Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son todo obra de a cabecita pensante de J. K.
Fabian miró a su alrededor confundido y triste. Toda aquella maravillosa escena había desaparecido justo en el mejor momento. Estaba de nuevo en su habitación de Hogwarts, sentado en la cama con los colores de su casa a su alrededor. Sintió como una mano se posaba en su hombro.
- ¿Has visto lo feliz que te hacía la navidad? En aquel momento lo que más valorabas era la diversión y los regalos. ¿No me irás a decir que era una época triste?- preguntó su tío preocupado escudriñando su expresión.
- No- respondió Fabian recomponiéndose- pero ahora las navidades ya no son tan divertidas como antes…
- ¿Estás seguro? Ven te mostraré que las navidades presentes merecen tanto la pena como mas pasadas.- le insistió el tío Ignatius tendiéndole la mano.
Fabian se levantó y comenzó a pasearse por la habitación mientras negaba con la cabeza exasperado.
- ¡Claro que no!, esa es la principal razón por la que he acabado aquí arriba. Me estaba agobiando y créeme que desde luego bien no me lo estaba pasando. Para nada.- añadió rotundo.- ¿No podríamos volver al recuerdo de antes?- preguntó esperanzado.
- ¡Jovencito!- exclamó su Ignatius poniéndose serio- deja de ser tan testarudo y deja que tu sabio y experto tío te guie, ¿o es que mis consejos para ligar no te han servido de ninguna ayuda?- allí estaba otra vez aquella sonrisa pícara que tanto había echado de menos.
Mientras lo tachaba de viejo verde pervertido agarró su mano aún a regañadientes y dejó que la sensación de ingravidez se extendiese de nuevo por su mareado estómago.
Esta vez aparecieron en plena celebración navideña en el gran comedor. Toda la sala bullía con canciones navideñas, risas y juegos. Habían decorado la estancia como la ocasión merecía y no había ni un rincón sin un motivo navideño ni un tablero sin abundante comida y bebida. Un enorme árbol de navidad se encontraba en medio de las mesas que ya no ocupaban tanto porque el número de estudiantes se había reducido considerablemente. No le costó mucho encontrar a su grupo de amigos. Se habían colocado todos en una de las hileras de mesas y se habían hecho con una porción de comida y bebida en la que vio que Potter echaba un líquido transparente que parecía Whisky de fuego. Estaban todos: Marlene con cara de haber chupado un limón echando broncas a diestro y siniestro mientras pedía refuerzos a Lily, que estaba ocupada picándose con James; Lupin y Mary McDonald estaban disfrutando de una tranquila conversación mientras bebían ponche ignorantes del extra alcohólico, Sirius y Peter estaban haciendo concursos de comida tipo "a ver quién come más…" poniendo todo perdido; Dorcas, Emmeline y Haley animaban a los dos contrincantes, chillando cada vez que les salpicaban con la comida y cotilleando de vez en cuando sobre fulana y mengano; Gideon y él también estaban atentos a aquel concurso gastronómico mientras se mostraban alguna que otra golosina que estaban catando.
Se encontró a si mismo pensando en lo variopinto de aquel grupo que por circunstancias varias habían acabado uniéndose. Había algunos que hacía poco que habían llegado, otros que llevaban mucho en el colegio pero que había conocido de verdad recientemente y luego estaba la gente que se conocía de toda la vida. Y a pesar de sus distintos países, procedencias, caracteres y casas, allí estaban, compartiendo una navidad todos juntos.
Lupin debía de haber llegado a la conclusión junto con Mary de que ya era hora de hacer un juego grupal, así que propusieron los Gobstones, lo que recibió la aprobación general de todos. La única que no parecía muy convencida era Haley. Ella se había criado toda su vida en un ambiente muggle y hasta hacía poco no había tenido casi ningún contacto con el mundo mágico. Fabian pudo ver como él se le acercaba y le ofrecía hacer una pareja para que viese cómo se hacía levantando comentarios por doquier. En ese momento solo había hecho caso a las palabras que le parecieron de burla y mofa, pero ahora desde arriba vio que estaban cargadas de cariño y afecto juguetón, porque, con los años, te vas dando cuenta de que la confianza da verdadero asco a veces. Volvió a ver como la hufflepuf se sonrojaba levemente y tras dos respuestas le sonreía negando con la cabeza. Recordaba perfectamente como aquella sonrisa lo había apaciguado, haciendo que olvidase el enfado momentáneamente, comenzando así el juego.
- Muy buena chica, sí señor. Hacéis una maravillosa pareja- lo alabó su tío Ignatius que había estado todo aquel tiempo en silencio, observando al igual que él mismo.
- ¿Quién? ¿Haley y yo?- preguntó asombrado, aunque esta vez no le molesto tanto el comentario. La verdad es que viendo a los dos interactuar desde aquella perspectiva… ¡Por Merlín! ¡Pero qué tontería era aquella! ¿Cuánto ponche habría bebido?- ¡Qué va!, solo somos amigos. Ya sabes que a mí me gusta Marlene.
Su tío le lanzo una mirada de soslayo, pero no hizo ningún comentario. Aunque hasta Fabian había oído lo automática y vacía que había sonado aquella última frase.
Mientras tanto el juego seguía su curso. Lupin, y Haley y él iban a la cabeza, llevándose poca diferencia. Estaban en un momento crucial del juego en el que se jugaban esos puntos que marcaban la victoria. Fabian vio su propia cara de concentración con la frente arrugada y la punta de la lengua sacada por la comisura izquierda, y entendió perfectamente la risita de Haley a su lado por aquella misma causa. Mientras le reñía de guasa por haberlo desconcentrado e intercambiaban un par de bromas, Sirius y James aprovecharon para hacer trampas moviendo los Gobstones a su favor. Cuando el pelirrojo se había dado cuenta, se formo un gran revuelo seguido de acusaciones varias. No tenía muy claro porque se había enfadado tantísimo, en verdad solo era un estúpido juego. Pero de lo que más se acordaba era de las palabras de Sirius:
- Vamos Prewett no te enfades, pero con lo listillo que eres tú no sé cómo no te has dado cuenta… ¡Ah! ¡Cierto! Porque estabas más concentrado en la chica muggle que en otra cosa.
Aquello lo habían hecho enfurecer hasta tal punto que se había levantado –tras un glamuroso traspié provocado por el mareo al levantarse de sopetón, con el que estaba seguro tenía mucho que ver aquel ponche del demonio- y se fue sin mediar palabra. Pero aquella vez pudo ver las caras de sus amigos al ver que se marchaba. Caras de preocupación, tristeza y cierta culpabilidad. Y aparte de sentir la furia del Fabian que se largaba, no pudo evitar sentir unos terribles remordimientos por haber dejado a sus amigos así, estropeándoles la fiesta, mientras la escena se iba desvaneciendo poco a poco.
