La rosa y la margarita.

Capítulo 2: Algo más que amigas.


Me acomodé en la hermosa sensación de tener a Rosetta como mi novia, ya no importaba que pudiera ir a Tierra Firme o no, tenía al hada que más deseaba y haría lo imposible para no perderla. Nos habíamos convertido en el equipo más fuerte de todos y nada nos iba a separar, estaba segura de ello.

Los siguientes días nos lo tomamos con mucha calma, comiendo juntas como solíamos hacer, quedando con nuestras amigas sin decirles nada, pasándonos mañanas enteras en casa para simplemente estar juntas y darnos pequeños besos llenos de amor. Con eso, yo ya era tremendamente feliz.

Pero Rosetta volvió a insistir, no hace falta decir que ella tenía muchas ganas de enseñarme Tierra Firme, y volvió a pedirme que practicara, que no me diera por vencida. No me apetecía mucho frustrarme y recordarme lo mal que se me daba, pero al final me dejé convencer, odiaría tener que pasar semanas sin ella.

Fuimos al campo de girasoles para estar más tranquilas, y allí, con toda mi felicidad, empecé a usar mi talento como nunca antes. No me lo creí de buenas a primeras, fue como si de repente, al estar contenta y nada estresada, las plantas me obedecieran. Fue increíble, todo aquello que antes me costaba horrores ahora lo conseguía como si hiciera bailar al polvo de hada, no salíamos de nuestro asombro.

Pegué un chillido que se debió de escuchar hasta en Invierno.

Al momento, Ro me puso una prueba parecida a la del examen, y la hice prácticamente perfecta. Me abrazó con toda su alegría, y me besó sin parar felicitándome por ello. No tardamos en ir a por nuestra instructora y pedirle que repitiera la prueba. Le sorprendió como poco, pero aceptó viéndonos tan decididas. Al día siguiente aprobaría el maldito examen, no cabía ninguna duda.

Terminamos de pasar el día practicando, o más que practicar, disfrutando de mi talento, domándolo como si me hubieran dado poderes especiales. No podía ser otra cosa, su amor hizo avivar mi talento hasta lo que creía inimaginable.

Aquél día, le pedí que se quedara a dormir en casa. Tenía miedo de que al separarme de ella volviera a ser un desastre, aunque eso no tuviera mucho sentido.

Cenamos juntas, ya lo hicimos alguna vez, y después de charlar un rato bajo la luz de las velas, nos fuimos a mi habitación. Fui al armario para sacar unas mantas y así hacerme una cama improvisada en el suelo, pero Rosetta me detuvo.

—¿Qué haces? Cabemos las dos en tu cama— miré lo estrecha que era, la miré a ella y después de dudar, devolví las cosas al armario. Íbamos a dormir muy justas, incluso más que en casa de Fawn, pero si a ella no le importaba, a mí tampoco.

Me puse el pijama. Al terminar me di cuenta de que me estaba mirando muy fijamente, tenía la cara algo sonrojada.

—¿Q-qué~? ¿Por qué me miras así?

—P-porque me gustas, ¿tan raro es?— me abrazó y barnizó sus labios con los míos, adoraba que lo hiciera tan despacio.

—Ah, se me olvidaba, voy a dejarte un pijama.

—No, no hace falta, dormiré en ropa interior.

—¿Estás segura? No quiero que pases frío.

—No pasaré frío, estoy bastante segura de ello.

—Vale…

Se quitó lentamente la ropa mientras la esperaba sentada en la cama, y la miré con una emoción extraña de admiración y necesidad. Reaccioné y me metí en la cama lo más cerca de la pared posible para dejarle espacio. Cuando se acomodó, alcanzó mi cintura y me llevó hacia ella, quedándome en pleno contacto con ella.

Me dio un largo beso que nos unió aún más y al abrazarla sentí su espalda ardiendo, su piel debía estar envuelta en lava, sus ojos brillaban a pesar de la oscuridad y yo la miraba sin entender qué hacer con aquella sensación que inundaba mi cuerpo.

