Capítulo 2
James rápidamente mejoró del resfriado, y según su padre, su ánimo también había vuelto a ser el que era, aunque paso tres días más en cama, cosa que le molestaba, pero aceptaba con la condición que fuera a verlo. No pude negarme a ello, al igual que él, sentía una necesidad grande de estar a su lado y ver su recuperación.
Volvió a la escuela una semana después, y con Harry había acordado que yo pasaría a por él a la escuela, cosa que hacía el propio Harry en su hora de descanso para llevarlo al cuartel de aurores, pues no tenía a nadie que fuera por él y tampoco deseaba contratar a una persona para ello. Así que todos los días me encargaba de recoger a James de la escuela y luego llevaba a casa donde Harry llegaría dos horas más tarde del trabajo.
Pero este día iba ser diferente, me encontraba retrasada con mi reporte de mes, por mis salidas más tempranas del trabajo y estar toda la tarde en casa de los Potter la semana anterior, mi trabajo había pasado a segundo plano y Blaise necesitaba mi reporte mensual, así que después de buscar a James lo llevaría a mi oficina.
Me encontraba esperando en el portón de la escuela. Siempre me colocaba lejos de las demás mujeres, quienes me miraba con ojos curiosos al ser nueva. No le daba importancia y sólo me acercaba lo suficiente cuando veía a Jame salir de su salón.
—Buenos tardes, señorita Parkinson —saludó la maestra de James con una amable sonrisa.
Recordé que la primera vez que vine por él, la maestra se había dirigido a mí como la señora Potter. Evité que mis mejillas no se sonrojaran, y amablemente negué ante esa mención, pero eso no quitó la radiante sonrisa de James mostró al escucharla, apretando más su pequeña mano en la mía.
—Buenos tardes, maestra, ¿Cómo se portó James hoy?
Siempre hacia la misma pregunta a petición de Harry, a mí no me era relevante si James hacia una travesura o no, pero a él así, para poder corregirlo si era necesario, yo no veía de manera grave lo que hacía, era simplemente un niño, pero estaba de acuerdo en que su padre le aclarara que había cosas que no podía hacer y que estaban mal.
—Igual de travieso —dijo la mujer, pero sonrió de manera resignada— Pero es mejor verlo de esa manera que como hace quince días —comentó de manera aliviada.
Sentí un poco de culpa, no tenía ni idea del alcance que tuvo me alejamiento de James. En realidad, no me gustaría verlo, así como decía Harry, todo triste, sin querer jugar o reír. Era impensable que eso volviera a suceder si estaba en mis manos.
—Me alegro, y no sé preocupe ya hablare con él sobre las travesuras —le contesté.
Me alegré al observar que James salir corriendo de su saló y correr a mi encuentro, haciendo que su rebelde cabello se agitara y las puntas se desordenaran más de lo normal. Sonreí y me incliné para poder abrazarlo.
—Hola, Pansy —saludó él dándome en un beso en la mejilla.
—Hola, cielo, espero que te hayas portado bien —le dije. Él se limitó a sonreír de manera angelical mirando a la maestra.
—Bueno… pues… yo hice toda mi tarea —declaró, no aceptando que había hecho una de las suyas.
—De acuerdo, jovencito. Despídete, es hora de irnos.
Le peiné los cabellos, tratando de domar un poco la melena, pero todo volvía a elevarse de manera graciosa, aunque era preferible que estuviera así y no Harry no decidiera ponerle esa horrible gomina que a Draco obligaban a usar de niño. Él se despidió de la maestra con un beso y tomó mi mano.
Caminamos por toda la siguiente calle, mientras buscaba con la mirada algún callejón desierto para poder desaparecer.
—¿Podemos ir por un helado? —preguntó suavemente, jalando mi mano para que le pusiera atención. Lo miré a los ojos y sonreí.
—No creo que eso sea posible, no tenemos mucho tiempo —observé mi reloj y ya se me hacía muy tarde.
—Pero si mi papá llega hasta dentro de dos horas —dijo él con el ceño fruncido, levantando dos deditos.
—Lo sé, pero no vamos a ir a tu casa ahorita.
—¿Entonces a dónde vamos? —preguntó de manera curiosa.
—Iremos a mi oficina, tengo que terminar un trabajo —expliqué y miré la entrada de un callejón vacío que normalmente utilizaba para volver a casa algunas veces.
—¿En serio?
Lo miré de nuevo y tenía las cejas juntas.
