La casa de mis padres formo un reino. Ese reino era familiar para mí en casi todos los sentidos. Mi padre y mi madre, el amor y el rigor, la conducta ejemplar y la escuela.

#2: Mentira.

Lo único que adornaba toda esa blanca habitación tan terrorífica era aquel cuadro de un espeso y nebuloso bosque que en algún momento de su vida había llegado a conocer.

El médico le mostro una de las imágenes con una mancha de tinta y le pido que dijera que es lo que veía, sonrió como si fuera una agradable sorpresa y luego negó.

Alguien del otro lado del espejo hizo que la cámara se moviera y ajustara el zoom para que el paciente pudiera ser visualizado más a fondo, dejar como evidencia cada uno de sus movimientos faciales, como si quisiera estar seguros de lo que vieron.

El grito desesperado, las drogas viajando por su cuerpo y una última esperanza de morir.

El medico cambio la imagen por otra, mostrando una mancha de tinta diferente, pero no hubo respuesta alguna, simplemente se limitaba a sonreír con cierta ternura como si en lugar de un psiquiátrico estuviera de visita con la abuela.

El sofoco, la asfixia, el terror que viajaba por sus venas mientras el veneno paseaba entre la sangre, provocando el más puro dolor, quemando cada célula viviente, cada átomo dentro de sí, haciendo que los pocos minutos de existencia fueran los peores.

La imagen cambio de nuevo, esta vez esperando algún tipo de reacción, pero de nuevo no hubo nada.

Las cortinas se ondearon y de repente estaba de nuevo en su habitación, miro a los lados y abrazo sus rodillas, las píldoras naranjas que había consumido antes de llegar a ese lugar volvieron a su mente y pensó que no había estado tan mal. Tan mal.

Suspiro con pesadumbre, como si de repente estuviera cansado.

Pulkkot Arboretum – 2,1 Km.

Contuvo el aliento y trato de no volver a gritar, la enfermera y el doctor estaban cansados de ir y ver que en realidad solo se trataba de otra crisis de ansiedad y pánico provocados por los recuerdos insólitos que de repente, sin previo aviso, llegaban a su mente, atormentándolo y pidiendo venganza lentamente.

Azoto contra el piso la almohada llena de plumas blancas, destrozo con los dedos la tela y las lanzo hacia el techo, un momento después, hipnotizado por la belleza de la caída de estas simplemente sonrió y trato de tocar con la punta de los dedos la suave textura de las plumas que caían como gotas de lluvia.

Lluvia.

El terror se adueñó de nuevo de su cuerpo y tuvo miedo de ponerse a gritar, se abrazó a sí mismo y empezó a tararear la canción, aquella última canción que había escuchado antes de que todo aquello pasara.

«Devuélveme mi sonrisa.» susurro casi con pena.

El piano quemándose, aquellos libros volviéndose cenizas, manchando el piso de un particular color gris.

La habitación azul se deformo a su lado, cobrando formas onduladas, apretándolo contra sí mismo, asfixiándolo y dejándolo hecho trizas. Se tapó la boca con la mano, apretándose tan fuerte que casi dejo de respirar por un instante.

Sintió de nuevo el frio de la lluvia mojándole el cuerpo, quemándole las ideas, absorbiéndole lo último que le quedaba de humanidad.

La densidad de una manzana en el agua mientras navega hasta el fondo de la piscina de la escuela.

El bosque de altos pinos, la niebla apoderándose de cada esquina, de cada rincón que pudiera existir para absorberlo todo y de repente dejándolo sin nada.

Grito.

No pudo más.

Pidió auxilio de nuevo, su cuerpo se descompuso en un montón de piezas inservibles y llenas de cicatrices imposibles de esconder y mucho menos de ocultar.

Se hundió de nuevo en aquella desesperación tan conocida y tan odiada.

Se incorporó lentamente y vio como las cortinas se ondeaban con el viento que había allá afuera. Pareciera como si de repente el telón se abriera presentando una nueva y esperada obra donde todos aplaudían y vitoreaban. Siendo él el protagonista en medio del bosque, perdido y destrozado.

"Por favor, guíame; por favor, detenme; por favor, déjame respirar."

El médico le mostro una nueva imagen pero de nuevo no respondió. Se limitó a masticar lentamente lo que amablemente una de las enfermeras había traído en una sencilla bandeja de metal.

Volvió a sonreír.

"Estoy atrapado dentro de mí y estoy muerto."

Se levantó con cuidado de la silla, el medico se tensó en su lugar, pero él no hizo nada más que tomar con delicadeza la cámara y colocarla frente al cuadro del nebuloso bosque, lo miro un rato y pensó que era un excelente lugar para ir de paseo con la familia.

1.- Another photo.

De todas las fotografías regadas en el piso ninguna pareció gustarle lo suficiente como para presentarla como propuesta para la galería de la feria que se haría en la facultad la semana entrante. Suspiro y trato de poner toda su atención en las imágenes frente a él. Necesitaba elegir una, solo una.

