Zero se encontraba en el establo, estar con los caballos siempre le relajaba y era un buen escondite para escabullirse de las clases.
— ¡Zero! Por fin te encuentro, tendría que haber imaginado que estabas aquí —le sorprendió Yuki mientras trataba de recuperar el aliento.
— ¿Tantas ganas tienes de chillarme? —protesto Zero nada más verla. Seguro que venía para hacerle volver a clase.
— No es eso, la verdad es que he llegado tarde y no me han dejado entrar —explicó riéndose avergonzada mientras se sentaba a su lado.
—Apestas como prefecta — le espetó.
—Me esforzaré más de ahora en… ¡¿Quién fue hablar?! —replicó dándole golpes en el brazo—. ¿Si yo apesto tu qué?
—Yo hago un trabajo ejemplar, incluso ocupo este tiempo para asegurar que ningún mal estudiante se salte clases y acabe en el dormitorio equivocado —dijo sonando todo lo serio que pudo.
—Me rindo, eres incorregible —suspiró Yuki. Si le seguía la corriente solo se desesperaría, no podía ganarle en ese juego —. ¡Casi se me olvido de porque había venido! —gritó Yuki recordando.
Zero levanto una ceja, Yuki era demasiado despistada a veces.
—El director Cross quiere que cenemos con él esta noche—le informó Yuki. Lo cierto es que el director le había avisado ya hacía dos días pero se le había ido completamente de la cabeza.
—No me apetece —replico Zero. El director siempre le hacía perder los nervios, comportándose como una adolescente alocada más a tiempo completo. El parecido le ponía los pelos de punta.
—Tienes que ir, le romperemos el corazón sino.
—No me importa.
Pero Yuki hizo oídos sordos y se dispuso a marcharse del establo.
—¿Y ahora adónde vas? —preguntó Zero extrañado.
—A clase, el segundo periodo está a punto de empezar. No te preocupes diré que te encuentras mal, pero solo por esta vez, ¿eh?
—¡Y a cambio no puedes faltar a la cena! —añadió cuando ya estaba corriendo para no llegar tarde otra vez.
—Cuanta vitalidad—murmuró Zero para sus adentros.
...
Zero entró como de costumbre sin avisar a la casa del director Cross, llegaba un poco tarde pero al menos lo había hecho. Por culpa de algunas estudiantes se había manchado todo el uniforme ayudándolas y había tenido que volver a su habitación para cambiárselo.
En cuanto entró al salón la sorpresa que se llevó hizo que se le desvaneciera el hambre. ¿Qué tipo de broma era esta? ¿O tal vez estaba teniendo una pesadilla?
—Bienvenido —dijo Yuki sonriente desde la mesa, a su lado estaba sentado Kaname.
—¡Ya estás aquí, otousan estaba esperándote! Siéntate, siéntate —le apremió el director Cross desde la cocina —. Hoy Kaname-kun cenará con nosotros —dijo confirmando sus temores. No era un sueño. ¿No era suficiente ver a los vampiros todos los días? ¿Y además ahora tenía que cenar con este en particular?
Iba a matar a Yuki y al director por esta velada.
Viendo que no tenía mucha salida se resignó y se sentó en el asiento más alejado que pudo, quedando enfrente del vampiro. Desgraciadamente resultó ser tan mala elección como tenerlo al lado. De ese modo podía notar como mantenía su mirada fija en él y eso le ponía muy nervioso. ¿Por qué tenía que observarle así incluso cuando hablaba con Yuki? Por dentro deseaba escapar por la ventana y librarse de lo que le esperaba, pero no dejaría que Kaname volviera a ganarle. Se tenía que comportar de la forma más madura que pudiera y el vampiro no se lo ponía fácil.
—Has tardado mucho. ¿Te has estado arreglando para la cena? —preguntó como si nada.
—¿No se supone que los vampiros deberían estar en clase ahora? —replicó ignorando su comentario.
