Holaaa mis queridos fanfictioners!
Recuerdan esta historia salida de mi retorcida mente psicopata tiempo atras? Bueno prometí que sacaría el resto ya que mucho no estuvieron conformes con el final. Bueno se me ocurrio esto y espero que esta vez dejarlos impactados. Lo decidí luego de los cinco reviews que recibi. Estoy muy agradecida con los que me comentaron y me hicieron recapacitar xD.
PSDT: Este capitulo contiene escenas violentas y gore (sangre) Si no les gusta mejor ni lean xD
Aqui les va!
Capitulo #2: El enigma sangriento
Los meses pasaron entre risas y juegos de las dos hermanas por las noches. Elsa salía desde el atardecer hasta que la luna estuviera en su punto más alto para poder ver a su querida hermana. Muchas veces su fiel compañero Hans la acompañaba para asegurarse de que no le ocurriera nada pero luego le tomó confianza y permitió que vaya sola en secreto.
Ningún otro cazador sabía de la interacción de Elsa con un vampiro, solo Hans lo sabía. Tampoco los aldeanos lo sabían ya que asesinarían a Anna por cometer tabú.
Anna ahora la líder de su clan de vampiros, se las arreglaba para escapar del clan y escabullirse hasta el reino. Tenía muchas responsabilidades como líder y se había vuelto una persona altanera pero al mismo tiempo divertida.
También su deseo de sangre había aumentado. En severas ocasiones Anna deseó morder a Elsa y beber de su sangre pero debía mantener su promesa con Hans de no herir absolutamente a nadie, incluyendo a Elsa. Esa era la razón de que ella antes de visitar a su hermana, iba al bosque por una ración de sangre animal para calmar su sed.
Elsa había cambiado de personalidad. Ya no era tan fría ni seria, ahora era una persona amable, generosa y valiente.
Hans designó a Elsa como la siguiente al mando de los cazadores. Osea si el algún día renunciaba o moría ella tomaría el cargo de líder. Muchos cazadores no estaban acordes con la decisión del pelirrojo, estaban celosos del potencial de Elsa.
Una noche sin luna ni estrellas, Elsa esperó a su hermana en las afueras del reino, en el gran pino donde se enfrentaron con Shadow hace tiempo atrás. El tiempo pasó de manera lenta y la cazadora se extrañó al no verla. Pasaron las horas en medio de su desesperación y preocupación. La joven pensó que algo de seguro le había ocurrido. Volvió al pueblo para tomar su sable y dirigirse a los establos para tomar su caballo blanco llamado Blizzard. Rápidamente ensilló a su caballo y se subió en él para partir con dirección al bosque.
El bosque tenía una fachada oscura y tétrica. Aullidos y gruñidos se oían entre las penumbras. Blizzard se hallaba nervioso entre este tumulto. La cazadora desenvainó su sable y se preparó para un posible ataque. Los gruñidos cambiaron por unos gritos de dolor y lloriqueos de los lobos. Estos salieron de los arbustos corriendo despavoridos de una criatura mucho más poderosa.
Elsa vio a los lobos escapar y se preparó a atacar. Un bufido alertó a la joven y asustó a su caballo. De entre las sombras, manchas negras en un pelaje color grisáceo se divisaban entre los arbustos. Un par de ojos brillantes verde amarillos la miraban con recelo. Un lince boreal.
El animal escupió mostrando sus amenazantes colmillos a la joven. Blizzard asustado, se encabritó lanzando al piso a Elsa y a todas sus cosas mientras huía despavorido en dirección desconocida. La joven se limpió la nieve de encima y alzó su espada en frente del lince. El animal caminó alrededor de ella lentamente sin dejar de mostrar sus dientes, preparado para matar.
Elsa lo miraba desafiante y blandió su espada sobre su cabeza. Al hacerlo el lince se sintió amenazado y saltó sobre la joven haciendo que soltara su sable. El animal la observaba y se acercó peligroso a su cuello. Sus garras se enterraban en el cuerpo de la joven haciéndola gritar de dolor. Logró tomar su daga de su cinturón y la clavó en la pata del lince haciéndolo gruñir. Retrocedió de dolor y Elsa desenterró el arma de su carne. El animal trató de huir de ella cojeando pero cayó en la nieve debilitado. Miraba algo entre el follaje y emitía unos sonidos de dolor. Elsa giró y vio al animal malherido y moribundo. Se sintió culpable por su acción y volteó para no ver la escena.