—¿Tú estás bien con tu pijama? ¿No tienes calor?— a decir verdad sí que tenía, pero pensé que se me pasaría al cabo de unos minutos y no quería resfriarme para mañana, así que le dije que estaba bien.

Suspiró, y se acomodó en mí.

Terminamos dormidas después de muchos besitos, ella casi encima de mí y yo alegrándome de que su adorable olor quedara impregnado en mi cama.


Desperté antes que ella, me dolía un poco el cuello y me di cuenta de que si queríamos volver a dormir juntas necesitábamos una cama más grande. Tenía que pedírselo a Tink, lo que significaba también contarle que habíamos empezado a salir. No entendía del todo por qué Rosetta lo quería mantener en secreto cuando tarde o temprano iban a enterarse.

No le di más vueltas y me acerqué a sus labios para acariciarlos muy suavemente con la yema de los dedos, ya los echaba de menos. Aguardé unos minutos mirándola de muy cerca con detalle, pues era aún más preciosa cuando dormía. No aguanté más y terminé besándola, despacio, despertándola poco a poco.

Cuando abrió los ojos me rodeó el cuello con los brazos y retozamos entre las sábanas hasta que nos dimos cuenta de la hora que era. Teníamos que espabilar.

Desayunamos, nos preparamos, y salí dispuesta a terminar con la pesadilla del examen de una vez por todas. Nuestras amigas nos sorprendieron al estar todas allí, de nuevo. No mentían cuando decían que las noticias volaban más rápido que las hadas de vuelo veloz.

En todo caso, me preparé en la marca y las miré con una gran sonrisa confiada antes de empezar. Volvió a sonar el disparo y me relajé. Volé casi como si bailara de flor en flor, dominé los arbustos con gracia y traté a los bulbos mientras me reía, viendo como las chicas me aplaudían. Ya no era necesario ir rápido, sólo necesitaba hacerlo bien y punto.

Terminé sin darme cuenta y me planté delante de la supervisora sabiendo que lo había hecho muy bien.

—Enhorabuena Chloe, jamás había visto un cambio tan pronunciado en tan poco tiempo, desde aquí mismo he sentido cómo tratabas a las plantas y tengo que decirte que estoy asombrada. Muchísimas felicidades, apenas has tardado cinco minutos, un muy buen tiempo. Estoy orgullosa de ti y espero que nos acompañes a Tierra Firme este mismo verano.

—Gracias, será todo un placer— cuando me giré hacia las chicas ya las tenía encima, me achucharon todas a la vez y casi ni me dejaron respirar.

Cuando me dejaron espacio, fui a por Rosetta, que había quedado por detrás. Me acerqué a ella impaciente, me hice con su mandíbula con las dos manos y la besé agradeciéndole eternamente por todo lo que había hecho por mí.

Cuando nuestros labios se despegaron, me di cuenta de lo que acababa de hacer. Las chicas chillaron bombardeándonos a preguntas sin parar.

—¿Entiendes por qué quería mantenerlo en secreto…?

—Qué más da, deja que se diviertan. Por cierto Tink, necesitaría una cama más grande para mi casa, para cuando tengas tiempo, claro— entonces estallaron, y no sé por qué, ni que fuera tan raro dormir con la que ya era mi novia.

Entonces se pusieron a preguntar cosas de las que nunca había oído hablar y Rosetta me sacó de allí a la fuerza, más avergonzada que nunca.

—Madre mía, como se han puesto…

—Y espérate… en esos temas pueden llegar a ser muy pesadas… recuerdo cuando Bolt y Terence empezaron a salir juntos, no dejamos de hablar de ellos en toda una estación.

—Pero decidnos al menos desde cuándo~— reclamó Fawn.

Como si fuera una rueda de prensa, respondimos a algunas de sus incómodas preguntas, hasta que Tink preguntó si nos habíamos masturbado juntas.

—¡No!— nunca había escuchado ese término, así que se lo pregunté.

