Al bailar
Los brillantes rayos del sol provocaron que abriese los ojos con lentitud. Pero inmediatamente los cerré, al darme cuenta de que aún me encontraba en los amorosos brazos de mi bardo. Quería aprovechar su calor lo más que pudiese.
-¿Xena, estas despierta?
Veo que el sueño duró poco.
-Algo...
La escuché reír un poco, para luego sentir como sus dulces dedos pellizcaban mis mejillas con suavidad, en un vago intento de despabilarme.
-¿Te acuerdas que me prometiste que me llevarías al festival de los bardos?
Me revolví en el lugar, con un quejido ahogado y sumiéndome más en su pecho -No...
-Xena, ¡Lo prometiste!
Su tierno berrinche logró su cometido, obligándome a reincorporarme con desgano. Acomodé unos revoloteados cabellos detrás de mi oreja, sin quitar mi desdichada mirada de la suya.
-De acuerdo... la única vez que te levantas temprano es para esto- reproché, desligándome con mucho pesar de sus brazos.
-Es un gran incentivo- atinó a decir, delineando una alegre sonrisa.
¿Y yo qué? ¿No soy incentivo suficiente?- pensé, relinchando los dientes.
Me puse de pie, atajé mi ropa, y empecé vestirme con pereza. Realmente era temprano, el sol a penas se asomaba.
-¿Vas a presentar algún pergamino tuyo?- cuestioné, poniéndome las botas, mientras observaba de reojo como me ayudaba con mi armadura a mis espaldas.
Podría decirse que eso se había convertido en una rutina... Rutina que amaba, ya que de esa forma lograba sentir su amable tacto.
-¡Claro que no! Soy una novata, no merezco estar en ese lugar- respondió, con una leve risita.
-Todos dicen que escribes muy bien.
-¿Todos?- inclinó su cabeza, para verme mejor - ¿Acaso no has leído ninguno de mis pergaminos?
Ups...
Desvié la vista, un poco avergonzada -Prometo hacerlo en algún momento.
Achinó los ojos, provocando que una tenue sonrisa me alumbrase.
-¿En algún momento, eh?
Aquello sonó completamente a un reclamo. Pero tenía razón, y debía admitirlo. Ya hacía bastante tiempo que viajábamos juntas y nunca tuve siquiera el detalle de mostrarme interesada en su arte.
Detallé como su mirada se tornaba angustiosa, y esta no tardó en carcomerme por dentro.
-Bien, lo haré ahora mismo.
-¿Eh?
Me desligué de su agarre, que todavía se encontraba atando mi armadura, y caminé hacia mi querida yegua, Argo. Ella cargaba con su equipaje.
Sin mucho cuidado, comencé a revolver entre sus cosas, buscando uno para leer. Pero de inmediato, me quitó de la mano los pergaminos que encontré.
-¡No!
La miré, confundida -¿No querías que los leyera?
-Si... bueno, ahora que lo dices, no estoy segura...
Obvié su respuesta, robándole el papel -A ver...
Otra vez me lo arrebató con rapidez -¡Xena, te dije que no!
La observé unos segundos, cada vez más aturdida -¿Por qué te enojas?
-Porque...- dudó un instante, para luego posar su visión en mí. Esta se mostraba profunda y avergonzada, hecho que me dio un pie para proseguir.
-¿Acaso has escrito una novela erótica conmigo?- bromeé, con una picarona mueca e intentando quitárselo de nuevo.
Amé observar como su rostro lentamente se iba tornando de un rojizo color.
-¡Claro que no! Es solo que...
-¿Qué?- susurré, acercando mis pasos.
Cual inercia, ella retrocedió, aferrándose con fuerza a sus escritos -Nada, pero... más allá de las aventuras que grabo, también es como un diario intimo, así que...
-¿Así que temes mostrármelo, porque allí están escritos tus sentimientos por mi?- dije, con mi característica voz grave y sugerente, acortando la distancia.