Una especie de maullidos llamó la atención de la joven. Esta divisó una pequeña bola de pelo color gris que se acercaba al lince. El cachorro se acercó al animal y se acurrucó a su lado. La madre lamió su cabecita y trató de pararse cosa que le fue imposible. El bebe comenzó a llorar al ver a su madre falleciendo frente a sus ojos. Lanzaba gemidos de lástima mientras su mamá lo consolaba.
A Elsa le conmovió tanto la escena que se acercó a los linces y se arrodilló cerca de ellos. La madre mostró sus dientes mientras el pequeño se escondió entre su pelaje. Elsa trataba de calmar a la lince con su mirada. El felino desistió a los minutos permitiendo que Elsa se acercara aún más. Aun así no lo suficiente para que toque a su cachorro.
Elsa buscó entre sus cosas su cantimplora y echó agua sobre la herida del lince. Este gruñó de dolor pero se mostró aliviado. Luego rasgó con su puñal parte de su vestido y con la tela envolvió su pata. El lince observaba atento la acción de la joven que lo atacó que ahora lo ayudaba. El cachorro al ver esto, se acercó cariñoso a la joven y Elsa frotó su suave pelaje. La cría se trepó en su regazo y se acurrucó. La madre logró ponerse de pie y se acercó a Elsa. Frotó su cabeza contra sus manos. Elsa lo acarició como a un gato solo que más grande. Luego ella se alejó de ambos para buscar el camino de regreso al reino. Ella sabía que no era una buena idea quedarse caminando sola por la noche, propensa a recibir los peligros de esta. Lobos, osos, felinos o incluso vampiros podrían atacarla.
El lince se cruzó en su camino. Tenía a la cría entre sus dientes. Este la miraba preocupado y caminó hacia los arbustos haciendo señas para que la siguiera. Elsa tomó sus cosas y siguió al animal.
Llegaron hasta un conjunto de árboles al pie de unas rocas. Había una cueva algo grande, lo suficiente para que Elsa entrara, y se acomodaron ahí. Elsa se sentó contra la pared de roca, viendo a la familia de linces. El cachorro se separó de su madre y se acercó a la visitante para acostarse en su regazo. La madre lo siguió y se acurrucó al lado de la joven enrollándose en una bola de pelo denso. Para suerte de Elsa ahora se encontraba segura de los peligros del bosque en una cueva con una fiera y su cachorro.
Ella comprendía que todo lo que dicen o se considera no siempre es verdad. Muchos aldeanos consideran a los linces como animales sin corazón y sanguinarios pero Elsa no lo aprobaba. Lo mismo sucedía con los vampiros. Puede ser que algunos sean monstruos pero Anna no lo era.
-"Anna, ¿En dónde estás?"- se dijo a si misma mientras miraba la parte superior de la cueva suspirando. Rogaba que no haya sucedido nada malo.
Unos rayos de luz entraron por la cueva cegando a la rubia. La madre lince estiró sus largas y poderosas patas y mostró sus garras. La cría seguía profundamente dormida. El animal frotó su cabeza contra la joven despertara totalmente. Esta se desperezó y acarició los pinceles de las orejas del animal, que comenzó a ronronear gustoso.
Elsa cogió cariño de los dos animales y les puso nombres. A la madre la llamó Mara y al pequeño Copito. La lince emitió un sonido de alegría al agradarle el nombre y salió de la cueva. Su pata se hallaba mejor y podía ponerse en pie sin problemas. Copito se levantó al sentir el ligero movimiento de Elsa. Corrió hasta su madre y jugaba con su cola. Era tan gracioso, que Elsa soltó una risita.
Luego los tres salieron de la cueva. Copito trepó al lomo de su madre mientras jugaba con su pelaje y mordía sus orejas. Mara se despidió de Elsa frotando su cabeza de nuevo ronroneando y desapareció entre los arbustos…
Elsa caminó hasta el reino que se hallaba a unos kilómetros de ese lugar. Al llegar se encontró con Hans desesperado.
