"¿Mi corazón podría ser amado?"

Y aquella cuestión surgió en la memoria de Gumi, quien se aferraba fuertemente a la silueta de Akaito. No deseaba soltarle, necesitaba su cercanía, su calidez. La joven mujer aún tenía miedo, temor a equivocarse nuevamente, que su cobardía frenase a sus sentimientos, y entonces nuca poder confesarlos. Su llanto aumentó, sus bellos orbes emitían lágrimas que se deslizaban por aquellas rosadas mejillas. Akaito se percató de ello, y con total delicadeza separó a la joven de su cuerpo, secando aquel llanto con una de sus manos.

—Gumi-chan, por favor…no llores, porque entonces yo también lo haré— La voz suave de Akaito se escuchaba completamente convincente; él era un joven honesto, jamás mentiría, siendo lo contrario de aquella joven; una mentirosa de nacimiento. Gumi siempre solía engañar, sus palabras deshonestas invadían su interior, llenándole de culpa, de sufrimiento, la tristeza era tan inmensa, que necesitaba comunicarle a Akaito acerca de ello, pretendía advertirle acerca de sus defectos, sin embargo, su cobardía se lo impidió, permaneciendo muda en brazos del pelirrojo que prometió jamás alejarse a ella.

Después de unos minutos, cesó el llanto de Megpoid, quien avergonzada miraba aquellos bellos ojos rojos pertenecientes al hombre que cariñosamente le sujetaba. La desconfianza ascendía por todo el cuerpo de Gumi, que se preguntaba por qué aquel desconocido le había jurado estar a su lado, sin embargo, su corazón distinguía una inmensa calidez que con inocencia, prefirió guardar silencio. Akaito suponía todas las dudas que surgían en la cabeza de la joven de cabellera verde, sin embargo, él tenía la certeza de que su amor no era una mentira; amaba a Gumi, y no por un momento, sabía que quería tenerle a su lado, inclusive después de la muerte.

—Gracia por animarme, Akaito— La fémina agradeció con dulzura, sonriendo falsamente para el pelirrojo; otra vez disfrazaba sus sentimientos, aparentando estar bien, sentirse feliz, no obstante, Shion poseía el conocimiento de que aquello no era cierto, por lo cual, sujetó firmemente la mano de Megpoid.

—Lo siento, no puedo dejarte ir. Escucha Gumi-chan, sé que te sientes triste, sin embargo, el dolor no cesará si nunca comunicas lo que te sucede. Deberías romper las barreras que te inmovilizan, porque de otra manera jamás podrás sanar— La joven abrió sus ojos simulando dos grandes platos, sintiéndose un libro abierto frente a los orbes de aquel varón que le observaba con determinación. La sonrisa de sus labios se desvaneció, un gesto amargo se dibujó en el rostro de Megpoid, quien enseguida levantó su cuerpo de aquella banca de madera.

"Yo aún no puedo expresarme con sinceridad"

La sensación de llanto escalaba su interior, no obstante, la reprimió, se negó a llorar otra vez. Se despojó de su inútil cobardía, tomando aquel valor que carecía, y con decisión habló firme.

—Yo…te prometo que estaré bien, sólo….no me dejes nunca…por favor— Megpoid percibió por primera vez aquella sensación de comunicar sus verdaderos sentimientos, aquellos que solía esconder temerosamente.

—Entonces no te vayas, acompáñame esta tarde. Mi hermano y yo celebraremos el cumpleaños de su novia; es una joven muy dulce, seguramente te agradará, pero por favor, no permanezcas sola, la soledad es una sensación vacía; no te ayudará a esfumar tu dolor— La propuesta de Akaito se escuchaba convincente, sin embargo, no poseía el ánimo de asistir a una fiesta.

—Y has hecho mucho por mí, no quiero incomodarte— Akaito negó con la cabeza, levantándose de la banca.

—Para nada. Escucha, quizás pienses que es precipitado, pero….sinceramente me gustaría conocerte— Mencionada esta oración, Megpoid no concibió poder protestar; un sonrojo se apoderó de sus mejillas, percatándose de que su piel hervía a causa de la vergüenza. Permitió que el pelirrojo le tomase de la mano y así, avanzasen sujetándose fuertemente.

En cuanto ambos llegaron a su destino, sus manos deshicieron aquel agarre, adentrándose al hogar del varón de melena roja. Todo el lugar permanecía decorado con globos rosados, y al centro del salón, una bella dama de cabellera rosada, situada sobre un sofá magenta. Gumi fue invadida por el asombro, sus orbes se abrieron como si fuesen grandes monedas, sintiendo la necesidad de huir lo más rápido que pudiese, sin embargo, detrás de ella se situó un caballero. Megpoid no poseía el ánimo de verle, tenía la certeza de quien se trataba, y con temor a confirmar sus pensamientos, dirigió su vista a aquella persona, girando su cuerpo. Su mundo se derrumbó sin permitirle protegerse, despedazándose sin pena alguna; permaneciendo inmóvil, se encontró con aquel amor de secundaria el cual jamás logró confirmarse.

— ¿K-Kaito?— La voz de la joven se escuchaba nerviosa, sus labios temblaban, mientras ella misma se ahogaba en un profundo mar de miseria. El mencionado le reconoció enseguida, recordando aquella promesa rota, sintiendo como su amor resurgía en un instante, ansiando abrazar a la joven dama.

—Gumi….estás aquí…— Sólo consiguieron verse a los ojos, pretendiendo escapar del contrario, perderse lo más lejano que pudiesen, sin embargo, Akaito les observaba con duda.

— ¿Ustedes se conocen?— La cuestión del pelirrojo inclusive causó intriga en la novia de Kaito, quien se acercó a la escena, presenciando como aquella joven y su pareja se transmitían infinidad de recuerdos con tan sólo mirarse.

La vista de Megpoid se nubló en un instante, memorizando aquella confesión que causó una gran cicatriz en la profundidad de su persona, y sin poder mencionar absolutamente nada, abrió la puerta de aquella casa, escaparía con cobardía, como siempre solía hacerlo. No obstante, un fuerte agarre le detuvo, era Kaito, quien negó con la cabeza, cubriendo sus ojos con su cabello.

—Te suplico que te quedes. Prometo que hablaremos…pero por favor, quédate…— Shion suplicaba con nerviosismo, sin embargo, Megpoid se negó, soltándose con un violento movimiento.

"Ya no creo en tus promesas"

Gumi recobró la compostura; arruinar un cumpleaños era lo menos que deseaba, porque la dama de orbes azules no poseía culpa alguna. Mintió otra vez, fingió una gran sonrisa, aunque en su interior estuviese quebrándose con lentitud, desgarrando aquella herida sin sanar, que nuevamente dolía con inmensidad.

"Sentimientos falsos, emociones que nunca se irán…nunca les quise"

—Yo…siento haberme comportado así. Kaito y yo somos amigos desde la secundaria, simplemente fue una gran emoción verle— Como una perfecta mentirosa, logró engañar a las personas presentes, quienes con un gesto de alegría dedicaron su día a celebrar. En aquella tarde, Gumi y Kaito jamás alejaron sus miradas, una conexión les unía, un gran lazo que no podría romperse, sin embargo, sus destinos nunca se juntarían, porque ahora les frenaban otros corazones que no aspiraban dañar con egoísmo.