(n/A)
Creo que los capítulos me han quedado cortos, porque sí, ya he adelantado bastante. No quería publicarlo sin tener la certeza de que sí lo terminaría sin estresarme; así que ya voy por cuatro caps para terminarlo en mi pc. Con respecto a Monster, sí, lo sé, he de continuarlo, pero no consigo la inspiración, si tienen ideas sería más que maravilloso, gracias por los reviews y espero que les guste esta actualización.
Naruto Copyright © Masashi Kishimoto
Warning: AU/OoC/ Malas palabras/PWP.
ThreeDaysGrace Copyright © Time of dying.
Words: 1.590
DrogueVate
Capítulo 2
-Heroína-
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Siempre el poder, ha mi parecer, carece de inteligencia. Así mismo, no hay poder más difícil de controlar que la fuerza mental. Yo carezco de ésta fuerza y eso me carcome cada día.
Apoyé mi cabeza en la pared del baño, intentando que todo se fuera hasta lo más profundo de mí ser. Escuché lejanamente como la puerta se abría de golpe, pero no presté atención; Volví a tomar aire por mi nariz, ya podía sentirme lejano del mundo terrenal y eso me relajaba, así que no importó demasiado quién había entrado.
Sentí una suave caricia en mi mejilla y me moví veloz, tomando la muñeca de aquél extraño. Mis ojos desorbitados y lagrimosos, velados por los efectos secundarios lograron contemplar el angelical rostro de Hinata.
La solté de inmediato pues sabía que le hacía daño. Aspiré por enésima vez por mi nariz y le sonreí. Estoy bien, repetí y ella sólo me respondió que habían llegado por mí, y me di cuenta que había desperdiciado mi tiempo a su lado, escondiéndome en el baño para poder ingerir un poco de heroína.
2· Time of dying.
Miré a mí alrededor, consiente que de nada servía, no podía concretar ninguna imagen, aunque, las manchas borrosas ya se iban haciendo más definidas. Intentaba caminar lento pero los dos hombres, robustos y con gran ventaja en tamaño, me llevaban arrastrado. Fruncí el ceño, ése lugar no me agradaba. Nada a mí alrededor me gustaba, atribuía el desagrado a que no podía distinguir bien las cosas.
Cerré mis ojos en un intento por mejorar mi vista
—Éste está dopado.
Escuché unas risas lejanas y me removí inquieto cuando me empujaron contra una mesa, pero no abrí mis ojos, no aún.
Los sonidos comenzaban a ser más que molestos, por el simple ruido mí alrededor parecía gustarme cada vez menos. Ya que esos hombres me llevaban a rastras decidí dejar que mi peso quedara en sus hombros, tratando de relajarme por completo y así calmar mis sentidos aturdidos. De la nada mi cuerpo sufrió un escalofrió, y es que, por más que me diera mala espina ése lugar, que necesitaba estar consiente para ver dónde me iban a meter, eran más fuertes las ganas de consumir.
—Puedo caminar solo—gruñí. Abriendo mis ojos e intentando ir al paso que ellos llevaban.
—Si claro.
Las risas de aquellos hombres que me arrastraban por el gran e interminable pasillo blanco, hicieron mella en mi cabeza. Ahora las escucharía toda la noche. Blasfeme mentalmente y moví mis hombros con fuerza, tomándolos por desapercibidos, gracias a eso logré soltarme y al disponerme a caminar no pude dar ni el primer paso, ya que tropecé y caí.
Volvieron a reír y sentí unas imperiosas ganas de partirles el rostro.
Me tomaron una vez más por los hombros, mantuve mis ojos cerrados por unos segundos y cuando retomaron la marcha los abrí, encontrando el blanco del suelo una vez más, unos cuantos pacientes clavaban sus ojos en mí, algunos se reían por lo bajo y me sentí asqueado de ésa gente.
Dejé la vista fija en lo que parecía una pared de cristal, llena de mesas y sillas; había varias personas tomadas de las manos y me resistí, no iba a hacer aquello.
Me empujaron hacia una puerta, también blanca, qué sorpresa. Pero no lo permití, apoyé mis manos en las paredes para poder evitar que me introdujeran en ése lugar, si allí dormiría enloquecería por tanto blanco.
— ¡Quédate quieto!—Gritó uno de ellos.
Aún me sentía desorbitado, así que no fue muy difícil tirarme en la cama.
Me moví inquieto intentando levantarme, pero los hombres eran mucho más fuertes que yo, y con algo de dificultad, muy mínima, he de agregar, lograron amarrar mis brazos a la cama con unas correas de cuero, entre el forcejeo no noté algo extraño, sólo hasta que sentí un pinchazo en mi pierna.
Enfoqué lo que parecía, ahora, un simple punto blanco a lo lejos; una enfermera. Mierda, me habían sedado.
Respiré con profundidad, sintiendo como mis músculos lentamente se adormecían, mis ojos se cerraban de forma inconsciente. Y recordé con pesar que debía pasar más o menos tres meses allí. Tres meses de un insípido y molesto color blanco. Y aún cuando tenía cierto gusto por ése color, sólo me gustaba en las pupilas de ella.
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In my time of dying
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Miré a mí alrededor, intenté tapar mis ojos con la diestra, pues la luz me molestaba, pero mis manos no se lograron mover. Viré mi vista hasta mis muñecas y recordé todo al ver las correas de cuero.
Choqué mí lengua contra el paladar.
