¡Hola!
Bueno, pues aquí os dejo la segunda parte de este jerza, que espero que os guste :)
Disclaimer: Fairy Tail y sus personajes no me pertenecen.
Elie
Erza llevaba todo el camino hacia casa pensando en cómo se lo iba a decir, entre ilusionada y nerviosa. Hasta el momento, no había querido decirle nada de sus sospechas, en parte porque quería sorprenderlo cuando estuviera segura y en parte porque le asustaba cómo podría reaccionar.
Abrió la puerta de casa y antes de poder anunciar su llegada, Sieg se abalanzó hacia ella.
-¡Mamáááá!
La Titania sonrió y se agachó para darle un beso al niño que, con dos años, era incapaz de estarse quieto más de medio minuto.
-Hola, cariño.
-¡Ha venido la tía Meredy!
Erza sintió una punzada de decepción, pero consiguió que no se le notara.
-¿Todavía está aquí?
El niño sacudió la cabeza con energía.
-No, ya se ha ido. ¿Vienes a jugar conmigo?
Ella le puso la mano sobre el pelo revuelto y asintió.
-Ahora mismo voy.
Sieg le dedicó una sonrisa, mostrándole sus dientecillos, y echó a correr hacia el salón. Erza pensó que debería mandarle recoger sus juguetes después, ya que la casa en general parecía un caos.
Se apoyó en el marco de la puerta de su habitación, con los brazos cruzados. Observó durante unos segundos a Jeral, que se giró para mirarla.
-¿Te vas? –le preguntó directamente.
Cuando nació Sieg, el exconsejero se fue a vivir con ella y con el niño, pero todavía no había dejado Crime Sorcière. En ocasiones aparecía Meredy y le anunciaba que tenían una misión, que había aparecido un nuevo gremio oscuro al que debían derrotar, aunque ella nunca lo había obligado a ir con ellos y siempre lo instaba a que se quedara con su familia. Normalmente, eran misiones cortas, que no duraban más de una semana.
El peliazul asintió.
-Esta será la última misión que haga –dijo-. Le he dicho a Meredy que después dejaré de formar parte de Crime Sorcière.
Erza sonrió, con tristeza.
-¿Eso quiere decir que es una misión larga?
Jeral se acercó a ella y le pasó un brazo alrededor de la cintura, quedando muy cerca de ella.
-Sí.
-Pero será la última –dijo ella, acariciándole el rostro. Se mordió el labio. No podía decírselo.
Ya estaba muy entrada la noche cuando Jeral regresó a casa. Sabía que su última misión sería larga, pero nunca imaginó que lo tendría tantos meses alejado de su familia, sin saber nada de ellos.
Se extrañó al ver que estaban varias luces encendidas en casa.
-Tadaima…
Sieg salió de la cocina y echó a correr al verlo.
-¡Papáááá! ¡Okaeri!
Jeral lo cogió en brazos, sonriendo.
-¡Cómo has crecido, campeón!
El niño hundió la cabeza en el hombro de su padre, que levantó la mirada al escuchar unos pasos. Se sorprendió al ver a Lucy saliendo de la puerta de la cocina.
-¿Lucy? ¿Qué haces aquí? ¿Ha pasado algo?
-Es Elie –dijo Sieg, antes de que la rubia pudiera contestar.
Jeral frunció el ceño, sin entender.
-¿Elie?
-Claro –dijo Lucy, su rostro cambió al comprender que no tenía ni idea de lo que estaban hablando-. Oh. No me lo puedo creer, ¿no lo sabes? Bueno, supongo que eso explica por qué…
-Lucy –la cortó él-. ¿Me lo explicas?
La maga de espíritus estelares suspiró y se acercó a él, cogiendo a Sieg en brazos. Sabía que en cuanto se lo dijera, echaría a correr, olvidándose del pequeño. Sin embargo, fue él quien se lo explicó.
-Jolín, papá, pues que Elie está naciendo.
