CAPITULO 1: CENIZA
Mi nombre es Bella Swan, hija de Charlie y Renée.
Mi madre murió cuando nací y mi padre se casó con una horrible mujer de nombre Petunia.
Petunia era viuda y tenia dos hijas; Jessica y Lauren.
Mi vida era un fastidio, era un cero a ala izquierda en mi familia pero todo se torció más aun… cuando mi padre murió de una embolia.
Ahora éramos Petunia, Jessica, y Lauren.
Mi padre me había dejado una gran herencia monetaria, pero no podia tener acceso a ese dinero hasta que me casara, algo muy poco probable para mí.
Petunia también heredó una cuantiosa cantidad económica pero dada su mala gestión ahora estábamos en banca rota y a punto de perder la casa.
-Todo esto es por tu culpa- bramó Petunia desde el piso de arriba.
Suspiré profundamente y me dirigí cargada de paciencia al piso de arriba.
-¿Qué ocurre?
Me lanzó una mirada asesina mientras cogía el colgante de mi madre.
En el se hallaba una foto de mi madre y otra de mi padre cortadas para que se ajustaran al mismo con forma de corazón.
Era mágico, si lo abrías podías escuchar una dulce melodía.
-El colgante de mi madre no- imploré.
Ya había embargado todos mis vestidos del modo que yo siempre tenia que llevar puesto harapos, mis joyas… pero esto era llegar demasiado lejos.
No me escuchó.
-Esta tarde lo llevaremos al mercado.
…
Con el alma partida me dirigí hacia el mercado para vender el único objeto de verdadero valor de la casa.
Fuimos a nuestro lugar habitual mientras yo cruzaba los dedos para que nadie hallara atractivo el colgante de mis padres.
Pero entonces apareció un hombre mirando inquisitivamente el collar.
-¿Cuanto cuesta?- preguntó el señor.
-5 monedas de oro.
-¿5 monedas?- bramé indignada- esa no es ni la mitad de su precio… Porfavor Petunia, no lo vendas, si quieres puedo trabajar en el campo haciendo el doble de mi jornada, pero no lo vendas.
Petunia me lanzó una mirada de suficiencia.
-Uhm… me parece buena idea lo de que trabajes el doble de tu jornada, y en cuanto a lo del collar… me temo que lo venderé igual.
Sonrió de una manera cruel.
Yo, impelida por la impotencia empecé a llorar.
-¿Qué ocurre?-intervino una voz aterciopelada.
Alcé la vista confusa, para encontrarme con una par de ojos esmeralda mirando a Petunia pacientemente.
Su nombre era Edward Masen, hijo de un conde amigo de mi padre… aun recuerdo los veranos que pasábamos juntos, pero ahora a consecuencia de nuestra cadencia económica y de la enfermedad, seguida de la muerte de mi padre, perdimos el contacto con la familia.
Ellos o ya no nos recuerdan o simplemente no nos reconocen.
Asustada, me introduje en las sombras a la espera y súplica de que no me reconociera.
-Nada, señor- replicó Petunia en tono cortés- es mi hijastra, una niña caprichosa y mimada que pide demasiado…
Cogió el colgante y lo examino.
-La familia Swan- replicó pensativo.
Mierda, los había reconocido.
A continuación Petunia se sumergió en una heroica historia sobre la muerte de mi padre y como sacó ella sola la familia adelante.
-¿Y Bella?-preguntó Edward tras una pausa.
-Mi hijastra.
-Si su hijastra desagradecida- aclaró Edward en tono burlón.
-Niña… sal- aclaró con claro desprecio.
Me daba vergüenza salir, sin ningún vestido bonito, o unos zapatos elegantes…
Avergonzada salí de mi escondite, por el rabillo del ojo pude ver a Petunia con aspecto arrogante, segura de la reacción de Edward después de que me viera en estas fachas.
-Si- inquirí tímidamente dejándome ver.
Los brillantes ojos de Edward se ensancharon al verme, seguro que siente vergüenza de mi aspecto.
Pero entonces una enorme sonrisa se formo en su rostro y corrió a darme un enorme abrazo.
Gemí de sorpresa pero le devolví el abrazo complaciente.
-Te he echado de menos-murmuró contra mi pelo.
-Y yo- respondí sin pensarlo.
Este momento era único, mágico…
-¿Y que os pasó a vuestra familia?- preguntó aun sin soltar el abrazo.
Cuando iba a responder Petunia me interrumpió.
-Creo que ya os lo dejé claro señor.
Edward miró a Petunia aparentemente molesto.
-Bueno… ya me lo contaras- afirmó haciendo caso omiso de la interrupción de mi madrastra.
Asentí.
-¿Cuál es tu color favorito?- pregunto separándose de mi, para poco después coger cuidadosamente mi mano derecha.
-¿Aun te acuerdas?- dije estupefacta, cada día tengo un color favorito diferente y antes Edward se encargada de preguntarme cual era.
Asintió expectante.
-El verde-dije avergonzada.
-¿Porque?... y no me mientras, sabes que lo haces fatal.
Me reí.
-Es el color de tus ojos- admití avergonzada…-hace tiempo que echaba de menos que me miraras.
Sonrió complaciente y besó mi mano.
El rostro de Petunia se veía morado de… ¿Celos?
-Todos tenemos muchas ganas de verte, ¿Tendrías esta tarde libre para hacernos una visita?
-No puedo… tengo que trabajar- y añadí mirando a Petunia con ira- todas las mañanas y tardes de todos los días.
Lanzó una mirada reprobatoria a mi madrastra.
-Supongo que ya nos veremos- añadí a sabiendas de que nunca ocurriría.
Asintió descontento.
Noté que pasaba algo por mi cuello, elevé el pelo para darle facilidad al ponerme el colgante de mis padres.
Podia sentir su respiración en mi nuca, aspirando…
Disimuladamente paso un dedo por mi garganta, ese detalle no me pasó desapercibido.
-Estoy seguro de que nos volveremos a ver, es una promesa- me susurró.
Le sonreí, a sabiendas de que esa sería la única promesa que no cumpliría pues dudo que mi madrastra accediera a que saliera con el.
