Advertencias del capítulo: Lemon explícito. Yaoi. Oshe ke Rico ( ͡° ͜ʖ ͡°).
Dedicatoria: Ahora si, Luz, finalmente terminado. Espero te guste tu regalo, lo hice con todo el cariño e inspiración del mundo.
Notas: Gracias a los que le dieron favs y follow, y también a los que comentaron, en verdad no me lo esperaba. Sin más les dejo con el final. Si la inspiración está de mi lado quizá escriba mas sobre ellos.
Advierto, es el primero Lemon Yaoi que escribo en la vida. He escrito lemon pero con parejas shojo. He escrito de parejas Yaoi con Free!, pero nunca llego al acto sexual ni nada, así que se puede decir que me estoy estrenando en lemon Yaoi con éste.
Besos(:
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—¿Ryoma…podrías…—al pasearse por los puestos la gente les mira. El de cabello azul es como una celebridad. Y como una, siendo codiciado por la mayoría de las mujeres, ahora se muestra inalcanzable…
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"¿Quién es esa chica?"
"¿La que está con Ichijou?"
"Es muy guapa"
"Seguro es su novia"
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…por la chica a la que se encuentra guiando, con su mano cuidando su cintura, a la que no deja de sonreírle como idiota, a la que no deja de mimar con dulces y dangos salados de aquel puesto de comidas. Una rubia de ojos dorados.
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—Ryouma… ¿podrías…—y le sigue sonriendo como un idiota, parece un niño al que acaban de premiar con una estrella de buena conducta. Con una sonrisa de oreja a oreja y sonrojos incipientes—, podrías quitar tu mano de mi…? —a Izumi le da un tic nervioso, ¿cintura?, es tan raro tenerla tan marcada.
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—Oh, lo siento ¿te incomodé? —una vez que el encaprichado peli azul entiende, Izumi se sonroja, llevándose una brocheta de dango picante a la boca.
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Y mientras el rubio considera que ha sido una mala idea comerla, debido a la cantidad de chile en ella, Ryouma lo contempla. Es como una chica, siempre lo pensó. Si Izumi fuera mujer seguramente a esta hora estaría considerando seriamente en contarle a su madre sobre un embarazo prematuro.
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Izumi lo tenía todo. Era delgado, amoldado a los brazos de Ryouma. De estatura promedio, la adecuada para poder inclinarse un poco y besarlo. Era rubio, a su madre le encantaba ese color. Sus ojos eran tan expresivos como hermosos, en ningún lado encontraría a otra persona portando un color similar.
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Era tímido, lo suficiente para querer impresionarlo siempre y así recibir una de sus pequeñas pero gratificantes sonrisas. Su cuerpo era…
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—¿Ryouma? ¿Ryouma, estás bien?
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Tenerlo tan cerca, vestido así y con esa preocupación pecaminosa tentándolo a sacarle la ropa y tomarlo ahí mismo. El peli azul tembló ante sus pensamientos.
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Como mujer era preciosa, no por nada estaba siendo la envidia de aquella kermesse estando a su lado, pero como hombre, como realmente era…
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—Me veo extraño, ¿no es así?
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RYOUMA POV'S
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Pensé en él, no como mi amigo vestido de chica, sino como es realmente. Como hombre. Como el hombre que es debajo de esa delgada capa de maquillaje, pensé en el enigma de sus dorados y tornasoles ojos debajo de las pestañas postizas. Pensé en él, en el Izumi con lentillas y con cabello corto y peinado. En el sonrojo de su tierno rostro. En la mirada entristecida que ahora me muestra.
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Él me ha dado todo y yo…
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—Izumi… —incluso ahora, cuando se ve más como una chica que como un chico, su mirada es la misma. Ahora lo sé, que nada de esto tendría sentido si no estuviera con él, sentado bajo el árbol de castañas apartado de los puestos.
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Sonrío, y pensar que terminamos aquí por el dolor que las sandalias le causaban a los pies de Izumi. Aun haciendo esas muecas es adorable.
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—¿Qué?, Si vas a burlarte hazlo ya y… —no soy paciente. Lo único que quiero, por lo que resta la tarde, es estar a su lado, porque finalmente lo comprendí— ¿q-que haces…?