Estaba jugando, pero al no recibir contestación alguna, como si le diese la razón a mis palabras, mi corazón palpitó entusiasmado.
¿Por qué me lo haces tan difícil, Gabrielle? ¿No ves que estoy a punto de devorarte viva?
-Déjame leerlo- emití esta vez, con una clara curiosidad en mi tonada y moviendo mi mano para que me lo entregase.
Me sacó la lengua en respuesta, y comenzó a correr, alejándose de mí -¡Jamás!
Elevé una ceja, confiada, y a los segundos ya estaba persiguiéndola -¡Sabes que no puedes escapar de mi, enana!
De inmediato la alcancé y sujeté su brazo, girándola hacia mí. Debido a aquella acción, su cuerpo chocó contra el mío, tensándose. Pude notar la sorpresa en sus ojos, acción que solo me incentivó a continuar con mi maquiavélico plan.
Sus pasos retrocedieron, ante mi imponente presencia que la acorralaba cada vez más.
-D-Deja de jugar...- escuché en un susurro, pero mi mente ya se encontraba muy lejos como para hacerle caso.
-¿Jugar, yo? ¿No eres tú la que empezó a correr?
Estaba perdiendo los estribos, demasiado rápido para mi gusto.
Continué caminando hacia ella, sin soltarla, hasta terminar por estamparla contra el tronco de un árbol.
Su vista, que parecía temerosa, se clavó en mí, mientras mi mano se reposaba sobre la madera, justo al lado de su cuello.
-¿X-Xena?
¿Por qué estaba persiguiéndola? No lo recuerdo, ni me interesaba. Mis emociones me llevaban la ventaja, provocando que mi semblante se acercase más al suyo.
-Gabrielle...
No contesto de inmediato. Y no esperaba menos. Mi comportamiento definitivamente le resultaba extraño.
Y es que... hasta a mi me parecía extraño. Últimamente me sorprendía mi indecorosa actitud, que no mostraba indicios de cesar.
-N-No voy a dártelos aunque me amenaces de esta forma...- me apartó con sus manos, pero al instante las tomé, impidiendo que me alejase todavía más.
Oh, claro. Era por eso, los pergaminos...
-Muéstramelos...- musité, inclinándome sobre su oído y pudiendo presenciar en primera persona como temblaba nerviosa por mi acto.
Quizás había esperanza para mí, después de todo.
-Prometo no burlarme...- continué, acortando la distancia, y logrando sentir la suave piel de su lóbulo en mis labios.
-Xena...- soltó, en un suspiro, mientras sus manos, escapándose de las mías, ahora se aferraban a mi cintura.
¿Esto estaba sucediendo, o solo era una mera fantasía mía?
-Gabrielle...
Mis propias manos, deseosas por sentirla, se resbalaron del árbol, y se estacionaron en su piel.
Mierda. Ya no había vuelta atrás. No podía controlarme, y su mirada, inmersa en la mía, no ayudaba a mi estancado estado.
Me quedé unos segundos embelesada, observando cómo sus ojos adquirían de a poco un brillo especial.
Eso solo provocó que tragase saliva con rudeza. Nunca me había sentido tan nerviosa en mi vida. Yo no era así... ¡No soy así! Esta niña me generaba cosas que...no podía controlar.
Mi respiración comenzó a entrecortarse, pero por suerte no era la única. Juré escuchar también la suya, agitarse.
Con una valentía que no sé de donde saqué, empecé a disminuir la distancia entre nuestros labios.
Los deseaba, desesperadamente.
-¡Gabrielle!
Nuestros ojos se abrieron de par en par, al escuchar una tonada masculina, que ya de por sí, no me agradaba.
Me giré iracunda, visualizando a un joven de rulos que se encontraba a escasos centímetros de nosotras.
-¿Homero?- la oí, provocando que me volviese hacia ella, con una clara expresión de disgusto en mi rostro.
¿Quién era ese tal homero?
-¿Eres tú?