—Hoy la clase diurna tiene una revisión médica —se apresuró a contestar Yuki por Kaname, quería atrasar que comenzaran a discutir otra vez lo máximo posible. ¿Por qué tenían que llevarse tan mal?
¿Desde cuándo los vampiros necesitaban una revisión médica? —se preguntaba Zero —. No se creía nada, a saber que se traían entre manos. Y de todos modos un vampiro ni siquiera necesitaba comer.
—Aquí está la cena, la he hecho con todo mi amor… —dijo el director mientras comenzaba a servirles.
Había como siempre más comida de la que podrían digerir.
—Zero-chan, Yuki me ha contado lo enfermo que estabas y que no has podido ir ni a clase. ¿Te encuentras mejor ahora? Otousan te curará…—empezó el director Cross, pero Zero le detuvo intentando golpearle.
—¡Está bien, está bien! Otousan ve que ya estás mejor…—se apresuró a decir.
Siempre igual —pensó Zero mientras se tapaba la cara con la mano intentando calmarse, por un momento hasta se había olvidado de su preciado compañero.
—No es bueno que te saltes las clases, Zero-chan —le susurró Kaname aprovechándose que Yuki y el director estaban charlando sin prestarles la mínima atención. Adoraba ver irritado a Zero, aunque no era la única expresión en la que estaba interesado.
—Maldito vampiro, si vuelves a…—empezó Zero enfureciéndose.
—¿Me clavarás una cuchara esta vez, Zero-chan? —le cortó Kaname con falsa curiosidad.
Zero ya cabreado del todo se levantó y le apuntó con la bloody rose.
—Eso es peligroso, Kiryuu-kun —le avisó Kaname haciéndose el inocente.
—¡Voy a…!
Pero esta vez la que le detuvo fue Yuki cogiéndole de la oreja.
—¡¿Otra vez, Zero?! No puedes estar comportándote así cada vez que ves a Kaname-senpai —le reprendió Yuki.
—Yo…—intentó Zero.
—Bueno, es hora de que nos vayamos director, tenemos que seguir patrullando. Mis disculpas Kaname-senpai—añadió haciendo una reverencia y arrastrando a Zero hacia la puerta.
—¿¡Ya tan pronto…!? —se quejó el director Cross.
—Yo también debo irme ya, director —anunció Kaname levantándose también.
...
Hacía rato que había anochecido, la luna estaba oculta entre las nubes y soplaba un fuerte viento que hacía que las hojas de los arboles no parasen de agitarse.
Afuera en medio del bosque de la escuela estaba Zero, patrullando para asegurarse de que ningún estudiante estuviera rondando por ahí después del toque de queda.
Le había costado tranquilizarse un buen rato después de la horrible cena, y aun así todavía se sentía molesto, el vampiro le había provocado directamente y él había quedado como un completo idiota.
Yuki estaba patrullando cerca del edificio, aunque Zero apostaría todo que acosando a su querido "Kaname-sama".
Tenían un trabajo aburrido que les quitaba tiempo libre y horas de sueño. Y aunque la verdad era que casi nunca pasaba ningún incidente, era mejor no fiarse de que ninguno de los estudiantes diurnos hincara sus colmillos si se les presentaba la oportunidad.
Pero la tranquilidad no duro mucho, de repente Zero empezó a sentirlo otra vez.
Siempre llegaba y se iba sin previo aviso. Sin modo de poder controlarlo.
La sed de sangre. Aquella que le torturaba y enloquecía hasta límites insospechados. Y la misma que le recordaba el ser en que se había convertido.
No había tiempo, tenía que forzarse a tomar las pastillas fuera como fuera. Hasta el momento nunca había sido capaz de conseguirlo. Solo imaginárselo le daba nauseas, pero no podía soportar el dolor que incrementaba cada vez más y más. Antes solía esperar hasta que se le pasara pero ya no parecía ser suficiente. Últimamente no paraba hasta que no conseguía sangre y no quería volver a morder a Yuki.
