Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es nuestra.

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Capítulo beteado por Flor Carrizo, Betas FFAD.

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Gracias a nuestra beta Flor Carrizo por corregir nuestra historia y por esperarnos tanto con el primer capítulo. Haces un excelente trabajo, nos encanta.

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Poniéndote un collar de rosas, sujetando una cadena de plata en tu boca, te odio, has vuelto a llegar al clímax tu solo.

frase…. De una canción de la interprete Alice Project

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Capítulo 1

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24 de diciembre de 1918, Berlín.

10 años atrás me crearon.

Mi creadora desapareció 5 años después de haberme dado vida, tengo una breve imagen de ella en mi mente, pero es el único recuerdo.

George Darlian es un hombre poderoso. Fue extraño, cuando supo sobre mí, porque se empeñó en traerme a este lugar. Él personalmente fue al pequeño pueblo donde me encontraba y me trajo con él a su casa.

Se siente extraño, como si me faltara algo por dentro y no logro adaptarme totalmente a este lugar.

Cuando el señor George me presentó a su esposa ella me dijo que me parecía mucho a su hija, la niña que ellos habían perdido, y que por eso esperaba que nos lleváramos bien. Pero yo sabía que ella lo decía de la boca para fuera, porque muy dentro de ella yo no le agradaba.

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5 de abril de 1919.

—Es hermosa ¿no crees George? —dice la mujer rubia mientras mira con devoción al bebé que tiene en sus brazos y que acaba de parir.

—Sí, es hermosa María, Dios nos vuelve a bendecir con otra hija —responde el hombre. Luego se acerca a la mujer y al bebé y les da un beso en la cabeza a cada una.

Isabella observa la escena por una hendidura de la puerta, y en lo único que piensa en ese momento es que los humanos son sentimentalistas y estúpidos, por esa razón no se puede confiar en ellos, en un momento son buenos y al otro ya no. Con ese pensamiento da media vuelta y se marcha a la habitación.

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21 de octubre de 1920

— ¿George por qué insistes en seguir teniéndola en esta casa? —pregunta María dirigiéndose a su esposo con la bebé en brazos.

Su marido la mira seriamente.

—Es algo que no te interesa María —le contesta—. ¿Cuántas veces te lo he dicho? No te metas en mis asuntos.

La mujer niega con su cabeza varias veces sin entender por qué su marido es así. George siempre ha sido alguien misterioso con su pasado, María prácticamente no sabe nada acerca de él, y no es porque ella no quiera, si no que George jamás ha querido hablar del tema.

Ella pone al bebé en la cuna, luego camina hacia su esposo y lo abraza.

—Entiéndeme George, a veces Isabella se ve fría y despiadada, como si de repente fuera atacarme —le dice.

Su marido la aparta un poco desatando el abrazo de María.

— ¿Qué? ¿Tú tienes miedo de esa marioneta? —pregunta con ironía—. No seas estúpida mujer, ¿por qué no mejor aceptas que la odias?

La mirada de ella se vuelve fría y una media sonrisa se forma en sus labios.

— ¿Yo? ¿Odiar a esa mocosa? Ella no es lo suficientemente importante para hacerlo —le contesta sin quitar la sonrisa de sus labios.

—He escuchado como te gusta molestarla llamándola con el nombre de nuestra hija muerta —la contradice el hombre entrecerrando sus ojos—. Lo que tú tienes es envidia de lo hermosa que es Isabella, por eso te encanta tratarla mal. Crees que no he notado las cosas que le dices o haces…

Antes de que él terminara de hablar, María lo interrumpe.

— ¿Yo? ¿Envidia de una maldita muñeca? Eso es estúpido, deja de decir tonterías, debería de terminar yo misma con ella —le contesta enojada.

George se ríe cínicamente de ella y camina hacia la puerta.

—Estás loca María, deberías ir a un psiquiátrico, tus berrinches ya se pasan de lo absurdo —le dice aún riendo. Cerrando la puerta tras de sí deja a su mujer llena de ira

—Piensas que soy idiota y que no se que la deseas —dice ella para sí misma.

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5 abril de 1927

— ¡Feliz cumpleaños pequeña Agatha!

Un grupo de personas festeja en el jardín de la familia los ocho años de la malcriada de Agatha, mientras Isabella está en la ventana del ático observando el show.

