Helado
Hoy era el octavo cumpleaños de Itachi y lógicamente sus padres le hicieron una fiesta de cumpleaños. Incluso si el niño no quería una.
Cada año, la casa de los Uchiha se llenaba con gente extraña e Itachi siempre era arrastrado por su madre a recibir sus palabras de felicitación y los regalos que le ofrecían esa gente.
Gente tacaña.
Siempre le daban a Itachi un simple sobre como regalo. Eso no podía ser un buen regalo de cumpleaños.
Minato estaba ahí. Como cada año. Itachi era su mejor amigo después de todo (siendo Minato el único amigo que Itachi había logrado mantener desde kindergarden) y además de celebrar ese día tan especial con su mejor amigo, ¡el helado que servían en la casa de los Uchiha era el mejor!
Y a Minato le encantaba el helado.
A Itachi también.
Para el pobre niño, cada año que sus padres le ofrecían una fiesta de cumpleaños para él se convertía en una penitencia. Obligado a saludar petulantes y aburridos extraños. Tener que escuchar largas y más aburridas pláticas entre ellos. Soportar las tonterías de sus aún más tontos hijos; y la peor parte: ¡no lo dejaban comer helado! Esa nieve dulce era lo único que hacía que ese infierno valiera la pena y su madre estaba determinada a no dejarlo comer.
Para el final del extenuante día, Itachi sentía bullir en su interior una intensa ansiedad por golpear a toda persona que se cruzara en su camino.
Y seguramente lo haría (por algo estudiaba artes marciales) si no fuera por Minato. Su rubio amigo (porque era su amigo aunque ni a Itachi mismo le gustara reconocerlo) siempre lograba iluminar su cumpleaños.
El pequeño de ojos azules lo buscaba hasta encontrarlo en su escondite secreto (cada año era diferente pero Minato siempre lo encontraba) justo unas horas antes de terminar 'su fiesta' trayendo consigo el mejor regalo de todos los tiempos.
¡Helado!
Era un acuerdo silencioso entre ellos. Un ritual que seguía ocurriendo año con año.
En aquel secreto lugar. Se sentaban uno frente al otro. Minato sosteniendo el cono de helado napolitano en sus manos justo en el medio de los dos y con una sonrisa cómplice y compartida, ambos se inclinarían sobre el delicioso mantecado al unísono.
Aunque luego de algunas probadas Minato se retiraría y dejaría que Itachi comiera todo el helado. Después de todo era su regalo.
Minato lo miraría comer con una sonrisa divertida en los labios. Itachi no se daría cuenta porque sus ojos se mantenían cerrados, disfrutando de su delicioso sorbete. Y una vez devorado, el pequeño de cabellos negros suspiraría contento, relamiendo sus labios con satisfacción.
Entonces abriría sus ojos para mirar a su amigo.
La sonrisa de Minato se ensancharía. Itachi ladearía un poco la cabeza y eliminaría la distancia entre ellos.
Un pequeño e inocente beso en los labios del rubio.
Era el agradecimiento de Itachi y la secreta razón de porqué Minato adoraba el helado de los Uchiha.