Las buscó por la chaqueta desesperadamente, pero no estaban. Probó con el pantalón y de nuevo con la chaqueta, pero tuvo la misma suerte.
—¡Mierda!
¿Dónde puñetas estaban?
—Maldición —pensó Zero, se las debía haber dejado en la habitación cuando se había cambiado la chaqueta.
Era imposible que consiguiera volver hasta allí en esas condiciones. ¿Aguantaría sin volverse loco y atacar a cualquiera que se pasara por delante?
Se desplomó en el suelo, se le hacía complicado incluso respirar. Y tan siquiera fue capaz de oír como unos pasos se le acercaban.
Yuki había estado buscándolo para charlar un rato cuando le vio apoyado en un árbol respirando agitadamente y presionándose el cuello.
—¡Zero! ¡¿Qué sucede?! ¿Qué está mal? —gritó Yuki agachándose preocupada para asegurarse que no estuviera herido. Sin embargo, no tardó en darse cuenta lo que en realidad le pasaba.
Eran otra vez esos ataques. Se sentía muy asustada de la frecuencia con que sucedían recientemente y no quería aceptar que su condición podía estar empeorando cada vez más rápido. Apenas habían sido cuatro días desde la última vez que había bebido de su sangre.
—Zero, está bien si necesitas más —dijo apartando su pelo del cuello y acercándose más a él. Se sentía un poco débil aún, pero no le importaba, daría todo por ayudarle.
—¡No, aléjate! —suplicó Zero con las pocas fuerzas que le quedaban. Odiaba la parte de su ser que le hacía dependiente de la sangre, odiaba no poder controlarse a sí mismo y odiaba hacer eso a Yuki, no se lo perdonaría nunca. No podía hacer eso de nuevo, tenía que conseguir detenerse.
—¡Ahhhhhh! ¡Vete! —gritó sin poder ocultar más el dolor.
—¡Zero, hazlo! ¡Estaré bien! —le apremió llena de preocupación. ¿Por qué no bebía?
Yuki no podía aguantar verlo sufrir de ese modo, tenía que hacer algo. Y decidida sacó el arma que llevaba oculta en la pierna y se hizo un pequeño corte en el cuello. Así, un poco de sangre comenzó a deslizarse por él. Aunque fuera un poco, sabía que Zero la podría oler perfectamente.
La esencia de la sangre de Yuki.
Zero se preguntaba por qué era tan irresistible para él. Solo ésta le alteraba tanto y lograba sacar irremediablemente la bestia que había en su interior, el monstruo sediento de sangre que tanto temor le provocaba.
Intentó luchar contra sus impulsos todo lo que fue capaz, pero no pudo aguantar más y mordió su cuello bebiendo la sangre con desesperación.
Después de un buen rato Yuki empezó a comprender que algo iba mal, Zero ya debería haber vuelto a la normalidad y tan si quiera daba muestras de hacerlo. Nunca había estado bebiendo tanto tiempo. Parecía que no le calmaba la sed y cada vez se sentía más frágil. Sin embargo, Zero no se percataba de lo mucho que estaba haciendo hiriendo a Yuki, y seguía tomando más y más.
—¡Duele! ¡Basta Zero! —intentó Yuki, forcejeando. Pero era inútil, Zero parecía totalmente fuera de sí y no conseguía detenerlo. Sus fuerzas le iban abandonando poco a poco. Y por primera vez sintió miedo de él.
—Zero... —consiguió murmurar antes de que todo se volviera negro, al mismo tiempo que unos brazos le apartaron bruscamente de él.
—¡SUELTALE! ¡¿No ves que estás a punto de matarla?! —gritó Kaname después de empujarlo para que se apartara de ella.
Había percibido desde la clase que Yuki corría peligro y no le sorprendió encontrarse con que esta era la causa. Nunca había estado tan enfurecido en su vida, no debería haber permitido que siguieran sucediendo estas cosas desde un primer momento. Pero no había tiempo para eso, debía encontrar ayuda antes de que fuera demasiado tarde.