—Que niña tan estúpida —dice en voz alta con una sonrisa en su rostro, mientras ve como la niña tropieza y cae al suelo llorando.

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Con delicadeza una mano toca el hombro de Isabella.

—Estás tan hermosa como la última vez que te vi —una suave voz le susurra.

Dándose la vuelta Isabella, que estaba en la ventana, queda frente de una mujer hermosa. Su cabello negro como el carbón, rizos cayendo en cascadas hasta su hombro, piel blanca que resplandece con los rayos del sol del atardecer, ojos azules tan profundos que parecía que podías perderte en ellos y una sonrisa amable y cariñosa.

— ¿Quién es usted? —pregunta Isabella con cara sorprendida.

Extendiendo sus brazos la mujer la abraza y la aprieta a su cuerpo.

—Soy tu madre mi pequeña y es hora que saques tu verdadero yo.

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—Quiero que me escuches atentamente mi niña.

Isabella está en las piernas de la mujer y asiente obedientemente.

—Isabella no sólo eres tú, tienes dos hermanas y un hermano. Ninguno de ustedes se conocen, tú eres la mayor y quiero que los busques —comienza a explicarle la mujer—. Ustedes tienen un propósito en este mundo mi niña, y necesito que tú y tus hermanos terminen lo que yo empecé. Mi pasado está escrito en mi diario, necesito que tú lo recuperes y lleves a cabo mi venganza de las personas que me asesinaron. En el diario están todos los nombres de cada una de las familias y sus descendientes tienes que terminar con todos y tus hermanos te ayudaran en eso.

Las manos de la mujer acarician el largo cabello de Isabella y sigue hablándole con esa voz suave.

—Tus hermanos… la primera es Rosalie, tan fría como el hielo. La segunda es Alice muy frívola y diabólica. Y el último es el hermano gemelo de Alice, su nombre es Alec, un lector de pensamientos; con él hay que tener más cuidado ya que es frágil y a veces necesita que lo protejan.

Con intriga Isabella se levanta y la mira.

— ¿Por qué él es más frágil? —le pregunta.

También levantándose del sofá la mujer le contesta.

—No puedo responderte, pero todas tus preguntas serán contestadas en mi diario —le dijo suavemente—. Ahora tengo que irme, pero antes debo decirte que el diario se encuentra en esta casa, hay un marco pequeño en la habitación de la niña, ahí es donde está, con sólo tocarlo el cuadro se abrirá. Cuando ya lo tengas en tus manos sales de aquí, pero antes de que te vayas asegúrate de acabar con los miembros de esta familia, que no quede ningún descendiente.

Le da nuevamente un fuerte abrazo y un beso en la frente a Isabella.

—Todo a su tiempo mi niña, espera… la venganza es un plato que se come frío —aconseja mirándola seriamente—. No eres sólo una muñeca, entiéndelo, eres la más perfecta de mis creaciones mi hermosa marioneta. Isabella la que llevará a cabo mi maldición y acabará con todos los que se llenaron de mi sangre.

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Cuando las campanas de la iglesia suenan anunciando la medianoche Isabella camina por la habitación hasta salir de ella. Bajando las escaleras del ático y caminando por el pasillo oscuro llega a la primera habitación abriéndola sin hacer el menor ruido. Entra en ella caminando y observando el cuarto encuentra un marco que está en la pared derecha de la habitación junto a unos conejitos rosados dibujados.

Isabella se acerca al cuadro y la imagen es un poco tétrica, un bosque sin vida y unos cuervos es lo que muestra. Ella acerca su mano y con sus dedos toca el marco y las esquinas del mismo se abren revelando que la imagen en realidad es un libro grueso.

Tomándolo en sus manos Isabella lo lleva a su pecho.

— ¡Madre! —dice en un susurro para sí misma.

— ¿Quién eres tú? —una pequeña voz hace que Isabella gire su cabeza al otro extremo de la habitación.

Ella camina hacia la camita rosa y no le contesta a la niña.

Cuando ya está enfrente de la pequeña, Isabella le muestra una mirada despiadada y con una media sonrisa saca unas dagas. Los ojos azules de Agatha observan los ojos verdes de Isabella y cuando la niña se mueve un poco una daga atraviesa su cuerpo, la sangre cayendo sobre la cama y el cuerpo de la niña queda acostado.

