Tomó la carta, sin abrirla la guardo en su bolsillo, sospechaba lo que estaba escrito y no tenía interés en leerla. Desde ese momento su vida cambio, el niño alegre que solía ser desapareció entre la neblina formada por el dolor y la tristeza, su madre y su querida hermana pasaron a ser los seres más odiados por su conciencia.

Sobrevivió en ese deshabitado lugar un par de semanas gracias a los alimentos que su madre guardaba en la despensa ubicada en el subterráneo de la casa. Su mayor actividad durante esos días fue tapar una gotera formada en el centro de la cocina a causa del fuerte torrencial que sorpresivamente atacó esa zona, el resto del tiempo lo ocupaba sentado en una silla, mirando el verde de la naturaleza que predominaba en aquel sector. Tenía una mirada perdida, sin rumbo ni dirección, a simple vista parecía un ser humano movilizado por la inercia de la vida, haciendo lo justo y necesario para evitar la muerte. A veces, pasaba horas caminando de la entrada de su casa hasta la cocina, sin variación en su expresión facial, y después volvía a la silla a contemplar la naturaleza. De esta forma paso los siguientes días en ese suelo que alguna vez llamo hogar, hasta que la comida terminó por acabarse.

Emprendió rumbo a la ciudad, sin percatarse que durante todo el recorrido, dos sombras siniestras e ágiles lo seguían escondidas entre la abundante vegetación de la zona. En su espalda cargaba un bolso con unas cuantas prendas que terminaron por ser vendidas a cambio de comida, su infaltable escoba de dientes y un brazalete que en tiempos lejanos había sido un presente de parte de Mía por su cumpleaños. Llegó a la ciudad un tanto agotado, había dejado de confiar en la gente, por tanto no permitía que se estableciera ningún diálogo que durase más de unos cuantos minutos.

Decidió sobrevivir debajo de un puente ubicado casi en el centro de la ciudad, a través de hurtos provocados principalmente por la necesidad de supervivencia. Llego a ser un criminal de fama considerable, los policías nunca lograron capturarlo debido a que Edward tenía una extraña fuerza en sus piernas que lo hacia correr de una forma casi inhumana. Era tan veloz, que los policías se rendían a los treinta metros avanzada la persecución. Tenia una capacidad física superior a cualquier otro niño de su edad, podía hacer cosas que hasta el mismo se sorprendía, una fuerza de un joven de veinte años y una capacidad para razonar superior a muchos adultos que vivían en la ciudad. Lucia bastante demacrado por la miseria de la pobreza, sin embargo sus rasgos no aparentaban los de un típico vagabundo, a medida que fue creciendo , sus facciones comenzaron a hacerse notar, tenia una belleza tosca, de tez blanca mezclada con polvo, ojos saltones y labios marcados, rasgos que provocaron interés por algunas mujeres del sector. Hubo un cambio en la vida de Edward, quien no encontraba explicación a tanto acoso de parte del sector femenino, no se había percatado de que ya era un adolescente…