Llevándola en los brazos se apresuró a buscar al director Cross, mientras Zero volvía en sí y contemplaba confuso como una demacrada Yuki se escapaba de su visión.
¿Qué había pasado? Se había empezado a sentir mal y...
—Otra vez no —pensó asustado al venirle a la mente lo que había pasado.
Desgraciadamente, morder a alguien no provocaba amnesia.
Debía asegurarse que Yuki estaba bien.
...
Yuki no abrió los ojos hasta la noche del día siguiente, había necesitado una transfusión y tenía que hacer reposo durante al menos dos días más. Había perdido demasiada sangre.
Miro a su alrededor para comprobar que se encontraba en la casa del director. Las cortinas solo dejaban pasar una rendija de luz a través de ellas. Se sentía muy cansada a pesar de haber dormido tanto y se percató de que no se encontraba sola.
—¡Está despertando!
—¡Yuki! ¡Otousan es tan feliz de ver que estás bien! ¡No sabes lo mal que otousan lo ha pasado! —dijo el director Cross llorando sonoramente y acercándose para abrazarle cuando fue detenido por Kaname.
—No creo que sea lo más conveniente para ella ahora, director Cross.
—¡¿Cómo puede ser malo que le abrace?! —lloriqueó sonándose la nariz con un pañuelo.
—Me encuentro bien, director —le consoló Yuki sonriendo.
—Me gustaría discutir algo con Yuki, a solas —solicitó Kaname sin esperar respuesta.
—¿Y ahora me echas…? ¡Qué cruel! Yo también quiero estar con ella...
—Será solo un poco, por favor... otousan —pidió Yuki tratando de convencerle. Había algo que se moría por preguntar, necesitaba saber que había sido de Zero. Quería asegurarse de que estuviera bien. ¿Por qué no estaba aquí?
—¡¿Me ha dicho otousan?! ¡Estoy tan feliz! Está bien me iré, pero será mejor que sea rápido, necesita descansar —añadió en advertencia con una seriedad poco frecuente en él.
—Lo sé —dijo Kaname esperando hasta que cerró la puerta.
—Yuki. He estado muy preocupado por ti —dijo mientras le acariciaba tiernamente el pelo.
—Kaname-senpai, por favor dime que le ha pasado a Zero. ¿Está bien, verdad? —le suplicó sin poder controlarse.
—¿Estás en este estado y lo único en lo que puedes pensar es en él? —preguntó suspirando.
—Kaname-senpai…
—Kiryuu-kun está bien —le interrumpió Kaname —pero no sabes cuánto me arrepiento de no haber detenido todo esto desde el principio, Yuki.
Después de que Yuki descubriera que Zero era un vampiro había suplicado a Kaname que no hiciera nada aunque bebiera su sangre y que le dejara estar en clase de los humanos. Yuki había decidido ayudar a Zero a luchar contra sí mismo.
—Es demasiado peligroso que siga yendo a clase también.
—¡Zero no lo ha hecho queriendo! ¡Él no es así! —le defendió Yuki.
—Tú lo has dicho, no puede controlarse aunque quiera. No puedo dejar que siga pasando y no voy a cambiar de idea por mucho que lo pidas. Lo hago por tu bien, Yuki.
—No voy a perderte —declaró finalmente.
...
Después de hablar con el director Cross para saber cómo se encontraba Yuki y ver con sus propios ojos que estaba viva, no se había atrevido a ir a visitarla ni una vez aunque no había nada más en el mundo que se volviera loco por hacer. Sentía que no tenía ningún derecho de hacerlo ya que era su culpa que estuviera así. Si Kaname no hubiese estado ahí no quería imaginarse que podría haber sucedido.
Yuki era como una hermana para él, habían pasado juntos los últimos cuatro años de su vida. Era la única familia que tenía y siempre había pensado que la protegería de quien fuera que tratara de hacerle daño, ¿pero cómo podía hacerlo si era él mismo de quien debía estar más preocupado?
