Hola a todos de nuevo bueno aquí les traigo el primer capítulo de esta maravillosa y conmovedora novela. Antes de eso quiero explicar sobre el personaje Euphie es una niña huérfana que perdió a sus padres en un terrible accidente automovilístico de nacionalidad Japonesa la niña fue traslada a Grecia con el motivo de que le pudieran conseguir un hogar nuevo termino con Saori.

Euphie está basado en el personaje de Euphimia Li Britannia de Code Geass pero versión pequeña, cuando estaba viendo Code Geass me parecio que Euphimia fue uno de los personajes que más me toco el corazón por su muerte tan trágica por el Geass ella realmente quería ayudar a los Japoneses de la tiranía de Britannia pero bueno que se puede hacer. Estuve viendo imágenes me parecio una niña dulce e adorable y es la pequeña que llego a la vida de Milo y Saori para ponérsela de cabeza querrá acercarlos más.

En mi parecer la pareja Milo y Saori es muy buena les recomiendo leer Guerras Doradas una historia que te encantara bastante. Como Milo es uno de mis personajes favoritos de Saint Seiya tengo una novela crossover entre Milo de Escorpio y Relena Peacreaft que les recomido leer.

Bueno les dejo con el capítulo espero que les guste me dejan reviews y gracias a las primeras personas que me dejaron review que por ustedes hago estas historias.


Capítulo No1

How I Can Love Both Of Them


Santuario de Atenas. 05 de Diciembre de 1991.

Después de lo ocurrido en el Templo de Escorpio, las cosas cambiaron bastantes para Saori. Desde ese día en que accidentalmente Milo la había besado, había tenido sueños prohibidos. Ilusiones en las cuales Saori se veía a sí misma formando una familia con Milo, y la pequeña Euphie encontrando en ambos un hogar.

En sus sueños, Saori veía a Euphie con muchos hermanitos pequeños jugando alrededor del Templo de Escorpio. En verdad Saori añoraba esos sueños, pero siempre la imagen de Pegaso lo arruinaba todo, junto al recuerdo de abandonar esa posibilidad de relación por su conocimiento de ser una diosa.

Esa fría mañana de Diciembre, en la habitación de Saori, la diosa no podía dormir con tranquilidad. Estaba teniendo un sueño donde se veía a si misma caminando hasta el templo de Escorpio, todo estaba oscuro y desolado. Aquello asombró a Saori, ella jamás se imaginó ver el Templo de Escorpio en tan mal estado.

Cuando subió las destruidas escaleras hasta llegar a la entrada principal, podía admirar que había toda clase de huesos humanos regados por todos lados, pero lo que más la asusto fue ver la cabeza decapitada de un caballero colgada en la entrada principal, eso la asustó hasta el fondo de su alma, y se escucharon unos gemidos que la alertaron, la hicieron correr dentro del templo, buscando a Milo desesperadamente. Lo encontró tirado en el suelo, sin su armadura, en un gran charco de su propia sangre.

Saori corrió hasta su encuentro, todo olía a carne podrida y en descomposición. Cuando llego a donde Milo, se agachó, volteó el cuerpo de Milo, y lo acostó en su regazo. Lágrimas corrieron por sus ojos, el cosmos de Milo se estaba apagando, y eso era preocupante. Ella tocó su pecho con su fina mano, y pudo sentir que su corazón poco a poco dejaba de latir.

—Milo, no te mueras. ¡Por favor! —lloró Saori con fuerza—. ¡No! ¡No te vayas! ¡No me dejes sola! —insistió Saori. Y solo al ver la imagen de Milo, sin vida, se dio cuenta de la cruel realidad—. Yo… te amo —pero era demasiado tarde—. ¡Te amo! ¿Me oyes? —el alma de Milo, había entrado en el Hades.

Saori sintió el cuerpo frio, eso la asusto, comenzó a gritar el nombre de Milo, y de la nada, todo se volvió oscuro, asombrándola. Saori se levantó asustada, y se llevó una mano al pecho. Ese sueño había sido tan real. Sintió las lágrimas caerle del rostro.

Accidentalmente, Saori, con sus gritos, había despertado a Euphie, que se sentó, se frotó los ojos intentando escapar del sueño, y los abrió para encontrarse con la sorpresa de ver a su madre llorando.

—Mami Saodi —preguntó—. ¿Pod qué llodas? —y se acercó a Saori y la abrazó.

—¿Eh? No… no es nada muñequita —se secó las lágrimas Saori—. Solo tuve un mal sueño, no hay nada de qué preocuparse mi amor. Perdóname por levantarte. ¿Qué tal si nos vamos vistiendo para desayunar? —preguntó Saori con una dulce sonrisa para la niña.

—Si pedo… mami Saodi… —comenzó Euphie—. Antes de eso, ¿podemos id a ved a papi Milo? —y Saori comenzó a preocuparse—. Es que Euphie le había pometido desayunad con él. ¿Podemos id, mami Saodi? —suplicó ella.

—Euphie…—entristeció Saori—. No lo sé… —pero la mirada de Euphie, le ablandó el corazón—. Está bien, te llevaré con Milo pero. ¿Te dijo él que podías ir? —preguntó.

—¡Sí! —respondió emocionada—. Me dijo que si Euphie quiede id a ved a papi Milo. Euphie podía id —sonrió la niña.

—Está bien —respondió Saori—. Le diré a Aioros que te escolte para que desayunes con Milo. Yo tengo varios asuntos pendientes que atender. Quizás baje más tarde a buscarte. Así que te pido que te portes bien y no le causes problemas a Milo. ¿Sí? —le sonrió Saori.

—¡Sí! —asintió la niña con entusiasmo. Pateó las sabanas lejos de ella, y bajó con cuidado para ponerse sus pantuflas para correr directo al baño, bañarse, forzando a Saori a negar con la cabeza por la insistencia de su hija adoptiva.

Euphie en verdad estaba encantada con Milo, lo quería como si fuera un padre. Después del incidente, Milo se había vuelto más distante de Saori, eso la lastimaba en parte pues ella había empezado a tener sentimientos por él. Pero con Euphie, ¡era tan diferente! La pequeña le sacaba esas sonrisas que para Saori era imposible ver. El impasible rostro de Milo cada vez que venía Euphie se transformaba en un rostro de cariño y amor. Milo se había encariñado con ella. Saori estaba celosa de su propia hija adoptiva, pero sonrió al ver a la niña escoger su traje para ir a ver a su padre.

Cuando Saori y Euphie salieron de la habitación y entraron en el Templo del Patriarca, Aioros les dio la bienvenida. Shun estaba con él, al igual que Hyoga que había venido de visita desde Siberia a pasar la navidad en el Santuario. Pero Hyoga no venía solo, también estaba Seiya.

