Esta es la historia de amor de dos personas muy diferentes: Peeta es un irresponsable y rebelde, heredero de una cadena de hoteles, que cruzará caminos con Katniss, una chica alegre y trabajadora. Su relación comenzará con un Peeta tóxico, y para enseñarle una lección, su padre le obligará trabajar en la aldea de Katniss. Y esto, sólo es el principio de una gran historia de amor...
¿Podrá este amor durar... PARA SIEMPRE JAMÁS?
...
PARA SIEMPRE JAMÁS
…
CAPÍTULO 1
"Mal aterrizaje."
...
1 año después
PEETA POV
-Señor... -siento una leve sacudida y me remuevo, no abro los ojos. -Señor, ya está.
Alguien me sacude con más fuerza y me desperezo sorprendido. Es el valet del hotel. Cuando le miro enseguida aparta sus manos de mí y me señala las puertas del hotel. Miro el contador del taxi y rebusco en mi cartera para pagarlo.
Mierda.
-Hmmm... oye tío, ¿tienes setenta pavos por ahí? -le susurro al valet que me mira sorprendido. -Luego te los pago.
Indignado agarra mi mochila y se dirige hacia la entrada sin hacerme caso. El taxista me arquea una ceja y le calmo alzando mis manos.
-¿Le importaría esperar un poco? Si quiere que siga corriendo el contador. -le digo mientras me bajo.
-Pues claro que va a seguir corriendo, hijo. -me advierte. -Anda ve.
-Gracias. Espere.
Corro hacia la recepción donde las dos chicas jóvenes me sonríen sin ningún pudor. Decido no hacer caso al ya tan conocido efecto que tengo con las chicas y me centro en lo importante.
-¿Pueden avisar a Paylor, por favor? -le digo a una de las chicas.
Y como si fuera algo mágico ella aparece tras dos puertas de madera. Cuando me ve y me recorre con la mirada niega con la cabeza. Me peino el pelo con los dedos y me "aliso" la ropa por encima. Sé que no sirve de nada, pero con el tiempo ya se ha convertido en un acto reflejo.
-Buenos días, Paylor. -la saludo y cuando me voy a inclinar para besarla en las mejillas me frena.
-Buenas tardes, Peeta. -suspira. -Dime por favor que te atracaron y por eso no llegaste ayer aquí.
Alzo las cejas y sonrío de lado.
-Si eso es lo que quieres creer. -me encojo de hombros. -Necesito cien pavos.
Ahora es ella la que alza las cejas.
-Es para pagar el taxista que me está esperando en la entrada. -le digo.
Paylor saca un billete de su cartera y salgo corriendo al taxi. Le doy los cien enteros por la molestia y él me lo agradece. Cuando vuelvo, Paylor ya está con la mirada de "me vas a contar ya lo que te ha pasado".
-Entendí mal a mamá. Creí que tenía que llegar hoy y no ayer. -miento.
-Claro que sí, Peeta. -Paylor asiente arrastrándome hacia el ascensor. -Cuando aprenderé que tu madre y tú nunca os entendéis.
Bufo ante su afirmación.
-Además, qué más le da ayer que hoy. Llego a tiempo para su estúpida comida. -murmuro mientras observo como la lucecita va indicando la subida del ascensor.
-Llegas tarde, Peeta. -me reprende Paylor. -Los invitados están llegando y tu abuela no debe de tardar en llegar también.
Me quedo callado y decido no entrar en pleito con Paylor. Para la única persona que me entiende y que se preocupa por mí, no le voy a estropear el día por mis malos pensamientos hacia mis padres.
Me llamo Peeta Mellark, y soy el único nieto de la dueña y fundadora de Mellark Hotels Corp. Mi abuela, Coin, es considerada como una de las personas más importantes en el mundo de la hostelería y somos el dueño de una de las cadenas hoteleras más importantes del país. Mi padre, Haymitch, es su único hijo y heredero, y yo, soy el único hijo de Haymitch por lo que creo que también me convierte en el único heredero... en un futuro.