-"¡Elsa! ¡¿Dónde estabas?! ¡No sabes cuánto me preocupe por ti!"- gritó eufórico Hans.
-"Tranquilo Hans. Solo me perdí en el bosque eso es todo"-.
-"Tienes suerte de regresar en una sola pieza. Pero, estás herida. ¿Qué te sucedió?"-.
-"Debo agradecer a unos linces de estar viva"-.
-"¿Linces? Pero ellos son despiadados asesinos."-.
-"No lo son. Una madre lince me permitió quedarse en su cueva luego de curar sus heridas que fueron resultado de una pelea con lobos y… también de mi"-. Bajó la voz apenada por lo que había hecho a la lince. –"Aun así, ella me ayudó. La naturaleza puede ser cruel pero al mismo tiempo puede ser maravillosa".
Hans quedó pensativo ante las palabras de la joven. Conmovido, rodeó a Elsa con sus brazos y la apretó contra su cuerpo. Esta estaba totalmente paralizada por su acción. Le incomodaba tener a su mentor y jefe tan preocupado por ella. Se separó de él bruscamente y lo miró con cara de confundida.
-"¿Qué fue eso?"- preguntó la cazadora.
Hans se dio cuenta de lo que había hecho y se disculpó con su aprendiz. –"Lo lamento, no quería hacerte sentir incomoda. Es que me preocupe al no saber de mi más brillante aprendiz"-.
Elsa abrió los ojos y recordó a su hermana. –"Hans, ¿Qué hay de Anna? ¿Ella no ha vuelto a Arendelle?-.
-"No Elsa, Anna no ha vuelto. No encontramos ni rastros de ella"-.
-"Pero…. Ella prometió venir todas las noches a visitarme"-.
-"Recuerda que ella es la líder del clan de vampiros, luego de que mataran al anterior. De seguro ella se encuentra muy ocupada ahora"-.
Elsa lo meditó por unos momentos y le dio la razón a su compañero. –"Si tal vez tengas razón, Hans. Gracias por no permitirme entrar en una crisis nerviosa"-.
Hans rió ante el comentario de la joven. Todo fue interrumpido por un sonoro grito de una joven en problemas….
Los cazadores tocaron sus cuernos para advertir a la población de que había un vampiro infiltrado entre la población. Hans desenvainó su espada y Elsa preparó sus flechas envenenadas, listos para atacar.
Algunos cazadores huían de una bestia que se aproximaba de entre las sombras. Elsa apretó los dientes y apuntó a la criatura. Sus dedos lentamente dejaron de rozar la parte posterior del proyectil, disparando contra el monstruo. Sin embargo una ráfaga de viento empujó a ambos cazadores hacia atrás. Hans soltó su espada y Elsa se lastimó las rodillas. El pelirrojo se levantó adolorido y ayudó a su compañera que tenía una ligera línea de sangre que emanaba de su labio inferior. Elsa estaba demasiado enojada con la criatura y no se controló. De sus manos emanaron bolas de hielo sólido y se las lanzó a la criatura que se movía rápido por los techos. Esquivó sin problemas los proyectiles congelados y se elevó en el cielo. Batió sus enormes y negras alas y voló en dirección a los cazadores con las garras al frente.
Elsa y Hans rodaron por el suelo esquivando su ataque y divisaron al monstruo mucho mejor a la luz de un farol. Era una criatura humanoide totalmente negra con ojos rojos cual carbón encendido, tenía unas manos de sombras con garras y filosos colmillos blancos. Sus alas de murciélago eran casi del doble de su tamaño. Era un vampiro convertido en bestia.