Seiya que había contado los días hasta poder venir al Santuario para ver a Saori. Hacía dos años que no la veía después de todo, y quería estar al lado de su diosa para por fín poder confesarle cuanto la amaba, y decirle cuanto la había extrañado durante esos años.

Para su suerte, Saori venia saliendo con Euphie, que llevaba un vestido floreado muy lindo. La pequeña se las había ingeniado de convencer a su madre de que se vistiera como ella, por lo que ambas venían vestidas con sus vestidos floreados. Cuando la pequeña vio a Aioros y a Shun, corrió emocionada a su encuentro.

—¡Tío Aiodos! ¡Tío Shun! ¡Hola! —se emocionó Euphie.

—Buenos días, Euphie —comenzó Aioros—. ¿Cómo dormiste? —preguntó y se agachó para recibir el abrazo de la niña.

—¡Bien! ¡Mida! ¡Mamí Saodi viste igual que yo! ¡Está bonita! —sonrió Euphie.

—Sí, se ve muy bonita —le respondió Aioros—. Saori, te tengo noticias. Mira quienes vinieron a verte —apuntó Aioros.

—¡Hyoga! ¡Seiya! —corrió Saori para abrázalos a ambos con fuerza.

Hyoga y Seiya habían recibido amorosamente el abrazo de Saori, ellos estaban también alegres de verla pues tenían años de no visitarla. Saori les había dado una segunda oportunidad de vida fuera de la caballería, y ellos la habían aceptado.

Cuando Saori abrazó a Seiya, él sintió el abrazo muy cálido gracias al cosmos que Saori emanaba, no quería zafarse del abrazo. Por su parte, Saori se sintió afligida al abrazar a Seiya pues una parte de ella que aún lo amaba, lo añoraba, pero la parte que amaba a Milo le pedía que lo soltara. Al final, sus nuevos sentimientos por Milo la vencieron, y se soltó de él con una incómoda sonrisa. Saori entonces notó que Euphie se escondida detrás de una de las piernas de Shun, por lo que Saori se agachó a su altura.

—Euphie —comenzó con suavidad—. Ven, quiero presentarte a unas personas.

—¿Eh? —preguntó Euphie.

—Euphie, ellos son Hyoga del Cisne, y Seiya de Pegaso —los presentó Saori—. Saluda.

—Hola —se presentó ella—. Soy Euphie Kido, tengo 4 años de edad —contó con sus dedos.

—Mucho gusto, Euphie —sonrió Hyoga—. Pero que linda niña, tienes un hermoso cabello rosado. De seguro serás un bombón cuando crezcas, muchos niños estarán detrás de ti —le guinó un ojo Hyoga.

—Gacías —sonrió la niña.

—No hay de qué —continuó Hyoga—. Así que ella es la Euphie de la que nos hablaste antes, Shun. En verdad es muy linda, además, parece que se llevará muy bien con Saori.

—¡Es adorable! —se alegró Saori—. Ella siempre está conmigo, la quiero como si fuera mi hija —sonrió con ternura en dirección a la niña.

—Sí, en verdad ella es muy linda, Saori —habló Seiya medio ignorando a Euphie—. Pero quisiera hablar contigo si no te molestia —y Seiya le guiñó el ojo de manera coqueta, cosa que molestó a Euphie.

—Bueno yo… —comenzó a ponerse nerviosa saori—. No sé… —comenzó.

—¡Mami Saodi tiene a papi Milo! ¡Me llevada con él! —le contestó molesta Euphie. Inflando las mejillas.

—¿Qué? —preguntó Seiya asombrado al escuchar a la niña.

—¡Euphie! —la reprendió Saori—. No le levantes la voz de ese modo a Seiya. Él solo quiere hablar conmigo, no le veo nada de malo. ¿Por qué reaccionas de esa manera?

—¡Te guiñó el ojo! —apuntó Euphie—. Papi Milo es el único que puede haced eso —volvió a molestarse la pequeña.

—Euphie —interrumpió Aioros de forma amable—. Esos nos son modales para una damita pequeña como tú.

—Euphie, se amable con Seiya —se unió Shun—. Él solo quiere ser tu amigo —le mencionó.

—¡No! —gritó Euphie—. Él solol quiede llevadse a… —comenzó.

—¡Ya basta, Euphie! —resonó un grito masculino y poderoso de repente. Era Milo, que había llegado al Templo del Patriarca.

—¡Papi Milo! —se alegró la niña.

Euphie corrió emocionada a buscar a Milo, que venía al Templo del Patriarca con el propósito de saber el por qué del retraso de Euphie, quien siempre venía a visitarlo desde temprano a Escorpio. Detrás de Milo venían Camus y su escudero Orestes, que habían venido a buscar a Hyoga para llevarlo a Acuario.

Euphie se tiró a los brazos de Milo, estaba feliz y emocionada de ver a su padre, por su parte, Camus sonrió al ver que la niña en verdad quería a Milo como a una verdadera figura paterna. Milo también estaba realmente encariñado con la niña.

—¿Cómo dormiste, Rosadita? —se burló Milo, enunciando el apodo de Euphie.

—¡Bien! —respondió—. ¡Mami Saodi estaba pod llevadme. ¡Hola Tío Camus! —saludó la pequeña.

—Buen día, Euphie —respondió Camus frotándole la cabeza.

—Buenos días, Princesa Euphimia —saludó cortésmente Orestes.

—¡Hola, Odestes! —lo saludó Euphie.

—Euphie —comenzó Saori—. Antes de que te vayas quiero asegurarme de que te ajusté bien el vestido —se acercó Saori, y comenzó a arreglarle el vestido a su hija.

—Si me lo ajustaste bien, mami —se quejó Euphie—. Euphie ya está lista pada id con papi Milo —y cuando Saori la soltó, Euphie se despidió—. ¡Adiós!

Saori sonrió y se despidió también. Milo tan solo se paró sin siquiera mirarla, simplemente le dijo que llevaría a Euphie en la tarde a su templo con lo que ella asintió. Milo dedicó una reverencia al resto, y se fue con Euphie a su templo. Por su parte, Camus se acercó a Hyoga, le dedicó un gentil abrazo, cosa bastante rara en él y que asombró a Orestes, pues Camus jamás se mostraba así de sentimental.

—Maestro, es un gusto verlo —se alegró Hyoga—. Vine a pasar navidad aquí con usted.

—Lo sé —respondió Camus, y entonces se dirigió a Aioros—. Disculpe su ilustrísima, solo venía a recoger a Hyoga para llevarlo a mi templo. Orestes ya ha terminado de acomodar sus pertenencias —terminó Camus con educación.

—No te preocupes, Camus —respondió Aioros—. Tienes el permiso concedido, espero que te sientas cómodo, Hyoga —le comentó Aioros con una sonrisa bajo su máscara.

—No se preocupe —respondió Hyoga—. Hace tiempo que no venía, el solo estar aquí me trae gratos recuerdos, ahora si no le molesta, me despido — y Hyoga terminó con una reverencia antes de irse.