Bien, he aquí el drama familiar. Mi padre tuvo una primera esposa, Enobaria Quickstone, una señora muy agradable para los ojos y gustos exigentes de mi abuela para ser la madre de sus nietos. Según las historias que he escuchado y con algunas afirmaciones de Paylor, Haymitch y Enobaria fueron obligados a casarse por conveniencia y por tanto nunca hubo amor por parte de los dos. Después de dos años intentando a que el matrimonio funcionara, o al menos tener un descendiente, mi padre decidió separarse. El problema es que Enobaria sí acabó enamorándose de Haymitch, pero éste nunca le correspondió. Al contrario, conoció a una mujer muy hermosa, sin embargo, proveniente de una familia bastante sencilla, Maysilee Donner. Mi padre desafió a su propia madre con tal de estar con la mujer que quiere... y lo consiguió. Bueno, no del todo. Enobaria nunca firmó los papeles del divorcio para dejar a Haymitch y mi abuela siempre estuvo en contra de su amor.
Entonces me concibieron. Maysilee y Haymitch se mantuvieron firmes a pesar de que él siguiera casado. Mi abuela, ahora conmigo en el camino, no podía abandonar a mi padre y a su futuro nieto, tuvo que tragarse un poco su dignidad y "aceptar" a mi madre en la familia. Sin embargo, furiosa, Enobaria nunca firmó los papeles por venganza... y sigue sin hacerlo. Por tanto, mi abuela no soporta a mi madre, y ella y Haymitch están juntos "en pecado" ya que él sigue casado.
Después de todo ese drama familiar, vendría siendo ahora mi drama personal. Mi madre, con tal de conseguir el "afecto" de mi abuela, quiere hacer de mí un futuro gran líder Mellark. Desde que me gradué en el instituto no ha hecho más que organizar mi vida, que esto no es para mí, que yo debo hacer aquello. He crecido pensando en que sólo me está utilizando como pasaporte para al fin entrar en la familia Mellark y conseguir la aprobación de mi abuela. Claro está, como soy un hijo rebelde que no hace más que desobedecerla, mi abuela no hace más que reprocharla en lo mal que me ha educado.
Luego estaría mi padre. En realidad, no sé cómo describir la relación que tengo con él. Bajo la autoridad de mi abuela, desde que nací, no ha hecho más que estar como perrito faldero de su madre y aprender a manejar cómo es debido todo el imperio Mellark. Siempre lo he conocido como aquel hombre que venía por las noches con un nuevo juguete para mí, claro, eso funcionaba cuando era pequeño, ya que cuando crecí me di cuenta que era el único chico de mi clase que no tenía a mi padre ahí apoyándome en mis partidos de fútbol, o en los días donde celebramos el día del padre.
Conocí un poco más a Haymitch cuando me convertí en la "oveja negra Mellark". Él, al igual que su madre, le reprocha a mi madre de cómo me ha educado, y después me regaña a mí por desobedecer a mi madre. Sinceramente, yo le llamo "papá" porque sé que es lo correcto, pero nada más... el significado de esa palabra tan corta, le viene siendo muy grande para él.
Y finalmente estaría mi abuela. Ella jamás me abandonaría, al igual que mis padres, pero tampoco soy santo de su devoción. Aunque extrañamente, cada vez que cometo algún error, no me lo reprocha a mí, sino a mi madre... creo que ella también me utiliza para desencadenar toda esa ira que tiene hacia ella... Mi abuela me aguanta porque soy un futuro heredero... pero ya está.
Nada más salir de la ducha me encuentro con mi madre de pie, con los brazos cruzados y dispuesta a iniciar una batalla conmigo. Al verla me encojo de hombros restándole importancia a su presencia e ira y prosigo con mi labor de secarme el pelo con una pequeña toalla y revisar la ropa que tengo preparado en mi cama.
Round uno.
-Se supone que tendrías que haber llegado aquí ayer... -inicia.
-Se supone... se supone mamá. -murmuro mientras me voy vistiendo.
Noto que toma un suspiro profundo para calmarse.
-¿Es tan difícil para ti obedecerme aunque sea de vez en cuando?