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—Terminemos con esto de una vez ¿sí? —le veo pestañear confundido.
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END RYOUMA POV'S
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Caminando –casi corriendo- apresuradamente, Izumi siente que tiene dos pies izquierdos. Parece un potro recién parido con las piernas inestables cuando finalmente capta el lugar hacia el que Ryouma lo encamina. Donde las parejas suelen "casarse" a modo de diversión. A un registro civil.
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—¡Vamos a casarnos, Izumi! —el rubio no tardó ni dos segundos tras procesar para soltarse abruptamente, dejando a un Ryouma confundido a unos centímetros de él— ¿Izumi?
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—N-No quiero… —el Sena cierra los ojos intensificando esa vergüenza que se empieza a notar a través de sus mejillas. Pero hay algo más, a pesar de haberle prometido al Ichijou que lo ayudaría, ya no sabe si será capaz de seguir actuando—, "Ryouma…, él…" —entreabre los ojos y las lágrimas escurren. Le ha defendido, le ha abrazado cariñosamente, le ha comprado mil dulces, le ha sostenido cuando sus torpes pies han querido provocar que se tropiece. Le ha mirado con ternura, le ha limpiado con dulzura los restos de comida. Pero Izumi sabe que Ryouma solo está cumpliendo con su parte del trato, haciendo que todos crean que es su novia, y aquella actuación le ha salido bien.
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Se encuentra llorando porque para él todo eso significaba más que solo mentir.
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Se siente usado, se siente parte de un juego, pero no lo culpa a él, Izumi ha aceptado desde un principio pero ahora sus inestables sentimientos se han apoderado de él.
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Y mientras esconde el rostro intentando mirar a otro lado, Ryouma sonríe con ternura. Izumi es tan frágil, tan endeble como una chica. Es esa personalidad suya, es esa complexión ligera, son esos ojos dorados, todo lo que él esconde debajo de la apariencia que ahora tiene, lo que lo han cautivado.
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—Izumi… —el menor le mira de soslayo aceptando tímidamente que Ryouma le seque las lágrimas con su mano—, me gustas —el Sena engrandece los ojos. Dos palabras y las siente tan pesadas. La mirada que Ryouma le da le transmite mil emociones. No se lo está diciendo a su apariencia de chica, se lo está diciendo a su verdadero ser.
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—¿S-Sigues actuando, cierto? —el de cabello azul sonríe, acercándose peligrosamente a su rostro, quedando ridículamente pegado a su nariz. Izumi se siente desnudo, se siente perforado por su mirada apasionada. Él solo sonrió, guiándolo a su destino.
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Izumi había creído, hace años atrás, que su primer beso sería con una chica como LalaLulu.
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—Listo, ahora puede besar a la… —la chica del registro civil, que le sostenía el ramo a Izumi, se sonrojó antes de que pudiera terminar la frase. El cura falso se rió, y el fotógrafo, que no era más que un chico del taller de fotografía, no perdió tiempo en reírse, inmortalizando aquél sorpresivo beso en la foto de recuerdo.
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Oficial o no, Ryouma besó a Izumi por primera vez frente a los testigos curiosos que comenzaron a aplaudir y a aventarles granos de arroz.
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Finalmente era la novia del Ichijou.
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END FLASH BACK
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—¡No! —la fotografía, que ha estado sosteniendo todo ese tiempo mientras divagaba en sus recuerdos, cae ante su prematura alteración—. ¡D-De ninguna manera! ¡Se supone que soy un chico y…! —los llamados a su puerta le hacen sobresaltarse, dándose cuenta de que la fotografía está ahora a sus pies.
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—¿Izumi? ¿Estás bien? ¿Con quién hablas? —la sorpresiva voz de su madre lo hace tragar grueso.
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—"No, no es sorpresa" —si de llamar la atención se trata, Izumi, inconscientemente lo hace siempre. Tras llegar a su casa ya con el maquillaje corrido, descalzo y con una peluca a media quitar, era obvio que Nagisa, su madre, se diera cuenta de que algo había sucedido.