—¿No quieres ir? —le pregunté. No quería obligarlo a acompañarme, y si él no lo deseaba ir, tendría que llevarlo a la oficina de Harry.
—Si quiero ir.
Esa mirada la conocía bien, la misma que ponía su padre cuando corría por los pasillos con sus inseparables amigos. Era una mirada llena de travesura y curiosidad, casi aventurera.
—Te prometo que será rápido —le dije.
Entramos al callejón que ya había visto y me coloqué a su altura.
—Ven acá, dame tú mochila —le pedí y él se la quitó. La encogí con un simple hechizo y la metí en mi bolso de mano. Él sonrió grande al verlo— Vamos a desaparecernos, así que quiero que me abraces muy fuerte y no abras los ojos —le dije.
Era buena desapareciendo y podía llevar a otros conmigo, pero no quería poner en riesgo a James.
—Ya sé cómo es, mi padre me ha enseñado —dijo con confianza y yo le sonreí.
Sus bracitos rodearon mi cuello y su carita se enterró en mi cuello, cubriéndose por completo con mi cabello. Lo apreté a mi pecho con un brazo y con el otro tomé mi varita, la moví rápidamente, haciendo el hechizo lo más rápido que podía para que él no se asustara más de lo debido. Ambos aparecimos y lo alejé de mi cuerpo para verlo por completo.
— ¿Estás bien? —le pregunté observando cómo se tambaleaba.
—Si —contestó, sacudiendo su cabeza.
Subimos las escaleras para llegar a la puerta principal y éstas se abrieron antes de que apenas llegáramos. Miré el rostro de James observando todo, desde el techo hasta el suelo, sonriendo al ver todo lo que le rodeaba.
Cerca de la recepción observé a la familia Malfoy; Draco y Astoria me saludaron con un asentimiento de cabeza, mientras hablaban en voz baja y Scorpius a su lado simplemente se quedaba sosteniendo su juguete con ambas manos. Al mirar el más pequeño de los Malfoy, salió corriendo a mi encuentro. No pude evitar sonreír y me agaché para recibir el acostumbrado beso de su parte.
—Tía Pansy —saludé alegré, con una sonrisa de mil galeones, como lo llamaba Blaise.
El primogénito de Draco era sencillamente hermoso, tenía el cabello lacio y rubio cenizo, no metalizado como todos en esa familia, y eso era por Astoria, sus ojos azules metálico eran característica de su sangre Malfoy, y tenía las mejillas sonrojadas como manzanas y su pequeña boca rosada le daban una apariencia de ángel.
—Scorpius ¿Cómo estas, hermoso? —le pregunté y me coloqué a su altura para verlo a la cara.
—Muy bien, ve lo que me compró mi mami —dijo enseñándome un trenecito color rojo escarlata— Es el tren de Hogwarts.
—Qué bonito —alegué.
—¿Quién eres tú? —la pregunta sonó seria y altanera.
La voz de James resultó un poco hostil para cualquiera. Lo observé, y éste se encontraba con los brazos cruzados, el ceño terriblemente fruncido y la mueca en su boca solo mostraba que estaba muy enojado, tan sólo que no podía saber por qué.
—James, te presento a Scorpius —llamé su atención, tomando nuevamente su mano.
—Hola —saludó el pequeño rubio con una sonrisa—Soy Scorpius Malfoy, y Pansy es mi tía.
Sentí como James agarraba con más fuerza mi mano. Lo miré de nuevo, esperando que contestara, pero él simplemente se giró el rostro negándose a contestar el saludo de Scorp.
—James —le apremié. Scorpius seguía ahí sonriendo, esperando su respuesta.
—Mi nombre es James Potter —contestó en voz baja.
—¿Quieres jugar conmigo? —le preguntó el rubio ignorando totalmente la antipatía de James.
—No —claudicó con fuerza.
Quería llamar su atención por eso y que me explicara que pasaba, pero no quería hacerlo delante de todos.
—Hola, Pansy —saludó Astoria, llegando a nosotros.
—Hola, Astoria —saludé, después de darle un corto abrazo— Veo que trajiste a Scorpius —
Miré al pequeño rubio sonriente, entretenido viendo como salía humo de la chimenea de su pequeño tren.
—Sí, ya sabes que Cissy lo cuida mientras nosotros trabajamos, pero ella y Lucius se fueron a Italia a celebrar una tercera Luna de Miel y pues a mí no me gusta dejar a Scorpius con los elfos, no me quedó de otra que traerlo un rato a la oficina —explicó, mirando a su hijo, luego su mirada se dirigió al pequeño que sostenía mi mano— Y ese pequeño caballero ¿Quién es? —preguntó dulcemente.
