Disclaimer: Inazuma Eleven, ni Inazuma Eleven Go son de mi propiedad, pertenecen a Level-5 por supuesto.


Capitulo 2: Rechazado.

Del chico persistente y rechazado, Collin y el comienzo de su aventura.

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Tiempo actual: Tres años después de lo último sucedido.

—¿Su nombre? —interrogó una mujer de aspecto serio, aburrido y, sobretodo, carente de emociones, en medio de un tono rígido.

—Oh —exclamó el chico con fingida sorpresa, para luego sonreír burlonamente. —¡Vamos, Hitomiko-san! No necesitamos montarnos la misma escena luego de 23 veces...

—¿Su nombre? —repitió sin cambiar su tono de voz: monótono y frío.

El chico alzo una ceja y, mostrándose un poco hastiado, volvió a sonreír forzosamente — ¿No recuerda mi nombre, Hitomiko-san? No debería de sorprenderse, a su edad se vuelve difícil recordar cosas... —La sonrisa en su cara, tras estas palabras, era de completa malicia...

La mujer le miró, deformando ligeramente su rostro inexpresivo con un fruncimiento entre sus cejas. Luego volviéndo su vista a los papeles.

—¿Su nombre?

El chico rodó los ojos mientras su boca se torcía en una mueca. Masculló una maldicion y después se puso firme, imitando a la perfección el mutismo de aquella mujer. —Kariya Masaki —posicion que no le duró más que unos segundos, antes de que una sonrisa burlona se le colara en el rostro...

Hitomiko lo ignoró por completo.

Masaki se rindió finalmente. Era claro que no lograría hacer cambiar de expresión a esa mujer. Lo más "notorio" que había conseguido a la fecha, había sido su medio fruncido ceño.

Aquello se había vuelto un pasatiempo inevitable, cuando, a su sexta ida, se había dado cuenta de que Hitomiko parecía fotografía. Más que un "pasatiempo", era como una extraña meta que le ayudaba a relajarse.

Las veces que había ido ahí, superaban a las de cualquiera con su edad y, todavía, le era denegado el acceso. ¿Por qué? Si hasta ese bastardo conejo había conseguido su lugar incluso sin haber hecho su solicitud más de tres veces...

—Rechazado.

Se quedó congelado. —¿Re… Rechazado?

—Rechazado —repitió la mujer, quien levanto por un segundo su mirada, mirando con lastima al chico.

Y, entonces, Masaki sintió como el mundo se le vino abajo, de nuevo, rechazado de golpe… terriblemente frustrado, se dio media vuelta lentamente hasta salir del lugar.

—Rechazado —se repitió a si mismo incrédulo de nuevo, con la mirada perdida en algún punto de la acera fuera de la oficina de informes —rechazado… au —en ese mismo momento chocó con un poste que no había notado.

Retrocedió de inmediato, volteando a todas partes esperando que nadie le hubiese visto, pero, para su suerte, la cosa no pasó tan inadvertida como hubiera deseado...

Escuchó las risas de la gente que pasaba por ahí, la mayoría de ellos gente como soldados, cabos, comandantes y tenientes que venían a consultar resultados de sus exámenes, al igual que él, y alguna que otra persona de la zona.

Ya lo reconocían, mas no por algo de lo que estuviese orgulloso, sino por el hecho de ser el muchacho más rechazado para el ejército en menos de tres años.

—¡Cállense! —gritó enfadado. Sin embargo, ninguno de ellos le hizo caso; es más, hasta creyó que sus risas aumentaron en volumen y cantidad...

—¿Qué sucede? ¿La pequeña libélula no pudo lograr como por milésima vez unirse al ejército?

Kariya apretó los puños e hizo chirriar sus dientes de tan enfadado que estaba, se dio media vuelta y pateó al poste con el que había chocado sin pensarlo bien. Se arrepintió casi al momento, al sentir una horrible punzada de dolor en el empeine.

—¡YA CÁLLENSE!

Las risas continuaban aumentando y sintiéndose cada vez más enojado y por demás acorralado, hizo lo primero que se le vino a la mente…

—¡Eso es! ¡Huye y no vuelvas jamás! —gritó sin una pizca de piedad uno de los capitanes.

Kariya no estaba de humor para enfrentarse directamente.

—¡Guarda silencio, Snork! —escuchó una voz a sus espaldas. Todos se volvieron al oírla, sorprendidos de ver a Hitomiko Kira, por primera vez en mucho tiempo, fuera de la oficina y, más aún, enojada. —Que tu solicitud para ser comandante ha sido rechazada y si no mal recuerdo es la vigésimo quinta vez que la presentas.