— Supuse que estarías despierto—Esa voz llamó mi atención, guié mi rostro hacia donde se encontraba—Soy Matsuri, la enfermera a cargo.
Fruncí el ceño, una muchacha de cabellos morenos estaba parada en el marco de la puerta, realizó una inclinación y camino directo a la mesa situada al lado de la camilla donde me encontraba.
— ¿Estás bien? —Preguntó.
— ¿Puedes soltarme?
—Sólo si prometes no hacerme daño.
Recosté mi cabeza sobre la almohada y asentí.
Mis muñecas quedaron finalmente libres. Me incorporé y senté en la camilla, apoyando mi pie en las sábanas blancas, dejando reposar mi codo en la rodilla.
— ¿Puedes quitarte los zapatos? —No respondí, simplemente los lancé al otro lado de la pared—Gracias, el doctor vendrá dentro de poco y te dará las indicaciones.
Respondí con un simple 'Hn' y ella continuó preparando lo que parecía una bolsa de suero con una intravenosa de mariposa. Poco después que se callara entró un hombre vestido con una bata blanca, sus cabellos negros combinaban con la camisa, ostentando una corbata rojo vino tito. Me recordó a Hinata y tapé mi rostro con ambas manos, mierda, me había equivocado de nuevo; la había lastimado por segunda vez.
—Sabaku no Gaara ¿Correcto? soy Sasuke Uchiha, tú doctor; por ahora. Necesito que me informes qué tipo de drogas consumes.
Solté una risa ronca.
—Sería más fácil preguntarme qué no consumo—Clavé mis ojos en los suyos.
—Sorpréndeme.
—Anfetaminas, ecstasys, ritalin, cocaína, crack, heroína, PCP, LSD, shrooms, inhalantes, marihuana, tabaco, alcohol, meta-anfetaminas.
Su rostro denotaba sorpresa, sonreí en mi fuero interno.
—Lo lograste, me sorprendiste; es una sorpresa que sigas vivo.
—No consumo a grandes cantidades—Logró sacarme la sonrisa y realicé una de medio lado.
—Hasta hace poco.
Cerré mis ojos. Sí, hasta hace poco.
— ¿Quieres consumir?
—A cada momento—Respondí casi inmediatamente.
Él asintió y termino de anotar unas cuantas cosas en lo que parecía una carpeta.
—La primera noche es la más difícil, el resto de las noches—Hizo una pausa dándose la vuelta—Son casi lo mismo.
Matsuri me clavó de golpe la intravenosa y yo callé mi gruñido. Me empujó para acostarme y amarró mis muñecas.
— ¿Es necesario? —Pregunté, molesto.
—Lo será. Mucha suerte.
No entendí aquello, pero tampoco le tomé importancia, me quedé viendo el techo en la oscuridad, sintiendo únicamente la molesta aguja en mi vena y escuchando, para mi tormento, el sonar de las agujas del reloj. Así fue hasta que mi cabeza comenzó a dar vueltas, no podía controlar más mi necesidad de consumir. Mi cuerpo inició con suaves temblores y fue aumentando hasta transformarse en convulsiones continuas, necesitaba cocaína, tenía tantas ganas de fumarme un porro, algo, lo que fuera, estaba enloqueciendo. Y apenas era la una de la madrugada.
Intentaba dar vueltas en la cama, pero era inútil. Me enfermaba no poder moverme.
Terminé desgarrando la piel de mis muñecas, desesperado por salir de ése lugar y conseguir algo, lo que fuera, necesitaba consumir. Lamí mis labios repetidas veces y miré el maldito reloj colgado en la pared ¡No pasaba la maldita hora! Era inútil.
— ¡Maldición! —Grité.
Aquello me estaba matando. Cerré mis ojos y volví a lamer mis labios ¡Dios, qué mal me sentía! Mis entrañas rugían, como si tuviera hambre y no hubiera podido comer desde un año, todas mis extremidades temblaban y la ansiedad aumentaba conforme pasaban los segundos, que se hacían más y más eternos. La impotencia no ayudaba, me embriagaba, atormentaba, me sentía devastado; como si me golpearan una y otra vez con un maldito bate y entonces lo tuve que soltar.
No pude evitar vomitar y por las correas no pude mover bien mi cuerpo, terminé manchando parte de mi camisa y las sábanas. Cerré mis ojos, el olor comenzaba a marearme.
Gruñí fuera de mí mismo, el sabor pútrido que se aglomeraba en mi garganta no ayudaba a perder las nauseas. Cerré mis puños sintiendo como la oscuridad me cubría. Sentí miedo, por tercera vez en mi vida, pero no me permití derramar una lágrima, ya era suficiente con la humedad que me rodeaba, el vomito y el sudor ya me agobiaban como para que mis ojos ardieran por una estupidez tan banal como el llorar.
No podía quejarme tampoco, yo era el único culpable de aquella situación, había dejado que mi cuerpo callera en eso; en una dependencia enfermiza a las drogas, no me había controlado. Tantas veces repetí que podría dejarlas cuando quisiera que me convencí de eso y continué consumiendo sin importarme porque sabía ó al menos creía que podría dejarlo.
Qué estúpido había sido.
Me atormentaban tantas cosas que me sentí aún más mareado; el miedo, las ansias, el daño que pude haberle causado a otras personas por esta dependencia, todo terminó saliendo de mí en mi segundo vomito.
Y después de aquello, la conciencia fue lo que más me faltó el resto de la noche.