-Mamá, ¿qué te importa que llegue hoy en vez de ayer? Estoy aquí, y la abuela ni se va a dar cuenta.
-No se trata de tu abuela. -me corta.
Dejo escapar un bufido y una risa.
-Mamá, todo lo que tú haces por esta familia es por mi abuela. No seas hipócrita, por favor.
-¡PEETA! -reclama.
-¿Lo vas a negar? Que hayas organizado toda esta comida importante, que todo esté perfecto, que tu hijo por una vez se comporte... ¿lo estás haciendo por mí y por Haymitch? -la miro sin ninguna expresión. -Lo estás haciendo por la Señora Mellark. Y punto.
Mi madre se queda callada por un momento mientras me mira. Decido no hacerla caso y termino de vestirme. Me miro en el espejo y me peino el pelo con mis dedos.
-Y ahora, si no te importa me adelanto. Me gustaría comer algo porque... por si no te lo has preguntado, anoche dormí en un árbol atado a un arnés y comí solamente una lata de atún con pan... -le cuento. -Sí, llegué en esta maldita ciudad ayer como me pediste pero he preferido dormir atado en un árbol, pasar frío y hambre que venir a este hotel tan lujoso y ver a mi madre preocuparse más por la imagen que le quiere dar a su suegra que no hace más que insultarla, que saber del estado de su hijo.
Noto como a ella se le aguan los ojos pero eso ya no es nada nuevo para mí. Al contrario, creo que es su forma de quererme dar pena.
-Ah. -me doy la vuelta antes de salir por la puerta. -Si estabas tan preocupada por mí, no me ha llegado ninguna llamada perdida tuya... seguramente se te olvidó porque tenías que escoger esas flores preferidas de Coin para esta tarde... Paylor fue la única en llamarme por si seguía vivo, al parecer y como siempre, ella es la única quién se preocupa por mí.
Cierro la puerta de un portazo y atravieso rápidamente el pasillo hasta llegar al ascensor. Lo último que me faltaría sería a mi madre persiguiéndome con sus gritos en medio de todo el hotel. Cuando las puertas del ascensor se abren me encuentro con Paylor y su mirada de "¿ahora qué ha pasado? Ah, espera ya lo sé" y me invita a entrar con ella en el ascensor.
-¿Dónde vas ahora? No me digas que piensas escabullirte de esto otra vez... al menos quédate un par de horas y complace a tu abuela. -me dice y otra vez me pierdo en la luz que indica las plantas.
-Sólo quiero comer algo, no quiero recibir a mi abuela con mis tripas sonando. -respondo.
-Está bien, iré contigo al restaurante, pediremos tus tortitas con nata, chocolate y fresas, y después irás conmigo a recibir tu abuela. -indica y asiento.
-¿Sabes que te aprecio mucho no, Paylor? -murmuro.
-Me adoras, niño Peeta. -noto que sonríe. -Y yo también te adoro.
Esta vez dejo de lado mi ira y esbozo una pequeña sonrisa. Si no fuera porque soy medio frío con las personas, abrazaría a Paylor, pero ella me conoce, seguramente ahora mismo sabe que la quiero abrazar pero el acto no lo llevo a cabo.
Ella también se pide un plato de tortitas y comemos medio corriendo. Me ayuda a arreglarme un poco y salimos en el gran jardín del hotel para esperar a mi abuela. Nos sorprendemos cuando nada más salir, mi padre, mi madre y mi abuela ya están hablando con quizás unos nuevos socios de nuestra familia. Mi abuela se da cuenta de mi presencia y me llama con las manos, Paylor me da un empujón.
-Peeta. -me saluda con una falsa sonrisa. -Al fin, te estábamos buscando querido.
-Hola, abuela. Papá. -saludo.
-Maysilee, ¿podrías llamar al fotógrafo para hacernos una foto? -manda mi abuela.
-Claro que sí, Coin. -mi madre se va corriendo hacia el fotógrafo como un perro.
-¿Cuándo llegaste, Peeta? -me pregunta mi padre.
-Ayer, lo que pasa es que quería hacer camping y por eso llegué esta mañana en el hotel. -le digo.