—Permítame ayudarle con su equipaje, joven Hyoga —se ofreció Orestes—. Así le será más cómodo bajar por las doce casas.

—Muy bien, Orestes —habló Hyoga y le entregó su valija.

—Yo iré a ver si ya nos tienen el desayuno listo —mencionó Shun—. Seiya, ¿me acompañas? —preguntó al de Pegaso.

—Claro —agregó Seiya, y entonces miró a Saori—. Te veré después, Saori.

—Sí… —comentó Saori ruborizada, mientras veía a Saiya irse con Shun.

—Saori —comenzó Aioros, despertándole de su trance—. Sé que te duele la indiferencia de Milo. Además, las constantes directas de Seiya te tienen intranquila —y Saori asintió—. ¿Por cuánto más tiempo seguirás así? —preguntó.

—No sé qué hacer, Aioros —comentó Saori—. Sé que no debo amar. Pero en estos momentos amo a dos caballeros en particular, no puedo evitarlo —y Aioros se preocupó por su diosa—. No lo entiendes, estos sentimientos que me acompañan son una tortura. Amo a Milo, pero él no me ama. ¿Para qué me enamoré de alguien que jamás se fijará en mí? Además, Seiya ya tiene alguien en especial en su vida. Y por si no fuera suficiente tortura, como diosa no puedo amar.

—Las cosas son un poco más complicadas de lo que crees —mencionó Aioros—. No quería decirte esto, Saori, pero la visita de Seiya no fue una visita social. Viene con un objetivo en particular —y Saori comenzó a preocuparse—. Seiya viene a proponerte matrimonio —terminó Aioros.

—¿Queeeeé? —se asombró y ruborizó Saori.

—Así como lo escuchaste, Saori —comentó Aioros—. Además… no es una propuesta, el Santuario ha tomado la decisión. La boda ya está programada para el año que está por llegar… lo lamento, Saori, yo... no quería hacer esto —se disculpó Aioros—. Así que a menos que decidas que tu amor le pertenece a Milo de Escorpio. No puedo cambiar la elección que satisfaga los intereses del Santuario —comentó Aioros quitándose la máscara y el casco para ver mejor a Saori.

—¿Me estás obligando a casarme? —preguntó Saori sorprendida—. Yo no puedo casarme, y mucho menos con Seiya. Tiene que haber un motivo por el cual me estén obligándome a casarme con Seiya. ¡Exijo una explicación, Aioros! —ordenó Saori al borde de las lágrimas.

—A decir verdad, fue una decisión que tomé para asegurar tu felicidad —la tranquilizó Aioros—. Como diosa tienes unas necesidades, como humana tienes otras muy diferentes. Te permití adoptar a una niña pensando en tus necesidades humanas pero las cosas se salieron un poco de control —y al ver los pesares de Aioros, Saori supo que lo que hacía, lo hacía por su bien—. Sucede que llegó un arrendado de tu fundación diciendo que no terminaron los trámites de adopción de Euphie pues no estas casada, y Euphie necesita tener a dos padres para poder ser considerada adoptada. Solo te tiene a ti. La trabajadora social me explicó que además necesitas al menos estar comprometida, pero no puedes adoptarla tú sola. Si no damos una respuesta pronto, vendrán en dos días y se llevaran a Euphie —comentó Aioros—. Como diosa sin embargo, no puedes casarte con cualquiera. Solo con quien tenga los más altos honores y sea digno puede ser aceptado sin enfurecer a los dioses. Seiya parecía la opción más viable.

—No permitiré que me quiten a Euphie… —lloró Saori—. Yo la quiero… todos las queremos, incluso Milo la quiere… —a Saori se le rompía el corazón—. Pero casarme con Seiya no sería la solución… Euphie no lo quiere… tú viste cómo actuó cuando Seiya dijo que tenía que hablar conmigo —y Aioros asintió—. ¿No hay otra forma? —preguntó ella.

—El Santuario solo aceptará un matrimonia entre diosa y mortal si el mortal es lo suficientemente digno. Son las reglas —anunció Aioros—. No, Saori, aunque quisiera cambiar más las cosas, ya cedí más que cualquier otro Patriarca en la historia del Santuario. Sé cuánto quieres a Euphie, pero si no te casas con Seiya, en verdad ella se irá a una casa hogar en Grecia. No hay otra alternativa, es lo único que se puede hacer para asegurar tu felicidad como una humana. O te casas con Seiya. O… —comenzó Aioros—. El Santuario probablemente pudiera aceptar a un caballero dorado también.

—Entonces no me queda más alternativa que casarme, o renunciar a Euphie —y Aioros asintió—. No quiero que alejen a Euphie de mi lado. Tú ganas, Aioros, me casaré —y Aioros asintió—. Pero no será con Seiya —sentenció Saori, sorprendiendo al Patriarca que no esperaba esa respuesta—. Elijo a Milo… pero primero, tengo que hablar con él. Euphie lo ve como su padre de todas formas. Es la mejor elección para Euphie, no puedo quitarle a su papi Milo —terminó.

—¿Y qué es lo mejor para usted? —preguntó, y Saori no supo qué decir—. Mandaré llamar a Milo. Usted mientras tanto, necesita hablar con Seiya. Él en verdad desea comprometerse con usted —y Saori asintió—. Saori… sé que Euphie es muy cercana a Milo. Pero lo importante es su elección. Hable con Seiya, y piénselo bien —terminó Aioros.

Saori asintió con delicadeza ante sus palabras, se fue a buscar a Seiya para hablar con él, y mientras tanto Aioros le pedía a uno de sus soldados que llamase a Milo para así poder hablar con él con respecto a la situación de Euphie en el Santuario.

Casa de Acuario.

Hyoga acomodaba sus cosas en el armario, había venido con el propósito de pasar las fiestas de fin de año a lado de su maestro y de su escudero. Orestes terminó de colocar la última camisa cuando de pronto tocaron la puerta de su habitación.

—Adelante —respondió Hyoga, y Camus abrió la puerta.

—Espero que te hayas puesto cómodo, Hyoga —comentó Camus con cierta frialdad.

—Claro maestro —terminó Hyoga con cordialidad—. Disculpe, maestro. Quería preguntarle algo, espero que no sea molestia pero Shun, me había comentado… —se preocupó—. Que el señor Milo había besado a la señorita Saori. ¿Eso es cierto? —preguntó Hyoga.

—¿Hablas del roce accidental? —mencionó Camus protegiendo la integridad de su amigo Milo—. Veo que estas bastante enterado. Así fue… hace medio mes. Pero todo fue un accidente provocado por el pequeño capricho de Euphie. Esa niña ve a Saori y a Milo como sus padres —y Hyoga comenzó a comprenderlo—. Pero eso no puede ser… está prohibido… además, Milo jamás se fijaría de esa forma en la señorita Saori. Ella es una diosa, Milo sabe que está prohibido —y Camus se sentó en el umbral de la cama de Hyoga.