—James te presento a la señora Malfoy, madre de Scorpius —el niño que estaba firmemente agarrado de mi mano le devolvió la sonrisa.
—Mucho gusto, señora Malfoy, mi nombre es James Potter —contestó James extendiendo su mano, dejando el tono anterior en el olvido.
—El gusto es mío, James, ¿te gustaría venir a comer un poco de helado? —le preguntó ella— Es de chocolate —obviamente ya se lo tenía ganado.
Me miró con sus grandes ojos a manera de súplica, como si pudiera prohibirle que lo hiciera, además de que llevaba casi un mes sin comer uno, según Harry, cuando no estuve con ellos, él no quería probar nada, y luego se la pasó enfermo, así que este sería su primer helado. Yo tan solo asentí.
—Si, por favor. Muchas gracias —dijo con una sonrisa.
—De acuerdo, vamos, el helado está en la sala de juntas.
Caminamos hacia lo elevadores, después de Astoria tomara la mano de Scorpius.
Mientras subíamos, observé como el pequeño Scorp trataba de entablar una conversación con James, pero este simplemente se negó a contestarle y si lo hacía era de manera cortada, como si no quisiera hablarle, ignorando el hecho de Scorpius se ofrecía a enseñarle como se movía su nuevo juguete. Tenía que averiguar qué es lo que le pasaba, normalmente James es muy sociable, le gustaba hacer amigos todo el tiempo.
Llegamos al quinto piso: el área de relaciones públicas, que yo manejaba. Ahí mismo se encontraba la sala de juntas, algo realmente raro, ya que la sala siempre debe estar en el último piso, junto a la presidencia, pero como esta empresa era de los cuatro no había discusiones sobre este punto, además la decoración de la sala había sido obra mía con la ayuda de Astoria.
Entramos a la gran sala, el color que más predominaba ahí era el plateado, contaba con una gran mesa cuadrada y sillas grandes de cuero para cada uno, aunque siempre sobraban los asientos, pues solamente eramos cinco en esas reuniones, pocas veces nos acompañaban nuevos socios o los padres de Draco. Era elegante y algo suntuoso, pero que se podía esperar de una empresa hecha por Slytherin.
Los niños rápidamente se subieron a una de las sillas, cada uno ansioso esperando el helado que en ese momento Astoria servía en dos pequeños vasos.
—De acuerdo chicos aquí esta —ella le dio a cada uno su helado, una vez que estuvieron completamente en su lugar— Se van a quedar aquí, si no te molesta, Pansy.
—No hay problema, yo me hare cargo de ellos, pero dame cinco minutos para que yo vaya por los papeles y pueda trabajar aquí. Después de todo no es mucho lo que tengo que hacer.
—De acuerdo ve. Yo tengo que ir a ayudar a Blaise, de seguro está volviéndose loco ante tantos números —dijo ella con una sonrisa.
Entré a mi oficina, tomé todo lo que necesitaría y me dirigí nuevamente a la sala.
Los chicos estuvieron ahí, Scorpius estuvo jugando con su tren y nuevamente invitó a James a jugar, pero el simplemente se negó. James me pidió su mochila y yo la agrandé para que pudiera utilizarla, sacó un cuaderno y lápiz de colores y empezó a dibujar a unas tres sillas lejos de mí, ignorando por completo lo que hacía Scorpius.
Y mientras los dos pequeños se quedaron en silencio, claro si descontamos las sillas que tiró Sorpius o que James haya tumbado uno de los jarrones que Draco había traído de Paris, el cual repara sin problema, pude continuar con mi trabajo, hasta que una hora después llegó Astoria para recoger a su hijo.
—Gracias, Pansy, por cuidarlo —dijo ella abrazándome.
No podía evitar comparar las personalidades de Draco y Astoria, eran tan dispares los dos, ella tenía toda la calidez que Draco le hacía falta, y quizá por eso se complementaban de maravilla.
—No hay nada que agradecer.
—De acuerdo, Scorpius, despídete de tu tía.
El niño corrió hacia donde estaba yo sentada. Lo levanté del suelo y lo senté en mis piernas para poder abrazarlo. Los niños nunca me simpatizaron, pero Scorpius al nacer había cambiado por completo mis ideas, era imposible no quererlo al ser tan dulce como lo era, y bueno, cuando conocí a James simplemente quedé enamorada de él.
