Justin
Cuando Justin se levantó luego de dormir 2 míseras horas, se bañó y vistió con rapidez, debía llegar lo antes posible a la galería y comprobar el itinerario de la gira con sus obras. Por primera vez tendría exposiciones propias y viajando por Europa, tal como siempre soñó. Pero no solo. Quería que Brian estuviese con él, que lo acompañara a recorrer esas calles llenas de arte y romanticismo, pero eso era imposible por dos razones. La primera, era que Brian no era de los que les iba el romanticismo, (a pesar de que sus últimos días juntos habían sido todo romance); y la segunda, que no estaban juntos.
- Al fin llegas, Justin. Te esperábamos.- Layla, su agente, siempre se encargaba de recalcarle que iba atrasado, aunque fuese por unos minutos.
- Hola, Layla. Lo siento, no dormí bien anoche.- La saludó con un beso en la mejilla y se sentó frente a su escritorio.
- Y me imagino porque.
Layla era una mujer espectacular. Había llegado a ella por recomendación de Lindsay, y cuando la conoció entendió porque no había querido mencionarla frente a Melanie, ya que Layla era tan alta como él y con una cabellera rubia hasta la cintura, la cual era tan pequeña como un plato. Sus ojos resplandecían con cada sonrisa dando un destello verde que encandilaba a cualquiera. Justin estaba seguro que si él fuera hétero, se acostaría con ella.
- Me dijeron que te vieron saliendo con un muchacho muy guapo, por lo que imaginé que llegarías un poco tarde, como siempre.
- No fue por eso, Layla.- Recordó la droga y el alcohol y la reseca volvió, por lo que se levantó por un vaso de agua.
- No quiero hablar del tema. ¿Está listo el itinerario?
- Claro que sí. Verás, en Europa, todo está muy junto, por lo que, considerando 4 días de exposición y 3 días entre viajes y descansos, en un mes cubriremos todo Europa, Luego volvemos a EEUU para terminar con la exposición acá en New York.
Layla continuó hablando sobre cómo sus obras estaban ya listas y aprobadas, sobre el menú que servirían en cada exposición y sobre lo grandioso que será conocer Europa, Justin ya no escuchaba. Un mes y una semana y podría volver en gloria y majestad a Pittsburgh, suponiendo, claro, que sus obras tuvieran el éxito que tuvieron las anteriores. Pero su agente y sus asesores ya le habían confirmado que todo sería un éxito, que los grandes artistas de Europa esperaban ansiosos su llegada.
- ¿Justin?
- Ah…sí, lo siento. ¿Qué decías?
- Decía que si tienes alguna exigencia para cuando lleguemos a los hoteles.
- No, ninguna.
- ¿No estás feliz por todo esto?
- Claro que sí, ¿Por qué no habría de estarlo?- Puso una de esas sonrisas que tanto tiempo le costó lograr cuando llegó a NY, una de esas por las que Debbie solía llamarle Rayito de Sol.
- Sabes…Antes de que llegaras, hablé con Linds. Ella me contó varias cosas, incluyendo la razón de que estés acá.
No. Lo que menos quería era hablar de él, sabía que correría a tomar el primer avión que saliera y eso no debía ser pensando que su sueño estaba tan cerca.
- Layla…
- Justin, éste es tu sueño, es tu futuro el que está en juego, en Pittsburgh no lograrás nada. Tienes 25 años, y aunque ya estés en las grandes ligas, si lo dejas, tu nombre no llegará lejos. Sé que estás pensando en irte cuando acabe la gira, pero no puedes.- Se levantó de su asiento e hizo que Justin se levantara y lo abrazó.- Tú necesitas seguir acá en New York, o quedarte en Europa, seguir con tus ideas y tu trabajo.
Justin intentó zafarse del abrazo, pero le era imposible, la mujer lo tenía aprisionado entre sus brazos. No quería seguir escuchándola, no cuando le hablaba de esa forma porque sabía que tenía algo de razón. Layla se alejó un poco pero mantuvo sus manos en su cuello. En sus ojos, Justin vio algo que había visto antes en sus propios ojos cuando se miraba al espejo luego de estar con Brian, y miedo comenzó a crecer en su pecho. Tal vez no era la razón lo que hacía que Layla quisiera que él continuara con su carrera, sino que obsesión.
- Es mi decisión –Se escuchó decir alejándose de ella- Además, ya te lo dije, continuaré pintando, seguirás recibiendo mis cuadros y podrás exponerlos en cualquier lado. Seguirás ganando dinero cuando logres venderlos, al igual que yo.
- ¿No entenderás, cierto?
- No, Layla. Debo recuperar mi futuro, tal como debió contártelo Lindsay.