—Pero Seiya sí ve a Saori de esa forma —comenzó Hyoga—. Aunque ya estoy más tranquilo. El señor Milo no se inmuto siquiera al ver a la señorita Saori. El señor Milo es una buena persona —y Camus asintió—. Aunque es una pena —prosiguió Hyoga, y Camus lo miró fijamente—. Parecía una buena figura paterna para Euphie —sonrió al recordar lo dulce que era Milo con Euphie.

—A Milo siempre le cuesta demostrar sus sentimientos —mencionó Camus—. Pero con Euphie, simplemente se le derrite el corazón. Admito que jamás lo había visto actuar de esa manera —comento Camus observando la foto de Hyoga con su madre de pequeño.

—A decir verdad, maestro… —comenzó Hyoga—. Llegó un mensaje de arrendamiento del orfanato donde estaba Euphie, le están exigiendo a Saori que termine los tramites de adopción pues Euphie solo tiene permitido estar en el Santuario dos semanas.

—¿Cómo? —se preguntó Camus—. Pero Euphie ya fue adoptada —prosiguió Camus.

—El trámite no puede completarse bajo las condiciones actuales —mencionó Hyoga—. Para poder terminar los trámites de adopción Saori debe casarse y darle a Euphie un padre. Solo así permitirán que Euphie se quede en el Santuario. la pregunta es: ¿qué haremos al respecto? ¿Quién podría ofrecerse? No creo que Milo se ofrezca a esto —comentó Hyoga con preocupación

—Milo jamás se prestaría para algo así, es absurdo. Casar a la señorita Saori… tiene que haber otra solución —exclamó Camus con molestia.

—No la hay, maestro… —mencionó Hyoga—. Por eso Seiya se ofreció. Solo falta ver si Saori lo aceptará —prosiguió—. Es eso, o esperar que el Santuario acepte a alguien más, tal vez Milo… aunque no estoy si eso puede ser posible. Aioros dice que un matrimonio entre una diosa y un mortal es algo delicado —comentó Hyoga con preocupación.

—Las posibilidades son bastante limitadas —mencionó Camus pensativo—. No me gusta esto, pero preferiría ver a Milo casarse con la señorita Saori para evitar que se lleven a Euphie del Santuario.

—Sería una solución razonable —continuó Hyoga—. Pero faltaría ver como lo tomará Milo, y si Saori en verdad querría aceptarlo —se mordió el labio Hyoga, impaciente.

Templo de Sagitario.

—¡Saori! —se alegró Seiya al ver a su diosa—. Qué bueno que viniste, quería hablar contigo.

—Lo sé —comenzó Saori—. Y sé también que tiene que ver con los trámites de adopción de Euphie —y Saiya se ruborizó un poco—. En verdad agradezco tu buena voluntad, Seiya —y el caballero de Pegaso se alegró—. Pero no puedo. Simplemente no puedo casarme contigo, Seiya. Lo siento —y el corazón de Seiya se partió en dos. El de Saori también se estremeció, una gran parte de su corazón también deseaba aceptar a Seiya.

—Pe-Pero Saori —intentó decir Seiya—. Si no hacemos eso, se llevaran a Euphie —y Saori movió la cabeza en negación—. A no ser que tú… —entristeció Seiya.

—Lo lamento —agregó Saori con tristeza.

—Lo entiendo —respondió Seiya con una madurez increíble—. Veo que en estos tres años de ausencia, encontraste a alguien más —y Saori suspiró, y asintió—. Pero… ¿puedo saber quién es? —preguntó Seiya con cierta tristeza.

—Eso no importa, Seiya —se avergonzó Saori—. Pero lo siento, no puedo casarme contigo. Además… pensé que tú y Miho… —comenzó Saori.

—Miho es solo una amiga —mencionó Seiya—. No hay razón para que ella deba preocuparte —le dijo Seiya asombrado al ver que Saori había confundido su relación con Miho.

—Shun me contó que estabas saliendo con ella —se sorprendió Saori—. No… no debería estar buscando excusas… perdóname Seiya pero no puedo casarme contigo… adiós —y Saori salió corriendo, desconcertando a Seiya.

Seiya quedó desconcertado al ver la extraña actitud de Saori, y se preguntó quién era el amor secreto de Saori. Estaba decidido a averiguarlo.

Templo del Patriarca.

Milo llegó al templo del Patriarca con Euphie en su espalda comiendo una galleta de chocolate que le había dado en su templo a la pequeña. Euphie tenía el rostro manchado con migajas de chocolate, pero eso no le importó a la pequeña pues estaba feliz, y le ofreció un pedazo a Milo, que lo aceptó gustoso.

Cuando llegaron al recinto, Aioros los esperaba sentado en el trono. Milo entonces bajó a Euphie, se repuso a pesar de las migas de chocolate que le manchaban aún el rostro, e hizo una reverencia en dirección al Patriarca.

—Su excelencia —reverenció con modales—. ¿Me ha mando a llamar? —preguntó Milo.

—Tenemos que hablar —y Milo asintió, peor Aioros observó a Euphie—. A solas —agregó.

—Entiendo —respondió Milo, y miró a Euphie—. Ve a lavarte la cara. Papá tiene que atender unos asuntos —agregó mientras frotaba de la cabeza de Euphie con gentileza.

—También papi Milo está sucio —apuntó Euphie, y Milo se avergonzó al notarlo, tomó su capa, y se limpió rápidamente—. Tengo sed —continuó Euphie, enterneciendo el corazón de Milo.

—Pídele a un escudero que te de un vaso de agua, y de paso, que te limpie el rostro —sonrió Milo.

La niña asintió, y se fue corriendo emocionada, arrebatándole una sonrisa a Aioros. Pero esta no duró mucho, Aioros tenía que encontrar una solución a la custodia de Euphie. La niña traía alegría a todo el Santuario con sus risas infantiles, y sus bromas por todos los pasillos. Pero ignorando todo esto, Aioros miró a Milo con seriedad.

—Milo… —comenzó—. Tenemos que hablar de un asunto relacionado con Euphie —prosiguió Aioros.

—¿Ocurrió algo? —se preocupó Milo.

—Hace unas horas, llegó una orden de arrendamiento por parte del orfanato donde vivía Euphie —y Milo comenzó a comprenderlo—. Tenemos que terminar con los trámites de adopción de la niña, o vendrán a llevársela. Tenemos que darles una respuesta —comentó Aioros mientras caminaba al estudio seguido de Milo.

—Pensé que Euphie se quedaría permanente —agregó Milo—. ¿Qué falta en los trámites de adopción? ¿Qué debemos darles para que nos dejen quedarnos con Euphie? —preguntó Milo preocupado.