Tan solo hacía dos meses que había comenzado a beber sangre y ya no podía controlarse. Así que lo mejor sería que esta vez se fuera de la academia para siempre antes de que Yuki se diera cuenta y tratara de detenerle otra vez. Decidido a ello empezó a preparar la maleta.
—¿Te vas a algún lugar? —oyó Zero detrás suyo al mismo tiempo que alzaba su bloody rose contra su inesperado visitante.
Era Kaname apoyado en el marco de su puerta como si nada. ¿Qué sucedía? ¿Hasta sus habilidades de cazador comenzaban a fallar?
—Veo que estás en baja forma. Aunque aún sigues apuntando con eso a todo el que se te cruza.
—¿Qué haces aquí? ¿Le sucede algo malo a…? —empezó Zero temiéndose lo peor.
—Yuki está bien. Vengo a hablar contigo.
—Sé lo que quieres.
—¿Lo sabes?
—Esta vez dejaré definitivamente la academia, no le volveré a herir.
—¿Y adonde piensas ir?
—No es de tu incumbencia —respondió cortante.
—¿Piensas abandonar a Yuki? ¿Esa es tu mejor solución?
—Creo que ya le has causado suficiente dolor.
—¡Es mejor a que la mate!-gritó Zero enfurecido.
Por supuesto que no quería irse, no tenía familia y no habría ningún lugar entre los cazadores para un vampiro, pero no había otra manera de mantenerla a salvo... ¿O sí?
—Mátame —dijo Zero lanzándole la pistola decidido—. Esto es lo mejor, no creo que tengas ningún problema.
— Eres un estúpido. Si quisiera que estuvieras muerto te habría matado hace mucho—respondió Kaname con frialdad. Se sentía totalmente enfurecido. ¿Cómo se atrevía?
—Hazlo, ¿acaso no estarías feliz? —dijo acercándose hacia él hasta que el arma rozó su pecho.
— Yuki me odiaría —repuso intentando recuperar la calma —. Y ninguna de estas cosas le haría feliz.
Zero se quedó callado, no podía negar lo que decía Kaname.
—Pero tampoco ha funcionado lo que habéis hecho hasta el momento. Te trasladarás a la clase nocturna —sentenció Kaname sin permitir un no como respuesta.
—¡¿La clase nocturna?! ¿Es una broma, verdad? —preguntó Zero sin creer lo que oían sus oídos.
Zero no sabía si horrorizarse o reír. ¿Se había vuelto loco? ¿Hablaba en serio en poner bajo el mismo techo a un cazador y a un enjambre de vampiros? Una cosa era convivir y otra muy distinta era ir a clases con ellos o compartir habitación, maldita sea.
—Si has seguido en esa clase hasta ahora ha sido solo porque Yuki me lo pidió. Por mucho que lo odies te has convertido en un vampiro y ya es hora de que lo aceptes.
—Es una locura.
—Sé honesto, después de lo que ha pasado, ¿crees que no es peligroso estar tan cerca de los humanos?
Zero odiaba que estuviera en lo cierto y no tenía el más mínimo deseo de hacerle caso en nada de lo que dijera. Pero debía hacerlo por Yuki, o por lo menos intentarlo.
—Está bien, me trasladaré —dijo Zero finalmente después de respirar hondo—. ¿Cuándo? —preguntó preparándose para lo peor.
—Si fuera por mí esta noche mismo.
¿Qué? ¿Se estaba quedando sordo de verdad? ¿Ya mismo?
—El director Cross lo aprueba, sin embargo sería mejor que lo anunciará antes a tus futuros compañeros.
Tal vez no sería tan mala idea que fuera esa misma noche, la cara que se le quedarían a los chupasangres al verle sería digna de enmarcar —pensó Zero.
—Mañana —dijo antes de marcharse sin esperar respuesta.
