Un joven de cabellos azabaches miraba por la ventanilla del avión, se sentía cansado, había pasado un día muy agitado desde la apasionada despedida que su rubio esposole había dado en la mañana. -Hm,dobe- Susurro cerrando los ojos y sonriendo levemente mientras se recostaba en el cómodo asiento a bordo del lujoso avión en el que viajaba. De pronto se escuchó un estrepitoso sonido que hizo que todo el avión se sacudiera despertando de su ensoñación a nuestro hermoso doncel. Una alarma empezó a sonar en todo el avión anunciando que algo andaba mal. Internamente se encontraba muy angustiado pero su rostro demostraba gran serenidad apaciguando la angustia de la joven que se encontraba a su lado que estaba comenzando a hiperventilar. -Tranquila, todo estará bien- Dijo fríamente sin el creer lo que había dicho, pero fue suficiente para que ella se relajara un poco. Pasaron apenas unos segundos y el avión sintió una gran turbulencia, lo que provoco que las mascarillas se salieran de los compartimentos donde se encontraban guardadas.
En menos de 5 segundos llego la azafata corriendo. -Señores pasajeros- Dijo casi gritando. -El avión está presentando fallas mecánicas, les suplicamos se pongan las mascarillas y abrochen su cinturón de seguridad, el capitán intentara hacer un aterrizaje de emergencia.- Dijo para salir casi corriendo y hacer lo que ella misma había dicho. Pero antes de llegar a su asiento un fuerte movimiento hizo que ella callera al suelo y los pasajeros pudieron sentir como la trayectoria del avión cambiaba, iban cayendo en picada.
Nuestro doncel se agarraba fuertemente de los respaldos para manos de su asiento, en su mente solo recordaba los momentos que había pasado con sudobe, que buenos o maloshabíansido muy pocos, y lamentablemente nunca volvería a reír por sus boberías, pelear por insignificancias, hacerlo enojar y ver los pucheros que hacía; pero lo que más lamentaba era que no volvería a ver esas hermosas sonrisas que le dedicaba solo a él, ni el brillo de esos ojos azules que hacían que el cielo los envidiara por su belleza. Al pensar en eso no pudo evitar que las lágrimas salieran descontroladamente de sus ojos, y no tenía intenciones de detenerlas, en esos momentos todos estaban más preocupados en ellos mismos y en sus seres queridos que en lo que él hiciera,asíque dejo su orgullo de lado y se abandonó al dolor que le causaba la actual situación llorando como nunca antes lo había hecho.
El avión cayendo abruptamente, de los motores de su ala derecha salía humo negro, se dirigía a una región boscosa. Cada segundo que pasaba se encontraba más cerca de estrellarse contra...
-¡NOOO!- Gritó mientras se sentaba en la cama donde se encontraba durmiendo, quedando con las sabanas cubriendo sus piernas y su abdomen dejando descubierto su bien formado pecho y sus fuertes brazos. Respiraba agitadamente, las gotas de sudor se deslizaban desde su cuello y frente.
-¡Mierda! Otra vez esa pesadilla- Dijo pasando sus dedos por sus rubios cabellos. Suspiro, estaba cansado del tormento que le causaba aquel sueño. Pesadamente tomo su celular de la mesa de noche, eran apenas las 8 de la mañana; tenía la alarma puesta a las 9. ¿Por qué se levantaría temprano un sábado? No lo recordaba, pero sea lo que fuere lo pospondría, no tenía ánimos para nada en esos momentos. Desactivo la alarma, coloco el celular donde lo había toma y se acomodó nuevamente en la cama, trataría de seguir durmiendo.
En el baño de un departamento ubicado a unas cuantas cuadras de donde se hallaba el rubio, se podía ver a un joven saliendo de la ducha con una toalla amarrada a la cintura y una más pequeña en las manos con la que se secaba sus rojos cabellos; pequeñas gotas de agua se deslizaban desde su cabeza pasando por su pecho, su estrecha cintura y su abdomen hasta perderse en la toalla. Salió del baño todavía desnudo y algo mojado, se dirigió al ropero y de uno de los cajones saco unos boxers y se los puso con la toalla todavía encima, después se la quitó y caminó hasta la cama donde detrás de un cerro de ropa tenía ya listo lo que se pondría ese día, después de todo se había levantado temprano para escogerlo.
Paso más de una hora en la que el doncel hizo hasta lo imposible para verse más provocativo que otros días. Una vez que verifico que todo estuviera en su lugar salió de su departamento con dirección a la casa del rubio; por el camino robaba las miradas de donceles celosos y hombres lujuriosos, Gaara solo fruncía el ceño ante esto, le molestaban los silbidos y piropos que depravados le decían por donde quiera que pasaba. Y no era para menos, ver a un doncel con las características de Gaara vestido con una camisa gris arremangada hasta los codos, un chaleco abierto y una corbata negra, unos pantalones ligeramente ajustados y zapatos casuales negros alborotaba a cualquiera.