El llamado Snork, aquel que se había burlado de Masaki, se ruborizó hasta las orejas al oír aquello, más avergonzado aún de que todo el mundo lo oyera. El resto estuvieron a punto de reventar a carcajadas, sino fuera por la mirada asesina que les mando Hitomiko.

—¡Más les vale que no comiencen a burlarse, que bien podría revelar los resultados de todos ustedes!

Todos tragaron saliva, el aura asesina de la mujer con alas de abeja era realmente escalofriante.

—Bien, ahora: ¡Entren! ¡A lo que vinieron! y para los entrometidos ¡Largo de aquí!

Todos obedecieron y en menos de lo que canta un gallo la calle había sido vaciada completamente.

—¿Por qué lo hiciste?

La mujer se quedó viendo al lugar por donde había desaparecido Kariya volando, intentando hallar una señal del chico. Por un momento, pareció que había ignorado la pregunta...

—Porque quería.

Un aleteo extremadamente rápido se alcanzó a escuchar. —Creía que te fastidiaba.

—Lo hace —respondió la mujer caminando al poste —pero también me divierte.

—Ya…

—¿Collin?

—¿Si, Madame?

—Ve con él.

— …

—Algo me dice que podría ser la última vez que nos veamos en un largo tiempo… —dijo dando media vuelta para dirigirse a paso lento y calmado a la entrada del Centro de Control de Armadas.

El zumbido continuó siguiéndola.

—No te preocupes por mí, creo que le serás más útil a él que a una mujer aburrida que se la pasa encerrada en cuatro paredes la mayor parte de su vida.

El aleteo se siguió oyendo, aunque, esta vez, no parecía ir tras ella. —De acuerdo.

—Ve rápido, antes de que vaya más lejos y… cuídalo.

—Sí, Madame.

El aleteo insistente comenzó a oírse lejano, hasta que hubo un punto en el que no se escuchó.

La mujer, que hasta ahora había permanecido en la puerta de la entrada al local, se volvió a ver el camino por donde dos de sus más preciadas… ¿amistades? ¿personas?... dudaba mucho en considerar a Kariya como una amistad… y de igual forma en considerar a Collin una persona...

—Tengan mucho cuidado —mur,uró en medio de una notoria preocupación. —Collin… Masaki...

Entró a la oficina y, volviendo a mostrarse inmutable, se acomodó los lentes que siempre usaba.

La fila de caballeros, y algunas cuantas damas, esperaban a que entrase.

Nadie notó ni un sólo ápice fuera de lo normal en ella.

Nadie.

...

Kariya Masaki era un chico de pelo azulado verdoso, de un tono apagado o grisáceo. De ojos marrones, tirándole al dorado… mieles. Aunque, antes, tenían un color diferente, un tono más brillante, ahora los tenía un tanto más apagados. También tenía cuatro alas translucidas de libélula saliendo de su espalda. Por lo general, debido a que era muy friolento, usaba un suéter de cuello alto color verde, bajo éste llevaba una simple playera negra de manga corta y que se le ajustaba al cuerpo, también usaba pantalones negros de mezclilla. Pero el detalle más peculiar de su vestimenta eran aquellos goggles que siempre usaba, de borde plateado y lente verdusco, imitando a la perfección los ojos de un insecto, más específicamente, los de una libélula.

Era huérfano y no tenía a nadie que le cuidara, en realidad, a duras penas podía mantenerse en el departamento heredado de sus padres… o bueno, de su madre, antes de que esta muriera y su padre decidiera abandonarle. Por lo general se comportaba como un chico serio y algo sombrío, que tenía sus momentos de bromista (aunque sus bromas eran demasiado pesadas como para que alguien entendiera su sentido del humor). Y era ahí donde entraba su segunda personalidad, una vez terminada su "travesura", le encantaba engañar a las personas, fingiéndose como un niño inocente que no rompería ni un plato, librándose de una merecida reprimenda. Y lo más importante de él era que…

—Estúpidos. Malditos. Bastardos... Ya me las pagaran. Hijos de… —el resto de la oración quedo en un farfullo inaudible.

Repudiaba a las personas. No confiaba, ni confiaría nunca en ellas. Estaba solo. Sólo se tenía a él.

Finalmente, luego de ir pateando el aire sin obtener nada con que desquitarse, se sentó en una de las orillas más altas de un edificio.

—Eres algo hipócrita. Hablando a las espaldas de otros e insultándolos ¿y te preguntas por qué el odio?

—¿Eh?

Masaki se sorprendió al escuchar una voz, no aguda, grave, pero tampoco de tono muy grueso.