—Adiós, tía.
—Adiós, cielo, pórtate bien —le dije, besé su frente y después pasé una mano por su cabello rubio.
Ellos dos salieron de la sala. Rápidamente regresé mi vista a los papeles que tenía en la mesa, quería terminarlo rápido y así poder llevarme a James a su casa, de seguro que ya estaba aburrido de estar ahí sin hacer nada. Firmé unos cuantos papeles más, pero el tamborileo de los dedos de James sobre la mesa, hicieron que apartara la vista y me concentrara en él. Me encontré con su rostro algo sombrío. Me veía con tristeza, pero a la vez enojo.
Me levanté y caminé hacia él, preocupada por su actitud desde que llegamos.
—¿Sucede algo, cariño? —le pregunté mientras me agachaba para quedar a la altura de su rostro, ya que se encontraba sentado en una silla.
Negué con la cabeza, lo tomé entre mis brazos y lo senté sobre la mesa, para poder sentarme donde él estaba y así poder charlar cara a cara.
—¿Estas aburrido? —le pregunté, pero de antemano sabía que no era eso.
—No —dijo de manera tajante, mirando sus manos sobre su regazo.
—¿Por qué estás así entonces? —pregunté levantando su rostro con mis dedos, y los ojitos siempre alegres, me miraron con más tristeza.
—¿Tú lo quieres más a él verdad? —preguntó de repente y su labio inferior tembló.
—¿De qué hablas?
—Que tú quieres más a ese rubio oxigenado —dijo molesto. No quería ni pensar en donde había escuchado la palabra oxigenado, pero estaba segura que los Weasley la decían seguido, más Ron, pero eso lo hablaríamos luego.
Lucecita se prendió en mi cabeza. James pensaba que yo quería más a Scorpius, definitivamente estaba celoso. Eso era todo, se puso celoso desde que llegamos y de los celos pasó a la tristeza. Ahora se hacía comprensible su comportamiento cortante para el menor de los Malfoy, enojado por él, y ahora conmigo.
—James —susurré.
Lo senté en mi regazo, a pesar de sus intentos por resistirse. Lo mecí con suavidad y acariciar su cabello, se dejó de mover y se acostó por completo, tranquilizándose por completo.
—No tienes que estar celoso.
—Pero tú lo quieres más a él —dijo con la voz llorosa— Él es tu sobrino y por eso lo quieres más.
—Ciertamente quiero a Scorpius —sus lágrimas cayeron y enterró la carita en mi pecho. Lo abracé más fuerte, antes de alejarlo para que me mirara a la cara— Lo conozco desde que nació, pero eso no significa que te quiera menos —traté de tranquilizarlo.
—Entonces es por eso que lo quieres más a él, porque lo conoces desde que nació —murmuró e intentó bajarse, pero yo lo sostuve firmemente para que no lo hiciera.
No entendía porque era tan necio al aceptar lo que siempre le decía, él no sabía cómo era esto: que el amor se da muy fácil, pero es casi imposible de quitar. No era mi hijo, pero lo quería lo suficiente como para querer consolarlo todo el tiempo, abrazarlo y besarlo. Aunque estaba segura que al faltar Ginevra Potter, su verdadera madre, él no creía que alguien más pudiera amarlo de esa manera.
—James, mírame —le pedí, pero él se negaba a hacerlo. Lo senté de nuevo en la mesa e hice que me mirara. Elevé su rostro que se encontraba lleno de lágrimas— James, como te explico que te quiero, desde la primera vez te vi te empecé a querer, y el amor no se mide por tiempos, James, sino por intensidad; no por conocerlo más a él, te quiero menos a ti, eso no es así, ¿me entiendes? —él asintió con renuencia, así que suspiré para tratar de explicarlo mejor— Es cierto, yo quiero mucho a Scorp y eso es porque es mi sobrino, porque es el hijo de mi mejor amigo, porque él es un niño bueno. Pero a ti, a ti te amo James, no hay nada en este mundo que pueda suplantarte para mí, y mi cariño intento sólo es para ti — le dije limpiando sus mejillas para luego darle un beso en la frente.
—¿Entonces tú me amas? —preguntó con timidez.
—Más de lo que crees —le contesté y él me abrazó con fuerzas. Lo abracé fuertemente, y luego lo miré a la cara para saber si había entendido— Así que no quiero que vuelvas a creer que yo no te quiero ¿está claro?
—Sí —su sonrisa fue luminosa, simplemente perfecta.