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Tras decirle que se encontraba bien justo cuando lágrimas caían significaba que no lo estaba. Correr por las escaleras y encerrarse tampoco le ayudaba a hacer creíble eso. Su habitación está a oscuras, a pesar de que el atardecer aún permanece a la orilla del horizonte, luego de tomar un baño, Izumi ha permanecido ahí por varias horas.
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—¿Izumi? —vuelve a insistir la voz de su madre. El rubio suspira, intentando sacar su mejor voz estable para que le crea finalmente.
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—Estoy bien, solo…, solo me pelee con un amigo, es todo
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—¿Con Ryouma? —el Sena sintió palpitar su corazón y un ardor se acumuló en sus ojos nuevamente.
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—E-Eh…, no mamá, no es…
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"…No tiene nada que ver con él"
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Allá afuera está lloviendo pero a Ryouma lo que menos le interesa ahora es pescar un resfriado. Seguramente su madre se lo reprochará luego, pero no es en ella en quien piensa ahora.
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—Vamos…, ¡contesta! —mientras deja atrás la estación Shibuya, al salir del metro comenzando a correr, Ryouma ha perdido la cuenda de la cantidad de veces que le ha marcado a Izumi sin ningún resultado. Frunce el ceño afligido y preocupado. Las cosas no debían pasar de ese modo, no cuando finalmente entendía sus sentimientos y entendía hacia quién eran dirigidos.
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Pero Izumi no le dio tiempo de reaccionar. Luego del dulce beso que se dieron en el registro civil, justo cuando pensaba que luego de ahí podría llevarlo a otro lado y confesarle lo que sentía, el de ojos tornasoles le empujó.
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Le mostró sus lágrimas y luego de que la fotografía fuera revelada, Izumi, sin dar explicaciones se la arrebató al fotógrafo y huyó del lugar cual cenicienta. Irónicamente perdió una de sus sandalias.
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Y ahora Ryouma se encuentra desesperado, corriendo por los andadores de la ciudad en espera de que el Sena le conteste la llamada.
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—Por favor, Izumi… —quiere disculparse, quiere explicarle, quiere oír su voz, quiere verlo— "¡Izumi!"
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…
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Tras haberse dado otro baño, el cual duró más que el primero debido a su estado de ánimo depresivo, ahora Izumi se encuentra en la cama. Justamente con la espalda pegada al respaldo, con las piernas encogidas y con los brazos sobre éstas, sirviéndole de apoyo para su cabeza.
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Mira de soslayo por la ventana, parece que el clima le hace compañía con tal lluvia torrencial. No le importa, solo esconde la cabeza entre sus piernas. Su cabello desprende gotas de agua y la toalla encima de su cabeza no hará solo el milagro de secarlo por si sola. Izumi no tiene ganas de nada, ni siquiera de preocuparse en si pescará un resfriado por eso.
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La fotografía descansa a un lado de él. Verla solo le provoca ganas de llorar. Recordar la manera en que lo empujó, viendo su semblante desconcertado, solo le hace creer que ha sido muy idiota de su parte huir de esa manera.
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—Ahora…ya no podré mirarle a los ojos —se dice sintiendo sus ojos acuosos, permitiéndose volver a deprimirse y pensar seriamente en permanecer en su habitación eternamente, hasta que siente una vibración cerca suyo. Su teléfono—. ¿Eh?
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En todo ese tiempo ,en el que ha permanecido absorto al mundo que lo rodea, no se había percatado de los miles de mensajes y llamadas perdidas que se fueron acumulando. Todas de él. El Sena emite un gemido ahogado, desconcertado y a la vez sorprendido.
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Comienza a leer los mensajes y con cada nuevo que abre su garganta se cierra, su dolor acrecienta, sus lágrimas se liberan.
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"Izumi, déjame explicarte"
"Por favor, contéstame"
"¿Donde estás?"
"¿Llegaste a casa?, por favor, solo dime que estas bien"
"Yo…, en verdad lo siento, he sido un idiota y…"
"Solo no quiero perderte, por favor"
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Con cada mensaje los ojos del menor se vuelven inmensos mientras una sensación plácida, refrescante y casi punzante se ciñe en su pecho. Inconscientemente deja que su labio inferior tiemble. Antes de que rompa en llanto y se deje caer en la cama, un nuevo mensaje le llega.