Saliendo de la habitación Isabella baja las escaleras hasta llegar al primer piso, dirigiéndose a la sala. Allí un hombre de cabello corto y rubio está de espaldas mirando el retrato de un anciano, cuando ella llega lo suficiente cerca escucha su voz profunda.

—Vienes a matarme ¿verdad? Ya lo esperaba, sabía que la venganza de Charlotte Masen no tardaría en cobrarme la vida —dice el hombre suspirando—. Hace mucho tiempo, cuando sólo era un niño, presencié una de las muertes más despiadadas, no sabría como explicártelo… mi padre fue uno de los responsables pero… yo ahora… sólo te pido que dejes a mi hija vivir, ella no tiene nada que ver con la muerte de tu creadora.

Dándose media vuelta él queda frente a Isabella y observándola bien se da cuenta de lo que ella lleva en sus manos.

— ¿N-no la mataste verdad? —pregunta con temor.

Como respuesta ella le sonríe fríamente. Él abre más sus ojos y se da cuenta de que su hija ya está muerta. Sin poder evitarlo entra en shock por un momento, pero luego una furia lo invade y revelando un arma, que tenía escondida, apunta a Isabella.

—N-no —grita—. Mi pequeña bebé no puede estar muerta, tu-u no lo hiciste… yo-o cometí un error al haberle mentido a mi padre y hacer que otros niños también lo hicieran p-pero fueron los del pueblo quienes la mataron.

Una risa histérica sale de sus labios.

— ¡Soné patético! ¿No crees? —grita nervioso—. Pobre mi pequeña, murió… que lástima —susurra con la mirada perdida—. Pero no me importa. Lo que sí me importa eres tú Isabella. Que hermoso nombre, me sorprende tu belleza eres tan… ¿cómo decirlo sin que suene vulgar?

Mira a la chica con sus ojos nublados, como si nada tuviese sentido para él, como si ya nada le importara.

— ¿Qué no haría porque fueras mía? —pregunta mirándola fijamente—. Una parte de ti se parece a tu creadora y eso me encanta.

Extendiendo su mano y agarrando un mechón del cabello de ella, lo lleva hacia su nariz y aspira el aroma a rosas de Isabella y como si fuera un placer para él, lo disfruta. Suelta su cabello y esta vez llevando su mano al rostro de ella pasa sus dedos por su mejilla, terminando en los labios rosados de la chica.

— ¿Qué dices Isabella? ¿Me permitirías ser tu amante? —le pregunta susurrando y con los ojos llenos de lujuria—. Disfrutaría quitar la pureza de cada parte de tu cuerpo.

Isabella acerca su boca al oído de él.

—Usted me da asco —le responde.

Un movimiento rápido de la mano izquierda de Isabella, que llevaba una daga, corta superficialmente la mano que George tenía en el rostro de ella. Con violencia él se aleja dejando caer el arma, ella se acerca más y otra daga atraviesa la pierna derecha haciendo que él caiga al suelo.

Ella no necesita pensar, una de sus habilidades es la posesión de dagas que salen de sus manos indefinidamente. Era algo natural para ella, sabía que George no tenía posibilidades.

George mira la frialdad de la persona que está por terminar con su vida, tratando de escapar. Él se levanta con esfuerzo e intenta llegar a la salida, pero Isabella lo sigue y cuando él intenta abrir la puerta de la entrada de la casa, las dagas salen como flechas impactándose en cada parte del cuerpo de George, una de las dagas atraviesa el ojo derecho, las otras cortan los pies y las manos del hombre. Con cada herida George grita con desesperación, la tela de su ropa queda en tiras y de su piel brota grandes cantidades de sangre.

La última daga corta su cuello haciendo que su cabeza caiga al piso, un grito se escucha detrás de Isabella.

María queda muda al ver la escena, las palabras no salen de sus labios, pero sin darle importancia Isabella camina por el charco de sangre y abriendo la puerta sale con el diario de su madre en sus manos.

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Esperamos que les guste el primer capítulo de nuestra nueva historia. Habrán algunas cosas que se irán aclarando en los próximos capítulos, muy pronto irán conociendo a las hermanas Masen.

Hasta pronto…

Stephanie y Elizabeth