-Soy yo- atinó a sonreírle de una cómplice forma, que solo incrementó mi furia -emm... ¿Interrumpí algo?
Claro que sí, idiota.
-¡Claro que no!- se deshizo de mi agarre, corriendo hacia él, para luego estrecharlo amorosamente -solo estábamos jugando.
¿Jugando? ¿Desde cuándo llamas a lo que estábamos haciendo un juego?
-¡Cómo has estado!- expresó, regalándole un beso en la mejilla -¿Qué haces por aquí?
Mi estomago se encogió al observarlos. Parecían una pareja perfecta, por alguna extraña razón.
-Vengo a la competencia de bardos- respondió él, atajando su cintura.
Creo que mi frente ya estaba desfigurada, de tanto que la había fruncido.
-¿Competencia de bardos?- repitió ella, poniendo un gesto pensativo -¡Ah, claro! ¡El festival de bardos! ¿Entonces participaras?
-Esa es la idea, pero estoy muy inseguro... por no decir que estoy a punto de echarme atrás.
Gabrielle le dio unas palmaditas en la espalda, animándolo -¡Lo harás bien! y allí estaré en primera fila para verte.
-¿En serio? ¿Lo prometes?
-Por supuesto- le sonrió, de una manera que nunca me había sonreído. Mi vista decayó con solo pensarlo.
Bien, ya basta. No iba a tolerar aquella escena un minuto más.
-¿No deberías anotarte, chico?- interrumpí, acercándome hacia ellos y posando una mano sobre el hombro de la amazona, brindándole pequeñas caricias a este.
Estaba marcando mi territorio, claro que sí.
Él me miró, un poco desconfiado, seguro debido a mi irascible mirada -Si, a eso iba.
-¿Vamos entonces?- agregó Gabrielle, deshaciéndose de mi agarre con facilidad, y comenzando a organizar las cosas para irnos -¡Oh! Por cierto, ella es Xena- me señaló.
Homero estiró su mano con intenciones de saludarme adecuadamente, pero luego de observarlo unos segundos, lo esquivé, buscando alguna tarea hogareña para hacer, como excusa.
Por supuesto, quedé como una mal educada.
Y así sucedió, iniciamos nuestro corto viaje hacia Atenas. Yo llevaba las riendas de Argo, mientras ellos iban delante, conversando alegremente.
Baje un poco la mirada, tratando de convencerme de que era normal su reacción eufórica con él. Después de todo, hacía bastante que no veía a su "amigo".
Luego de unas horas, llegamos a la gran feria de Atenas, que para mi desgracia, se encontraba llena de gente. No me gustaba la muchedumbre.
Aproveché unos minutos que el joven se retiró, con intenciones de anotarse en la competencia, para arrebatar el brazo de Gabrielle, con la mayor sutileza que pude.
-¿Quién es él?
Me miró, un poco desorientada -Homero, lo conocí en la academia de Bardos, ¿Te acuerdas?
-Oh...- atiné a decir, soltándola con lentitud.
Eso no explicaba su comportamiento con aquel muchacho.
-¿Te pasa algo?- inquirió, seguramente, notando mi preocupación.
-No.
Soy consciente de que mi voz sonó más seria que en otros momentos. Pero... no lo podía evitar. Estaba hirviendo de celos, y ese mismo estado, me hacía sentir patética.
-Solo es un amigo...- la oí susurrar, hecho que provocó que girase con rudeza mi semblante hacia ella.
¿Tan bajo había caigo mi orgullo, para que sintiese pena por mi?
-¿Por qué me lo aclaras?- solté, con un leve rencor en mi habla -Ni que fuera de mi incumbencia.
Parpadeó varias veces, confundida, ante mi cambio de humor -¿Por qué?- repitió, para luego desviar la vista. Alcancé a notar un destello de enfado en ella. -Tienes razón... no debo aclararte nada.
Mis ojos se ablandaron, al notarla tan vulnerable. ¿La había cagado?