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"Quiero verte…"
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Y antes de que pueda regocijarse mas por ese último mensaje, aparece una llamada entrante. Las manos le tiemblan pero a pesar de eso no hace ademán de querer soltar el teléfono o colgar. Finalmente contesta y por eternos segundos, en los que espera oír alguna respiración del otro lado, solo alcanza a escuchar el sonido de la lluvia caer. Finalmente es él quien habla.
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—¿Ry-Ryouma…?
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—Mira hacia tu balcón —terminando por abrir sus ojos desmesuradamente, obedece. Está ahí, por quien ha llorado toda esa tarde, por quien su corazón late, completamente empapado de pies a cabeza. Puede verlo, puede apreciar como el aliento de Ryouma exhala de su boca mientras su pecho sube y baja con frenesí mientras la lluvia lo sigue mojando.
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Solo hasta que el Sena parpadea incontables veces, convenciéndose de que no es una treta cruel de su imaginación, reacciona, corriendo a abrir la puerta corrediza de su balcón. Inmediatamente el raudo viento le hace humedecerse, pero no le importa.
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—¿¡Pero que estas…?!
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Antes de que Izumi pueda negarse y termine por regañarlo, Ryouma lo envuelve entre sus brazos. El rubio emite un sonido de aturdimiento.
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—Izumi… —pronuncia su nombre y al hacerlo parece que emana la ternura del universo. La lluvia es feroz pero, a pesar de serlo, no causa estragos en los ojos del menor para que procure cerrarlos. Ryouma lo ciñe más a su frío cuerpo. Lo siente cálido. Lo siente tan amoldado a él—, quería verte
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—¿Ve-Verme? —balbucea el de cabellos oro, sintiéndose ridículamente enardecido de la vergüenza. Aquello parece un sueño, uno muy alocado. Atormentado por tener que soltar a Izumi y perderlo, Ryouma se separa solo un poco para tentar sus labios, pero el menor reniega rápidamente apartándolo con brusquedad—. ¿¡Qu-Que crees que haces!? ¿¡A que viniste!? ¿¡A burlarte de mí!?
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—No, por supuesto que no —las palabras del Ichijou suenan a un gemido de tristeza. Izumi tiembla—, vine a verte porque…, porque quiero arreglar las cosas contigo y…
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—¿E-Es por la fotografía, verdad? —pregunta riéndose con ironía. Debió saberlo. El trato era hacerse pasar por su novia, quizá lo del registro civil solo era una actuación también. La fotografía era la prueba que necesitaba mostrarle a su madre para que dejara de molestarlo, y él la tenía—, su-suéltame y te la daré enseguida, ¿a eso viniste, no?
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—¡No! ¡Eso no es lo que…! —si bien el Sena se la había arrebatado por mera vergüenza a que alguien más la viera, pensaba devolvérsela. Su promesa ya está cumplida, se la devolvería y fingirían que nada pasó, eso era lo que Izumi suponía, eso era lo que tanto le hacía doler el pecho—, la fotografía no me interesa —la firmeza de sus palabras hicieron que Izumi lo volteara a ver.
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—¿N-No te importa? —el de cabello azules negó rápidamente—, pero… ¿Qué hay de tu madre y…?
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—Le diré la verdad
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—¿La verdad? —en todo ese rato que hablan, la lluvia sigue cayendo. La manera en que Ryouma sostiene a Izumi es delicada, le ciñe la cintura en una pose de declaración amorosa. Las mejillas del rubio están teñidas de un tono rojizo, quizá debido al frío.
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—La verdad es que…no quiero una novia—el de lentes encarna una ceja—, sino un novio —y es ahí donde la vergüenza se apodera de todo el rostro del Sena.
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—¿¡Y entonces porque me hiciste pasar por todo es…!? —pero antes de que el rubio pueda reclamarle, como solo él sabe hacerlo, Ryouma termina por eliminar toda distancia entre sus cuerpos. Izumi de pronto se siente ligero, siente que su estómago gruñe pero no es debido al hambre. Siente mariposas o alguna sensación parecida a un placer que no puede describir. Un placer que Ryouma le está otorgando mientras besa sus labios con frenesí.