Y la voz se rió abiertamente.

Kariya se puso en guardia o, mejor dicho, se enfadó y apretó los puños. Esta vez no iba a huir como hace un rato… al parecer, sólo era una persona.

—¿¡De que te ríes!? —gritó inmediatamente, enfadado. —¡Muéstrate!

Escuchaba aleteos insistentes por todas partes.

Se sentía rodeado, pero de pronto el aleteo se escuchó de una sola dirección, detrás de un contenedor de basura que había en la parte alta de aquel edificio.

—Oh, lo siento, es la costumbre.

Esta vez, la voz no sonó arrogante, como diciendo "yo lo sé todo" sin hacerlo realmente, al igual que hace poco.

Esta vez, sonaba sinceramente arrepentida.

—¡Muéstrate!

—¡Hey! ¡Calma! No hay porqué ser tan agresivo.

Y mientras decía esto, Kariya se iba acercando con paso lento y precavido, alzando el vuelo de vez en cuando.

—No soy agresivo —masculló, mientras se cruzaba de brazos haciendo una mueca. —En todo caso ¿cómo quieres que no me muestre agresivo cuando no sé ni a quién le hablo?

—Ya te dije, es la costumbre… —repitió la voz, sabiendo que Masaki estaba a menos de un par de metros de distancia de él y que, pronto, trataría de verlo. Al final, lo lograría, de todas formas: no tenía muchas opciones de escape.

—¿Costumbre? —se mostró interesado, creía saber dónde estaba.

—Si salgo… más te vale no gritar, ni echarte a volar como mari… quiero decir como libélula.

Masaki frunció el ceño. —¿Eso fue un intento de chiste? —farfulló molesto, volviendo su vista inconscientemente a sus alas y recordando la anterior situación. Cuando se dio cuenta de su propio gesto, se ruborizó, negó con la cabeza y volvió a ver en la dirección donde suponía estaba la voz. —De acuerdo ¡pero ya sal!

—Que conste...

Kariya abrió los ojos con sorpresa al ver ahí, a una pequeña ave (más o menos del tamaño de su cabeza –las aves generalmente eran algo más grandes que las personas, por ello él era pequeño-), de plumaje del mismo color que su cabello, pero de un tono más brillante y alegre.

—... que tú lo pediste.

El ave había salido de atrás de un bote de basura. Estuvo a punto de darle un ataque de pánico y casi al borde de gritar como niña en una película de terror muy mala, pero su orgullo le salvo de hacer el ridículo y lo único que hizo fue retroceder un paso y automáticamente encoger lo mayor posible sus alas, ocultándolas con sus brazos de aquel ser.

—Un… ave.

Tenía su pico de un inconfundible color violeta oscuro y alargado, además en los bordes de sus alas, sus plumas cambiaban a un color rosado igual de alegre que el otro color. El pequeño percibió la nota de pánico, como en cualquiera de las otras voces que haya escuchado al verse descubierto por un humano; aunque la mayoría, salían volando de inmediato...

Suspiró.

El que no hubiera huido ya era un avance.

—Te dije que no iba a huir.

Al parecer, había expresado en lenguaje verbal eso último.

El muchacho aún no abandonaba aquella postura donde trataba de cubrirse a sí mismo, sin embargo, pareciera que ya quería salir de ella...

—No te asustes, soy un ave, sí, pero, no como ustedes piensan siempre antes de huir, soy un simple colibrí… —comenzó a explicarse.

—¿Un colibrí? —le interrumpió entre confundido y sorprendido, dejando de lado su pose defensiva. —¿De esos que se la pasan chupando de flor en flor y siempre parecieran muy nerviosos, ansiosos o apresurados en lo que fuera que hacen?

... El pequeño colibrí le observó sorprendido, dejando caer la parte inferior del pico algo aturdido.

Miró sus alas, que del aleteo tan rápido que tenía, podía confundirse con el de cualquier insecto normal.

—¿De verdad en tan mal concepto me tienen?

Masaki soltó un pequeño resoplo de risa ante eso.

—Sí, pues, ese soy ¿yo...? —siguió, mirándole con ojos que destellaban algo de incomodidad y un tono disgustado. Sacudió la cabeza. —En fin, no lastimaría a ninguno de los de tu raza o a cualquier humano con alas. La verdad es que a mí no me interesa como a mis parientes el mutilar a diestra y siniestra...

Masaki borró su sonrisa y le miró con una ceja alzada, estando alerta.

—Ahora que lo pienso ¿Cómo es que…?