- Sí, me habló de ese hombre.- Justin no pudo evitar escuchar a su madre cuando hablaba de Brian cuando recién se habían conocido, un toque de desprecio que no pasaba desapercibido.
- Debo irme. Tengo otro proyecto en que trabajar.
- Está bien, Justin. Tendré un mes para convencerte en Europa.- Se alejó de él y volvió a su asiento en el escritorio.- Recuerda que nos vamos pasado mañana. Nos juntaremos aquí a las 10 y ese día sí que no puedes llegar tarde, así que intenta no salir con alguien el día anterior.
Justin tenía problemas, y grandes problemas si llegase a pasar que su agente estaba enamorada de él, definitivamente necesitaba hablar con Lindsay.
Brian
El Dinner estaba agarrotado de gente y la verdad es que no sabía porque ni le importaba, solo quería un maldito café para pasar la maldita hackeca que comenzaba a producirse en su cabeza gracias al bendito whisky que se había bebido. Solo había dormido 3 horas, siendo despertando en el sofá de su despacho por Cynthia, la cual lo envió directo a casa. Y lo entendía, porque se sentía como la mierda.
- Hey Brian ¿a qué debo tan inesperada visita?- Debbie salió de la cocina mientras él se sentaba en la barra y tomaba un menú. -¿estás bien, cariño?
- ¿Podrías traerme un café y pedirle a toda esa gente que se calle?
- Café marchando, pero no puedo hacer que se callen… ¿no has escuchado las grandes noticias, cariño?
- ¿Y ahora que cojones pasó?-Debbie sirvió el café y le palmeo la cabeza.
- Pasa, que se acerca San Valentín y el alcalde ha ofrecido un baile para todos los gays y lesbianas de la ciudad para tan importante fecha.
- Ok-dijo Brian alargando cada letra- eso no explica por qué están todos aquí.
- Es un baile, cariño, es en parejas. Por lo que he dispuesto mi local para que cada soltero pueda buscar pareja.
Bien. Si pensaba que los que querían casarse y amarrarse de por vida con alguien, estaban locos, esto definitivamente era peor. ¿Quién en su sano juicio podría buscar pareja para un estúpido baile un mes antes de él?
- Debo salir de aquí.
- Vamos, Brian. Tal vez puedas encontrar algo interesante.- Debbie salió de detrás de la barra y comenzó a arrastrarlo hacia una mesa con tres tipos. No estaban para nada mal, pero la verdad era que su cabeza iba a explotar. –Hola, chicos. Les presento a Brian Kinney.
- Vaya que lo conozco, ¿no, Brian? – Era un tipo de cabello rojo y corto, bien parecido, pero la verdad es que no lo recordaba.
- Aamm, no sé quién mierda eres- Vio como la cara del tipo se deformaba y un recuerdo flash le dijo que tal vez fuese el tipo que se había follado en Babylon unas semanas atrás. – Me voy de aquí. Necesito dormir.
Se fue dándole un beso a Debbie en la mejilla, logrando ver por el rabillo del ojo que los tipos comenzaban a preguntar por él y la follada que habían tenido. Perfecto, cuando más deseaba tranquilidad, las locas de la ciudad se la quitaban. Y para hacer más perfecta su mañana, Michael lo esperaba en la puerta del Loft.
- Créeme, Michael, no estoy de humor.- Abrió la puerta y entró cerrándola en la cara del visitante.
- Brian. ¡Brian!. Abre la maldita puerta. Tenemos que hablar.
- Claro, Mickey. Cuando se me pase la hackeca. Ahora ¿por qué no te vas y me dejas en paz, por aunque sea un momento y te vas a planificar el hermoso baile que les dará Dickenns?
- Nos dará, Brian.
- Claro, llegaré con mi infalible pareja en toda fiesta. Drogas y Alcohol.
- No porque él no esté te perderás algo así.
Fue por una botella de agua al refrigerador y la vació en su cabeza, pero no logró quitar las imágenes que se formaban del último baile al que había ido, y peor fue cuando comenzaron a aparecer crudas imágenes que incluían a Justin y un bate de baseball.
- Brian…
- ¡¿Quieres hacerme el jodido favor de irte, Michael?!-Lanzó la botella vacía de agua al piso, y tomó su cabeza con ambas manos. La exasperación había llegado, y la verdad es que no quería joderla con Michael.
- Está bien, pero debes saber que no me quedaré con los brazos cruzados viendo como sufre mi mejor amigo.
Escuchó como Michael tomaba el elevador y por fin Brian pudo irse con tranquilidad a su cama. Ni se molestó en tomar una ducha, solo quería dormir y despertar cuando ya fuese de noche y poder salir a follarse a algún hombre en cualquier parte, porque eso era lo que necesitaba, necesitaba el calor de otro para poder compensar su propia falta de calor debido a su soledad.