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El azoramiento no le permite emitir queja alguna. No pasa mucho tiempo para que el de cabellos azules le incite a más, llevando su mano a la espalda baja del menor. Izumi gime otorgándole al Ichijou su primer gemido.
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La temperatura sube a pesar de estar en medio de la furia del cielo. Las mejillas de Izumi se calientan, su aliento escasea, sus manos cobran vida, anclándose a los hombros del más grande. Le regala mil gemidos que mueren en la garganta de Ryouma.
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El de ojos azules se aventuró a acariciarle la mejilla, sintiéndola caliente. Sus pulsaciones podía sentirlas retumbar en sus oídos de manera brava. Su corazón se aceleró.
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Cuando el aire escaseo en sus pulmones, se separaron, y apenas un perceptible hilillo de saliva los mantenía separados. Para Ryouma, aquella era la primera vez que veía a Izumi de tal manera que su inocencia, sus labios entreabiertos, su escaso aliento y sus mejillas arreboladas, le provocaban un éxtasis nunca antes experimentado.
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Con solo besarlo.
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—Izumi… —susurró su nombre.
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Para el menor aquello era un sueño. Pretendiendo pestañear para volver a la realidad es que Ryouma río, quitándole los lentes e inclinándose para besarle nuevamente. Le besó la frente, le beso la nariz, le mesó las mejillas, le besó los labios de tal manera que le hizo estremecer.
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—Ry-Ryouma… ¿Qué estas…?
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Se miraron y finalmente el mayor se rindió ante el menor.
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—Me gustas, Izumi —el susodicho no terminó de emitir sonido de asombro cuando nuevamente, las peligrosas manos de Ryouma, tomaron su rostro por las mejillas—, te quiero.
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Aquella fue la sentencia de su amor.
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De alguna manera sus cueros iban a terminar expuestos a la calefacción del cuarto del rubio. Estaban húmedos por lo que era casi lógico quitarse las prendas. Lo que no era lógico, ni mucho menos planeado, era la situación que había en la cama de Izumi en estos momentos.
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Con solo los pantalones puestos, Ryouma devoraba, en aquella perfecta posición encorvada para apreciación de su trabajado abdomen, los labios del rubio. Izumi gemía, sujetándose con fuerza de los hombros del mayor para no caer completamente en la cama. El brazo posesivo del peli azul atrapó la pequeña cintura del Sena, haciendo fricción entre sus sexos. Inmediatamente, y por obvia reacción inocente, Izumi rompió el beso, separándose.
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—¿Qué…? ¿Qué pasa? ¿Hice algo mal? —preguntó afligido el mayor, aturdido también ante aquel aspecto por parte de su amante.
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—N-No…, no es…, es solo que… —no bastaba ser un experto para darse cuenta de que ese balbuceo, esa renuencia a verle a los ojos y ese dulce sonrojo eran productos de un miedo muy natural. Aquella imagen, en lugar de molestarle, le causó ternura al Ichijou.
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Izumi terminó por sentarse en la cama con la mirada gacha. No duró mucho tiempo en esa posición puesto que Ryouma le sujetó del mentón para que le mirara a los ojos. Traslúcidos, llenos de puro amor hacia él.
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Le acarició la mejilla viéndolo con eterna lentitud. Nunca se había permitido apreciar por completo el rostro de Izumi, no de la manera en que ahora lo hacía. Le recorrió las cejas, pasando con suavidad su pulgar, llegando a terminar en sus tersos labios.
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Aquel gesto erótico le hizo, al menor, perder la cordura. Entregándose al placer.
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—Te prometo que seré lo más cuidadoso posible —el rubio se sonrojó hasta la médula pero antes de bajar el rostro, Ryouma atrapó sus labios una vez más. Estaban fríos pero ligeramente cálidos por la temperatura de su cuerpo.
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El Sena dejó de estar a la defensiva y finalmente se rindió a su más grande anhelo. Pertenecerle en cuerpo y alma a su persona más amada, quién ahora se encontraba sobre él, repartiendo besos por toda su cara.
