Capítulo dos
Un nuevo día se esparcía sobre el cielo de la Mansión Kido, el cielo con su color gris pálido, junto con la temperatura baja, daban a entender que Diciembre estaba presente y que Noviembre llegó a su fin hacía mucho. Si se miraba por la puerta del balcón de una de las habitaciones de la mansión, se podían apreciar varias prendas regadas por el piso que daban una idea de lo que pudo haber ocurrido esa noche entre la pareja que ahora reposaba en la cama de aquel bello cuarto.
Una chica de cabellos morados comenzaba a abrir los ojos con lentitud, dando primero un estirón antes de comenzar a despertarse completamente. Con mucho cuidado, la chica se levantó, apoyó sus manos con el fin de levantar sólo su torso y observar la figura que había a su lado; la de su amado Seiya.
Él todavía no había despertado y se encontraba con los labios entreabiertos, dándole una impresión muy sexy a la chica de ojos azules, quien sonrió con picardía al recordar los sucesos de la noche anterior, los cuales fueron los más hermosos de su vida y los llevaron a ambos hasta esa bella situación. Después de alisarse el pelo con su mano derecha, se acercó un poco más a Seiya sólo para notar que él seguía profundamente dormido, lo que la hizo sonreír al pensar en la manera en que se unieron horas atrás.
—Buenos días, dormilón —dijo Saori pegándose a Seiya y entrelazando sus piernas con las de él.
—Mmm… —gimió él mientras abría los ojos con lentitud y sonreía.
— ¿Cómo amaneciste hoy? —preguntó ella con una sonrisa que delataba los feliz que se sentía en ese momento.
El moreno se limitó a sonreír seductoramente al apretar con más fuerza a la chica a su torso, haciéndole ver lo excitado que se había puesto con solo mirarla y, al mismo tiempo, logrando que ella soltara un gemido de sorpresa.
—Mmm… Bien, pero podría mejorar —añadió Seiya de forma pícara y abrazándola por la espalda con más fuerza mientras besaba su cuello.
— ¿No es muy temprano? —preguntó ella antes de que empezara a dejarse llevar por sus cálidos besos.
— ¿A quién le importa eso? —respondió él como si fuera la pregunta más estúpida del mundo, cosa a la que ella no pudo responder.
Sólo Dios sabe cuánto tiempo estuvieron así, pues nada en el mundo podía separarlos de esa aura amorosa que tenían. Por lo menos hasta que el sonido de la puerta los alertó a ambos.
— ¡Señorita Saori! —exclamó Tatsumi, ansiosa como siempre, al otro lado de la puerta.
— ¡Tatsumi! —dijeron los dos sorprendidos y con los ojos abiertos como platos ante el shock de oír la voz del mayordomo.
— ¿Señorita, está ahí? —preguntó confundido el mayordomo desde el otro lado de la puerta.
A los jóvenes les dio un bajón de tensión tan fuerte que pareció que sus corazones se detuvieron al mismo tiempo y su cerebro dejó de pensar momentáneamente, hasta que el golpe de Tatsumi llamando a la puerta hizo que volvieran a la cruda realidad y saltaran a la par para buscar sus ropas.
— ¿Qué le digo? —le preguntó Saori a Seiya con mirada angustiada mientras recogían sus ropas.
—No sé; pero mejor le contestas rápido, se ve que está impaciente —le advirtió Seiya colocándose la ropa con rapidez.
Saori aclaró su garganta, pues debía pretender tener un tono serio si quería dirigirse a su mayordomo y no levantar sospechas de cualquier tipo.
— ¿Sí, Tatsumi? —respondió Saori en tono serio.
— ¿Está sola, señorita? —.
—Sí, ¿Por qué?
—Es que… Me pareció… Olvídelo —dijo él desistiendo de lo que iba a decir—. Sólo le avisaba que hoy es el día de inicio de vacaciones navideñas en la fundación, y que por favor fuera hasta al orfanato y se encargara de los retoques finales que tiene pendientes.
—Sí, claro. Muchas gracias —respondió Saori soltando un suspiro de alivio junto con Seiya, quien ya estaba totalmente vestido.
—De acuerdo. La dejo tranquila mientras le informa a los demás muchachos; con su permiso —dijo el mayordomo.
Saori, con alivio, oyó los pasos de Tatsumi alejándose de la puerta, lo cual le dio la oportunidad de hablar de nuevo con su amado, el cual la esperaba impaciente.
— ¡Bien hecho! —lo felicitó Seiya con una sonrisa cuando se acercó a él.