—¿Qué es eso de masturbarse?— de golpe, todas se me quedaron mirando con los ojos bien abiertos, todas, todas. Debía ser algo muy común por lo visto.

Rosetta me cogió la mano y salimos volando a toda velocidad. No respondió nada hasta que llegamos a su casa, quedaba más cerca.

—¿Es que no sabes nada sobre el sexo?— miré hacia otro lado.

—Bueno… sé que quien se quiere mucho lo hace y tal… ¿Nosotras lo hemos hecho?

—No, no lo hemos hecho— dijo frotándose la sien. —Sabía que eras una novata en eso, pero no imaginé que lo fueras tanto…

—Es que… nunca he hablado con nadie de eso y tampoco es que haya ido a buscar libros del tema ¿sabes?

—Vale… entiendo… a ver… ¿por dónde empiezo…?— me hizo sentar en el sofá y más roja que un tomate, se puso a explicarme cosas de lo más interesantes. Lo pintaba muy bien, de la forma en que lo dijo, todo eran ventajas, no sé por qué no habíamos hecho ninguna de esas cosas aún.

Luego entendí varias indirectas que me hizo días atrás, incluso la noche anterior. Empecé a familiarizarme con el término excitación y cuando terminó, me subí encima de ella para besarla. Decidí poner en práctica la teoría así que le besé el cuello también y algo insegura, le toqué los pechos. Su respiración se aceleró, su pulso era muy rápido y seguí besándola.

Me quité la camiseta y continué, deshaciéndome del sujetador. Su mirada se perdió en mis pechos, y me los agarró pellizcándome ligeramente los pezones entre los dedos índice y corazón. Ahora era yo la que se estaba emocionando, estaba impaciente por saber lo que se sentiría ahí abajo, dejó las expectativas muy altas.

Me senté a su lado para quitarme los pantalones y sin poder aguantar mi curiosidad, metí la mano bajo mis bragas.

—O-oye, ¿no crees que vas muy rápido?

—No, ¿tú sí?

—Bueno, qué más da— se hizo con mis labios y su tacto junto al mío me hicieron crecer el placer como un árbol de diez metros.

A eso se refería, ese era el placer que me estaba perdiendo, el que tanto pedía mi cuerpo. Odié que no me lo hubieran dicho antes, se sentía realmente bien. Seguí tocándome mientras pincelábamos nuestras salivas con las lenguas dentro de nuestras bocas, y poco después empecé a sentir mis dedos húmedos. Me los miré extrañada.

—S-sí, eso es normal, es… digamos que es un lubricante natural.

—Vaya…— seguí, y entonces me hizo tumbar en el sofá, recostándome en el reposabrazos. —Esto es increíble Ro.

—Lo sé— se puso a besarme los pechos, a dibujar corazones con su lengua encima de ellos, a succionarlos, a despistarme mientras su mano se juntaba con la mía.

Eché la cabeza hacia atrás cuando se hizo conmigo, me pidió que me relajara y vaya si lo hice. Sentí uno de sus dedos adentrándose en mí lentamente y entonces perdí de vista al mundo para centrarme en esa cálida sensación. Su dedo pulgar no dejó de dar círculos en la fuente de mi placer y empecé a perder el control de mi cuerpo.

Me dejé caer completamente en sus manos, pensé que ella sabría lo que hacía y que esa derritiente sensación de mi vientre sería normal. Su ritmo aumentó, me preguntó varias veces si estaba bien, como si en el paraíso se pudiera estar mal.

Mis bragas se deslizaron por mis piernas huyendo de mí, ahora sólo tenía a Rosetta inyectándome cálido amor sin piedad. Ya era todo de gelatina y mi voz decidió escapar de mí sin que pudiera hacer nada, exhalando gemidos y jadeos de puro placer. Me agarré al sofá por si salía volando o algo.

No se detuvo con el incierto paso del tiempo, y no pude agradecérselo más, aquella sensación que vivía en mi cuerpo era increíble, fuerte y alocada, descubrí que sí existía algo mejor que el polvo de hada.