-Gabrielle...
No me dejó continuar, ya que sus pasos se alejaron, sin darme tiempo a reaccionar, en dirección a ese hombre, que ya odiaba con todo mí ser.
El día prosiguió de esa agonizante forma. La bardo siquiera se dignaba a mirarme, solo se la pasaba con su amigo, ignorando mi existencia.
Mis puños se cerraron con fuerza, al observar cómo se agarraba de su brazo, sonriendo felizmente.
¿Por cuánto más tenía que tolerar esas imágenes?
El atardecer llegó, y ahí estábamos, en medio del público, esperando que su adorable -léase el sarcasmo- amiguito apareciera.
No hablamos entre nosotras, solo nos dedicábamos ciertos vistazos de vez en cuando, pero al instante los desviábamos, como si fuésemos unas completas desconocidas.
No podría describir lo que nuestra conducta ocasionaba en mi ser. Solo sentía un inmenso dolor... A decir verdad, esa palabra se quedaba corta, comparado al miedo de perderla.
Finalmente el festival terminó. No pude evitar suspirar aliviada. Por fin podríamos estar solas... o eso fue lo que pensé.
-Chicas, ¿Quieren ir a tomar algo?
-¿Para festejar tu victoria?- inquirió, Gabrielle, dedicándole un gratificante gesto, que terminó por desmoronarme.
-¿Victoria?,pero si quedé en tercer lugar...
-¡Yo no hubiese quedado ni en el quinto!
-Sabes que eso es mentira- contestó, acariciando su cabello, sin perderla de visión.
Puta madre. Ya basta de esta maldita conversación melosa.
-Es una buena idea- interrumpí, poniéndome en el medio de ellos -Vamos a tomar algo- ,les dediqué una de mis ya conocidas, falsas sonrisas.
Realmente necesitaba un trago.
Entramos a una de las tantas tabernas en Atenas. Esta se encontraba decorada con unas luces rojizas, y unas velas adornaban cada mesa, tornándolo especialmente romántico.
¿De todos los lugares, tuvimos que elegir este?
Era bastante grande. También había una pista en el medio, donde los aldeanos bailaban, regocijándose con la particular orquesta de fondo. Parecía ser música oriental lo que tocaban, como si fuese de la India o algún país similar.
Nos sentamos en la barra, y al instante chasqueé los dedos para llamar al cantinero, pero el joven me detuvo, diciendo que él iba a pagar las bebidas.
Le sonreí de lado, intentando conservar la paciencia. Él no tenía la culpa de que yo fuese una puta cobarde que no se animaba a confesar lo que sentía a mi amiga.
Se retiró unos momentos, para buscar al mesero. Ahora solo éramos Gabrielle y yo, y el ambiente no podía sentirse más tenso.
Tenía que disculparme, de inmediato. Pero temía que de mi boca no emanasen las palabras correctas. Es decir... no me destacaba en ser lo que se dice "sensible".
Tomé aire, reuniendo valentía, y codeé su brazo, logrando que posase la vista en mí. Se podía ver a lo lejos, la angustia en su mirada.
-Gabrielle... perdóname por hablarte tan mal hoy- dije casi en un susurro, cerca de su oído, ya que por la música no se podía escuchar bien -me desperté con el pie izquierdo...
Ella negó levemente con su rostro, para luego dedicarme una hermosa sonrisa, que logró tranquilizarme -Perdóname a mi... te dejé de lado todo el día.
La imité, animándome a acariciar el dorso de su mano. Pero solo eso hice, ya mi voz quedó atragantada, debido a su preciosa figura.
-Sin embargo...- agregó, escapando de mis ojos -fue tan doloroso para mí como para ti, de verdad.
-¿Por qué lo dices?
-Porque quería estar contigo... no con él- finalizó, señalándome con la mirada a su amigo, que se encontraba pidiendo los tragos.