—Gracias. Supongo que todo salió bien al final; por cierto… ¿piensas ponerte eso de pantalón? —preguntó Saori sonriendo divertida al ver la imagen que Seiya le estaba dando.
Pronto se percató de que había metido una pierna en la manga de su saco y que usaba en esos instantes los pantalones de camisa. Después de asegurarse de que cada una de sus prendas estaba en su lugar mientras oía las risas de Saori, prosiguió a acercarse al balcón de la habitación.
—Bueno, yo me voy —se despidió Pegaso abrazando a Saori por la cintura y dándole un beso apasionado de despedida.
Pero antes de que pudiera separarse de ella, la chica sostuvo con fuerza su camisa, haciendo que él la mirara sorprendido a los ojos para luego sufrir el impactó de aquellos tristes ojos azules que siempre lo desarmaban.
— ¿Qué haremos ahora? —preguntó ella mirándolo a los ojos al separarse de él y con los brazos aún en su cuello.
Él sabía que se refería a que ahora que eran pareja; tarde o temprano la gente notaria su unión por lo que también comenzó a preocuparse acerca de la reacción que pudieran tener sus amigos al respecto.
— ¿Hoy irás al orfanato? —le preguntó devolviéndole la mirada profunda que ella le dirigía, pero con tono conciliador.
—Sí.
—Pues nos encontramos allá y prometo que solucionaremos algunas cosas.
— ¿Qué les digo a los demás si me preguntan dónde te metiste anoche? —preguntó ella con tal de alargar un poco más el tiempo antes de verlo de nuevo.
—Si preguntan, diles que anoche tuve que irme, pues tenía que decirle algo muy importante a Seika. De todas formas avísales que nos encontraremos en el orfanato en la noche si quieren hablar conmigo, y que no se preocupen, ¿De acuerdo? —contestó él con tranquilidad y apretándola contra su pecho con fuerza antes de acercarse al borde del balcón con ella todavía en sus brazos.
—Te amo —dijo ella aspirando su aroma con fuerza, como si intentara no olvidarlo nunca.
Seiya sintió que su corazón comenzaba a dolerle de nuevo con fuerza al ver los ojos tristes de Saori. La sola idea de irse también le molestaba abiertamente, pero debido a que las circunstancias no eran las más adecuadas para revelar que él y Saori pasaron la noche juntos de manera tan abrupta (sobre todo con Tatsumi rondando por ahí), pensó que era mejor si hablaba con sus amigos con más calma más tarde; entonces tal vez ellos aceptarían el hecho de verlos a ambos como una pareja con más facilidad, y Tatsumi (ante el apoyo de ellos) no podría objetar nada.
—Yo también, pero no te pongas así, nos volveremos a ver muy pronto—añadió él al ver que sus ojos se llenaban de lágrimas.
—Es que desearía poder estar contigo sin tener que ocultarme de los demás el resto de mi vida —comentó Saori calmándose un poco pero bajando la mirada con algo de tristeza en sus ojos.
—Eso cambiará muy pronto; confía en mí, ¿De acuerdo? —le pidió él con un brillo en su mirada que la conmovió hasta lo más profundo de su ser, logrando que se estremecería de pies a cabeza.
—Sí.—Fue lo único que salió de su boca antes de recibir un dulce beso de nuevo, para después verlo salir saltando por el balcón sin ser percatado por nadie.
Saori se llevó las manos a sus labios, aún incrédula de lo que Seiya le había preguntado antes de irse, no recordaba haber sentido esa sensación tan hermosa en su corazón desde que él le pidió lo mismo hace varios años atrás, durante la lucha de Shaina y Damián, la cual en sí, fue el inicio de su relación sentimental pues ella sabía que, desde ese momento, Seiya y ella serían incapaces de estar con alguien más que no fuera el uno con el otro, ya que algo acababa de surgir en ellos dos, algo que nunca podrían ignorar.
Amor.
Esos fueron los pensamientos de la joven diosa, antes de que su cuerpo se percatase del frío que hacía en su balcón, a causa de que solo llevaba un simple pijama que se había puesto durante la visita inesperada de Tatsumi, olvidó que ya era invierno en Japón, por lo que entró con una sonrisa en su rostro a la estancia en donde él y ella habían consolidado todos sus sentimientos la noche anterior.
Hermosas bajillas de porcelana china, bellos instrumentos de cocina de la más alta calidad, paredes y pisos pintados de un reluciente color blanco, todo esto sumado a una gran mesa-comedor en medio de la estancia hacía que la cocina de la mansión fuera uno de los lugares más agradables de todo el edificio.