Llegué a arquear mi columna vertebral con mi vagina desatada, siendo acariciada mientras dejaba ir algún fluido que habitaba dentro de mí. Tarde unos segundos en volver a adueñarme de mis terminaciones nerviosas, no era capaz de moverme.

—Ua…

Me gané un beso sonriente, corto por riesgo de quedarme sin aire que respirar.

—Y ahora de cabeza a la ducha, estás sudando y todo.

—Qué pereza…— levanté la cabeza de golpe. —¿Me acompañas?

—O-otro día, limpiaré esto de mientras— reí por cómo quedó su sofá. Aún tenía muchas dudas de aquello que acabábamos de hacer, pero fui al baño con ellas.

Me dejé absorber por el agua como si fuera una orquídea en plena sequía, toda mi yo se sentía renovada, estúpidamente contenta y prácticamente me olvidé de haber aprobado el examen, me reí sola al recordarlo.

Salí de la ducha rodeada de un aura llena de corazones y estrellitas, me arreglé el pelo despeinándome y volví a por ella echándola de menos. Verla en la cocina me hizo entrar hambre, me acerqué de espacio a ella y la abracé por la espalda sin asustarla.

—Hueles de maravilla margarita— se dio media vuelta para saborearme.

—Eso es porque tus jabones son los mejores— nos dejamos llevar por besos de mutua pasión, hasta que me pidió que me pusiera algo antes de que cogiera frío. Alcancé un delantal que tenía por ahí y asintió con una risita.

Comimos algo a media mañana mientras comentábamos aquella nueva y maravillosa experiencia que seguro íbamos a repetir. Le dije que la próxima vez se lo haría yo, y aceptó, con algo de recelo.

Descansamos después, como si nos tumbáramos en una nube de algodón, estiradas en su cama, recorriendo nuestros labios en todas direcciones, amándonos sin querer ni poder parar. Quería que el resto de mi vida fuera así, con días tan dulces, con ese inmenso apetito por ella.

Aquella tarde fuimos a practicar, o más bien, a jugar con nuestro talento. Iba a ir a Tierra Firme en unos días y tenía que hacerlo bien, o eso decía ella, yo quería volver a casa para jugar a otra cosa.

Las chicas nos encontraron y no tardaron en retomar el tema que quedó a medias. Al ver lo incómoda que se puso Ro, les dije alzando la voz que nos dieran algo de privacidad, que eso eran cosas nuestras y que no teníamos que decirles lo que hacíamos o no.

Sorprendentemente, se lo tomaron bien, y apartamos el tema para hablar de una fiesta, una en mi honor, por haber aprobado. ¿Podía tener más noticias buenas en un solo día?

Iba a ser la próxima noche, y sólo de hablarlo ya me moría de ganas, todo iba a ser genial. Nos pusimos a jugar con ellas después, y sin darnos cuenta, anocheció. Ese día estaba destinado a terminar en un parpadeo, pero aún podía mejorar un poquito más.

Como el día anterior se quedó a dormir en mi casa, le pedí quedarme en la suya. Por supuesto aceptó, así que nada más llegar me puse a darle todos los besos que se me acumularon y no le dí por estar con las demás.

Nos pusimos a hacer la cena antes de que se nos fuera el tiempo volando, y después de cenar me la llevé en brazos a la cama, demasiadas ganas de ella tenía ya.

Allí me puse a desnudarle, dándole besitos por su piel, enrojeciendo sus mejillas. Esperé hacerlo bien y no meter mucho la pata. Me pidió que fuera más despacio cuando fui a quitarle el sujetador, así que la acaricié y besé como si fuera la flor más delicada del mundo.

La mimé volcando todo mi amor en ella, adorándola, teniéndola tumbada para mí, semi desnuda. Era una preciosidad, especialmente con sus pelos alocados y sus mofletes abrumados. Conseguí descubrir sus pechos, y al hacerlo detuve el tiempo. Me deleité saboreándolos como si fuera el pastelito de miel más bueno de todo Pixie Hollow, y la hice entrar en calor, su torso ardía.

