"LA CARTA" – PARTE DOS

-Merlín, ¡no terminaré nunca de redacatar este bendito artículo! ¡Maldito partido internacional! No podía durar unas horas, ¿no? ¡TENÍA QUE DURAR DOS DÍAS!-

Una muchacha pelirroja, pecosa y de mirada encedida, rezongaba contra la nota que escribía, a mano, en el pergamino de su mesa de trabajo. ¿Que por qué no escribía con vuelaplumas? No gracias, ella prefería hacerlo a la antigua. Además, sólo a Rita Skeeter le encantaba el hecho de que una pluma mágica te persiguiera a todos lados escribiendo cada cosa que se te cruzara por la mente...

Bufó nuevamente. No había caso: estaba bloqueada. Para colmo, tiempo no le sobraba. Tenía hasta el día siguiente hasta primera hora para presentarle a su Editor en Jefe, el informe pormenorizado y "sin comentarios al margen, Weasley" (como le había dicho su jefe) del partido entre Gales e Irlanda por la final de la Eurocopa de Quidditch.

No había escapatoria, tenía que empezar a escribir. Empezaba a oscurecer en su pequeña casa de campo, a unos 10 Km al oeste de La Madriguera y aún no había probado bocado desde el mediodía. Tomó la pluma y empezó:

"Bardenas Reales, España; 14 de Marzo del 2000. Corresponsal envida: Ginebra Molly Weasley.

Tremendo partido fue el que disputaron ayer la tercera selección inglesa, Gales, contra el actual campeón mundial, Irlanda. (Mentira, el partido había sido un completo fiasco, excepto el final).

Disputado y parejo de principio a fin bajo una lluvia de blodgers, donde los guardianes rojos y verdes fueron figuras. Al final, la fiesta terminó siendo para los de San Patricio, luego de que O' Maddigan atrapara la snitch cuando faltaban dos minutos para que se cumplieran las días de partido..."

De pronto, Ginny se sintió inspirada y reescribió casi sin parar el partido entero, con sus acciones más importantes. Vale, sabía que en realidad lo estaba "adornado" para que quedara aceptable un partido que había sido tan peleado que de interesante no había tenido nada. Salvo el giganteso jugadón de O´Maddigan para atrap la snitch dorado eludiendo 2 bludgers y 2 rivales contrarios. Otra no lo quedaba. Tenía que "vender". Y alguien desesperado, debía comprar el diario del lunes con un algún titular pomposo como "Irlanda, coronado de gloria en el último segundo" o "Escape verde a la victoria".

Ya había terminado completamente su pergamino cuando una lechuza se apoyó suavemente su ventana. Ginny no la escuchó llegar. Le daba sus retoques finales a la nota que posiblemente le haría recuperar algo del prestigio perdido ultimamente debido a sus episodios depresivos. Habían sido frecuentes desde la ida de Harry...

Harry. Era la décima cuarta vez en el día que pensaba en él. Hacía casi semanas que no tenía noticias y ciertamente estaba angustiada. Enojada, si, mucho, pero sobre todo, angustiada. Porque no sabía si él estaba vivo o ¡por Merlín!, que rayos le había pasado.

Carrie, impaciente porque el destinatario de su mensaje no parecia haberse percatado de su presencia, ululó bruscamente. Logró lo que se propuso: Ginny saltó de su silla como despegada por un resorte. Clavó sus ojos marrones en el animal, inquisidoramente. Una sonrisa se dibujó en su rostro.

- Pequeña Carrie, ¡eres tú!. Eso significa que me traes noticias de él, ¿no? - el animal no le contestó, simplemente limitándose a frotarse sobre el brazo izquierdo de la pelirroja, que desarmaba la nota que llevaba.

- Gracias, en serio. - dijo, echándola a una última mirada a Carrie antes de sentarse nuevamente en su escritorio. Pero algo le decía que no lo abriera. Un mal presentimiento cruzó su mente. Lo desechó rápidamente. No podía ser verdad. Estaba a punto de abrir la carta, cuando el celular le vibro en su bolsillo. Era Hermione. Atendió no sin cierta torpeza.

- ¿DIGA? - gritó ni bien apoyó el aparato en su oreja.

- ¡Merlín, Ginny! ¡Soy yo, Hermione! Creo que me rompiste un tímpano...-

- ¿UN QUÉ? - Ginny seguía gritando – Perdón Hermione, es que todavía no me acostumbro a esta cosa – finalizó, bajando el tono de voz.