—¿... Sé lo que es un colibrí? —completó la pregunta antes de que terminara. Sonrió, primero con nostalgia, pero de inmediato se encargo de volverla una con aires burlones. —Mi madre era muy esp- —detuvo la pronunciación de aquella palabra en el último minuto, sonrojándose un poco — -rara. Le encantaban las aves… siempre las admiró, y…me hablaba de ellas, tú eras uno de sus favoritos —explicó quedamente. —Hubo un tiempo en el que hasta su admiración por ellas se me contagió, y entonces… murió.

El colibrí sólo le dejo hablar, mirándole con curiosidad, sin nada de malicia. De haberse tratado de algún humano, quizá habría sonreído cálidamente.

—Luego mi padre me dijo que aquello eran delirios de mi madre y que las aves podrían devorarme y- —de pronto notó que estaba hablando más de lo normal. —Pero ¡¿Qué diablos estoy haciendo?! ¿Por qué te estoy contando todo esto? —se escandalizó. Eso no era normal.

¿Hablar él? ¿De sus padres? ¿De cosas tan intimas y personales como si se tratara del clima con alguien desconocido? Peor tantito: ¿¡Con un ave!?

... ¿Tan fuerte se había golpeado con el poste? Tal vez ya se le había atrofiado el cerebro...

—Tranquilo, es mi culpa —una risa salió de su alargado pico y Masaki le miró poniéndose en guardia.

—¿Qué me hiciste?

—Al igual que tu madre, yo también soy "especial" —el muchacho se sonrojó de nuevo al verse descubierto. —No es que admire a los de su raza… o no de aquel modo, simplemente me dan… —se tomó unos momentos para pensar en la palabra correcta que debía usar —… curiosidad.

—¿Curiosidad? —extrañado, le miró con ojos entrecerrados mientras se sentaba al borde de un vertedero de basura que había ahí, la tapa estaba abierta por lo que el desagradable olor de la basura llegaba fácilmente a sus fosas nasales. Aún así, esto no parecía importarle.

—Sí… —volvió a hacer una pausa —pero eso no es lo que me hace especial, dime ¿qué acaso el simple hecho de qué te esté hablando no te sorprende?

Kariya se descolocó repentinamente. —Pues…

—No lo habías pensado ¿cierto? —El chico desvió la mirada al sentirse idiota. Al final bufó y restándole importancia con un encogimiento de hombros dio una cabezada.

—Nunca había conocido a un ave… —se excusó Kariya fingiendo desinterés en el tema.

Orgulloso. El colibrí lo calificó de tal manera de inmediato. —Claro… —de cualquier forma, el colibrí sabía que eso era cierto... Silbó. —No todas las aves hablan como yo y, bueno, ni siquiera he conocido a otra que hable… —movió rápido su cabeza a otro lado y luego regresó a ver a Masaki —pero aún guardo esperanzas... —sus ojos relucieron en un brillo que a Masaki le pareció "bobo". —Lo que sucede es que, de alguna manera, al que podría decirse como mi "dueño" tiende a confiarme todo y es por esto —el colibrí detuvo su aleteo lo suficiente para que sus alas pudieran verse con claridad. Las puntas rosadas se tornaron de un color azul fuerte y brillante, dando la sensación de tener cierto tono morado.

—Tus… ¿alas? —a pesar de estar fascinado con el animal, le miró todavía un poco desconfiado.

—Las plumas de las puntas, en realidad.

—No entiendo… —de pronto, hubo una extraña sacudida en la ciudad. Un conjunto de gritos se escuchó mientras Masaki casi se iba de espaldas en la basura tras él. —¡Maldición! ¿Y eso qué fue? —exclamó cuando consiguió equilibrarse de nuevo en el borde del contenedor.

—No lo… —el colibrí volvió a mover su cabeza de un lado a otro con rapidez, de pronto, dándose cuenta de que la tapa del contenedor de basura se tambaleó, amenazando con caer y sellar su contenido golpe… claro, eso no era malo, pero teniendo en cuenta el lugar en donde estaba sentado Masaki, se alarmó —¡CUIDADO!

Su advertencia llegó demasiado tarde, Kariya no alcanzó más que a verle con el ceño fruncido y, después, todo se puso negro.

—Pero ¿qué…? —fue lo último que alcanzó a decir antes de caer dentro del contenedor de basura. La tapa rebotó y esta vez se cerró.

El colibrí se quedó lívido.

—Oh, eh… —Miró nervioso a todas partes. —¿E... estás bien? —preguntó picoteando en el vertedero, mas no recibió respuesta. Comenzó a preocuparse, pero antes de que pudiera pensar en alguna forma de sacar a Masaki de ahí, escuchó una campana y el sonido de un camión acercándose.