Media hora después, subí al despacho de Blaise. James iba agarrado de mi mano con una sonrisa enorme y yo no podía evitar sonreír al verlo más tranquilo y feliz.
Toqué la puerta y esperé la invitación para poder pasar.
—Adelante —escuché la voz de Blaise— Hola cariño, ¿Cómo te va? —saludó con una enorme sonrisa. Ahí mismo se encontraba Theo tomando un café, de seguro feliz de ser el primero en entregar siempre su trabajo a tiempo.
—Muy bien —me acerqué a ellos saludando a ambos con un beso— Les presento a James Potter —acerqué al niño que nuevamente tenía el ceño fruncido dirigido a Blaise, sin saber ahora por qué.
—Así que tú eres el pequeño que me ha robado el amor de mi hermosa Pansy —dijo Blaise en tono divertido, pero por la mirada James a él no le pareció gracioso. No sabía de quien había heredado ser tan celoso, pero al parecer lo era en demasía— Soy Blaise.
—Yo soy Theo —saludó el castaño con una sonrisa de medio lado, mirándome de manera divertida.
—Hola —fue su respuesta, dicha de manera casi obligada.
—Tan sólo vine a dejarte mi reporte —informé con la urgencia de llevarme a James a su casa, ya casi era la hora en que Harry salía del trabajo y no quería que pensara que algo había pasado.
—Que bien—murmuró Blaise, mientras tomaba los papeles y los dejaba sobre el escritorio— Entonces Pansy ¿vienes a cenar conmigo el viernes? —preguntó con una sonrisa.
—No, ella cena en mi casa los viernes —James contestó, mirándolo de manera casi desafiante.
Pude ver en el rostro de Blaise que se moría por reír, pero sólo sonrió de lado y me miró con burla, al ver que alguien más contestaba por mí.
—De acuerdo, caballero, veo que me ha robado a la hermosa dama —respondió Blaise en todo divertido— Veo que ya no te quieren compartir —se dirigió a mí y simplemente me encogí de hombros.
—Nos vemos chicos, tengo que llevar a James a su casa —me despedí de ambos, y caminé a la salida, sosteniendo la mano de James y cerré la puerta detrás de nosotros.
—Pansy, ¿él es tu novio? —preguntó James en tono un poco triste y decepcionado, mientras íbamos al elevador.
—No. Blaise, Theo y Draco, el padre de Scorpius, son mis mejores amigos, son casi mis hermanos— le dije. Él sonrió radiante.
—Que bien, porque yo quiero que seas mi mami —sus palabras me dejaron sin aliento, y sin querer me detuve para mirarlo a la cara. Él sonreí radiantemente, como aquella primera vez que lo había mencionada, y desde entonces no había vuelto a decirlo.
—James, ya hablamos de eso —le dije.
—Lo sé —respondió sin perder el brillo en los ojos.
Llegamos a casa de los Potter, James sacó el juego de llaves que siempre llevaba en su mochila, me las dio y abrí la puerta. Era extraño no abrir simplemente con la varita, pero la casa estaba rodeada por muggles, así que Harry aparentaba ser una persona de lo más normal del mundo.
—Papá, ya llegamos —gritó el niño mientras yo cerraba.
—Hola, James —saludó Harry, saliendo de la estancia. Alzó a James y le besó ambas mejillas antes de dejarlo en el suelo, para después revolverle más el cabello— Hola, Pansy —me dedicó una sonrisa que yo devolví.
—Disculpa el retraso, pero tuve que pasar a mi oficina a terminar un reporte. Así que lo llevé para allá.
—No hay problema —dijo con tranquilidad, quitándole importancia al asunto— Supongo que te portaste bien, ¿verdad? —le habló al niño.
—Bueno… yo, sí, pero accidentalmente tire un jarrón —Harry le envió una mirada seria mientras James se mordía los labios.
—¡Ay, James! —suspiró y luego se giró hacia mí— ¿Era muy caro el jarrón que tiró James?
—Pues era un regalo de los Malfoy durante sus viajes —le dije y reí al ver su cara preocupada y su suspiró derrotado —Pero no te preocupes, lo arreglé —aseguré.
—Pero es mejor que yo...
—Oh, déjalo, fue responsabilidad mía —claudiqué— Si se dan cuenta, simplemente puedo comprarles otro y asunto cerrado.
—De acuerdo, ¿te quedas a comer? —preguntó amablemente.
—Está bien —le dije cuando recibí la mirada insistente de James.