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Cuidando de no apresurarse, Ryouma siguió repartiendo besos a medida que recostaba a Izumi en la cama, guiando sus manos para que le tocara también.
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—¿R-Ryouma…?
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—Mírame, Izumi. Mírame sin perder de vista como te hago el amor —antes de refutarle tras tremendo comentario, nuevamente las palabras murieron en su garganta al sentir la voraz boca del Ichijou navegar en la suya. Esta vez sintió su lengua húmeda hacerse paso entre las cavidades inexpertas de su boca.
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Aferrándose a su cintura, dejando de besarle los labios, Ryouma bajó a su pecho. Izumi gimió al sentir como su punto más sensible, que eran sus tetillas, se erizaban ante el roce indecoroso de la lengua del mayor. Mirando a Ryouma, le sorprendió que a pesar de estar dedicandole placer en aquel punto, sus ojos no se apartaban de su rostro. Le veía con un ensombrecido placer.
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El rubio de pronto se sintió frágil y a merced de una poderosa bestia, e inconscientemente aquello le gustaba.
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—"Como un pequeño corderito" —pensó el mayor al darle una mirada completa al cuerpo debajo del suyo.
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La mirada tierna, temerosa y llena de lujuria de Izumi le nubló los sentidos. Ya no había manera de detenerse, no con aquella imagen tan erótica frente a él.
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Con una premura, y agilidad que no sabía que poseía, Ryouma terminó de despojar a Izumi del resto de su ropa dejándolo completamente desnudo frente a sus ojos. Él, por su parte, ya tenía el pantalón a medio desabrochar.
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Y así como Izumi se dispuso a separar un poco las piernas, de la misma manera el Ichijou entendió ese gesto como una invitación a colocarse entre ellas.
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La sensibilidad de todo su cuerpo, principalmente ahora de las piernas, siendo aquellas partes inexploradas incluso por sí mismo, ahora Ryouma las estaba tocando.
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—¡A-Ah! ¡Ryouma, ahí…no…! —haciendo caso omiso a su pedido, el Ichijou sumergió el miembro de Izumi en el lívido de su boca, sintiéndolo temblar al instante— ¡Ryou….! —el rubio tensó los músculos de las piernas al igual que apretó los dedos de sus pies, haciéndolos fundirse sobre las sábanas.
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La sensación de sentir su miembro siendo atendido de esa manera indescriptible, en donde Ryouma apretaba y succionaba a la vez su virilidad con el borde de sus labios, le hizo a Izumi casi desfallecer. Sintiendo los ojos acuosos y las mejillas arder. Parecía ser que Ryouma había estudiado todo su cuerpo antes de estar haciendo todo eso, pues parecía conocer el punto de placer exacto de Izumi.
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Continuando por un rato de ese modo, el rubio terminó por venirse inevitablemente.
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Su cuerpo se vino abajo ausente de toda fuerza luego de los espasmos de placer, pero a pesar de estar exhausto sabía que aún faltaba un placer por descubrir, uno que Ryouma le comenzaba a mostrar mientras terminaba por desnudarse, quedando en las mismas condiciones que él.
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Izumi se sonrojó al instante ante tal tamaño de su miembro.
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—Izumi…
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—E-Es muy grande —murmuró el menor, reprimiendo su asombro mientras fingía mirar hacia otro lado. No había suficiente luz para demostrar el sonrojo enardecido de sus mejillas, pero la cercanía de Ryouma era suficiente para notarlo. El mayor rió ante la inocencia del Sena, inclinándose a besarlo con dulzura—, n-no va a caber…
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—Seguro que si lo hará —insistió el Ichijou ardiente de deseo.
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Tomando a Izumi por la cintura, lo cargo hacia él, dejándolo peligrosamente sentado en sus piernas. El roce de sus miembros provocó en ambos una sensación similar a un toque eléctrico, lleno de placer y deseo adormecido, listo para ser liberado. El cuerpo de Izumi temblaba, sufría temblores espasmódicos en el momento en que Ryouma reanudaba volver a besarlo, esta vez de una manera más sensual. Le lamió la clavícula, le mordió el cuello, provocando que el rubio echara la cabeza hacia atrás y sus cabellos hicieran contacto con la fría piel de su espalda. Estaba sensible en todos los puntos de su cuerpo.