Llego a la casa de Naruto y se acercó a tocar el timbre, espero unos minutos a que el rubio le abriera la puerta pero esto no paso, así que volvió a tocar el timbre pero la respuesta fue la misma.
-¿Se habrá quedado dormido?- Pensó en vos alta. -¡Ah! Ese Naruto...- Al creer que había acertado en sus pensamientos dejo de tocar el timbre y comenzó a golpear la puerta, pero después de unos minutos se estaba cansando de que eso no provocara que el rubio atendiera la puerta.
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Naruto escucho que sonaba su celular, alguien lo llamaba, pero no contestaría, no tenía ánimos, sea quien sea que lo estuviera llamando seguramente se cansaría y dejaría de insistir; y así fue. Pasaron unos minutos y volvieron a marcar, nuevamente el rubio no contesto. Esto se repitió un par de veces más y Naruto tuvo que atender resignado.
-Bueno- Dijo de mala gana.
-Se puede saber ¿Por qué madres no contestabas?- Dijo colérico Gaara -Llevo casi media hora parado en la entrada de tu casa esperando a que salgas ¡Y más te vale que estés listo porque no pienso esperar ni un minuto más!- Le advirtió casi a los gritos apretando el celular por el coraje.
-Mira, Gaara- Dijo Naruto aguantando las ganas de gritarle. -Bájale a tu tonito, no estoy de humor para estar aguantando tus desplantes de niño caprichoso. Y puedes irte tu solo, que yo no pienso ir a ningún lado- Colgó la llamada.
Gaara estaba todavía más enojado, Naruto le había llamado caprichoso y encima le había colgado el teléfono dejándolo con la palabra en la boca. Guardo su celular en el bolsillo de su pantalón y comenzó a tocar nuevamente la puerta, ahora con mucha más fuerza que antes.
-¡Naruto! ¡Abre la puta puerta de una buena vez!- Gritaba mientras golpeaba -¡Naruto te estoy hablando!-
En la habitación el rubio todavía estaba acostado, los golpes y gritos de Gaara resonaban por toda la casa. Los molestos reclamos y exigencias del doncel estaban molestando demasiado a Naruto. Enojado a más no poder se levantó de la cama y bajo las escaleras lo más rápido que podía y se dirigió a la entrada principal para poner a ese doncel en su lugar.
-¡NARUTO!- Cada vez podía escuchar mejor los gritos de Gaara -¡Si no abres la puerta la voy a tirar, y sabes que lo hare! ¡Naru...
-¿Que quieres, Gaara?- Dijo al momento de abrir la puerta. Gaara podía jurar que los ojos del rubio se habían convertido de zafiros a rubíes en ese momento. -Ya te dije que no estoy de ánimos para salir-
-Y se puede saber ¿Por qué no quieres salir? Si no querías, desde un principio pudiste decir ayer que no y evitarme el pasar a recogerte; no soy tu pendejo, Naruto- Dijo Gaara en el mismo tono en el que el rubio le había hablado, no se sentía intimidado.
-Eso no te importa y no tengo porque darte explicaciones, ahora vete que no quiero ver a nadie- Cuando termino de decir esto quiso cerrar la puerta pero Gaara se lo impidió con una mano, era un doncel muy fuerte.
-Claro que me importa- Lo miro retadoramente -¿Qué fue lo que te paso ahora? ¿Tuviste esa estúpida pesadilla otra vez? ¡Supéralo Naruto!- Él sabía perfectamente lo que esas pesadillas provocaban en el blondo, incluso le había dado ánimos en muchas ocasiones; pero en ese momento no le importaba, estaba demasiado enojado.
-¡CALLATE!- Respiraba agitadamente -Tú... tú no sabes cómo me siento- La vos del rubio se quebraba y sus ojos se llenaban de lágrimas. -No tienes ni idea de lo que es desear que todo sea una puta pesadilla, que cada rincón te recuerde a él, que quieras morirte para estar de nuevo a su lado... ¡Tú no lo sabes!- Las lágrimas comenzaron a escurrir de sus hermosos ojos y los sollozos iban en aumento. Gaara estaba en shock, él había provocado que siempre trataba de evitar, que el rubio se derrumbara.
Naruto no podía pensar ni sentir otra cosa que no fuera dolor, ese dolor que le provocaba el recordar que había perdido a Sasuke y jamás podría recuperarlo. De repente una sensación cálida lo abordo, Gaara lo estaba abrazando. Era una sensación parecida y a la vez muy diferente a cuando Sasuke lo abrazaba, pero se sentía muy bien.