Hyoga estaba sentado en la mesa tomando un jugo de naranja con tranquilidad, y pensando en reunirse con Natasha esta noche. Mientras que, por su parte, Shiryu comía y conversaba animadamente con Shunrei acerca de la partida de los invitados anoche, ya que ambos se habían levantado al mismo tiempo, temprano, para pasar más tiempo el uno con el otro luego de disfrutar una espléndida noche juntos.
Sentado en una silla y perdido en sus pensamientos, se encontraba cierto joven enamorado, comiendo sin ganas y con la mirada perdida, mientras que al mismo tiempo apoyaba la barbilla en su mano, reviviendo los eventos de la última noche con mucha felicidad, desconcierto y un poco de pena al recordar cómo había pasado unos momentos maravillosos con cierta bella rubia bajo la luz de las estrellas (a pesar de que todo lo que hizo fue responder y actuar como un tonto, según él).
Y por último, Ikki, el cual miraba a su hermano apoyado en el fregadero de la cocina con el ceño fruncido y tratando, a su vez, de imaginar qué pensamientos pudiera tener el joven de Andrómeda en ese momento, pues luego de recordar su reacción con "la chica" (tal y como llamaba éste a June en su cabeza o cada vez que Shun la mencionaba, dando a entender su fastidio por la relación entre la chica y su hermano), él se ponía muy nervioso al pensar que su pequeño hermano pudiera tener una novia a una edad tan corta, demostrando así su falta de madurez respecto al tema.
—Buenos días —saludó Saori con una sonrisa en él rostro que, a diferencia de otras veces, inspiraba total felicidad y alegría a todos los presentes.
Los chicos se sorprendieron por el buen ánimo de su diosa, pues no era común verla en ese estado, aunque este pensamiento desapareció rápidamente de sus cabezas cuando notaron lo relajada que se encontraba en ese momento, excluyendo con su sonrisa cualquier posibilidad de que se encontrara mal.
—Buenos días —dijeron todos los chicos (a excepción de Ikki, claro, quien se limitó a hacerlo un gesto de saludo).
La chica no le dio mucha importancia a esto, pues conocía a la perfección el carácter de su amigo, por lo que se acercó a la mesa para charlar un rato con Shunrei.
— ¿Cómo estás, Saori? —preguntó Shunrei con una sonrisa al notar el buen humor de la muchacha cuando se sentó a su lado.
—Muy bien, Shunrei, gracias por preguntar —respondió Saori sonriendo aún más y tomando un vaso de agua.
—Estás muy feliz esta mañana, ¿Alguna razón en especial? —preguntó Hyoga extrañado por la actitud tan positiva de Saori.
Saori se sorprendió un poco por la pregunta, pues no sabía qué tenía de diferente esa mañana, por lo que pensó un poco y sonrió al darse cuenta del efecto que Seiya ejercía sobre ella, incluso no estando presente, ahora que ya estaban unidos en cuerpo y alma.
—Pues… por muchas cosas, Hyoga—contestó ella algo nerviosa, mientras se apuraba en llenar su vaso de agua.
— ¿Como cuáles? —siguió él con su interrogatorio y con una ceja levantada de incredulidad.
—Pues… que ya viene navidad… ¡Sí, eso! Ya viene navidad, y me gustaría hacer una celebración para nosotros aquí en la mansión, si ustedes quieren o no tienen nada mejor que hacer, claro está —propuso ella rápidamente y sin pensarlo mucho.
—Oh, conque era eso —dijo el rubio sonriendo ante la invitación y el gesto de su diosa y amiga.
Aunque Shun aún seguía distraído, al escuchar la palabra reunión pensó rápidamente en invitar a June, pues esto significaba que pasaría más tiempo con la chica en aquellas fechas tan hermosas para él.
—Cuenta conmigo —aseguró Shun sonriente y feliz ante la propuesta.
—A mí me encantaría, aunque en lo particular nunca he celebrado la navidad. ¿Tú qué opinas, Shiryu? —preguntó Shunrei muy contenta y sonriente mientras miraba al pelinegro.
—Suena interesante —dijo él sonriendo—. Está bien, cuenta conmigo —aceptó luego de pensarlo un rato.
— ¿Y tú, hermano? —preguntó Shun con tono esperanzado, pero ya sabiendo de antemano la respuesta.