Los jadeos, sus fuertes respiraciones y sus retuerces me hacían chispear las pupilas, la sentía mía, me creía capaz de hacer mucho más que lo que lograba con mi talento, y entonces le quité poco a poco sus pantalones, deslizando mis labios por sus piernas, alterándola.

Una fina tela de ropa y muy poco espacio me separaba de su entrepierna, la miré un instante, tenía su antebrazo encima de sus labios y su respiración seguía agitada. Le pregunté si quería que siguiéramos y respondió con un tímido sí. Cuando me hice con las comisuras de sus bragas, dijo que era la primera vez que hacía algo así. Sonreí, yo no era la única novata después de todo.

Separó un poco las piernas cuando dejé esa fina tela en el suelo, y mis nervios crecieron. Brillaba ligeramente por la tenue luz que se colaba por la ventana, la sentí húmeda al tocarla y reaccionó al momento. Le di un largo beso bajo su ombligo en busca de relajarla, pero creo que conseguí el efecto contrario.

Sentí su mano en mi cabeza, no quería que me apartara y entonces lo entendí. Deslicé mis labios en eses hacia abajo, alcanzando su monte Venus y rozando unos labios que no formaban parte de su boca. Sentí su cuerpo estremecer, así que me puse cómoda, le moví su pierna derecha con cuidado, luego la izquierda, y acariciándola con delicadeza, me puse a besarla entre lentos lamidos.

Imaginé cómo se podía sentir algo así comparándolo con lo excitantes que eran los besos con lengua, y con sólo de pensarlo mi vientre se revoloteó. Seguí pincelándola con mi saliva, deshaciéndome con ella, descubriendo todas las partes de su vagina con mis papilas gustativas.

Me centré en su clítoris cuando vi lo sensible que se ponía, y seguí devorándola cada vez con más fervor.

No dejé de compartir fluidos hasta que se me cansó la lengua, empezaba a dolerme y todo. Así que, tratando de imitar lo que me hizo aquella mañana, adentré mi dedo corazón en ella, sintiendo lo cálida y resbaladiza que era por dentro.

Después de penetrarla algunas veces, me atreví añadiendo el índice, estaba muy dilatada. De ahí, fui haciéndole gemir de placer, y seguí sus imprecisas instrucciones de 'no pares' y 'más rápido'.

Volví a posar mi boca mientras seguía con mis dedos al tener la lengua más descansada, haciéndola retorcerse, provocándole espasmos que poco me preocupaban al verla gozar de esa forma. Su mano me hizo apartarme, pues se puso a frotarse con gran velocidad con un chillido provocando una eyaculación de su interior que por poco me alcanza.

Dejó la cama peor que yo el sofá, y me reí, algo cansada, besándole su cuerpo mientras ascendía hasta su extasiada expresión. Debía estar en el mismísimo paraíso.

Me abrazó sin fuerzas en sus brazos, y sus labios terminaron de hacer de aquél día, el mejor de mi vida con dos simples palabras.

—Te quiero.

Ese fue el primero de muchos días intensos que hicimos lo que luego llamaríamos 'hacer el amor', y vaya si los disfrutamos en nuestra nueva cama.

El día siguiente fue genial, era la primera fiesta que me hacían y me sentí por fin una más del grupo, la novia de Rosetta, la que iba a ir al campamento con las demás.

Y en un parpadeo, llegó el día de ir a Tierra Firme, no podía estar más emocionada por ello, aunque allí no fuéramos a pasar tano tiempo en la cama. Tenía muchas ganas de ver cómo era, de traer el verano al mundo y por fin, hacer aquello para lo que había nacido.

—¿Estás lista margarita?

—¡Pues claro! Con ganas y dedicación…

—¡Cambiaremos la estación!


Claro que sí! :3