-Bueno, al menos Maysilee no nos ha mentido en eso. -murmura mi abuela en bajo.
-Madre. -reprende mi padre defendiendo a mi madre.
-Ya está aquí, Coin. -de repente llega mi madre junto al fotógrafo.
Mi abuela nos ordena a todos posar ante la cámara. Llama a un matrimonio, creo que son los Hensen, para posar conmigo, con mi padre y con ella. Sin embargo, no llama a mi madre que sigue de pie y con una sonrisa forzada detrás del fotógrafo.
-Maysilee, vamos. -mi padre la llama.
Puedo oír perfectamente el bufido de mi abuela. Me ofendería que trate así a mi madre, pero con el paso de los años uno se acaba acostumbrando a la falsa familia que le toca a uno.
Posamos para la foto del periódico o revista, no me importa la verdad, hacemos un poco el idiota actuando como títeres de mi abuela y cuando pasan el par de horas que me dijo Paylor, yo personalmente me despido de mi abuela. Ella no me reprocha nada, al contrario, hasta me da las gracias por haberme comportado.
Me despido también de Paylor con un asentimiento y bueno, de mis padres no hace falta.
Cuando llego al recibidor del hotel y dispuesto a subir a cambiarme y recoger algunas cosas, me encuentro con una chica. No sé por qué pero se acerca a mí como si la conociera y me abraza.
-Uhmm... lo siento, ¿te conozco? -la pregunto apartándola de mí.
-Peeta, soy yo. Trisha. -me dice.
-¿Quién?
-No te acuerdas de mí. -murmura ofendida. -Soy yo, tu novia, de hace dos semanas.
-Ohhh... la chica del club de golf. -la reconozco. -¿Qué haces aquí?
-¿Por qué cortaste conmigo de esa manera? -me reclama.
-¿Perdón? Yo nunca te he dicho que seas mi novia.
-¿Cómo te atreves? Me dijiste que me querías...
Sin aguantarlo me río. Ella me fulmina con la mirada.
-Vale, estás loca. Yo jamás he dicho esas palabras... ni mucho menos se lo diría a una chica como tú. -la miro.
-Eres un hijo de puta. -me insulta.
-Vale, me tengo que ir. -me doy la vuelta y aprieto el botón del ascensor.
-Te vas a arrepentir. -me advierte mientras se cierran las puertas.
Recojo mis cosas y las meto en mi mochila después de vestirme con ropa más cómoda. Le mando un mensaje a Paylor de que ya me voy a ir una vez listo. Entonces llaman en mi puerta, creyendo que es mi madre o Paylor lo abro sin pensar y lo que me recibe es un puñetazo en toda la mandíbula.
-¡Cabrón, hijo de puta! -grita una voz que no reconozco.
Antes de echar un vistazo para ver quién es, el chico me propina otro puñetazo. No puedo dejar a que me destruya la cara así que me defiendo. Es allí cuando distingo a la chica de antes con una sonrisa triunfal mirándonos a los dos.
-¡¿Cómo te atreves a hablar así a mi novia?! -exclama de nuevo el chico.
Ahh... que la puta tiene un novio, y mira qué sorpresa hace unos minutos me estaba suplicando volver. Seguro que este tío la tiene pequeña.
Sin esperar un segundo le devuelvo todos los golpes que me ha dado y él se queda indefenso. Lo agarro de la camisa y lo sigo golpeando. No sé cómo pero llegamos hasta el balcón de mi habitación y en un movimiento erróneo suyo, yo esquivo su golpe y él tropieza dejando caer todo su cuerpo hacia las barandillas. Cuando me doy cuenta de lo que va a ocurrir le agarro de la cintura para evitar a que caiga del edificio. El muy marica comienza a gritar como una chica.
-¡PEETA! -el grito de mi abuela me llama la atención.
Alzo la mirada y veo a todos los invitados mirando el espectáculo. Mi abuela, junto a mis padres y sus nuevos socios nos miran justo debajo del balcón.
Me doy cuenta, al ver a Paylor negando la cabeza... que me he vuelto a meter en un gran problema.