Ikki se sorprendió un poco con la pregunta, pues él nunca había celebrado la navidad; siempre pensó que cualquier fiesta que no fuera el cumpleaños de su hermano era una pérdida de tiempo, luego de ver cómo los ojos de sus amigos se llenaban de felicidad al recibir la noticia de una fiesta de navidad, nuestro amigo estuvo a punto de decir que sí, aunque lamentablemente su orgullo pudo más que él en esta ocasión.
—Lo siento, Shun, pero no puedo ir, tengo cosas qué hacer—argumentó el fénix saliendo de la cocina con su típica pose de "No me importa".
— ¿Cuál es su problema? —preguntó Shunrei algo extrañada y molesta por la actitud del fénix, pues era el que menos conocía de todos los caballeros y prácticamente nunca lo veía hablar con nadie.
—Todos nos preguntamos eso; de hecho, creo que es la primera vez que tú lo dices, pero en realidad Ikki siempre ha sido así —aseguró Shiryu con los ojos cerrados y pose pensativa.
—Mi hermano ha pasado por muchas cosas, Shunrei, creo que es mejor que sigamos sin saber;pero te aseguro que él es el mejor cuando se lo propone —afirmó Shun con la mirada algo cabizbaja pero llena de orgullo.
—Lo siento —se disculpó Shunrei algo apenada por haber iniciado esa conversación al ver el rostro de Shun.
Nuestro amigo rápidamente trató de cambiar su estado de ánimo, pues no quería que nadie se preocupara por él en ese momento de felicidad, por lo que rápidamente despejó su mente y canalizó sus pensamientos hacia lo que iba hacer a continuación con cierto chico de cabellos azules.
—Descuida, voy a hablar con él un rato, ¿De acuerdo? Así que, con su permiso, me retiro —anunció Shun con educación e inclinando la cabeza antes de salir de la cocina.
—Veo que no cambia —susurró Hyoga a Saori refiriéndose al fénix.
—Mejor lo dejamos así, sabes que Ikki es nuestro amigo, por mucho que lo quiera negar. Volviendo al tema… —dijo ella cambiando el tono de voz—, lo mejor es empezar a preparar los adornos y todo lo demás, si quieren llamaré a alguien que…
Saori iba a decir "alguien que decore la mansión", pero Hyoga levanto su mano con tranquilidad, interrumpiendo su discurso con voz educada.
—No seas tonta, Saori, ¿Crees que permitiremos que contrates a alguien para que haga nuestro trabajo? —le reprochó Hyoga sonriendo y fingiendo indignación.
—Nosotros ayudaremos a decorar la mansión; somos tus amigos y para eso estamos, ¿No? —preguntó Shiryu contento.
— ¿En serio? —preguntó ella muy feliz ante esa afirmación y sintiendo como el corazón crecía de felicidad.
—Claro que sí—aseguró Shunrei muy feliz de ver a su amiga de emoción.
—Bueno, si es así, supongo que sólo resta invitar a quienes ustedes quieran; no quiero grades reuniones como la de la noche pasado, sólo algo personal y privado para nosotros —aseguró ella muy seria respecto al tema al recordar lo fastidioso que fue estar en la reunión anterior.
—Te entiendo perfectamente… Ah, por cierto, eso me recuerda… ¿Sabes a donde se fue Seiya anoche? —preguntó Hyoga.
— ¿Sei-Seiya? —tartamudeó incrédula.
—Sí, Tatsumi nos dijo que te dolía la cabeza anoche y que por eso te retiraste, pero que fue Seiya quien le dijo aquello, acerca de hacia dónde se fue, no comentó nada, pues en su habitación no estaba y pensé que tú sabrías dónde estaba ya que fuiste la última persona en hablar con él —contó el rubio con tranquilidad.
Por supuesto que Saori sabía dónde había estado esa noche, pues nunca en su vida olvidaría lo maravilloso que fue esa ocasión pero era claro que no podía decirle esto a sus amigos por lo que rápidamente recordó lo que dijo Seiya en caso de que alguno de ellos preguntara por su paradero:
"—Si preguntan, diles que anoche tuve que irme, pues tenía que decirle algo muy importante a Seika. De todas formas, avísales que nos encontraremos en el orfanato de noche si quieren hablar conmigo, y que no se preocupen, ¿de acuerdo? —contestó él con tranquilidad y apretándola contra su pecho con fuerza antes de acercarse al borde del balcón con ella todavía en sus brazos."