Mis ojos se abrieron de par en par, como si de esa manera pudiese evitar el potente latido en mi corazón, que iba acrecentándose en cada segundo.
-Yo también quería estar contigo- sujeté su mano, y en un arranque de coraje, la llevé hasta mi labios, besándola con adoración -no siempre tenemos la oportunidad de estar en paz...
Juré notar un leve sonrojo en sus pálidas mejillas, pero seguro era un efecto de aquella luz roja que alumbraba todo el lugar... Si, seguro era eso.
-Lo sé, por eso, perdóname- reiteró, incentivándome a que me acercase más a ella.
Necesitaba sentirla.
Me perdí en sus verdes ojos, al igual que ella en los míos.
¿Por qué me miras de esa forma? ¿Acaso no te das cuenta que solo me enloqueces más?
-Gabrielle, yo...
-¡Aquí tienen!- exclamó el joven bardo, que no vi venir, dejando las bebidas frente a nosotras -¡La mejor cerveza casera para ustedes!
Creo que ya estaba pasado de vino, su aliento lo revelaba.
Ambas le sonreímos, al mismo tiempo que él se topaba con gente que pasaba, y los saludaba con un familiar abrazo.
Ella se incorporó un poco y le dijo algo al oído, que claramente no pude escuchar.
Pero parece que sus palabras solo provocaron que se alejase, yéndose con aquella gente que conocía y entablando una alegre conversación.
La miré de reojo, para luego aproximarme a su rostro de nuevo -¿Le dijiste que se fuera?
Sonrió de lado, penetrando su mirada en mi unos instantes, y devolviéndosela a él, pasado unos segundos -Le dije que se tomara su tiempo con sus amigos.
-Oh...- emití, observándolo también. Poco duro aquello, ya que, aprovechando la grata situación, volví mi visión a ella -¿Querías quedarte a solas conmigo?- agregué, en un tono bromista e incitante.
Me codeó con el brazo, juguetona, y luego agarró su vaso, comenzando a beber la cerveza, bastante rápido a mi parecer.
La imité, pero sin quitarle un ojo de encima -Hey... tranquila, sabes que no eres muy resistente al alcohol.
Sus labios se despegaron de la copa, quedando pequeños restos de espuma en las comisuras de estos. Restos que me vi absolutamente tentada a limpiar, pero por supuesto, me contuve.
-No soy una niña, sé tomar.
-Ajá- emití, irónicamente.
Frunció el ceño, elevando el dedo hacia el cantinero, por ende, pidiendo otra ronda, como si estuviese desafiándome.
-Gabrielle...- la nombré, en un reproche.
-¡Xena!- se giró con aspereza -te dije que puedo controlarlo.
Pero sus ojos, enfocándome de una extraña manera, me hacían creer lo contrario.
Atiné a desistir. Sabía lo que conllevaba pelear con ella en su actual estado. Así que alcé mis manos de manera arrepentida, delineando una resignada sonrisa.
-Como tú quieras.
-¡No!- me señaló, con una ebria tonada, bajando su ya, segunda copa -¡Lo que tú quieras!
Elevé una ceja, para luego sonreír con malicia -¿Lo que yo quiera? ¿Cómo debo tomarme eso?
-Como tú quieras- respondió, esbozando una traviesa mueca.
Debido a su juego de palabras, le mantuve la mirada unos segundos, llevando el vaso a mi boca, no sin antes dedicarle una fugaz sonrisa.
Pequeña bardo, ¿Cuánto más quieres seducirme? ¿De verdad ansias que me aproveche de ti?
Continuamos hablando animadamente, ya en un estado obvio de borrachera, cuando de repente, una música en extremo provocativa y sensual comenzó a sonar.
-¡Oh!- exclamó, levantándose con rapidez de su asiento, acción que obligó a que descendiese un poco mi vaso y clavara mi vista en ella -¡Vamos a bailar!
Negué con mi cabeza, tratando de resistirme a sus manos que se aferraban con fuerza a mi brazo, tratando de llevarme a la pista -Yo no bailo, Gabrielle.