-¡¿En qué demonios estabas pensando Peeta?! -mi padre pone el grito en el cielo. -¡Al hijo de los Hensen! ¡¿Cómo se te ocurre hacer esas cosas?!
-Perdón porque ese chico sea un torpe peleando... -murmuro.
-Los Hensen son los nuevos socios de tu padre y tu abuela... no quiero imaginar lo que va a pasar ahora... -suelta mi madre.
-No lo tienes que imaginar, Maysilee. Ya está pasando, tendríamos mucha suerte si mamá consigue calmarlos un poco.
-Sólo te hemos pedido un poco de decencia el día de hoy, habías empezado tan bien, pero como siempre...
-Lo tengo que estropear todo. -termino la frase de mi madre. -Lo siento, vale. No sabía que fuera el hijo de vuestros socios. ¿Pero qué queréis que haga? ¿Qué le permita golpearme con tal de no meteros en problemas?
-Bueno, estaba en tus manos hacer eso... -murmura mi padre.
-Haymitch. -exclama mi madre.
-Claro, fíjate que se me ocurrió hacer eso, dejar que me golpeen con tal de complacer a mi padre y abuela. Pero sinceramente, no me daba la gana hacerlo. ¿Para qué? Si haga lo que haga todo os va parecer mal.
-Basta ya Peeta. –exclama mi madre. –Siempre tiene que pasar esto cuando estás aquí…
-Vale mamá. Lo siento… ya lo he dicho, no era mi intención. –murmuro.
-Increíble, ¿que no era tu intención? –grita mi madre. –Claro, tampoco era tu intención no terminar tus estudios, tampoco era tu intención desobedecerme a mí y a tu padre, tampoco era tu intención actuar de esta manera… No tenías ninguna intención en todo lo que tu hagas… -regaña.
Mi pecho comienza a comprimirse e intento reprimir mis lágrimas. Esta vez… se ha pasado de la línea.
-¡Vale! ¡Era mi intención! –grito desahogado. -¿Era eso lo que querías escuchar? ¡Todo era mi intención! ¡¿Contenta?!
Mi madre se queda parada ante lo que le respondo. Por un momento noto una ligera de culpabilidad en su mirada pero desaparece enseguida. Me levanto y agarro mis cosas con brusquedad cerrando la puerta de la habitación con un portazo.
-Déjale, Maysilee. De ahora en adelante, me encargaré yo de nuestro hijo, porque al parecer, eso ni siquiera se te da bien.
Y una vez más decido desaparecer, y esta vez, pienso hacerlo por mucho tiempo.
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KATNISS POV
-¡QUÉ FRESAS TAN GRANDES Y ROJAS! -exclamo a todo pulmón alzando los brazos y saltando como una niña pequeña.
Todos comienzan a reír mientras sigo recogiendo las fresas.
Me llamo Katniss Everdeen y soy la chica más sencilla que conoceréis jamás. Vivo en la Veta, una finca no tan grande situado en los alto de una montaña. En realidad, vivimos un grupo de gente, una comunidad, somos algo así como una familia muy grande. Yo nací y crecí aquí con mi "familia", así que básicamente este pequeño finca en lo alto de una montaña es lo que yo llamo hogar.
Nuestra vida es sencilla y a veces, si no tuviésemos tantos problemas económicos, hasta podríamos decir que es bastante buena. Básicamente vivimos de lo que cultivamos: repollos, zanahorias, patatas, lechugas... y nuestra fama, las fresas de la Veta. Con lo que ganamos vendiendo nuestros cultivos ya podríamos llevar una vida más fácil, no una vida lujosa, pero sí nuestra vida normal. El problema es que la tierra o la finca no es nuestra, sino de una vieja bruja inmunda que sólo le importa su dinero. Todo nos iba bien, hasta hace cuatro meses.