El monstruo emitió un alarido espeluznante y ensordecedor. Los cazadores se cubrieron los oídos y gritaban desesperados. Elsa cayó al piso sobre sus rodillas y se cubrió los oídos que le lastimaban. La criatura miró a la joven con una sonrisa malvada de colmillos afilados y se lanzó contra ella. Hans interrumpió el golpe con su espada. La hoja plateada cruzó e impactó el hombro de la criatura, desgarrando y cortando sus músculos en dos. El monstruo gritó en agonía frente al golpe y de un salto se perdió entre las sombras…
La sangre desparramada por el piso mareaba a los dos jóvenes. Elsa se incorporó apoyándose en Hans. El joven limpió su espada cubierta de sangre con un pañuelo blanco que sacó de su chamarra. Miraba con repulsión el líquido negro espeso del vampiro. No era como la sangre humana. La sangre de los vampiros era dependiendo de cómo era su maldad, si era de color rojo oscuro era un vampiro no muy violento y dócil. En cambio, si era de color oscuro casi negro, totalmente espesa significaría que el vampiro que la posee es uno extremadamente peligroso y que no sabe controlar su sed de sangre. Un vampiro que obligatoriamente los cazadores debían eliminar si no querían poner en riesgo las vidas de los aldeanos de Arendelle.
Los cuernos volvieron a tocarse y se escucharon gritos provenientes de la plaza principal del reino. Hans chifló y llamó a su fiel corcel. Le tendió la mano a su compañera para que se subiese. Esta le respondió con una mirada fría e inexpresiva. Sin decir nada, dio un salto a los techos y corrió por ellos en busca de ese peligroso vampiro.
Puede que Elsa haya aceptado que su hermana sea un chupasangre pero aún conservaba su odio hacia ellos por sus padres y por el mismo hecho de causar que su vida sea un infierno. Durante sus entrenamientos había visto las horribles marcas que esas criaturas habían dejado plasmadas en Arendelle. Todas las muertes que habían causado solo para satisfacer ese oscuro deseo de matar para obtener ese preciado líquido: sangre.
Elsa saltaba de techo en techo con toda la agilidad de una vampiresa. Corría veloz y se la confundía entre las sombras. Se aproximaba al centro de Arendelle y escuchó gritos y gruñidos que provenían de ahí. Llegó y se encontró con una escena salida de una película de terror.
Cadáveres esparcidos por todo el lugar: mujeres, hombres y niños con la piel desgarrada y algunos sin piel. Muchos miembros arrancados con los músculos y nervios aun visibles. Cabezas rodaban por los suelos. Cazadores muertos con la carne abierta y despojados de sus entrañas. Y por supuesto, un mar de sangre que cubría toda la plaza que antes era de un color tierra.
Elsa tenía ganas de vomitar. Nadie en el reino hubiera sido capaz de predecir lo que sucedería. Elsa retrocedió. Esta era la primera vez que sentía temor a los vampiros. Nunca se imaginó lo que un vampiro sediento en serio fuera capaz…
Hans llegó cabalgando a la plaza. Un pelotón de su ejército lo seguía. Su rostro cambió de serio a uno lleno de terror al ver la numerosa cantidad de cazadores y aldeanos muertos esparcidos por los suelos. Miró a sus camaradas que observaban aterrados la escena.
Hans bajó de su caballo y buscó alguna pista del vampiro que los atacó. Caminó entre los cadáveres sin tratar de pisar. El lugar tenía un silencio sepulcral. Se fijó en los cazadores muertos. Todos sus órganos estaban intactos, solo hacía falta el principal: el corazón.
Miró a su alrededor y volvió a montarse en su corcel caoba. Miró hacia arriba y vio la silueta de la joven de cabello rubio platino que desaparecía entre las sombras. Hans volteó el rostro triste que poseía por la joven y lo cambió por uno serio y autoritario a sus compañeros.
-"Desháganse de los cuerpos, pueden estar infectados con sangre de vampiro. No queremos que hayan polisones en el reino"- dijo autoritario a los jefes del pelotón.
-"Pero señor, ¿Qué hay con las familias? ¿Pedirán los cadáveres de sus relativos para enterrarlos de manera segura?"- respondió el jefe de gran bigote.
-"Los pobladores de Arendelle saben el riesgo que lleva el reino desde generaciones atrás. Lo aceptarán. No se preocupen. Hagan lo que les ordené. ¡Ahora!"-.
El jefe se quedó atónito ante la forma de hablar del líder de los cazadores. Sus ojos presentaban ira y dolor pero al mismo tiempo angustia y disconformidad. Sin decir nada obedecieron las órdenes de su superior que se dirigió al castillo a buscar a la joven cazadora.