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—Izumi…voy a… —antes de que pudiera sentirse advertido, el rubio llevó sus brazos alrededor del cuello de Ryouma ante el impulso de sentir los dedos del mayor sumergirse en su cavidad anal. Esa parte inexplorable en la que nunca antes había sentido tanto dolor y placer a la vez, esa que el de cabellos azules ahora se encontraba atendiendo con el movimiento frenético de sus largos dedos.
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—¡A-Ah! ¡Ah, Ryouma…! ¡No me…! —ciñendo con uno de sus brazos la cintura de Izumi, apegándola completamente, mientras que con la otra se sumergía en el punto más profundo de él. Metiendo y sacando los dos primeros dedos simulando embestidas. Ryouma gruñó de éxtasis al sentir como, en un reflejo inocente y erótico, Izumi mordió su hombro, reprimiendo sus gemidos.
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Tras varios minutos en los que finalmente la cavidad del menor había sido dilatada, Ryouma ya se encontraba desesperado por unirse a él.
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Teniendo cuidado, sacando los dedos de él, tomó por las caderas la menor. Izumi, ante esto, abrió los ojos con cierto temor tras entender lo que se avecinaba.
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—E-Espera, Ryouma…, yo nunca… —sus miedos murieron en su garganta de la misma manera que Ryouma disipaba los suyos al atraerlo por la nuca y besarlo con dulzura.
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—Te amo, Izumi –y tras aquellas palabras Izumi finalmente se entregó. Cerrando los ojos con fuerza, apretando los dientes y emitiendo quejidos, sintió todo su interior desgarrarse mientras aquella masa de carne se adentraba en su cuerpo.
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Terminando de abrir los ojos desmesuradamente, una lágrima de felicidad escurrió por su mejilla, junto a su deseo por conseguir el suficiente aire por la boca para no ahogarse con su propio desaliento ante el dolor.
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Dolía. Dolía horrores, pero saber que parte de él lo disfrutaba, le hizo perderse en el placer. Rodeando el cuello de Ryouma, se aferró a él y a su espalda ancha en cuanto el vaivén comenzó a marcarse.
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El miembro del Ichijou lo estaba perforando, le raspaba, le rozaba, le dirigía al cielo.
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—I-Izumi… —le llamó el mayor, sintiendo sus paredes contraerse sobre su miembro, sintiéndose apretado y excitado. El interior de Izumi ardía de deseo y era esa misma sensación abrasadora la que le indicó a Ryouma que podía seguir abriéndose paso, esta vez con mayor rapidez—, Izumi, Izumi —repetía su nombre incontables veces.
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La visión del rubio ya era inestable. Solo sentía como su cuerpo subía y bajaba con rapidez.
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Pronto el dolor comenzó a desaparecer y para ese momento, el vaivén comenzó a marcarlo el menor. Agachando su cabeza, quedando a la altura de los ojos de Ryouma, se miraron y tras fundirse en la profundidad del otro, volvieron a besarse.
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Besos que sabían a promesas de amor, gemidos dulces, cuerpos perlados. Ni siquiera la temperatura de la lluvia podría competir con la calentura de esos dos cuerpos fundidos en lava hirviendo.
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Finalmente, cuando el cuerpo de Izumi comenzó a temblar ante la máxima oleada de placer pronta a desatarse, Ryouma lo supo.
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Que lo amaba más que a una simple mentira. Que a la insistencia de su madre y su deseo por asistirla. Que al cabello largo, pestañas largas y vestidos de niña.
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Al verdadero Izumi debajo del rol de chica. Porque finalmente era lo más importante en su vida.
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"—¿Serías mi novio…para toda la vida?"
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Oh si, Ryouma, hahahaha.
En fin, espero les haya gustado y...¡MAÑANA ES MIÉRCOLES, OH POR LA VACA! ¡SALE FREE Y LOVE STAGE! *Se mata*
¿Reviews?
Bye.