—Ah… pues… Seiya me dijo que… después de hablar con Tatsumi iría a su casa, y que después se encontraría con su hermana Seika en el orfanato por la noche y que si lo necesitaban estaría allí hoy—dijo Saori recordando las palabras de su amado.
¿Desde cuándo sabía actuar tan bien? Saori se sorprendió a sí misma cuando terminó de hablar, pues aparentemente sus amigos desistieron en seguir preguntando.
— Mmm… Pues es muy raro de su parte desaparecer así, ¿crees que podamos ir a hablar con él hoy en la noche? —preguntó Shiryu algo extrañado.
—Claro —aseguró ella alegre de salir de ese interrogatorio tan inoportuno.
— Tengo que ir hacer algunas cosas. Con su permiso —se disculpó Shunrei levantándose para sorpresa de Shiryu.
— ¿A dónde vas? —preguntó él extrañado.
—Es un secreto —informó Shunrei guiñando el ojo y saliendo de la habitación.
— Yo también me retiro, tengo unos detalles que arreglar. Adiós —se despidió Saori dejando a Hyoga con los ojos muy abiertos y extrañados por la actitud de ambas.
Ikki recogía algunas prendas de ropa de su closet, así como un par de sus zapatos negros para después colocarlos en un pequeño bolso que Shun le había dado para sus viajes, el cual resultó ser muy útil ya que el fénix siempre andaba caminando de un lado al otro sin rumbo fijo, deteniéndose esporádicamente para visitar a su hermano, así como a su protegida Elene.
El sonido de la puerta lo alertó, distrayéndolo momentáneamente de su labor, pero al darse cuenta de que era su hermano quien abría la puerta poco después, bajó la guardia. Aunque él mismo ya lo sabía en parte, pues Shun era la única persona en el mundo que se atrevería entrar en su habitación.
—Hola —dijo Shun al entrar con la mirada algo triste y observando como Ikki cerraba su bolso de viaje.
— Hola —respondió Ikki con tranquilidad y provocando después un tenso silencio.
Él sintió la mirada de Shun como un taladro punzante en su corazón, pues esta expresaba una tristeza que el fénix no había viste desde hace mucho.
— Veo que ya tienes todo listo, ¿eh? —comentó él rompiendo aquel silencio reinante entre ambos.
—Sí.
—Significa que te volverás a ir —aseveró él volteando el rostro con tristeza.
Otra punzada a su corazón. ¿Por qué diablos era tan difícil para él expresar que quería quedarse a su lado? ¿Por qué simplemente no podía seguir adelante como una persona normal ahora que tenía una vida más tranquila? ¿Por qué siempre huía de cualquier cosa que se relacionara con una reunión familiar? ¿Por qué? Se preguntó el fénix en su cerebro.
—Shun… —exclamó Ikki muy triste por tener que dejar a su hermano y colocando sus manos en el hombro del joven.
— Supongo que no está demás que me digas dónde vas esta vez, ¿no? —preguntó él, viéndolo de nuevo con un poco de melancolía en el rostro.
Ikki lo pensó un momento y llegó a la conclusión de que Shun se merecía al menos eso por tener que dejarlo solo en una ocasión tan especial.
— Voy a visitar a Elene; tú sabes que ella está muy sola desde que me fui la última vez y no puedo dejarla por su cuenta por mucho tiempo —indicó el fénix algo acongojado por la actitud de su hermano.
— Pero a mí sí me puedes dejar solo, ¿No? —protestó él con tristeza en su mirada y haciendo que al fénix se le encogiera su estómago de nuevo.
— No es igual. Yo… —se intentó excusar el fénix, pero Shun se dio la vuelta dispuesto a marcharse.
— Espero que te vaya muy bien, hermano. Ojalá que no tardes mucho en volver como la otra vez; sólo me gustaría que vinieras a echar a un ojo a nuestra reunión de navidad, si puedes —dijo Shun con un extraño tono de voz y sin voltearse.
— No me gustan los grupos, Shun, ya lo sabes —le recordó él colocando sus manos en sus hombros otra vez y dándole un pequeño beso en sus cabellos.
— Lo sé, entonces creo que no tiene caso intentar continuar una conversación sabiendo lo que vas a decir a continuación —anunció mientras se retiraba con lágrimas en los ojos, pero sin voltear el rostro a su hermano, quien apretaba los puños con fuerza por tener que dejarlo debido a su maldita costumbre de soledad.
Ikki apretó el marco de la puerta, haciendo que varias astillas y grietas salieran de ésta antes de empezar regresar a recoger su bolsa con la mirada baja y una lágrima recorriendo su mejilla.