Elsa corría desesperada por los techos sin rumbo alguno. Solo deseaba alejarse de ese lugar infernal. No muchos lo sabían, todo el mundo creía que ella era una persona fría y sin sentimientos. Que mataba sin rencor a los vampiros y actuaba por instinto o por órdenes de sus superiores. Eso no era así. Elsa también tenía su lado sensible, amable y bondadoso. A veces los vampiros le causaban algo de pánico al recordar todas sus malas experiencias cercanas a la muerte que ellos le causaban. Esta escena era la gota que derramó el vaso. Elsa sentía que su cordura se desvanecía. El miedo la dominaba y no podía controlarse.
Mientras saltaba de un techo a otro, pisó mal y rodó por las tejas de este causando que unas le cortaran la piel, dejando pequeñas heridas sangrantes en ella. Cayó al suelo entre tejas y polvo. Tosió y quitó esa nube de tierra de su visión. Observó el oscuro callejón lleno de pilas de heno y barriles en donde se encontraba. Ella se paró con dificultad y limpió su vestimenta. Escuchó ligeros susurros y lloriqueos al final del lugar. Se acercó lentamente y sintió una presencia oculta tras unas pilas de heno. Elsa los removió y vio a un niño pequeño contra la pared, con la cabeza entre sus rodillas, sollozando y lamentándose de algo desconocido.
Elsa de inmediato se conmovió del pequeño. Se acercó a él y le tendió su mano. –"Hola pequeño, ¿estás perdido? Yo puedo ayudarte a encontrar a tu mama"-.
El niño levantó su rostro y observó a la joven que le tendía su mano amigablemente. Recogió un poco su cuerpo y se negó.
-"Vamos, no seas tímido. Yo puedo llevarte con ella"- volvió a decir Elsa con una cálida sonrisa en sus labios.
El pequeño la miró de nuevo y extendió su mano lentamente para agarrar la de ella. Elsa se acercó más al niño. De repente la mano de él se transformó en una garra y agarró la mano de la joven con una fuerza sobrehumana. Elsa forcejeó para que la soltase pero el niño clavó sus garras en su mano, haciéndola gritar de dolor. Las facciones del niño cambiaron, sus colmillos se alargaron y sus ojos se volvieron totalmente rojos. Elsa observó con horror como el engendro clavaba sus dientes en su mano y bebía su sangre. Esta simplemente lo pateó en el estómago zafándose de su agarre. Sacó su sable y enfrentó al vampiro. Le entristecía que un pobre niño tuviera que afrontar ese horrible destino. Tanto que no sabía cómo defenderse de él. Su memoria había sido borrada.
Estaba tan débil por sus heridas que no podía manejar muy bien la espada. El vampiro, con un movimiento rápido, logró arrebatarle el arma a la cazadora y la lanzó lejos de ella. Elsa cayó sobre el piso rendida. El vampiro sonrió victorioso y se acercó a reclamar su premio con los colmillos a simple vista. El vampiro, ya sobre la rubia, le arrancó el cinturón, despojándola de cualquier forma de defenderse. Elsa evitaba los colmillos del monstruo que trataba de encajarlos en su cuello. El monstruo en vez de eso, sacó sus garras y de un zarpazo logró rasgar la piel del hombro de la joven. Sonrió contento al ver a su presa acorralada. Elsa trató de usar sus poderes de hielo pero el vampiro colocó sus brazos sobre su cabeza incapaz de lanzar un mísero rayo congelado.
Elsa sintió que era su fin, iba a morir en las garras de un vampiro. ¿Que irónico no? Ya no podría ver a sus compañeros cazadores o ver a su querida hermana menor. Nunca más. Ese es un tiempo muy largo. Elsa respiró agitada cuando sintió los filosos colmillos del vampiro encajándose en su piel. Había presenciado la alimentación de un vampiro, su hermana había bebido de su sangre antes pero nada se comparaba al dolor que sentía ahora. Pidió auxilio varias veces, implorando que alguien la lograra escuchar y detener a ese sucio monstruo que la tenía cautiva. Un dolor agudo recorría toda su espina dorsal, y sentía su sangre arder por todo su cuerpo. Lentamente se sintió cada vez más y más débil. Los latidos de su corazón comenzaron a descender. Su respiración se fue tornando cada vez más brusca y repetida. Sentía que eran los últimos momentos de vida que tenía. Cerró los ojos y esperó morir….