—Sucede que la señorita Saori no está casada —prosiguió Aioros—. Para terminar los trámites, ella debe estar casada, o estar comprometida con alguien, ya que la pequeña necesita tener un hogar estable —comentó Aioros ya entrando al estudio, y dirigiéndose a su escritorio para sacar de un folder conteniendo la orden que la trabajadora social.

—¿Casarse? —se horrorizó Milo—. A qué se refiere, su ilustrísima. Euphie ya tiene un padre, y ese soy yo —mencionó Milo con determinación—. Al principio… era solo un juego… me asombraba que la niña me llamara así pero ya me acostumbré a esa niña, no puedo explicarlo —continuó Milo—. No se la llevarán… soy capaz de adoptarla yo mismo de ser necesario —comentó Milo con decisión, adoraba a la niña sobre todas las cosas—. Haré lo que sea —terminó.

—¿Harías lo que sea, Milo? —preguntó Aioros con cautela.

—Si es por Euphie, incluso juraría lealtad —comentó Milo con decisión.

—Hay una forma de que nos quedemos con Euphie —prosiguió Aioros—. La señorita Saori tendría que casarse —y Milo se sobresaltó—. Y según las reglas, tras dos años de matrimonio, la pareja sería candidata de adopción.

—¿Qué está sugiriendo… Patriarca? —se preocupó Milo.

—Sugiero un matrimonio, con duración de dos años… —continuó—. Así, después de dos años, Saori podría adoptar a Euphie. También podría divorciarse de este esposo, de cualquier forma ya tendría la custodia.

—¿Casarme con la señorita Saori? —preguntó Milo sin poder creer lo que escuchó.

—¿Oh? ¿Quién dijo que serías tú? —se burló Aioros, y Milo se preocupó—. Pero si fueses tú… ¿Harías eso por ella? —y Milo no supo que decir—. En estos momentos… mis elecciones son tú… o Seiya… —y a Milo le pesó esa revelación—. Aunque veo que Euphie no se lleva muy bien con Seiya. Ella te quiere como su papá —y Milo asintió—. Necesito una respuesta, Milo. Y la necesito ahora mismo. ¿Estarías dispuesto? —comentó Aioros al ver la expresión.

—Espere… ¿no se supone que eso está prohibido…? —preguntó Milo—. Yo… a decir verdad… —comenzó a decir Milo. No sabía qué responder.

—¡Papá Milo! —interrumpió Euphi—. ¡Te enconté! —gritó emocionada Euphie.

—No me lo haces sencillo… Euphie… —bajó la cabeza preocupado Milo—. Euphie, ¿qué te he dicho de interrumpir a los adultos? Debes siempre pedir permiso para hablar, Euphie —y la niña asintió preocupada, Milo estaba molesto por la interrupción—. Espera que termine de hablar con su ilustrísima… después de te llevo a jugar afuera —le comentó Milo, asombrando a Aioros, que jamás se imaginó a Milo educando a Euphie.

—Pedón papi… —se disculpó Euphie—. Es que no te vi… eso asustó a Euphie… —sonrió la pequeña entiendo que tenía que quedarse callada cuando los adultos hablaban.

—Milo… no sabía que ya estabas educando a Euphie —comenzó Aioros—. Eso me asombra bastante. ¿Qué le has estado enseñando a la niña? —preguntó Aioros.

—¿Eh? —preguntó Milo—. Bueno… lo básico… —respondió—. Le he enseñado a comer en la mesa. Le estoy enseñando también a hablar mejor… tiene problemas para pronunciar la 'r' —continuó Milo—. No sabía leer, así que le estoy enseñando eso también, y a escribir, lo mínimo que deben saber los niños —y Aioros volvió a asentir—. En verdad quiero estar con Euphie… —mencionó Milo, y entonces observó a Euphie—. Oye… —preguntó agachándose—. ¿Te gustaría que mamá Saori y yo nos casemos, y vivamos todos en la misma casa —preguntó Milo.

—¡Ah! ¡Sí! —reaccionó Euphie con alegría—. ¡Sediamos papi Milo, mami Saodi, y Euphie! ¡y así mami Saodi estadía muy feliz! —sonrió la pequeña, y abrazó a Milo.

—Si así lo quieres, Euphie… tengo muy pocas alternativas —sonrió Milo—. Aceptaré los términos siempre y cuando la señorita Saori esté igualmente de acuerdo con la decisión —continuó Milo—. Tomaré esto como una misión… protegeré a la señorita Saori, y a Euphie durante el matrimonio. Quiero a Euphie como si fuera mi hija, no quiero que me la arrebaten… si Saori está de acuerdo con esto entonces mi decisión es final. Acepto el reto —respondió Milo con desición.

—Te lo agradezco, Milo —mencionó Aioros—. Si Saori acepta, mañana te explicaré los detalles de la boda. Los arreglos sin embargo, comenzarán enseguida —y Milo asintió—. De momento es todo… puedes retirarte… —Aioros estaba agradecido por la ayuda que brindaba Milo, pero aún había una molestia en su corazón.

—Con su permiso —prosiguió Milo—. Nos vamos, Euphie. No has terminado tus clases de cómo comportarte en la mesa —sonrió Milo con ternura, ofreciéndole a la pequeña su mano.

Aioros vio con una sonrisa el cómo Milo se llevaba a Euphie a su templo. En verdad el Escorpio había cambiado bastante con la llegada de la niña. Él siempre se caracterizó por ser uno de los más letales, sádicos, y peligrosos guerreros. Nadie creería que ese era el mismo hombre que Aioros estaba viendo irse con la pequeña, tomándole de la mano. Ahora Aioros tendría que hablar con Saori, escuchar su resolución final, y ahí mismo empezar con los detalles de la boda, y del contrato.

Templo de Piscis.

Por su parte, Saori había llegado al templo de Afrodita. Estaba llorando, le había contado todo a su caballero dorado de Piscis, hasta lo de que le querían quitar a Euphie. Afrodita tenía el corazón destrozado al escuchar cada palabra de Saori, pero simplemente se limitaba a consolarla.

—Saori… tranquila… todo saldrá bien —la consoló Afrodita—. Además, no permitiremos que te quiten a Euphie. Pero… ¿casarte? No creo que eso sea una solución —prosiguió—. No me sentiría a gusto si supiera que te casaste con Seiya. No tengo nada contra él, pero Euphie necesita una verdadera imagen paterna. Incluso según lo que me has contado, al parecer no se llevan bien —y Saori asintió—. Ahora… ¿casarte con Milo? ¿Solo porque Euphie lo quiere como a un padre? —se mordió los labios Afrodita—. No me agrada la idea.

—Lo sé, pero… —lloró Saori—. No quiero que me quiten a Euphie… la quiero tanto… por su felicidad inclusive, me casaría con Milo… —continuó lamentándose Saori—. Pero… quien me lo pidió fue Seiya… pero una barrera enorme ha crecido entre los dos. Mis sentimientos por Seiya no han cambiado, pero ahora tengo sentimientos por Milo también… —dijo Saori con un hilo de tristeza—. ¿Pero qué piensa Milo? —se molestó.