Pero… ¿Cómo? Él jamás estaba seguro de sus elecciones y al final dejaba que el resto eligieran por él porque en su opinión todos tenían mejores ideas que si mismo. Un enorme defecto que no podía abandonar gracias a la inseguridad que aun cargaba en la espalda.

Era, a veces, algo molesto.

Negó con la cabeza y recogió las fotografías y las metió en el estuche sin cuidado alguno.

Se preguntó porque tenía que elegir algo de su portafolio si ya cinco imágenes de él iban a ser expuestas en la galería. Cinco fotos que la profesora había elegido por tomar como las mejores de su clase, pero aun quería una más y como no estaba segura de que poner decidió que el mismo autor tomara la que mejor le parecía. No había sido lo más inteligente que pudiera hacer.

Al final simplemente guardo de nuevo el estuche y decidió que al día siguiente tomaría la primer fotografía del álbum y la entregaría como propuesta, no importándole cual fuera.

Pero… ¿Y si era el fracaso del concurso de ecosistema y medio ambiente o la horripilante fotografía del aniversario número 45 de la universidad? ¿Qué haría? No, tenía que ir y elegir una que no fuera un fiasco, no podía presentar cualquier cosa, era algo importante, todos sus otros compañeros estaban presentando sus mejores trabajos, él no debía ser la excepción.

Se desanimó por completo y salió de su habitación arrastrando los pies y dejando que los brazos le colgaran por los lados, como si pesaran una tonelada.

Suspiro apesadumbrado y realmente agotado.

Chasqueo la lengua y pensó que tal vez le pediría opinión a su hermana o quizá a su padre. No eran tan favoritistas como para decir que cualquiera estaba bien, tal vez solo mirarían y señalarían alguna que no estuviera tan mal. No sonaba tan mal.

Entro en la sala principal y se sorprendió ver un montón de cajas de cartón apiladas junto a la pared izquierda y parte del pasillo central.

—Tenemos visitas. —se adelantó su hermana antes siquiera de preguntar. —Aun no llega pero mando su… "equipaje" por adelantado.

Asintió como si hubiera entendido.

—Es raro, teniendo en cuenta que ni siquiera es temporada de vacaciones. —volvió a contestar la mujer llevándose un cigarrillo a los labios. —Pero al parecer es alguien rico o importante.

Separo los labios para decir algo al respecto pero simplemente la pregunta se respondió sin necesidad de decir nada.

Su hermana se encogió de hombros.

—Es curioso que hubiera escogido nuestra pensión para pasar el rato. Pero está bien para nosotros. ¿No? —asintió. —En fin, ayúdame a subir el equipaje a la habitación numero veinticuatro, cuidado en no romper nada o en tocar algo.

Bufo ante ello. No era un niño como para cometer un accidente con el equipaje ajeno.

Tomo la primera caja de la gran fila y empezó a moverla hacia la escalera, pesaba bastante, ¿Qué tenía dentro? ¿Piedras? Se quejó al final logro llevarla hasta la habitación indicada y poco a poco hizo lo mismo con el resto hasta que la misma habitación estuvo hasta el tope de cajas. Se preguntó cómo acomodaría todo el huésped dentro de una habitación relativamente pequeña.

Solo en tres palabras pudo pensar: Extranjero, rico y raro.

Entro de nuevo a su habitación y tomo su cámara, tal vez si salía y tomaba algo bueno allá afuera pudiera relajarse y pensar con claridad, incluso entregar algo mejor de lo que tenía guardado en los estuches y álbumes. Con un tanto más de confianza salió no sin antes avisar de que solo tardaría un poco y llegaría a tiempo para la cena.

Llego hasta el parque principal del pueblo donde vivía y se sentó en la primer banca disponible, jugo un poco con las opciones que venían en la cámara dúplex luego para probar uno de los efectos saco una foto a lo que sea que tuviera enfrente y la miro.

Una mujer y su hija alimentando a un montón de palomas que se habían arremolinado a su alrededor. Enternecedor. Pero no era lo que buscaba. Cambio el efecto y se levantó de la banca para andar a los alrededores del parque en busca de algo sencillo pero fascinante.

—Ah, Makkachin…

Alzo la cámara y ajusto el zoom lo suficiente para que enfocara la fuente. Era algo cliché pero tal vez con la sombra adecuada y la iluminación pudiera obtener algo diferente.

La niña de las palomas grito cuando el caniche paso correteando a las palomas, la mujer se rio y el dueño del perro se disculpó rápidamente antes de perder de vista a su mascota.

Disparo y en realidad lo que obtuvo lo dejo bastante satisfecho.

Un montón de palomas volando despavoridas, un perro divirtiéndose asustándolas, una niña asustada corriendo a los brazos de su madre, la mujer riendo pero protegiendo a su pequeña y un dueño preocupado por la desobediencia de su mascota.

Nota:

¿Alguien tiene curiosidad sobre que vela tiene Yurio en esta historia?

Gracias por leer.

Parlev.