Sin embargo un sonido metálico y un grito ahogado de dolor le hicieron recobrar fuerzas. Ya no sentía los colmillos de la criatura insertados en su cuello. Abrió los ojos para encontrarse con el vampiro siendo atravesado en el corazón por tres puntas de metal. Emitía gritos y se movía desesperado tratando de escapar. El hombre que sostenía el mango del tridente agarró mi cinturón y tomó mi daga de metal anti-vampiros para rajarle la garganta al niño vampiro, quien desapareció entre un gruñido de agonía, volviéndose un nube de polvo.
Sangre color negro estaba esparcida por todo el piso y en el cuerpo de Elsa, que se combinaba con el color carmesí de la suya en su ropa. El hombre tiró el tridente al piso y se acercó a la joven herida. La cazadora no resistió más y se desmayó. No sin antes ver el cabello rubio del joven desconocido…
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Hans buscaba desesperado a su joven aprendiz sin lograr su objetivo. Preguntaba por todas partes, a sus compañeros, a la gente que pasaba pero nada. Seguía sin encontrarla. Varios cazadores lo interceptaron diciendo que tendrían una reunión acerca de lo sucedido. Hans no podía faltar a esa reunión, no importara cuan preocupado este por Elsa.
Siguió a sus compañeros hasta una la cabaña principal de los cazadores que usaban como lugar de reuniones, planeamiento de ataques, formas de defensa frente a los vampiros, etc. Hans entró al lugar frente a las miradas de sus compañeros que hicieron honores ante el más fuerte y valiente de todos. El pelirrojo se mostró serio por fuera aunque por dentro gritaba por saber dónde se encontraba su compañera. El más anciano de todos hizo callar a todos los presentes, que susurraban acerca de lo sucedido, y se dispuso a hablar:
-"Escúchenme, fieles y valientes guerreros. Este día ha ocurrido una tragedia terrible. Un vampiro se ha infiltrado en el reino y desató una catástrofe en un abrir y cerrar de ojos, avivando el terror entre los pueblerinos. Nosotros como cazadores debemos averiguar la identidad de este vampiro y asesinarlo lo más rápido posible, si no queremos que ocurra otra tragedia como esta…"-.
-"Pero, mi señor este vampiro no es normal. Se han presentado ataques antes pero ninguno con la tal magnitud como el de hoy"- declaró un joven soldado asustado.
-"Es cierto, mucho de los cadáveres estaban despellejados y otros desmembrados en partes. Inclusive algunos habían sido abiertos como ganado y no poseían corazón"- dijo otro revisando su ábaco.
Los superiores se miraron entre ellos y se dieron cuenta del verdadero problema. Muchos de los cazadores temían enfrentarse a una bestia tan sanguinaria como esta. El anciano sabio decretó:
-"Puede ser que este vampiro sea un anormal. Un vampiro recién transformado sediento de sangre y con ganas de matar a cualquiera que se le cruce en su camino pero debemos acabar con él antes de que sea la luna de sangre, o nos tenemos que despedir de todo lo que amamos. Un vampiro violento como este puede acabar con toda la población de Arendelle en una luna de sangre. Debemos proteger a nuestros hermanos. A nuestra sangre. No podemos dejar que este demonio termine con nosotros así nomas. Debemos mostrarle que nosotros tal vez no seamos tan fuertes como ellos pero aun así tenemos fe. ¡Mataremos a cualquier vampiro que se digne a aparecer en Arendelle! ¡¿Quedó claro?!"- gritó el anciano cazador.
-"¡SIIIIII!"- gritaron todos los cazadores al unísono.
Hans observaba desde un rincón a sus compañeros con los nervios de punta, aparentando estar sereno y calmado. El anciano hizo una seña para que se acercase y le susurró al oído –"No permitas que ningún vampiro ingrese a Arendelle"-. Hans afirmó moviendo la cabeza y se alejó del hombre.