Hace cuatro meses llegó una tormenta bastante mala, lo peor de todo es que cuando comienza una, parece como si durara una eternidad. Perdimos bastantes cultivos, y con eso las ganancias. No pudimos pagar el alquiler de las tierras ya que apenas nos quedaba algo para llevarnos a la boca. La vieja bruja lo toleró hasta los tres meses, y cuando ya pudimos empezar a cultivar de nuevo ella ya estaba con los reclamos de su pago o sino nos echaría. Claro está, aunque empezamos a cultivar, los frutos no iban a salir al día siguiente... con eso se añadió más retrasos... y al final, la vieja nos ha dado un ultimátum de una semana o nos echa a la calle.
Pero por fin ha llegado el día de la cosecha, y solo esperamos que nuestros cultivos sean lo bastante buenos como para sacar el suficiente dinero y pagar de una vez y por todas a la bruja.
-¡Katniss! -exclama Papáng. -¿Te falta mucho?
"Papáng" es la forma que llamo a mi padre "papá". No sé cómo empezó todo, pero él me ha dicho que fue porque siempre me trababa de pequeña con las palabras… así que… desde entonces comencé a llamarlo Papáng.
-No, en un momento termino por aquí... si me puedes ayudar a cargar las cestas...
-¡Voy!
Dentro de mi gran familia en la Veta, está mi pequeña familia. Mi madre se fue cuando yo era muy pequeña, se suponía que ella iba a buscar trabajo en la gran ciudad pero nunca más volvió. Creo que en esa época yo tenía seis años. Papáng y yo la estuvimos esperando... hasta que un día nos dimos cuenta de que jamás iba a volver.
Creo que el dolor que vi sentir mi padre fue incluso peor que el dolor que sentí yo. Siempre le he dado vueltas a la idea de quizás no fui una buena hija para ella... Pero aunque quiera odiarla con todas fuerzas por habernos abandonado simplemente no puedo, ella sigue siendo mi madre y eso no se puede cambiar por nada del mundo. Aún sigo soñando en que algún día vuelva a por nosotros...
Mi padre trae la carretilla y cargamos las cinco cestas llenas de fresas rojas y frescas hasta su camioneta. Él y yo nos encargamos de repartir nuestros cultivos a los compradores, con el paso de los años hemos conseguido buenos clientes que confían en la calidad de nuestros productos y eso siempre se agradece.
Cuando llegamos en la colina donde están nuestras pequeñas y humildes casas me doy cuenta de que los demás ya han estado cargando los demás productos. Cestas llenas de verduras están a rebosar y las sonrisas de todos no son raras de percibir. Hemos tenido una buena cosecha y eso se está notando en el ánimo de todos. Cuando nos divisan con nuestras famosas fresas todos comienzan a aplaudir y saltar de alegría, aquí la felicidad se alcanza con esa poquita cosa, de ver nuestras fresas perfectamente rojas o por ver nuestros cultivos que han dado sus frutos frescos. Como ya describí antes, somos gente muy sencilla, que se pone feliz con estas cosas sencillas.
-¡Esta vez, sí que sí! -exclamo mientras cargan las fresas a la camioneta.
-¡Podremos pagar a la vieja bruja! -exclama Effie, mi mamá postiza.
Effie es la mujer más maravillosa que existe en el mundo. Ella es viuda, y al igual que mi padre se ha quedado sola con su hijo de siete años, Darius. Todos intentan "emparejar" a mi padre y Effie, y hacen bromas sobre que deberían juntarse y formar una gran familia. Sinceramente, yo siempre me lo tomo a broma, sé que mi padre sigue completamente enamorado de mi madre a pesar de su abandono, y bueno, Effie respeta la memoria de su difunto marido.
-¿Está todo listo? -pregunta mi padre antes de bajar de la parte de atrás de la camioneta. -¿Nos vamos, Katniss?
Asiento con una sonrisa a mi padre.
-Presiento que este es el comienzo de un año llena de bendiciones para todos nosotros. -habla Mags, la abuela de todos, podemos decir que es la persona más respetada aquí.
Mi padre se acerca a ella y la abraza.
-Anoche tuve un sueño... -murmura Effie. Se acerca a mí y me acaricia las mejillas con una gran sonrisa.
-¿Es algo sobre mí? -la pregunto. Ella asiente.