-¿Qué? –parpadeó él.
Después, al comprenderlo, salió de casa, corriendo. Sieg se cruzó de brazos y miró a Lucy.
-Jo –protestó-. No se entera de nada.
Sieg mandó una mirada traviesa a Lucy y sonrió. Aunque no hizo su petición en voz alta, ella se resignó. ¿Quién le decía que no con esa cara?
Erza miró a la niña entre sus brazos. Había nacido dos meses antes de tiempo y en consecuencia era mucho más pequeña que Sieg cuando nació. Además, Elie no dejaba de llorar. Su madre la miraba embelesada, meciéndola sin demasiadas esperanzas de que dejara de llorar. Había tenido mucho miedo cuando habían comenzado las contracciones y no había estado segura de si el parto saldría bien, pero tenerla con ella al fin la tranquilizaba profundamente.
-No puedo creer que esto esté pasando.
La Titania levantó la cabeza al oír la voz de Jeral y sonrió, sintiéndose como una niña la que han pillado en una travesura. Él negaba con la cabeza mientras se acercaba a ella, mirando el bulto que tenía en los brazos.
La niña dejó de llorar de pronto, cuando él llegó a su altura y rodeó a Erza con un brazo, dándole un beso en la sien.
-No me salen las cuentas –susurró él, sacudiendo la cabeza-. No he estado fuera tanto tiempo –Erza apoyó la cabeza en su hombro-. ¿Lo sabías desde antes de que me fuera?
Ella asintió.
-Te lo iba a decir. Pero entonces llegó Meredy y…
-¿Por qué no me lo dijiste? Sabes que…
-¿Que te hubieras quedado? –se adelantó ella. Jeral asintió-. Lo sé. Pero… era la última misión. Después te quedarías con nosotros y no volverías a irte.
El exconsejero cerró los ojos, sintiéndose culpable. Miró a Elie, que se había quedado dormida. Sabía que era absurdo, que acababa de nacer y que no se parecía a nadie. Pero pudo ver en ella el rostro de Erza en la Torre.
-¿Por qué Elie? –preguntó entonces.
Erza sonrió y le acarició el rostro a la niña.
-Lo eligió Sieg.
-Me gusta –sonrió él-. Elie.
Durante unos segundos, ambos permanecieron en silencio, mirando a la niña dormir pacíficamente. Finalmente, Jeral se separó un poco de Erza y la obligó a mirarlo.
-Erza, llevo muchos meses pensando en esto. La verdad es que nunca hubiera pensado que sería así. Había imaginado en… no sé, en un amanecer o bajo el cielo lleno de estrellas… pero, no aguanto más –Jeral se agachó y metió la mano en el bolsillo, para después sacar una cajita negra. Los ojos de Erza se agrandaron, con sorpresa-. Erza Scarlet, ¿quieres casarte conmigo?
La maga enmudeció. Sus ojos iban del anillo a Jeral y de Jeral al anillo, incapaz de asimilar lo que acababa de pasar. Por unos segundos pensó que eran imaginaciones suyas, provocadas por la pérdida de sangre. Entró en pánico. ¿Siempre había sido tan difícil decir que sí?
-¡Di que sí, mamá! –gritó Sieg en la puerta.
Los dos miraron al niño, que echó a correr hacia ellos y se lanzó al cuello de su padre, riendo. Lucy se escondió detrás de la puerta, pendiente de la respuesta.
Erza seguía sin poder hablar, ni siquiera podía recordar todas las veces que había imaginado aquello. Asintió varias veces, cerrando los ojos para retener las lágrimas.
-Sí –consiguió decir al final-. Sí, sí, sí.
Sí, sí, ya sé que lo he escrito yo, pero siempre me tiro al suelo a rodar cuando llego a esta parte xDD
¡Muchas gracias por leerme!
¿Me dices lo que te ha parecido? :)
¡Hasta pronto!