-"Muy bien pueden volver a sus lugares, cazadores ¡Doy por terminada esta reunión!"- gritó el anciano mientras todos salían de esa caña y volvían a sus lugares designados de vigilancia.
A penas el anciano pronunció esas palabras, Hans salió corriendo del lugar a seguir buscando a Elsa. Gritó su nombre repetidamente pero no hubo respuesta. Luego dirigió su mirada a un grupo de cazadores que se hallaban amontonados sobre algo. Hans predijo que algo andaba mal y corrió hacia allá. Hizo a un lado a sus compañeros para encontrar a un joven campesino con Elsa malherida en sus brazos. Enseguida posó su visión en los dos orificios ensangrentados presentes en su cuello. Hans actuó por instinto y colocó su espada en la garganta del joven. -¡¿Qué le hiciste a Elsa, monstruo?!"-.
El rubio miró confundido al jefe. –"¡Y-yo no le he hecho nada! ¡No soy un vampiro! La salvé de uno. Este le estaba succionando la sangre y yo lo maté. Luego la traje aquí pensando que ustedes podrían ayudarme"-.
Hans abrió los ojos sorprendido. –"¡Para que pueda creerte tengo que verlo con mis propios ojos! ¡Deja a la joven en el suelo y párate al frente de mí!"- ordenó.
-"¡Tienen que ayudarla! ¡Se está muriendo!"- gritó el joven.
Hans estaba tan cegado por el miedo y la angustia que no se había dado cuenta del verdadero problema. Guardó su espada, agarró a la joven de los brazos del rubio y corrió lo más rápido que pudo hacia la cabaña del doctor del reino.
El galeno se sorprendió ante el estado de Elsa y la internó rápidamente. Hans quedó afuera en duda, implorando que ella estuviera bien y se recuperaría de sus heridas.
El rubio se retiró del lugar al ver que todo lo tenían bajo control. Caminó por las calles del pueblo sin rumbo alguno pateando pequeñas rocas y guijarros sin razón. Sintió que alguien lo observaba desde los techos. Miró hacia arriba pero no había nada. Se alzó de hombros y se desvaneció entre la muchedumbre.
Mientras tanto Hans mordía sus uñas desesperado por el estado de Elsa. El médico salió por fin luego de unos minutos para darle la noticia al jefe de los cazadores. –"Ella estará bien, sus heridas están sanando rápido. Lo único es que ella necesita descansar ya que perdió una gran cantidad de sangre. No tiene de que preocuparse"-.
-"¿Puedo verla?"-.
-"Si claro, pase"-.
Hans siguió al doctor por la cabaña llena de enfermos y heridos, algunos de gravedad. Avanzaron hasta casi el final de los pasillos y entraron a una habitación donde estaba Elsa sobre una cama, con vendas por todo su cuerpo, durmiendo plácidamente. El pelirrojo se acercó a ella y acarició su suave cabellera rubio platino. El doctor salió de la habitación para darles más privacidad, además necesitaba atender a más pacientes.
Elsa reaccionó ante el ligero toque de la mano de Hans y entreabrió los ojos. El cazador se emocionó al ver los bellos orbes azul hielo de Elsa y la abrazó. Elsa sintió un ligero calor subir por sus mejillas ante el acto de su maestro. –"Maestro, otra vez me está incomodando"-.
-"L-lo lamento de nuevo, es que de nuevo me hiciste preocupar"- se sonrojó el pelirrojo quedando casi del mismo tono que su cabellera. –"¿Qué fue lo que te pasó?"-.
Elsa se sentó en la cama con una mano en la cabeza. –"No lo recuerdo con exactitud. Lo único que logro recordar es que me resbalé de un techo y caí en un oscuro callejón. Luego escuche unos sollozos provenientes de un niño desconocido. Traté de ayudarlo pero resultó que él era un chupasangre. Me sentí débil. Creí que no podría enfrentarlo, señor. Fui una cobarde. Lo siento Hans, soy una vergüenza para los cazadores"- Elsa comenzó a llorar, ocultando su rostro en sus manos.