Por reflejo, buscó un lugar donde esconderse cerca de Masaki.

Un hombre con alas de mosca voló hasta el vertedero con un par de manos extensibles siguiéndole, hasta que se detuvo y las manos de metal le imitaron.

Iba silbando una canción de forma distraída. Tomó las manos robóticas y las puso, una a cada lado, en el vertedero. Entonces sobrevoló la gran caja de metal y sacó un pequeño control remoto que tenía una palanquita en el centro. Apretó el botón rojo que tenía la palanca comenzando a moverla.

Luego, simplemente, las manos levantaron el contenedor y lo llevaron hasta el borde del edificio donde una vez estuvo fuera de este, bajó hasta llegar al camión y vació todo su contenido antes de volver a ponerlo en su lugar.

Yeah! My life is perfect! —cantó el hombre mientras se dirigía de vuelta al camión y seguía silbando aquella canción.

El camión arrancó y el colibrí no tuvo más opción que seguirle mientras se escondía hasta en el más mínimo rincón que encontraba.

El basurero hizo otras tres paradas más antes de salir de la ciudad, conduciendo hacia el tiradero de basura del lugar.

La, la, lara, lara, lara, lara, LA —seguía tarareando el hombre que conducía el camión.

Una vez llegó a su destino, giró y echó a andar el camión en reversa. Cuando creyó que ya había avanzado justo lo necesario, jaló una palanca especialmente diseñada para esos camiones. La parte trasera de éste se inclinó lo suficiente para dejar caer, en una rampa en diagonal, todo el contenido.

Tras vaciar todo su contenido, el vehículo volvió a su posición original y finalmente se alejó del vertedero de la ciudad.

—¿Dónde está? —se preguntó el colibrí buscándolo por la basura que acababa de ser tirada. Con todas sus fuerzas empujó una bolsa rebosante de desechos, la cual, debido a la forma en que había quedado la demás basura, se fue rodando colina abajo hasta que chocó con algo más, que también salió rodando, hasta que chocó con otra cosa y así sucesivamente hasta que de pronto, de entre la basura, salió el cuerpo del muchacho.

Kariya no se detuvo como las otras cosas, su cuerpo, siguió rodando hasta que llego a un riachuelo que cruzaba por entre las montañas de basura. Gracias al cielo, un tablón de madera pasaba justo en el momento en que el muchacho (ajeno a aquella situación) cayó en él.

El colibrí estuvo a punto de gritar, pero al ver a un extraño humano vago con unas alas de mosca descuidadas, hurgando entre la basura por ahí, lo ahogó a tiempo. Y viendo como la corriente del río seguía arrastrando el cuerpo de Masaki, voló por encima de éste, velando la inconsciencia del muchacho.

Después de todo, pareciera que Hitomiko tenía razón. Ese riachuelo pronto se convirtió en un río ancho y grande que seguía su curso por donde quiera que fuese y, el chico, aún estaba noqueado. Pareciera que no tuviese final… lo mejor sería cuidarlo durante el viaje.

Suspiró.

—Creo que… extrañaré mi antigua vida.

Sabía, que al lado de aquel chico, su vida tomaría un curso diferente… uno muy aventurado, lleno de remolinos y torceduras extremas…

Volvió a suspirar.

—Espero que esto valga la pena.


Collin es mío. Es un OC de mi invención. Se preguntaran: ¿Por qué el colibrí se llama Collin?

Bueno, he aquí la historia del nombre de Collin...

Pensé: si yo fuera un colibrí ¿cómo me llamaría? A los 5 segundos me respondí: ¡Collin! Collin es un bonito nombre para un colibrí.

Y por eso terminó llamándose Collin -dice con la mirada perdida en el infinito, como si se tratara de una muuuuy larga historia.

¡Ja, ja! Como se vendrá haciendo costumbre, les dejo los links de las alas de los siguientes personajes. Nota, recuerden borrar los espacios:

Hitomiko Kira: us . 123rf 400wm / 400 / 400 / peterwaters / peterwaters1102 / peterwaters110200020 / 8816949 - abeja - carpintero - verde - metalico - xylocopa - lestis - australia - abeja - nativa - envergadura - 20 - mm . jpg

Kariya Masaki, a pesar de que la imagen esta ya aquí hay otra: us . 123 rf 400wm / 400 / 400 / sqback / sqback1009 / sqback100900002 / 7801576 - alas - de - libelula - aislados - en - blanco . jpg

Y aquí un colibrí para que se den una idea de Collin: multimedia . inbio . ac . cr / m3sINBio / getImage?size = big&id = 47462

Nos estamos leyendo.

Blue.