¡Maldito vampiro! Realmente se creía algo más.
...
Zero! —gritó Yuki llena de felicidad en cuanto le vio pasar por la puerta, se sentía muy aliviada de verle.
—Yuki —dijo Zero dejándose abrazar por ella. Sentía una gran culpabilidad al verla, se veía muy pálida y parecía enferma a pesar de que su voz no le delataba. En ese aspecto parecía tan vivaz como siempre.
—Zero ¿no estarás aquí para despedirte o algo así, verdad? Prometimos que nos esforzaríamos juntos, así que no me dejes por favor —empezó a decir con lágrimas que amenazaban sus ojos.
Se le partía el corazón al verla así.
—No lo haré. De verdad siento todo lo que ha pasado, pero no volverás a pasar por ello, te lo prometo.
—Pero Zero tú necesitas...
—Encontraré la forma —dijo interrumpiéndola —. Ahora descansa —añadió mientras le arropaba en la cama.
—Sí, creo que estoy un poco cansada.
Y después de hablar un rato más no tardó mucho en caer dormida, por fin podía descansar con tranquilidad. Zero no se iría después de haberlo prometido.
Y así era, Zero raramente no cumplía su palabra, aunque desde su punto de vista poca fortuna le traía. Ahora tendría que vivir con sus peores enemigos. Su vida definitivamente iba a dar un cambio, y desde luego no para mejor. Aunque tampoco es que tuviera confianza en que durara mucho, o les mataba él o le mataban ellos. Era imposible concebir una alternativa posible.
Al menos había pensado que tendría un tiempo para asimilarlo pero no era así.
No había conseguido dormir en toda la noche gracias a eso, ¿quién iba a dormir cuando sabía el futuro que le esperaba? Y por si no fuera bastante tenía que ir a clase, aunque por una vez no pensaba saltársela después de todo sería la última. Puede que lo único que quería era sentirse normal lo que le quedara de tiempo. No se trataba solo de una cuestión de cambio de uniforme.
—Kiryuu Zero, vas a acabar conmigo, ¡¿ahora incluso te atreves a dormir en mi clase?! —gritó el profesor desde el principio de la clase.
—Kiryuu-kun, nuestro profesor está llamándote —le avisó la amiga de Yuki desde la fila de delante.
—Hggg. ¿Qué pasa ahora? —dijo Zero mientras se frotaba los ojos bostezando.
Mierda, mierda. Aún estaba en clase.
La mayoría de profesores le daban por caso perdido y simplemente pasaban de él mientras no suspendiera los examenes. Pero este era demasiado insistente, y a pesar de ser su último día lo tuvo que pasar retenido durante dos horas más después de clase, sin olvidar la charla que también había tenido que soportar.
Lo único bueno fue que pudo olvidarse de su trabajo como prefecto y ahora que entraría en la clase nocturna podía ser que para siempre. Con Yuki enferma, los vampiros se las habían tenido que apañar para pasar entre las estudiantes con las hormonas alteradas ellos mismos. Después de todo eran vampiros de clase alta, no podría ser tan complicado. Podían usar sus poderes o lo que fuera.
No hubiese estado mal haberlo presenciado pero en cambio decidió usar todo su tiempo para atrasar lo inevitable, visitando a Yuki y al director Cross, el cual le sacaba de quicio. Ese hombre se había tomado su traslado como si un campamento de verano se tratase. ¿Se pensaba en serio que era motivo de alegría? ¿Qué llegaría ahí y se iría de celebración con sus amigos los vampiros?
Prefería olvidarlo.
Se colgó del hombro una mochila con todas sus cosas y miró por un poco el que había sido su cuarto los últimos años. No es que fuera sentimental ni nada pero se había sentido confortable en él. Era casi como abandonar un refugio. Ahora se metería en la mismísima cueva del lobo. ¡Estaría de todo menos seguro! Y necesitaría todos sus sentidos al máximo.