Hans sintió pena por Elsa, es la primera vez que ella confiesa su miedo a los vampiros. Acarició la espalda de la joven para tratar de calmarla. –"Tranquila, ya pasó. Lo importante es que estés bien"-.
-"Pero, un cazador no le debe de temer a los vampiros. Debe enfrentarlos con honor y sin miedo"-.
-"Eso no es cierto, todos los cazadores les temen a esas criaturas, yo incluyéndome. No tiene nada de malo el tener miedo. Lo que sí es malo es dejarte vencer por él. Debes vencer tus miedos con coraje y solo así saldrás adelante"-.
Elsa secó sus lágrimas ante las sabias palabras de su mentor y se enderezó para luego salir de la cama. –"¡Elsa! ¡¿Qué crees que haces?! ¡Debes descansar!"- gritó Hans arrastrando a Elsa de nuevo a la cama.
-"Tengo que acabar con los vampiros ¡ahora!"-.
-"¡Elsa! Vencer tus miedos no significa ser imprudente. Estás demasiado débil para luchar. Lo mejor será que descanses hasta que te recuperes totalmente. Mañana podrás volver a tu rutina de vigilancia totalmente recuperada y sin problemas. Quédate en cama ¡Es una orden!"-.
Elsa se sorprendió ante el tono de voz de Hans. Ella bajó la cabeza y obedeció. Él salió de la habitación con carácter autoritario dejando a Elsa con la mirada perdida hacia las sabanas. Después se recostó y se quedó dormida.
Pasado un tiempo ella se despertó ante la luz de la luna, se levantó y caminó a la ventana. Agarró su cinturón de armas que estaba sobre su mesita de noche y se lo amarró a la cintura. Volteó a la puerta y observó que no haya nadie. Luego saltó por la ventana y se escabulló sin hacer ningún ruido que pueda alertar a sus compañeros. Saltó a los techos y se dirigió a las afueras del reino. Estaba desobedeciendo las ordenes de Hans pero ella ya estaba acostumbrada a que la regañasen además se sentía con mucha energía.
Se recostó sobre las tejas polvorientas y respiró el olor a ciprés que causaba cosquilleos en su nariz. Colocó sus manos por detrás de su cabeza y contempló el cielo estrellado. Estrellas de todos los tamaños se hacían presentes ante los ojos de Elsa. Cuando de repente una bella luz cruzó el cielo. La aurora boreal mostraba sus bellos y cautivantes colores dejando corto el brillo de las estrellas. El frío se hacía cada vez más intenso pero obviamente a Elsa no le molestada en absoluto.
Elsa suspiró y pensó en Anna. Su querida hermana, quería contarle acerca del infierno en el que vive Arendelle y de cómo reaccionó su población. Quería escucharla reír de nuevo. Quería ver sus profundos ojos aguamarina. Quería ver esa cálida sonrisa que le brindaba cada vez que la veía. Bueno a veces poseía sus largos caninos pero eso no le molestaba… ¿o sí?
Alzó su vista al bosque. Silencio absoluto… Elsa se entristeció de nuevo. Pensó en los malvados vampiros sedientos de sangre. ¿Y si Anna fue víctima de ellos? Pero si ella es una vampira. Una muy fuerte que digamos. Es absurdo.
Elsa volvió a mirar el cielo de colores y se sumió en sus pensamientos. Sin embargo no se fijó en la sombra que la observaba oculta entre los arboles…
Tadaaaa
Chan chan chan
¿Que sucederá? ¿Quien será el monstruo que atemoriza Arendelle? ¿Podrá Elsa derrotarlo? (Parezco idiota xD)
Que tal eh? Les gusto o no? Dejen sus opiniones plasmados en sus reviews. (es lo que me hace seguir con mi historia) Si quieren que les saque de duda o quieren responder estas tres preguntas comenten. ¡Haganlo es gratis! xD No paro
Debo informarles que subire los capitulos de esta historia lentamente ya que son más largos y elaborados (segun yo xD) Me demoraré en actualizar pero no la abandonaré (¡NUNCA!) es para que no desesperen
Hasta la proxima ;)
Pos psdt: cuidense de los ojos rojos... jejeje