-¡Claro que lo haces! ¡Te he visto!
-Eran situaciones especiales...- me excusé, acompañada de un mareo que no me permitía modular bien.
-¿Y yo no soy especial?
-Muy...- respondí de inmediato, mirándola con profundidad.
-¡Entonces vamos a bailar!- tironeó de mi, y ambas, con una carcajada, nos aproximamos a la pista de baile y en breve, comenzamos a movernos de una sensual forma, debido a la oriental música que retumbaba en el lugar.
Su mano sujetó mi cintura, aproximándome hacia ella. No negué el contacto, al contrario, mis dedos se elevaron hacia su rostro, acariciándolo con mis yemas y acercándola más.
Los tambores de fondo provocaban que nuestras caderas bailasen al compás de estos, rozándose entre sí.
Era innegable que ya teníamos un público pervertido observándonos, pero poca importancia le dimos, continuando nuestro incitante baile, a la luz de las velas.
Mordí mi labio inferior, al darme cuenta que la situación me estaba estimulando. Y la mirada perdida de mi bardo... me daba a entender que a ella también.
Se dio la vuelta, en un sugerente y lento movimiento, con una provocativa sonrisa. Al instante atrapé su cintura, deslizándome por ella hasta llegar a su vientre e impulsarlo hacia mí, provocando que su trasero chocase contra mi cuerpo.
Mis ojos se entrecerraron con placer al sentirla tan entregada a mi persona. Estaba perdiendo la poca lucidez que restaba en mi tembloroso ser.
Maldición, ¡Ya cálmate! ¡Es solo un baile!
Para sumar a la ocasión, ella empezó a menearse de una seductora manera, rozando su voluptuosa parte contra mí, de izquierda a derecha, mientras ascendía su mano hacia atrás y capturaba mi cuello.
¿Cuánto más deseas torturarme, Gabrielle? ¿Cómo debo tomar esto? ¿No ves que en cualquier momento voy a perder la sensatez?
Ensimismada en su lujuriosa danza, y con el alcohol recorriendo mis venas, incliné un poco mi rostro, para quedar a la altura del suyo. Ahora, ambas comenzamos a movernos de un lado a otro, sin perder el contacto entre nuestros cuerpos, apegándonos cada vez más.
Esto se estaba saliendo de control.
Hipnotizada por aquel tortuoso y delicioso baile, mis labios, tentados, se acercaron con sigilo a su cuello y empezaron a navegar por él.
Escuché como un gemido ahogado se escapaba de su garganta, incentivándome a continuar. Con la consciencia apagada, y mi alma perdida en su erotismo, lo capturé, dejando mi marca en ella, mientras una de mis manos comenzaba a aventurarse, ascendiendo por su piel y topándose con uno de sus pechos.
-Xena...- ronroneó, sujetando mi cuello con más fuerza, sin dejar de moverse paulatinamente contra mí.
Oh dioses...ya no podía controlarme. Todo mi entorno me decía que continuase. La música embriagadora, el elixir de aquella bebida en mi sangre, Gabrielle tan pasiva...
Un jadeo se liberó de mis labios, al soltar su dulce piel.
Mis dedos ya habían perdido el control, tratando de sumirse dentro de su estrecho top, y encontrándose con su sensibilidad, que para mi sorpresa, se mostraba entusiasmada.
Observé perdidamente cómo se relamía los labios, al sentir mi tacto dominándola.
-Gabrielle...- musité en su oído, ya con la voz dos octavas abajo, debido a la interminable excitación que me recorría de pies a cabeza.
-Oh, dioses...- exclamó, percibiendo como mis dedos sometían a su erecta debilidad.
Gabrielle... si sigues así, yo...
Su agarre se deslizó por mi cuello, hasta caer en mis caderas. No tardó en aferrarse con ímpetu a ellas, adhiriéndome más a su estremecido cuerpo, obteniendo en consecuencia, que mi mente estallara en un mar de éxtasis.