-¡Soñé que te caía desde el cielo una bolsa roja llena de oro! -exclama.
No puedo evitar reírme al igual que mi padre y todos.
-Si es así... ¡lo recibiré con los brazos bien abiertos! -me río y la abrazo. -Eres la mejor, mami.
-Te quiero mucho mi niña. -me responde. -Anda, iros ya, se os va a hacer tarde.
Nos despedimos de todos y nos ponemos en marcha mi padre y yo. Él como siempre pone la música que nos gusta a los dos y nos ponemos a cantar a todo pulmón. La ciudad está a un par de horas desde nuestra aldea. Después de ahorrar mucho, mi padre compró la camioneta y se convirtió en nuestra gran inversión, de esa manera ya podíamos transportar cantidades más grandes de verduras y otras frutas. Él solo la utiliza en casos de envío como estos o de emergencia, ya que la gasolina es un poco cara.
-Por cierto, Papáng. -le digo. -La cesta verde que dejé en casa lo llevaré mañana en Mellark Hotel.
-¿Y eso? -me pregunta. -Si quieres podemos pasar ahora... así no tienes por qué ir en bici mañana.
-No, esas las he elegido yo especialmente. -explico. -Son las más grandes, rojas y que tiene buena forma. Ya sabes que la cocinera de allí sólo nos está haciendo el favor de comprarnos aunque sea unas pocas... después de todo tienen una empresa que les abastece así que siempre me encargo de darle nuestros mejores productos.
-Está bien. -asiente mi padre de acuerdo. -Estás hecha una buena empresaria. -se ríe.
Atravesamos el camino del valle para salir a la carretera cuando sentimos un golpe en la parte de atrás. Mi padre pierde un poco el control del coche y pega un frenazo.
-¡Es tu bolsa de oro! -exclama mi padre, bromeando hasta en situaciones como estas.
Salimos pitando hacia fuera para ver lo que ha pasado y nos quedamos petrificados.
-Era broma, pero... esto parece muy real. -murmura mi padre asustado.
Una gran tela roja abarca toda la parte trasera de la camioneta. Mi padre y yo nos miramos sin saber qué hacer. ¿Qué se supone que es esa cosa? No creo que Effie sea una adivina, la conozco desde que nací.
Entonces pegamos un salto cuando suena un grito de una persona. De repente es como si alguien debajo de la tela se levanta y comienza a dar patadas a diestro y siniestro. Comienza a tirar las cestas de las verduras y mi padre y yo ni siquiera somos capaces de reaccionar... hasta que le da una patada a las cestas de mis fresas.
Las fresas caen al suelo al igual que el monstruo de la tela roja.
-¡MIS FRESAS! -exclamo mientras intento frenarle para que deje de pisar y espachurrar las pequeñas frutas rojas. -¡Para! -lloriqueo.
Mi padre intenta agarrarme para alejarme del desconocido pero no lo consigue. Derrotada comienzo a empujar a la persona, nos enredamos con la tela y nos caemos.
-¡Katniss! -grita mi padre.
Yo me quedo perpleja ante lo que ven mis ojos. Un chico de ojos azules me mira confuso.
Esto no es precisamente una bolsa llena de oro.
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¡Hola! Primero gracias a todos los que leyeron la introducción, y especialmente a los que dejaron un review :) me hicieron sonreír con sus comentarios, gracias. Espero que sigáis esta historia... os prometo que valdrá la pena.
Y aquí os presento el CAPITULO 1. ¿Qué os ha parecido? ¿Qué tal la forma en que se conocen nuestras protagonistas? ¿Cómo creen que se van a llevar? ¿Os gusta el Peeta y la Katniss de esta historia? Ahhh, tengo muchas preguntas que hacerles... así que mejor... ¿me dejan sus comentarios en este capítulo?
Bueno, cualquier review, follow y/o favorite será bienvenido y agradecido... os doy las gracias por adelantado. Y los que siguen esta historia... os prometo que valdrá la pena :)
Nos leemos pronto (quizás el próximo viernes o sábado), un saludo.
-ForeverCreative.