—Creo que estas muy enamorada de Milo —comenzó Afrodita, y Saori se sorprendió—. Amas a Milo lo suficiente como para negar a Seiya. Pero aún sientes amor por Seiya… pero… ¿qué clase de amor? ¿Lo amas como se ama a un hermano? ¿o lo amas como se ama a un hombre? Después de todo lo que han pasado, seguramente debes saberlo. Tienes que regresar con Aioros, y hacer tu elección definitiva —y Saori asintió.

—Lo haré… —se tranquilizó Saori—. Estoy decidida… Milo es a quien Euphie necesita. Solo me hace falta saber. ¿Qué pensará Milo al respecto? —y Afrodita asintió—. Conociéndolo, no le agradará la idea… pero aceptará por Euphie igual que yo… —y Afrodita comenzó a preocuparse—. Perdona… Afrodita… en estos momentos estoy muy sensible —continuó.

—No te preocupes, Saori, es compresible —y Afrodita se separó de Saori—. Vamos, después de que hables con Aioros debes ir por Euphie a Escorpio de todas formas. Saori asintió dolida, tendría que ver como Milo reaccionaba con todo esto de la boda y los trámites de adopción de Euphie. Aún había mucho que analizar.

Templo de Escorpio.

Media hora después, en el templo de Escorpio, en el piso residencial en el corredor que llevaba a la cocina y a la sala principal, en una pequeña puerta angosta, Milo le buscaba unas sábanas a la pequeña Euphie, que se había quedado dormida mientras él le leía un pasaje de mitología.

Milo siempre se había caracterizado por ser uno de los mejores contando cuentos, y era uno entre los dorados que más sabia de mitología griega. Encontró las sabanas que buscaba, cerró la pequeña puerta, y se dirigió a su habitación, donde había dejado a la pequeña. Entró a su habitación, vio a la pequeña acurrucada y con un osito de peluche que él tenía guardado. Arropó a la pequeña en su gran cama, y observó la escena con curiosidad.

Esta cama de huéspedes siempre estaba vacía, solo la ocupaba cuando por satisfacer sus necesidades sexuales, él y Camus traían a algunas acompañantes. Al pensarlo, Milo se avergonzó, no era una imagen muy prometedora. Pero ahora, una nueva imagen más fraternal comenzaba a invadir su mente. Veía a Saori, sonriendo mientras dormía acostada en la cama, eso sobresalto a Milo, y no solo eso. Milo podía casí verlo, a los tres acostados en la cama, durmiendo, como una familia.

Milo jamás pensó en que llegaría el día de formar una familia. Era un caballero dorado, debía vivir solo para su diosa. Pero ahora, con la llegada de Euphie, eso cambió. Quizás si se diera la oportunidad, él, Saori, y Euphie podrían formar una familia.

Nunca llego a pensar esa posibilidad. Mucho menos con su diosa. Y ahora, si Saori lo decidía así, tendrían que empezar los tramites de su boda, con su diosa, solo por el hecho de que no se llevarán a Euphie del Santuario, esa pequeña en verdad le había conmovido su sanguinario y frívolo corazón. Al igual que la dulce mirada de Saori, la misma que recordaba del día en que la atrapó cuando intentaba escabullirse por el balcón.

Milo ya no podría ver a su diosa de la misma manera. Ahora estaba viéndola como realmente era, una mujer, y si Saori así lo decidía, su mujer. Suspiró estaba desesperado por saberlo. Milo salió de la habitación, y sintió una presencia. Aioria al parecer venía de visita. Salió por los corredores, llegó a la sala principal, y encontró a Aioria, que lo esperaba.

—¿Cuándo llegaste? —preguntó Milo con cierta hostilidad.

—No es normal en ti no percatarte de las visitas —mencionó Aioria—. No hace mucho que llegué. Solo venía a visitar a Euphie a tu templo pero… sentí su cosmos dormir, así que preferí no interrumpir —prosiguió, y Milo asintió—. También quería hablar contigo. Aioros me contó todo cuando fui al recinto a buscar un rato a Euphie —y Milo cerró sus ojos, intranquilo—. Milo… no sé si deba recordarte que Saori es nuestra diosa y tú… —comenzó Aioria.

—Lo que vengas a decirme poco me importa —sentenció Milo con molestia—. Eso lo tengo más que presente, más que cualquiera de ustedes… pero… sabes cuánto quiero a Euphie, como a una hija, y soy capaz hasta de casarme con una diosa con tal de que ella se quede aquí, en el Santuario, con nosotros —habló Milo de forma cortante.

—Ya veo… —mencionó Aioria—. Sabía que dirías algo como eso. Por eso te vengo ayudar con esos trámites de la boda —y Milo se sorprendió—. Otra cosa, Euphie, ¿está bien dormida? —preguntó Aioria.

—Se quedó dormida mientras le leía un pasaje de mitología griega —mencionó Milo—. De todas formas, no hay nada de trámites que arreglar hasta que Saori tome su decisión final, gato torpe —terminó Milo con arrogancia.

—Y dale con ser hostil conmigo —se molestó Aioria—. ¡No me llames gato torpe! ¡Escorpión ruin y ponzoñoso! —se defendió—. De todas formas, sí vine a hablar de los detalles de la boda, parece que Aioros sabe algo que nosotros no —y Milo lo miró curioso—. Lo que me extraña de ti es que jamás has visto a la señorita Saori de esa manera, siempre la has visto cuando es estrictamente necesario, pero ahora… desde el incidente del balcón, las has comenzado a ver de manera diferente.

—No sé a qué te refieres —prosiguió Milo—. Jamás vería a la señorita Saori más que como una diosa —sentenció Milo—. Así debe ser… solo accederé a casarme por asegurar la custodia de Euphie, planeo respetar a la diosa Athena. No permitiré que se lleven a Euphie. No lo entenderías, es importante para mí, y es importante para la señorita Saori —comentó Milo desviando la mirada.

—Milo, no seas orgulloso —comenzó Aioria—. Solo admite que te has sentido solo durante todos estos años. Ahora tienes una segunda oportunidad vida. ¿Debo recordarte lo que es estar muerto? —preguntó, y Milo se horrorizó—. Ya estamos en la edad de formar una familia, no puedes estar solo. Llegará el momento en que sientas una necesidad enorme de estar con una mujer, y formar una familia. Y las compañías nocturnas que traemos a tu templo no son una alternativa —y Milo se fastidió.

—¡No digas esas vulgaridades! —se molestó Milo.

—Hablo enserio —prosiguió Aioria—. No te engañes, puedo verlo, has comenzado a enamorarte de Saori. Se te ve a simple vista —sonrió Aioria con arrogancia, sentándose a una silla cercana.