- Pues deberías, hoy en día son indispensables, tanto si eres bruja como si eres muggle-

- ¿Para que me llamas, para regañarme? - contestó, impaciente, la pelirroja. Una pequeña risita se escuchó del otro lado de la línea.

- No, por Merlín, no. Yo tampoco me puedo controlar mucho, disculpa... Quería saber como estabas y de paso invitarte a comer a casa mañana al mediodía – la voz de la castaña se apagó por unos segundos – Porque estas libre mañana, ¿no? -

- Mañana, mañana... - Ginny parecía meditarlo – Si, tengo que dejar unas cosas en el Profeta y redactar unos textos, pero puedo salir mas temprano. Si, mañana me parece perfecto...

- Dale, te espero entonces. Otra cosa... ¿cómo estás últimamente?-

La conversación siguió un par de minutos más, tomando otros rumbos. Hermione se despidió promtiéndole enseñarle más sobre telefonía celular a Ginny. No hablaron de Harry: la castaña, añl igual que su esposo, Ron, mejores amigos del morocho, sabían donde estaban. Y creían que era un tema ultra sensible para Ginny. Por eso la llamaba casi todos los días, cuando su atareada vida laboral y maternal se lo permitía, para contenerla, para mostrarle que estaba allí para ella.

La última de los Weasley se sentó nuevamente, y buscó la carta, enrrollada. La desplegó y empezó a leerla. Su rostro cambió radicalmente de sereno a una mueca de sorpresa y tristeza. Algó húmedo empezó a caer sobre el papel. Estaba llorando.

Harry no podía ser tan idiota. Se había internado y enfrascado en esa estúpida misión de querer limpiar al Mundo Mágico de las marcas de Voldemort y resignado a ella, como siempre, en el camino. Él y su complejo de héroe, él y su estúpido altruismo. Ella, y el amor que tenian uno al otro, siempre en segundo lugar...

No. Ya estaba harta de eso. Tenía que buscarlo. Tenía que ir por él, donde quiera que estuviese. No le importaba nada... su Jefe y la bendita nota con el relato del partido se podían ir a la mismisima basura del mundo. Quería estar con él aunque sea una última vez, acompañarlo, protegerlo, aún sin saber bien cómo.

No dudó, dejó la nota, convocó con su varita rapidamente un equipaje y ropa hasta llenarlo, y tomó una capa para el frío que yacía plácida sobre el perchero de la casa. Ya les mandaría un patronus a sus padres y a Hermione en cuanto pudiese, informándoles de su decisión.

Rápidamente, apoyó su mano sobre el pomo de la puerta y respiró hondo por última vez, mirando de soslayo como Carrie se alimentaba pasiblemente en la jaula de las lechuzas. Las lechuzas eran ciertamente inteligentes, no como cierto moreno con cicatriz de rayo que ella conocía...

- Ahora o nunca – se dijo, para darse aliento.

Y antes de girar totalmente el pomo, este giró en sentido contrario. La puerta se abrió.

- ¡Hola linda! Ya... estoy en casa – una voz gastada, cansina, pero alegre, atravesó el espacio del silencio y el aire como una daga.

Era Harry James Potter en persona, bastante ensangrentado, con un brazo roto (el izquierdo) y la ropa hecha jirones. Sostenía su capa, una bolsa mágica extensible y su varita.

Ginny, petrificada, reaccionó tarde. Cuando sus muscúlos parecieron despertar del letargo repentino, se arrojó a sus brazos, golpeándolo violentamente. Él tambaleo. Pocas fuerzas le quedaban.

-¡MALDITO IDIOTA DESCONSIDERADO! Te vas al otro extremo del mundo a cumplir tu bendita misión interminable, dejándome sola y casi sin avisarme... te pierdas una semana, sin una maldita carta y luego me escribes DESPIDIÉNDOTE... ¡para aparecer de la nada! ¡Juro que te odio, Harry James Potter!

- Pero yo te amo, Ginebra Molly Weasley – arguyó él, sencillamente, con una sonrisa.

No hubos más palabras. Ella sólo se limitó a abrazarlo fuertemente y a llorar, ya no de bronca, miedo o impotencia, sino de felicidad. Por fin había vuelto.

Mientras, Harry observaba como Carrie comía y bebía alborotadamente en su jaula. Pensó que seguramente Carrie se había perdido en el camino, porque la carta había sido escrita hacia 2 días ya... En silencio, le agradeció al ave. Ahora podía respirar en paz, porque estaba definitivamente, en casa.