, le daba curiosidad saber de esa mujer.
—son abogados—lamió el trozo de helado que cayó en su dedo. Ella sintió algo raro, pensó que tal vez serían actores o algo emocionante. Después de todo durante las preinscripciones él había dicho que quería ser tan glamoroso como ellos. Pero defender homicidios, divorciar personas, era algo muy rudo para ella.
—Pero mamá es ama de casa ahora—sonrió, como si recordara algo gracioso—y papá es el director de esa tienda aquí en Japón—ella volteó, siguiendo la dirección que indicaba el dedo pulgar del rubio.
Tiffany & Co. Leyó.
Fue como si se repitiera una escena de la película de Audrey Hepburn en su cabeza, estaba extasiada, justo en ese sitio había querido trabajar desde los siete años, la joyería iba a la par con la carrera de sus sueños. Naruto vio su reloj.
— ¡Antes de que lo olvide! Dame tu número —
Ella se puso un poco nerviosa, tenía contacto nulo con cualquier muchacho— ¿mi número?—
—Claro ¿si no cómo vas a salir conmigo?—le pecó un ojo.
Jiji perdón por tardar, había tenido mucho trabajo, en unos tres días la continuación, es promesa :3
Besos :)