—¡No importa lo que yo sienta! ¡La señorita Saori es una diosa! ¡Está prohibido! —insistió Milo furioso—. ¡Ella es una diosa! ¡No es una mujer que pueda poseer! ¿A caso no tienes vergüenza, Aioria? ¡Si serás idiota! ¡La única razón de acceder a este matrimonio, es Euphie! —gritó Milo molesto.

—Oye, cálmate, lo entiendo —comenzó Aioria al ver lo molesto que estaba Milo—. Lo entiendo perfectamente pero de todas formas, Milo. Solo admítelo… en verdad quieres a Saori… ¿verdad? La quieres como a una mujer —y Milo se mordió los labios—. Mira el lado positivo, con este matrimonio tendrás una familia. Solo pruébalo por dos años, así lo entenderás. No hay razón por la que tengas que cuidar de tu casa tú solo —sonrió Aioria.

—¡Ya basta Aioria! ¡Solo deja de hablar! —insistió Milo.

—¿Papi Milo? —habló Euphie llegando con su peluche.

—¿Euphie? —preguntó Milo—. Perdona, ¿te desperté?

—Escuché guitos —mencionó —. Euphie se asustó… y tuve una pesadilla —continuó.

—¿Pesadilla? —preguntó Aioria.

—¡Tío Aiodia! —habló Euphie adormilada—. Euphie te iba a visitad después de ved a papi —sonrió Euphie, y abrazó a Aioria.

—Ya veo —continuó Aioria—. Ven, siéntate y dime. ¿Cuál es esa pesadilla que tuviste? —preguntó Aioria.

—Soñaba que papi Milo y mami Saodi dejaban que se llevadan a Euphie de vuelta a ese odfanato donde ella había pasado su tiempo —comenzó a entristecer Euhie—. Me dejaban sola. Ustedes no podían haced nada, y todo se volvió oscuro después —habló la niña con lágrimas en los ojos.

—No pienses esas cosas, Euphie —comenzó Milo, cargando a Euphie, y secándole las lágrimas—. Eso jamás te pasara, no lo permitiré —y Euphie sonrió—. Te quedarás conmigo, ahora vamos, debes dormir un rato, es tu hora de siesta —comentó Milo cargando a Euphie.

—No tengo sueño —comentó la niña frotándose los ojos.

—Tienes sueño —se burló Aioria apuntando a su rostro—. Anda, es tu hora de sueño —y Euphie se acurrucó en los brazos de Milo.

Euphie no dijo más. Se quedó profundamente dormida en el regazo de Milo, que al verla no pudo evitar darle un beso en su cabeza, llevarla a su habitación, y acostarla para que descansara. Después de todo, era su hora de siesta. Aioria no pudo evitar soltar una carcajada, en verdad Milo iba a ser un buen padre, aunque no lo quisiera aceptar.

Era obvio que este matrimonio que tendría con Saori, le ayudaría a Milo a percatarse sobre lo que significaba tener una familia.

Templo del Patriarca.

Saori llegó donde Aioros, que lo esperaba sentado tomando una taza de té. Ella se sentó en la silla frente a él, y sonrió para el Patriarca del Santuario.

—Milo dijo, que no tenía inconveniente en aceptar un matrimonio contigo, si es que era tú lo quieres así —comenzó—. Así que no debes preocuparte. Ya hablé con la trabajadora social, quedó muy satisfecha, pero de todas formas la boda debe celebrarse lo antes posible. Nos ea que intente venir con una nueva orden, y se quede con Euphie —terminó y bebió de su taza de té.

—¿Enserio acepto el matrimonio? —se sorprendió Saori—. Pensé que se negaría… no puedo creerlo, él haría eso por Euphie —se sobresaltó Saori—. ¿Qué más te dijo? —preguntó.

—Lo que dijo Milo no es relevante —agregó Aioros, decidido a proteger a Saori—. La boda será este fin de semana. Ya comenzamos con los preparativos. Después de la boda, vivirás con Milo en el Templo de Escorpio. Aunque… hubiera preferido que te fueras a vivir a la casa de verano que tienes fuera de las doce casas pero… probablemente sea mejor que Milo se quede aquí en el Santuario, donde lo necesitamos. Por esa razón, comenzaremos a trasladar tus cosas para el Templo de Escorpio.

—Entiendo… —comenzó Saori—. Las de Euphie también deben trasladarse, pero Milo y yo… —comenzó Saori sonrojada.

—Deberán compartir habitación —continuó Aioros—. El nombre de la trabajadora social es María Fernanda, y vendrá a visitar el Santuario todos los meses para ver cómo va todo con Euphie —y Saori se ruborizó más que nunca—. Saori… —comenzó Aioros notando su cara—. El que compartan habitación no significa que deban tener relaciones… —y Saori desvió la mirada—. Solo significa que dormirán en la miasma habitación, eso es todo —terminó Aioros.

—Ya veo… —comenzó Saori intentando controlarse—. Está bien… co-comenzaré a prepararme para mi rol como esposa de Milo de Escorpio —y Saori sonrió con ternura. Estaba feliz por tener la oportunidad de conocer más al hombre que amaba.

—¿Por qué siento que esta noticia te alegró la existencia? —se burló un poco Aioros.

—Ajaja —se rio Saori falsamente por las palabras de Aioros—. Iré a mis aposentos a prepararme —prosiguió.

—Adelante, yo prepararé todo para su boda —terminó, y Saori se retiró.

Coliseo de Leo.

Seiya caminaba a través de los campos de entrenamiento cerca del coliseo, todo estaba bañado en nieve, el panorama sencillamente era hermoso a la vista de cualquiera. Pero eso no animaba a Seiya. Él había venido desde oriente dispuesto a casarse con su princesa, con Saori, pero ella lo rechazó diciéndole que había alguien más.

Eso le hizo pensar en dos personas, en Saga, y posiblemente Milo. El primero lo descartó pues Saga estaba a dos meses de casarse con su futura esposa, Tiffany, una preciosa muchacha de origen Coreano a quien había conocido en Grecia por accidente. Desde entonces, Saga estaba perdidamente enamorado de esa muchacha, cosa que asombro a Seiya pues jamás creyó que Saga terminaría enamorado. Sag era un hombre muy frio y difícil, le costaba mostrar sus sentimientos. Y sin embargo quedó rendido ante la inocente mirada de Tiffany de 21 años de edad.

El segundo sospechoso era Milo. Seiya no le conocía pareja. Milo siempre estaba solo. Seguro era porque se había enamorado de Saori. Seiya comenzaba a conectar las sospechas, después de todo, Euphie había reaccionado con violencia y a llamar a Milo como si fuese su padre.

Seiya miró a los templos inferiores, vio pasear a Saga con su prometida, Tiffany. Ambos se veían muy acaramelados con el otro. Eso hizo sonreír a Seiya, estaba feliz de que los dorados consiguieran pareja y fueran felices. Era lo mínimo que se merecían Después de tantos sacrificios en servicio a Athena.