-¿Quieres subir?- ronroneé en su oreja, ahora deslizando mi lengua lentamente por su cuello.
Sabía a lo que me refería. En la parte superior de la taberna, se encontraban unas habitaciones especiales para... la gente que deseaba satisfacer sus deseos.
No quería terminar así, de verdad que no... pero ella se mostraba tan predispuesta... que no pude evitarlo.
-Si...- respondió en un jadeo, dándose vuelta con sigilo y rodeando mi cuello con sus brazos, al mismo tiempo que yo apresaba su cintura.
Nuestras miradas llenas de deseo choraron, y allí pude comprobar que no era solo el alcohol en su ser lo que ocasionaba este fogoso encuentro.
-¿Estás segura?- murmuré, acercando mi agitado rostro al suyo, uniendo nuestras frentes.
-Si...- repitió, enredándose en mi cabello y acortando la distancia.
La situación era demasiado sugestiva. Pero necesitaba, a pesar de todo, saber la verdad... necesitaba saber que yo no era solo una mera atracción del momento.
-¿Por qué?- susurré, rozando mis labios con los suyos, mientras mis traviesas manos descendían por sus caderas con cautela, alcanzando su voluptuosa parte trasera.
Se mordió el labio, derivando su vista a los míos, para luego plantarla en mi transparente mirada, que esperaba ansiosa por una respuesta.
-Porque te quiero- dijo finalmente, provocando que mis ojos se entrecerrasen con goce, y en un arranque, destruyera la distancia que restaba, para unir nuestras bocas en un fogoso y anhelado beso.
Degusté sus labios uno por uno, arrastrando el inferior en una leve mordida, hecho que incentivó a sus ojos a abrirse, y a su boca a delinear una picarona sonrisa.
Sin siquiera premeditar lo que vino, entreabrió sus labios, llevándose consigo los míos e invadiendo mi cavidad con su, para mi sorpresa, experta lengua, que no tardó en entrelazarse con la mía, derivando mi mente a un estado de embriaguez mayor al que sentía.
-Gabrielle...- la nombré en un gemido, dentro de la unión.
Mis manos nuevamente ascendieron por su espalda, incrustándose dentro de su escasa ropa. Podía sentir como las suyas ansiaban imitarme, pero mi armadura se lo impedía.
Para nuestra suerte, ahora las luces eran tenues, casi oscuras. Quiero creer que nadie presenció nuestro pequeño acto. Aún así, aunque lo hubiesen visto, ya nada me importaba, solo lo que tenía en mis brazos era esencial.
-Subamos...- musitó, con un dejo de placer, tomando mi mano y llevándome hasta las escaleras.
Obedecí sin ninguna objeción, dejándome arrastrar por sus pasos y su risa, que cada tanto, mientras subíamos con torpeza, me dedicaba.
Yo solo rezaba porque mañana no me dijera que solo estaba ebria, y que no sabía lo que hacía.
Realmente... rezaba por ello.
Capitulo 2 entregado! Nos vemos en el próximo ;)
Chat'de'Lune: Gracias por leer! Que bueno que te esté gustando la historia :) El episodio en el que está basado este fic, para mi es uno de esos memorables, en el cual se puede ver con claridad su estrecho vínculo. Gracias por la corrección, la pifié ahí jaja, pero ya lo arreglé! Te veo en el próximo capitulo!
Lib93: Gracias por leer! Me alegro que te esté gustando! Me pasó, estar completamente aburrida y buscar un buen fic para leer y que por suerte apareciera uno, sé lo que se siente jaja Saludos!
Amazonfire: Wow! Thanks for taking the time to try to read this! I know what u mean, the translator makes my life impossible sometimes haha! See u in the next chapter!
Ave de paso: Gracias por leer! A pesar de que no te guste que esté narrado en primera persona. Espero que eso no sea un impedimento para que continúes leyendo :) Saludos!