-Yo... Lo siento, Naruto- Lo abrazo más fuerte - Estaba muy enojado, no medí mis palabras, pero es que me duele tanto verte así; dime ¿Crees que Sasuke hubiera querido esto? Que estés triste y deprimido, ocultándote de la realidad y de los demás, encerrado en esta casa que lo único que logra es torturarte.- Lo soltó -Estas tan sumido en tu dolor que no te das cuenta que existimos otros que moriríamos porque nos dieras la oportunidad de hacerte feliz.- Dijo mirándolo a los ojos.
Naruto estaba paralizado, había entendido mal o ¿Gaara se le estaba declarando? -¿Qué?- No sabía que decir, no estaba preparado para eso.
-Te quiero, Naruto- Dijo si quitar la vista de sus ojos azules -Déjame ser el que te haga feliz. Sé que no olvidarás a Sasuke y no te pido que lo hagas; tampoco pretendo ser un reemplazo, estoy consciente de que el siempre tendrá un lugar especial en tu corazón- Le acaricio la mejilla. -Y sé que no me quieres como yo quisiera que lo hicieras, pero estoy seguro que puedo hacer que ese cariño se convierta en amor; solo necesito que me des una oportunidad... Que te la des a ti.- Lentamente se acercó y rozo los labios de Naruto. El rubio no le correspondió, solo se quedó ahí sin decir nada.
-Gaara... Yo...- Naruto no sabía que contestar aquello, no quería lastimar a su amigo, pero tampoco podía darle falsas esperanzas. -Yo no quiero que nuestra amistad...
-No tiene por qué verse afectada- Lo interrumpió, esperaba una respuesta así -Si lo intentas y no funciona seguiremos como si nada hubiera pasado, eres mi amigo y no me gustaría perder tu amistad.-
-¿Lo prometes?-
-Lo prometo-
Al escuchar eso Naruto sonrio sinceramente; Gaara nunca habia visto sonreir asi al rubio, le lleno de emoción el pensar que esa sonrisa fuera por su causa. Levanto las manos y tomo al blondo por las mejillas suavemente dándole un beso tierno que esta vez Naruto trató de corresponder. Al terminar el beso se alejaron un poco y Gaara lo miro de pies a cabeza e inmediatamente un color carmín se estaciono en sus mejillas. Naruto no entendía la reacción de Gaara ¿Por qué después de verlo desvió la vista sonrojado? Con curiosidad volteo a verse y se dio cuenta de un pequeño detalle: solo traía puesto los boxers con los que había estado durmiendo.
-¡Ah! Lo siento, lo siento- Gritaba mientras corría subiendo las escaleras.
Pasaron menos de 30 minutos y el rubio regreso con ropa ligera secándose todavía el cabello con una pequeña toalla. Al acercarse notó que Gaara estaba sentado en el sofá viendo un programa sobre mitología en la televisión. Suspiro, había prometido intentarlo y lo haría. Se acercó al sofá y se sentó junto a Gaara.
-¿Quieres ir todavía con los demás?- Pregunto mirando la televisión escuchando los detalles de la vida de Artemisa. -Si quieres salimos para allá ahora mismo 'dattebayo-.
-No, ya es muy tarde.-
-Entonces ¿Qué quieres hacer?- Dijo volteando a verlo, Gaara seguía sin despegar la vista del televisor.
-Quiero quedarme aquí- Se acercó colocándose debajo del brazo de Naruto y recostándose en su pecho -Y así-
Pasaron todo el día juntos en la casa, jugando, peleando y discutiendo por insignificancias, el rubio por primera vez en esos dos años no se sentía tan solo en esa casa. En la noche acompaño a Gaara a su departamento, que aunque no era un doncel indefenso, sentía que era lo que tenía que hacer, después de todo, ahora era su novio.
Una vez que lo dejo en su departamento se regresó a su casa, subió a su habitación y se preparó para dormir. Una vez acostado en su cama se puso a pensar en todo lo que había pasado ese día. -¡Ah!, Kami-sama... Espero que esto esté bien- Cerro sus ojos y se acurruco en la cama para tratar de dormir, deseando que de ahora en adelante todo estuviera mejor.
Mientras tanto, Gaara se encontraba en su departamento tan emocionado que no podía dormir, aunque no lo había planeado las cosas había salido mejor de lo que esperaba; ahora era novio de la persona a la que amaba y nada ni nadie podría quitárselo, lograría que Naruto se enamorara de él y estarían siempre juntos.
O eso era lo que él creía...