Desde los coliseos se podían ver todos los templos desde Leo a Aries, allí encontró Seiya a Mu y a Kiki que iban directo a las doce casas. Pensó en bajar y saludarlos, cuando una inmensa mano se posó en su hombro, era Aldebarán.

—¡Aldebarán! ¡Qué gusto verte! ¿No estás algo lejos de tu templo? —preguntó Seiya.

—JA JA JA JA JA! ¡Es bueno verte de nuevo, Seiya —se alegró Aldebarán—. ¿Buscas a alguien en particular en las 12 casas? —preguntó Aldebarán con una sonrisa.

—De momento planeaba bajar a buscar a Mu —comenzó Seiya—. Quería preguntarle algunas cosas, pero puedo preguntarte a ti también —se alegró Seiya.

—Adelante, estoy disponible para responder —se alegró Aldebarán—. Pregunta lo que quieras.

—Bien —bajó la cabeza Seiya—. Tú sabes… ¿Qué relación tienen Saori con Milo de Escorpio? —y Aldebarán alzó una ceja—. ¿Podrías explicármela? —comentó Seiya.

—Que yo sepa solo son caballero dorado y diosa. Todo lo demás está prohibido —enunció Aldebarán—. No he visto nada fuera de lo normal con ellos dos excepto lo que sucedió ese día que Saori casi se golpea al piso al caer del balcón. De no ser por Milo que la atrapó en sus brazos, pudo haber pasado a mayores complicaciones —comentó Aldebarán llevándose una mano al mentón.

—Entiendo pero… me extraña que Euphie llame a Milo su papá y a Saori le dice que ella solo debe tener ojos para Milo. Ahí me huele algo raro.

—¿Euphie? —preguntó Aldebarán—. Es solo una niña. Ella cree que nadie tiene derecho a ver a la señorita Saori mas que Milo. Pero son cosas de niños, nada de qué preocuparse, Seiya —explicó Aldebarán—. Aunque Milo y la señorita Saori hacen buena pareja de padres. ¡JA JA JA JA JA! —se burló Aldebarán.

—¿Tú crees? —preguntó Seiya, evidentemente celoso.

—¡Claro que sí! —prosiguió Aldebarán—. Pero tranquilo, muchacho, nada puede pasar, esas cosas están prohibidas. Será mejor que regresemos pues hace frio, uno puede quedar en cama por gripe por más alto que tenga el cosmos —comento Aldebarán entre risotadas. Seiya arqueó una ceja ante las palabras de Aldebarán. ¿Acaso Milo y Saori tenían una relación secreta? Tenía que averiguarlo. Así fue que Seiya decidió regresar, se estaba haciendo tarde.

Casa de Escorpio.

Al anochecer, Milo jugaba con Euphie con unos crayones y hojas que había traído para la pequeña. Pero tras percatarse de lo tarde que era, decidió llevar a la pequeña de vuelta al recinto.

—Euphie, es mejor regresar al Templo del Patriarca —comenzó—. Saori debe estar preocupada de que no llegues —comentó Milo parándose de la mesa.

—Está bien —respondió Euphie—. Mami Saodi se pone tiste si Euphie no llega tempano —sonrió Euphie bajándose de la mesa.

—Vamos, pero antes déjame buscarte un abrigo para que no te resfríes —continuó Milo—. No quiero que estés en cama y pases navidad resfriada —comentó Milo.

Euphie asintió ante las palabras de Milo, que la dejó esperando unos minutos para buscarle un abrigo. Cuando regresó, se lo puso, y la llevó para afuera. Cuando subieron al piso residencial, para su sorpresa, encontraron a Saori con una capucha puesta. Venía con la intención de buscar a Euphie.

Al verla, de inmediato la niña se soltó de la mano de su papá, y corrió en dirección a su madre, lanzándose a sus brazos para abrazarla con fuerza.

—¡Mami! ¡Viniste! —se alegró Saori—. Papi Milo y yo te íbamos a id buscad —sonrió Euphie.

—Creo que me adelanté —sonrió Saori—. Espera unos minutos, voy a hablar con papi Milo. Son asuntos de adultos, muy aburridos. ¿Me esperas aquí? —preguntó Saori, y Euphie asintió—. Nada de estar escondiéndote como lo haces siempre. ¿entendiste? —le dijo Saori.

—Si mami —comentó la niña, y se fue a jugar a los isos inferiores, dejando a Saori y a Milo a solas.

—Ya comió, ya durmió su siesta de la tarde, y terminó sus lecciones de lectura —comenzó Milo—. No debes preocuparte de que cene pues ya cenó —y Saori se sintió un poco incómoda, y comenzó a rascarse el cuello.

—Gracias —fue lo primero que se le ocurrió—. A-Aioros me comentó todo —agregó Saori—. Ve-venía a agradecerte por lo que hiciste. Por no permitir que se lleven a Euphie —y Milo asintió de la forma más solemne posible—. Realmente estabas dispuesto a contraer matrimonio conmigo con tal que Euphie se quede aquí —sonrió Saori, apenada.

—Ella… es como una hija para mí —confesó Milo—. Perdóneme si estoy siendo egoísta pero… con Euphie… se reduce un poco la soledad que tengo aquí en mi templo… si me lo permite… señorita Saori… quisiera criarla como a mi hija —comentó Milo.

—¿Tú también te sientes solo? —preguntó Saori, sorprendiendo a Milo—. Yo también me siento sola a veces, pero con lo de Euphie, quizás… —comenzó, pero cambió de opinión—. No importa… además, Euphie no debe regresar a ese lugar… aquí tiene mucho amor y cariño —comentó Saori con dulzura.

—Así es —prosiguió Milo, pero pronto recuperó la compostura—. Será mejor que las escolte de vuelta a su templo. Ya se está haciendo tarde, no quiero que nada malo les pase a ninguna de las dos.

Saori asintió con delicadeza ante las palabras de Milo, y llamo a Euphie. La niña fue corriendo, le cogió la mano a Milo, y la otra a Saori, se agarró de ambas asombrando a los dos pero, Milo le restó importancia, y los tres salieron del templo. Cualquiera que los viera pensaría que ellos eran una familia.

No muy lejos de allí, Seiya los estaba espiando. Moría de celos al confirmar que realmente había una relación entre Milo el caballero de Escorpio, y la diosa por la que había luchado tanto en el pasado.

Por su parte, Euphie estaba emocionada. En tan solo unos días, ella viviría con Milo y Saori en el Templo de Escorpio. Los tres serían como una familia, esperaba ese día con ansias pues tendría la oportunidad de que su madre enamorara de su padre. Pero por ahora, solo les sonreía a los dos. Saori también le sonreía y milagrosamente, Milo también le dedicaba una dulce mirada a la pequeña mientras subían las doces casas ignorando que cierta sombra les seguía.