Disclaimer: SS no me pertenecen, tampoco sus personajes que son de don Kuru (?)

Beta: Annski, mil agradecimientos a ella.

Capítulo 2: Patos

Nunca supo si su padre se había marchado antes de que nacieran los patos o mientras su madre los esperaba. Quizás la presión de mantener una familia que pronto se agrandaría había sido demasiado para él. Pero era algo que Camus no sabía, su infantil mente no pensaba mal de su padre. Hasta ese momento.

Los patos nacieron y eran pequeñísimos, rubios como su madre, pero el menor tenía el color de piel de su padre. De lo que estaba muy seguro era de que ni su madre ni sus hermanos eran parecidos a él; él tenía el cabello y los ojos escarlata, y cuando nacieron los patos llevaba melena una melena larga. Su madre adoraba aquella cabellera, decía que le recordaba a su esposo, que pese a que éste la había dejado, lo seguía amando. Se podría pensar que era masoquista, pero era un concepto demasiado confuso para un pequeño de cuatro años.

A medida que fueron creciendo sus pequeños hermanos lo seguían a todos lados, y fue así como Natasha, su madre, les dijo por primera vez que parecían patos. Y quedaron por aquel sobrenombre. El pequeño Hyoga, el menor, incluso parecía croar cuando seguía a Camus; y el mayor, Isaak se limitaba a seguirlo y sujetar a su mellizo.

Aquel día, pese a tener sólo 6 años cuando tuvo lugar, había quedado guardado en su mente. Se había levantado a la hora acostumbrada pero se había asombrado al ver a los patos aún en pijama. ¿Acaso su madre no los pensaba llevar al jardín? Cuando se dirigió a su habitación, ella estaba aún estaba acostada. Se extraño, pero cuando la oyó hablar tuvo sentido: estaba muy enferma. Aún así se levantó para prender la vieja estufa para calentar la casa, para que los patos pudieran jugar tranquilos. El pequeño Camus hizo el desayuno y alimentó a sus hermanos. Para su madre, el niño era un ángel caído del cielo. Camus se vistió y se marchó al colegio. Era un niño aplicado y considerado un genio, y por eso mismo tenía una beca en un buen colegio pese a su pobreza; pero para mantenerla debía estudiar y sacarse buenas calificaciones. No recordaba ya si había sido a las doce o a la una, pero ¿importaba la hora?, cuando lo llamaron a dirección: un terrible incendio estaba consumiendo el pequeño departamento que arrendaban. Su corazón se detuvo y un sudor frío le perló la piel, como si se congelara todo de pronto. Solo recordaba cómo había corrido y corrido, y que cuando llegó, los bomberos sacaban un cuerpo calcinado. Un cuerpo grande y negro, pero Camus sabía bien de quién era: él único adulto allí, Natasha. Escuchó a los hombres decir algo de la estufa a la dueña del inmueble, quien no cesaba de reclamar. Camus volvió a correr, perdido, sin saber donde ir, sin tener a nadie... hasta que se desmayó.

Una caricia en su rostro fue lo que lo despertó y al hacerlo vio a un chico mayor, brillantes y extraños ojos amatistas, un rostro amable y dulce. Una pregunta sobre su nombre y familia hicieron a Camus llorar. Luego sintió un par de brazos rodearle y un extraño olor a orégano. Luego aprendería que Shion siempre olía a eso. Shion se convirtió en su hermano mayor junto a Kanon, Saga y Mu. Otra caricia en su rostro y sonrió. Seguro Shion estaba haciéndole mimos... Espera. Ahora recordaba. Se habían levantado e ido a comer. En un derroche de dinero se habían permitido comprar arroz, huevos y unas naranjas. ¿Hacía cuánto que no se permitían ese lujo? Hasta aquel momento la sopa de cebolla, la sopa de pan y la sopa de zapallo se habían convertido en la especialidad de su hermano mayor. Recordaba que su estómago había quedado satisfecho como hacía mucho no lo hacía. Podía oír las risas de los gemelos, quienes se divertían molestando a Shion, podía sentir su beso de despedida. Recordaba los gritos.

Recordaba… Ese dolor en su entrada no podía ser su hermano, esas palabras obscenas y aquella lengua recorriendo su mejilla no era la de Shion. No era su voz. Era Arles, Arles embistiendo una y otra vez dentro de su pequeño cuerpo. Dolía. Su infantil mente solo pensaba "¿Alguien puede detener este dolor? ¿Por qué me estás rompiendo? ¿Por qué nadie me ayuda?". Su boca profanada por aquella lengua que algo busca, pero que Camus no podía entender. Al fin podía respirar, pero una mano de su captor jalaba su cabello mientras gemía más rápido.

Un grito gutural y llenó la entrada de Camus con su semen. Vacío. Sentía que no valía nada. Cuando lo levantó y lo arrojó al suelo, quedó tirado desnudo y herido. No entendía los gritos de Arles. Solo se preguntaba: ¿Shion, dónde estás? ¿Cúanto tiempo estuvo en aquella posición?, no lo recordaba. Sólo recordaba cómo Mu lo ayudaba a levantarse y Arles le entregaba una mísera ropa que mostraba todo.

Recordó cuando salió la primera vez a venderse. Tuvo un cliente que pagó mucho por un rato. Un sujeto gordo y viejo que le susurraba palabras de amor y le forzaba a decirle abuelito. ¿Con qué se encontraría ahora? Salió de su "casa" y se fue a la esquina seguido de Kanon y Saga. Los gemelos intentaban protegerlo, pero su condición de gemelos los hacía tan atrayentes, que casi no duraban parados en la esquina. Al poco rato un auto frenó frente a él. Un sujeto lo llamó. Parecía inofensivo, así que se subió al vehículo sin pensarlo demasiado. Se puso en marcha. Mientras conducía obligó al niño a quitarse sus prendas de abajo, quería ver lo que pagaría.

Las delgadas piernas del niño estaban abiertas. Su rostro mostraba terror y dolor por igual mientras seguía bajando. La palanca de cambios en su interior vibraba cada que el hombre presionaba el acelerador. Se quejaba de dolor. El hombre reía. Sus ojos llenos de lágrimas. Pronto estaba el niño sentado en las piernas de aquel hombre que lo embestía con rudeza y golpeaba sus nalgas. No entendía, ¿Por qué lo estaba castigando? ¿Qué había hecho mal? Sus ojos ya no aguantaron las lagrimas que se derramaban por sus mejillas, pero el hombre no las veía. Lo empujaba contra el volante con cada embestida. Gemía cada vez más rápido y fuerte. El toque a su pequeño miembro. ¿Qué hacía? ¡No lo toques! ¡Es mío! Dolía ser jalado de esa manera. ¿Qué hacía Shion con eso? A sus 9 años no sabía nada. Solo que dolía mucho, un nuevo gemido y su trasero mojado. Palabras de amor en su oído eran susurradas.

—Te amo tanto, mi precioso niño —le susurraba lamiendo su oído. Palabras aludiendo a su precioso y apretado trasero y a su jugosa entrada que Camus no entendía. La noche apenas comenzaba y Camus solo deseaba que terminase pronto…

YaoiLover: gracias por tu rr. bueno, ya vez que cada vez se irá poniendo peor la cosa hasta llegar al climax. Igual tiene final feliz xD

Remrocky: Aún falta por vivir xD gracias por tu rr.